Huellas dactilares

Por: | 06 de octubre de 2008

Las posibilidades que ha abierto la Red para el desarrollo de las iniciativas más diversas son tan inmensas que provocan alborozo y desasosiego. No es difícil, en el primer sentido, encontrarse aquí y allá con nuevas direcciones, sofisticadas bitácoras, ambiciosas revistas digitales y propuestas extrañas y originales que han convertido el universo virtual en una auténtica panacea para quien esté interesado en el mundo de la cultura. El desasosiego deriva de una cuestión de magnitud. Como cada vez hay más sitios que sorprenden e interesan, y el tiempo (siempre reducido) para navegar es el mismo, no es difícil caer en el desánimo, y empezar a padecer esa incómoda sensación de estar perdiéndose lo mejor. Muchos de los blogs han surgido con la voluntad de irrumpir de inmediato en esa suerte de polis global que es la Red para dejar dicho qué se piensa sobre esto o qué nos ocurre ante aquello. Un simple arañazo para comunicar nuestras impresiones e invitar a los que pasan por allí al diálogo, al comentario. Existen, sin embargo, otras iniciativas. No aspiran sólo al arañazo instantáneo: quieren durar, establecer complicidades, construir una memoria, inventar un estilo.

El pasado jueves en la Feria del Libro de Murcia y por iniciativa de José María Pozuelo Yvancos, catedrático en la Universidad de esa ciudad y crítico habitual de las páginas del Abc de las Artes y de las Letras, coincidimos allí Carmen Rodríguez Santos (profesora de literatura y coordinadora de la sección literaria de ese suplemento), Antón Castro (escritor y periodista), Fernando Valls (crítico literario y catedrático de literatura) y yo para tratar de Blogs literarios en España. Los tres últimos andamos en estos berenjenales, pero la cosa no iba tanto de la práctica (de la que se habló, claro) como del propio género, si es que puede llamarse así. De lo que se trataba, en fin, era de confirmar cómo la Red, más que enemiga de la literatura, se había convertido ya en una de sus cómplices más cercanas.

Esta herramienta, este género, este despropósito del blog (elijan ustedes la definición que consideren más oportuna) tiene, más allá de su diseño específico y de sus intenciones y de su realización concreta, una característica esencial: la de estar marcada por las huellas dactilares de quien los hace. El blog es siempre estrictamente personal, pero es a la vez público. Lo verdaderamente relevante es la relación que cada cual va marcando entre esas dos variables. Si es demasiado enfáticamente personal, y quiere así marcar muy claramente su territorio, o si más bien diluye sus señas propias para dejar aflorar con mayor relieve el asunto del que se ocupa. Si busca establecer un contacto inmediato con los visitantes o si los prefiere como cómplices duraderos de un proyecto menos urgente.

La riqueza de propuestas es asombrosa y en la gradación entre las marcas propias y la proyección hacia el otro hay tal variedad de opciones que la aventura de visitar cualquiera de las miles de bitácoras que existen es una aventura estimulante. Les invito a que entren en las de mis colegas (las direcciones las pongo abajo). Es un mundo nuevo. A ratos se tiene la impresión de haber tirado una botella a un río caudaloso y de escuchar cómo se ha estrellado contra una roca y se ha hecho añicos. Otras veces lo que ocurre es que simplemente se publica una nueva entrada para continuar y enriquecer un contacto que empieza ya a ser familiar con unos desconocidos. Una lección inmediata del encuentro de Murcia: que le toca ya a este rincón tender puentes hacia otros blogs. Buenas tardes, pues, ¿qué están haciendo?

http://antoncastro.blogia.com/

http://nalocos.blogspot.com/

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Cuando iba en autobús y observaba cómo algunos de sus pasajeros narraban sus experiencias a otros desconocidos sin comerlo ni beberlo, siempre me preguntaba qué imperioso interés tendría ese emisor motorizado en arrojar sus vivencias contadas con todo lujo de detalles a individuos que deambulaban subiendo y bajando en cada una de las paradas, ahora desde la distancia de aquello me doy cuenta que no hace falta montarse en un circular y darle la vuelta a la ciudad para poder imbuirme en cada uno de los trasuntos de esos protagonistas anónimos ya que hoy día en vez de ir sentada al final del bus, estoy muy cómoda en mi cama o en mi sofá, leyéndo y contestando quizás, a veces, a esos narradores nómadas desde la atalaya de la tecnología -bendita sea-, y así sin más es como el vaso comunicante del emisor, receptor, mensaje y público son los auténticos protagonistas en esto que es la comunicación. Al fin y al cabo se trata de compartir, porque para qué comentar la vida en solitario pudiéndolo hacer con el resto del planeta. Los blogs son las puertas de un reino de magia de irás y volverás, de viaje del yo al nosotros como diría Otero, en fin un viaje de ida y vuleta del que estoy encantada de tener un billete del que no me pienso bajar. Gracias por la oportunidad de este blog mágico.

Siempre es interesante conocer otros blogs para aprender nuevas perspectivas pero en medio de ese tiempo apretado que describes tan acertadamente no habrá mucho tiempo disponible para navegar por esos mundos del Dios virtual

Un amigo lo define como "su casa de metal".
Tengo el placer de seguir a Antón y esas maravillosas imágenes de mujeres que acompañan sus textos y a Fernando en la nave de los locos. Sus espacios, blogs son geniales.
La próxima vez animaros a venir a la tierra del cierzo. Estaremos encantados de acudir.
Un abrazo.

Usted, Sr. Rojo, "es un cómplice duradero de un proyecto menos urgente".Le felicito, y creo que muchos debemos felicitarnos por ello.

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Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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