El huracán del progreso

Por: | 21 de octubre de 2008

En una nota de God & Gun, Rafael Sánchez Ferlosio recoge la  novena de las Tesis de la filosofía de la Historia de Walter Benjamin, aquélla en la que habla del ángel de un cuadro de Paul Klee para comentar que el ángel de la historia tiene que  parecérsele. "Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. Lo que a nosotros se presenta como una cadena de acontecimientos, él lo ve como una catástrofe única que acumula sin cesar ruinas sobre ruinas, arrojándolas a sus pies". Al ángel le gustaría volverse e intentar recomponer semejante desastre, pero un huracán lo empuja desde el paraíso hacia el futuro. "Eso que nosotros llamamos progreso es ese huracán", escribe Benjamin. Y Ferlosio añade: "No puedo quitarme de la cabeza que esta glosa está inspirada en Hegel".

En el cuadro de El Bosco están los patinadores. En el de Klee, ese ángel que quisiera ser piadoso pero Ferlosio_1 que se ve arrastrado hacia delante. Ferlosio (la foto es de Carles Riba) dedica muchas páginas a Hegel, porque es justamente Hegel el que piensa y justifica ese avance hacia delante del ángel que quisiera ser piadoso pero que no puede serlo. Están esas ruinas, cada una de ellas, que es como decir que está ahí el dolor concreto de un minúsculo episodio, las heridas de una batalla, el desolador paisaje de muertos que se acumulan tras una batalla. No importa, dice Hegel. Todo eso es secundario.

Importa la historia que se desenvuelve hacia delante, barriendo toda particularidad y detalle y circunstancia con los apabullantes argumentos de su Sentido. "...'el qué no es ya más que el fantasma o el ruido del porqué'; el sentido desaloja a la cosa misma y se pone en su lugar", escribe Ferlosio.

Es en el libro II de God & Gun donde Ferlosio analiza la visión de la historia que inicia Polibio y que Hegel consuma. El primero lo hace cuando señala que de lo que va a tratar es "un único hecho y un único espectáculo": el avance de la dominación romana. Pero todavía Polibio, aunque tratándolos de insignificantes, sigue describiendo los múltiples embrollos que van obstaculizando la marcha de la historia universal. Con Hegel, esa historia universal ha barrido todas las historias particulares, "justamente anulándolas, vaciándolas del hic et nunc de su corporeidad y contigencia, para no ser más que fantasmas". ¿No les suena todo esto, no les resulta familiar? ¿No han oído de la insignificancia de las "víctimas colaterales" ante la majestuosa marcha de la guerra universal contra el terrorismo? (Continuará).

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Benjamin se coloca frente a Hegel y, en buena medida, frente a la ortodoxia socialdemócrata (lo cual significa, en lo que se refiera al concepto del progreso, de la comunista). Benjamin no cree que la revolución sea un acelerador, sino un freno de la historia, en especial por lo que la misma tesis anotada inspirándose en el cuadro que Benjamin compró en 1921 define como marcha irrefenable del angel empujado por el viento que emana del paraíso. Se completa la tesis con otra en la que afirma que sólo podemos reconstruir históricamente el pasado cuando lo vemos no cómo ocurrieron las cosas realmente (otro término hegeliano), sino como se captan en el instante de un peligro. Lo que derrotó a la izquieda alemana fue creer que el progreso hacía imposible el fascismo.

Benjamin no deja de reflexionar sobre lo que significa el tiempo (no el tiempo abstracto del reloj, contra el que disparaban los obreros insurrectos en el París de 1848, lo recuerda Baudelaire), sino el tiempo como tradición, el tiempo con significado, el tiempo de las festividades o las conmemoraciones. Acumulación de experiencias que hace del tiempo un solo momento de duración indeterminada, no un pasado resuelto y un futuro predeterminado.

Para Benjamin, la revolución frenaba ante la catástrofe, del mismo modo que buscaba en los pasajes parisinos las reminiscencias de una historia hecha de materiales en desuso, que dieron sentido a la actividad de las personas concretas. Esas, precisamente esas, que son objeto de la historia, no sujeto, en la absurda plenitud de la ficción del "Espectro absoluto" que Hegel llamaba Espíritu.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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