Camino de perfección

Por: | 08 de septiembre de 2008

Lo que cuenta Che, el argentino, la primera de las dos partes de la película que Steven Soderbergh y Benicio del Toro han hecho sobre el guerrillero argentino, es la primera etapa de su vida como revolucionario. Trata, sobre todo, de sus años en Sierra Maestra, cuando se libró la legendaria lucha de un puñado de rebeldes contra el régimen que el general Fulgencio Batista había impuesto en Cuba tras un golpe de Estado. La narración del heroico avance de las fuerzas de Castro se completa con otros dos episodios. Uno, del pasado: la reunión que celebraron en México Fidel y el Che en 1955, y el otro, de 1964, cuando la revolución había triunfado ya: se centra en el discurso que Guevara (ya ministro en el gobierno de Castro) pronunció en las Naciones Unidas, pero hay también secuencias de una entrevista que concedió a la televisión y de momentos de su estancia en Nueva York. Es el inicio de la leyenda. Los primeros pasos. La época en que el Che va inventando su rostro de revolucionario, y en el que lo inventan también sus demás compañeros.

Los ingredientes de la pasta con que se hizo el héroe están servidos. El Che es el médico que pasa Che_el_argentino consulta en un rincón de la selva cubana, sin casi medios, asombrando a los lugareños. El Che es el tipo que en los descansos del avance no deja de sumergirse en la lectura: es el que exige que sus combatientes se preparen, aprendan a leer y a escribir, hagan operaciones de matemáticas (él mismo los ayuda). El Che es el hombre enfermo de asma que supera sus tremendas dificultades procurando no entorpecer las maniobras. El Che es el tipo duro que no tiene más remedio que ejercer la justicia, y fusilar a los suyos que han robado y violado. El Che es el valiente que se sitúa en primera línea de fuego y que, por eso, tiene que ser llamado al orden por Castro. El Che es el compañero simpático, el fumador incansable, un tipo de excelente presencia al que le sienta bien el verde olivo del uniforme y que trabaja incansable por la causa. El Che es el que afirma en una entrevista que la cualidad más importante de un revolucionario es el amor.

Le dice Camilo Cienfuegos, tras uno de los éxitos de la guerrilla y viendo cómo los aldeanos se rinden a sus encantos, que se haría rico si al terminar todo lo metiera en una jaula y lo paseara por el país cobrando para que la gente lo viera. Ignoro si se trata de una licencia del guionista, pero está visto que ya desde Sierra Maestra aquel argentino tenía capacidad de electrizar.

Y lo ha seguido haciendo desde entonces. Esta primera parte de la película colaborará sin duda a sostener su condición de héroe. La batalla de un grupo de idealistas contra cualquier tipo de poder engancha siempre. Y aquellos revolucionarios cubanos contaban con todas las simpatías para derribar al tirano. Hay, sin embargo, en la película algunos elementos que invitan a la reflexión crítica, y eso la honra. De todas formas, lo verdaderamente difícil para un idealista (casi) no había empezado todavía: el trato con el poder. Es lo que habrá que ver en Guerrilla, la segunda parte de esta empresa: en qué quedó ese camino de perfección.   

Hay 3 Comentarios

hola

Tate tate amigo Rojo. Me parecen demasiadas las lisonjas al personaje. Esa frase sobre el amor es bastante famosa aunque no se si es parte del mito. Coincido con Miguel que una persona que habla asi mal puede ordenar ejecuciones o dirigir un combate en Sierra Maestra, Congo o Nancahuazú.
El Che es un mito y a estas alturas ya es practicamente imposible el separar donde termina la persona y donde comienza el mito. Seguramente esa es la base de la película. Por lo que lei de la vida de Guevara el no fue una persona muy efectiva, aunque si muy sonhadora y por eso encajaba perfectamente en la época de los 60. Amen de ser muy guapo y tener la atractiva actitud de los rioplatenses…..
Bien visto le hizo un flaco favor a la Revolución Cubana (habrá tenido sus motivos para irse de la isla donde fracasó como Ministro de Industria) consiguió que el mundo se fijase por primera vez en Bolivia como escenario politico mundial (mejor hubiera sido que no, asi los bolivianos hubiesen llevado adelante su revolución solos) y con su inexplicable guerrilla en la selva boliviana se perpetuó en la historia como ícono de lo rebelde y quijotesco. En esa guerrilla hubo muchos muertos de ambos lados, llama la atención lo mal preparados que estaban ambos bandos. Pero esa es otra historia


Enlazando con el título de ayer, El ejecutor, esa es la faceta del Ché que me cuesta más entender. El que ejecuta – o manda ejecutar – en los primeros días del asentamiento de la revolución y el que lo hace con compañeros de guerrilla que roban o violan. Es muy fácil, ya lo sé, estar en contra de la pena de muerte hoy, en Europa. Yo mismo, tan en contra de la pena capital, a veces pienso que no estuvo tan mal lo de Carrero Blanco por lo que suponía de cara a la no continuidad del franquismo sin Franco. Y, aquí no tengo ninguna duda, justificaría la ejecución de Franco o Pinochet, como justifico la de Trujillo. Pero eran, o serían, penas de muerte que impedían muchas otras. Las de compañeros de guerrilla, a los que también se enseña a leer, me estremecen. Excesiva dureza para alguien que pensaba que la cualidad más importante del revolucionario es el amor.
El Ché es mucho más que todo esto, su biografía tampoco se puede simplificar tanto pero a mí estas ejecuciones es lo que más me distancia de él.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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