‘Flowers and Beads’

Por: | 18 de agosto de 2008

Una de las cosas que ocurrió en aquel ya remoto año de 1968 es que un grupo de rock llegó a las listas y adquirió fama por un tema de diecisiete minutos. Algo tenía que estar pasando en aquella música, donde se procuraba habitualmente que las canciones no se extendieran mucho, que fueran rotundas, breves y que fueran al grano. Nadie sabe el significado de In-A-Gadda-Da-Vida, pero el mensaje se parece bastante al de otras tantas composiciones, de aquellos días y de ahí hacia atrás hasta las cavernas. Es decir: muchacha, te quiero, dame la mano, etcétera. Así que empezaban con estos complejos contenidos y en cuanto soltaban aquello de “por favor toma mi mano” el grupo se volcaba en una sucesión de solos: guitarra, órgano, batería... Y así hasta diecisiete minutos. Bueno, quizá el tema haya envejecido un poco, así que para este repaso he preferido coger de ese disco de Iron Butterfly el de Flowers and Beads. Viene a decir lo mismo: chica, te quiero, te quiero y te necesito la vida entera.

Flowers and Beads tiene un extraño encanto. Y sirve para entender un nuevo concepto, el de psicodelia naif. Todo el mundo tiene que tener su día tontorrón, y esta canción va bien para esos días. Esos días en que uno quisiera, justamente, tomar a la amada de la mano y salir al campo y dar unos cuantos saltos y disfrutar de las florecillas salvajes y del canto de los pajaritos, pájaros y pajarracos. Acordarse de todo lo divertido, plantarse una sonrisa, creer que el futuro todavía rueda.

Explicaba el grupo a propósito de su nombre, en la contraportada de In-A-Gadda-Da-Vida, que Iron Iron_butterfly_inagaddadavida procedía de la vocación pesada de sus sonidos, de su dureza. Y Butterfly estaba justo para compensar: el vuelo, la luminosidad, su punto atractivo. Es cierto que el tema que los hizo célebres tiene una densidad, y una solemnidad, acaso excesivas, pero Flowers and Beads, con sus corillos y su banalidad, les da esa ligereza de la mariposa. Las flores y los abalorios son la misma cosa, dicen ahí, tan ricamente. Tanto afán por poner en primer término la dureza, y la pesadez, y la densidad, para luego tener la liviandad de unos tiempos que eran, en realidad, tremendamente superficiales. Psicodelia naif, pues.

El caso es que ahora, cuando vuelvo a escuchar In-A-Gadda-Da-Vida, debo confesar que sigue gustándome mucho el pasaje que viene después del solo de batería. Ahí, Eric Brann hace una serie de ruidos que no han perdido cuarenta años después ni presencia ni galanura. Y recuerdo que, siendo un crío, al comprobar en los créditos que aquel Eric Brann tenía diecisiete años, pensaba que cuando llegara a esa edad iba también a ser la hostia. Lo grave, lo verdaderamente grave, es que lo sigo pensando.   

Hay 5 Comentarios

In-A-Gadda-Da-Vida... en castellano queda más chulo: Indagar en la Vida.

De hecho es bastante sabido hoy en día que "In-A-Gadda-Da-Vida" se llamaba "In The Garden of Eden", pero el cantante estaba tan pasado el día que lo presentó a la banda que le salió así y decidieron mantenerlo.

In-A-Gadda-Da-Vida!

me acuerdo perfectamente! tanto de lo que filosofabamos sobre lo que queria decir el titulo y sobr el largo solo de bateria que termina cuando el organo entra lentamente en el contexto musical. No soy experto en música ni mucho menos pero reconozco el merito en esa pieza: el que me haga recordar como era todo hace 40 anhos.......

P.D.: sabia que ibas a comentar este tema!

No more flowers, just beads and beats!

Quand j'appelle l'atmosphère....

Une tendre
poésie me touche
divinement comme
le son de la
pluie qui devient
perpétuelle; j'écoute
l'émotion d'un bois
très heureux et
alors, quand j'appelle
l'atmosphère, un
chant infini me
donne le terrain.

Francesco Sinibaldi

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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