El tiempo de la felicidad

Por: | 20 de octubre de 2008

Hay en el último libro de Rafael Sánchez Ferlosio unos pasajes en los que, de pronto, pareciera romperse el carácter obstinado de su escritura. En God & Gun. Apuntes de polemología (Destino) está marcado desde el principio su afán de arremeter contra algunos de los fundamentos que sostienen el discurso de la dominación y la guerra. El escritor avanza con el ceño fruncido sobre la hosca materia que lo ocupa, implacable a la hora de pronunciarse, meticuloso cuando tiene que fundamentar sus ideas, riguroso hasta el punto de no querer dejar ningún cabo suelto. Los viejos hechos del pasado adquieren de nuevo consistencia y dejan entrever cómo, desde entonces (desde tan lejos), ya se anunciaba el feroz avance del Sentido para imponerse sobre la variedad de los hechos. Y, de pronto, a Ferlosio le brillan los ojos y le asoma fugaz una sonrisa que parece querer espantar con un gesto. Y escribe: “El que patina va y viene como quiere, a la velocidad que quiere y todo el tiempo que quiere sin ir a parte alguna, pero, sobre todo, gozando corporalmente a cada instante durante el ejercicio”.

Sin ir a parte alguna y gozando a cada instante durante el ejercicio. Ferlosio (la foto es de Uly Martín) ha introducido el tema del Ferlosio_3 juego en su reflexión sobre la historia, el poder y la dominación, y el asunto que lo ocupa en ese momento es la de establecer la diferencia entre la noción de “felicidad” y la de “satisfacción”. Así que vuelve sobre Homo ludens, la obra de Johan Huizinga, y trata de la distinción entre juegos agónicos y anagónicos y de lo que diferencia a los que tienen reglas de los que carecen de ellas.

Repara entonces en un fragmento de la tabla derecha del tríptico El jardín de las delicias de El Bosco: “Unas cuantas, diminutas, figuras de niños y adultos, calzadas con unas botas de cuchilla –si no de hierro, de alguna madera muy dura– que apenas se distinguen de los patines de hoy, deslizándose felices por la superficie de una laguna helada”. Ese deslizarse lo entiende como un juego anagónico y anómico (sin reglas) y le permite ilustrar lo que considera “tiempo distenso”, “en el cada instante está en sí mismo y no en función de un antes y un después”. “Es el tiempo del corazón quedo, colmo, concorde con su propio contenido en un ahora autopresente, no ensartado en un vector de sentido…”.

“El tiempo sin sentido de los bienes y la felicidad”. Ese es el tiempo de los patinadores de la obra de El Bosco, que aparecen en el tríptico en la zona donde el artista recoge todo aquello que podría llevar a los hombres al infierno. El pecado de patinar, sin un antes ni un después, sin un vector de sentido que presione a los que lo practican a dirigirse hacia parte alguna. Ferlosio incluyó este segmento de God & Gun en su discurso de recepción del Cervantes. Es una imagen que no se puede borrar mientras se recorre su último libro. Porque es justamente lo otro: ahí donde no hay guerra ni historia ni dominación ni dios. Es ahí, en ese deslizarse, donde tiene lugar la felicidad. (Continuará).

Hay 3 Comentarios

¡ Pero si cuesta tan poco!

D. Ferran , no hace falta que le diga...

¡Cómo sulibeyan sus perfumenes!

