La calle

Por: | 07 de octubre de 2008

Nashville, 1963, tres imágenes: un grupo de señoritas con un niño, una mujer tumbada, un rostro. Florida, 1963: un tipo en una moto (y al lado, un radiador). Filadelfia, 1963: el rostro de una mujer. Galex, Virginia, 1963: un niño. Portland, Maine, 1963: la cara de una chica a punto de llorar (eso parece). Describo, en plan telegráfico, algunas fotos de Lee Friedlander (Aberdeen, 1934). Pero sólo apunto lo que aparece en las pantallas, porque lo que ocurre en esas imágenes es que en todas hay un televisor. Alguno está encima de un aparador; otro, en el salón; el de más allá, justo al final de la cama de un dormitorio. Lee Friedlander salió a la calle y lo que hizo fue meterse a las casas. No hay personas, salvo las de los televisores. Estamos en los inicios de los sesenta. Y en una exposición, Coleccionar el mundo, que se exhibe en la Fundación Mapfre en Madrid y que muestra algunas de sus recientes adquisiciones.

Son seis fotógrafos estadounidenses, seis maestros, seis clásicos. La muestra destaca algo que tienen Winogrand_worlds_fair en común: haber salido a la calle y haber apretado el gatillo de la cámara sobre los asuntos más variados. Garry Winogrand (Nueva York, 1928-México, 1984) fotografió en 1964 a un grupo de gente sentado en un banco. Cuesta creer que no les hubiera indicado a cada uno de los que aparecen el gesto que debía poner: el despliegue de actitudes es una metáfora de la variedad del mundo. Las posturas dan cuenta de las relaciones e intereses que tienen, pero justo en ese instante.

Un momento, una eternidad. Harry Callahan (Detroit, 1912-Atlanta, 1999) se dedicó en 1950 a buscar entre la gente de la calle rostros de mujeres ensimismadas. Su serie es inquietante. ¿Dónde se ha ido el mundo? ¿En qué están pensando? ¿Hacia dónde se dirigen? ¿Qué mal las aflige para haberse ido a perder en quién sabe qué remoto paraje? Diane Arbus (Nueva York, 1923-1971), que persiguió todo el rato a gente de las afueras, que se coló en las vidas más heterodoxas y que hizo una puntillosa crónica de los personajes más freaks, atrapó el rostro de una portorriqueña con un lunar. Lo que ocurre en su imagen es que hay un cortocircuito: parece ensimismada, pero contagia la férrea convicción de tener que salir adelante.

Siempre se trata de la calle en tantos de esos fotógrafos que llevaron el blanco y negro a la perfección. Friedlander_galex_virginia_1962 Cronistas de la vida, poetas de lo efímero, obsesivos todos en su afán de agarrar todos los matices de la luz. De Walker Evans (St. Louis, 1903-Nueva York, 1975) están los rostros de dos muchachos en Ciudad de Pensilvania, en 1936. Y hay también un montón de niños en las imágenes de Helen Levitt (Brooklyn, 1913). Todos trabajan en fijar un instante, pero al final levantan la topografía de una época. Que sigue siendo la nuestra. Vean sino esos televisores de Friedlander para respirar toda la soledad, con sus infinitos matices, de estos días que corren. Exactamente igual que en 1963.

Hay 4 Comentarios

Jo jo jooo.
Encantador.
No me molesta en absoluto esa "o" porque sé qye en el fondo más fondo de ese otro corazón lo que late es un profundo amor por el ser humano .
Y es por eso que he de sentirme profundamente halagada a pesar de que me transmutó en un pellizco que quizás fue debido a un imperceptible deslizamiento de dedos.
Pues claro que aún quedan pueblos en la Tierra en los que contemplar las estrellas , tomar el fresco y disfrutar del silencio . Menos mal que todavía no nos han quitado el Cielo, y que los humanos nacemos con dos orejas y dos ojos ....
Pero oiga Blanche que aquella calle , aquellas noches , la mía, las mías , esas ya no existen .
La Vida aquella murió y con ella todos los matices que ahora evocamos .
Ahora todo es en color y un poco menos auténtico.
No crea que la tele fue tan impactante. Mire un poco hacia el 63 y comprobará que aquella tendencia a fabricar bebés persistia y superaba al embobamiento natural que procuraba la caja tonta .

De Helen Levit, me impresiona el reflejo del niño sin el niño:¿cómo será el niño el real?
[New York, circa 1945]

La vida está repleta de matices dulces, amargos, trágicos...los mismos que en el 63.
Son las mismas vidas matizadas por una moda y costumbres distintas que visten la soledad infinita de quien la busca o quien la sufre.
Sí,consolas y videojuegos se han convertido en mascotas fieles de muchos niños y adolescentes, al igual que lo hicieron los televisores con nuestros padres.
Ver la tele era una excusa para llenar la nada, podían pasar horas sin dirigirse siquiera una mirada aunque fuera de hastío o desdén.
A mi practicante no le gustaba la tele, iba en un ciclomotor, generalmente despacio, tranquilo.
Le recuerdo en color, con su gabardina café con leche, su cara arrugada y sus ojillos pequeños, inteligentes y amables y también recuerdo como insistía en que supiera que a él nole gustaba la tele.
A mi tampoco me gusta demasiado, tampoco me gusta que la mascota de mi hija sea un videojuego,y por eso tengo un perro.
Afortunadamente quedan pueblos, miles de pueblos donde tomar la fresca al anochecer, contemplar las estrellas y disfrutar del silencio.
María si conocieras la Sierra de Espadán no pensarías igual, aunque tal vez te seguirías sintiendo solo.

Uhh.. Bueno , bueno Sr Rojo , exactamente igual que en 1963 es ir muy lejos en el tiempo.
La calle ahora ya no es aquella acera en la que un grupo de niños y niñas correteaban ,peleaban y jugaban a la "regañá" a cualquier hora de la tarde sin más vigilancia que la de su poca razón y sentido.
Ahora los niños juegan en un cuartito relleno de pantallas y videojuego y sin más compañia que su "yo" mismo.
La calle ,aquella calle que servía en las más calurosas noches de estío como salón de reunión de todos sus vecinos , ya no es sino refugio de " Curros" deshabitados de civilización y progreso , de " Curros " desecho de una sociedad que se ahogó en el río de lo material y el consumo desenfrenado , de amigos de lo propio y lo ajeno, de "sin" que buscan en lo oscuro el arraigo que nunca tuvieron, de niños de 14 y 15 que juegan a ser alcoholicos prematuros , de padres y madres que piensan que lo primero y más importante es el dinero y el lujo y tener un coche más mejor que el de al lado y demostrarse mutuamente cual de los dos es el más "grande y hermoso".
Pues no, la calle ya no es aquella senda en la que cántaros al hombro las hormiguitas acarreaban el agua del pilón a un hogar en el que aún no existía ni el bidé , ni el agua corriente, ni el calentador.
Tampoco se ven ya esos asnos cargaditos de grava y arena a los que azuzaban sin piedad los areneros que pasaban camino de aquellas obras que duraban siglos porque las familias cortaban hasta disponer de otros 100 duros de ahorro.
No, ya nadie podrá captar la imagen de una chiquita sentada en el rebate de su casa , trenzas y pecas , pecas y mellas , zampandose su "joyo" de aceite con su "jicara" de chocolate o su terrón de azucar , paladeando como el mejor de los manjares algo tan natural y sencillo.
No, los matices en estos días que corren no son exactamente iguales que los que se dieron en 1963.

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Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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