La felicidad era esto...La sensación de un presente continuo, que accede a la iconografía de esas figuras de El Bosco dejándose llevar por la inercia del cuerpo sobre una superficie propicia, sin ir a parte alguna, lo que no siempre supone no venir de ninguna parte y, mucho menos, estar de vuelta de todo ("el que está de vuelta de todo es que no ha estado en ninguna parte"). Quizás sea la felicidad porque nos cuesta tanto esa mera conciencia del cuerpo, de los sentidos adictos al presente. Nos han educado en la escisión entre conciencia y sensibilidad, y la conciencia siempre se proyecta como recuerdo y como anticipación. Nos han formado en la idea de que nuestro único significado, nuestra esencia, consistía en la capacidad de movernos fuera del recinto de la impresión inmediata, como si sólo los animales pudieran sentirla. Pues no: precisamente la conciencia tiene que domarse hasta perder sus atributos malévolos que provocan desesperanza y rencor tantas veces como expectativas y recuerdos. Ser temporales no significa renunciar al presente, sino vivirlo a plena luz de los sentidos y a plena potencia de nuestra razón. Apreciar el instante justo de una caricia sin esperar que deba iniciarse algo, deleitarse en la contemplación de una fuga del sol sin impacientarse y sin rendirse a la melancolía. No se trata de no esperar nada, sino de no vivir en una constante espera alimentada del áspero pasado que reclama una posición dominante ante la fugacidad de las experiencias, convertidas en recuerdo antes de capturarlas. Hay que acostumbrarse a vivir en ese momento único, como si pudiéramos palpar el tiempo entre dos parpadeos del reloj de péndulo, entre dos temblores de bronce cuando las horas se cuentan. No es nada fácil, porque la conciencia nos rogará no estar ahí, donde sólo hay placer, o dolor, o cualquier forma de conectar con el mundo inmediato. Nos pedirá ponerse entre nosotros y la tierra, nos robará el instante, nos devolverá a un tiempo vivido siempre en otro lugar, mientras nosotros, como lo quería Scott Fitzgerald seguimos, incansables, remando contra la corriente.

Wuauu!!
¿ Continuará?
Bon, quiero decir algo.
Ay , ay Felicidad ,palabra hermosa, sé muy bien lo que te pasa.
Cada vez que me eres infiel van ,y en golpe de densidad melodiosa,te devoran los remordimientos..et alors,me hieres , me provocas ,para que te azote, para que te absuelva,para que yo vaya , para que tu vengas , para hacerte la interesante ,para salvarme de mis angustias ..
Todo ello podría halagar mi amour propre , mais eres tan evanescente y eres tan cálida que me resulta del todo imposible resistirme a tus emboscadas , a tus juegos, a tus galanterías.
¿ Recuerdas?
Nos encontramos aquella noche tan fría! Nos encontramos sin saber que te buscaba, porque por aquel entonces sólo deseaba atrapar la revelación que pudiese dar sentido al carnaval de los días.
¿ Lo has olvidado?
"La patience est le sourire de l'âme - me dijiste mientra rozabas mis manos frías ..
Un fugaz momento ante las puertas de aquella pista helada , una mirada integradora, una franqueza ávida , letras deshilvanadas, palabras no pronunciadas, desconciertos , y en un sólo gesto tu mejilla contra mi mejilla.
"Piensa en mí cuando ya no estés en esta cama. Piensa en la Historia de nuestra historia. No olvides que una vez tu y yo fuimos Una".
Así fue . Te fuiste y te perdí de vista durante un mes que se hizo un año , durante un año que se hizo una vida .
Te marchaste absorbida por otras muchas preocupaciones , pero una tarde en la que me pude asomar a aquella ventana , fuí observando como en un sueño que las puertas de aquella sombría casa definitivamente se cerraban y que desde la calle ,los niños , la gente , los pájaros y miles de cosas sencillas llegaban hasta mí con los brazos cargados de flores .
Gracias -te dije - han pasado muchos siglos desde aquella noche olvidada , pero sigues y seguirás siendo la misma.

PD Perdón Sr . Rojo y felicidades , es justamente por ahí por donde hay que deslizarse y gozar a cada instante . Plenamente.
Y ahora ,avergonzada ,le confieso que de Ferlosio sólo recuerdo un aburrido "Jarama" que se nos obligó a leer hace dos vidas . Tendremos que echar una ojeada a esos Apuntes de polemología porque suenan a sinfonía.

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Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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