Las aventuras de la verdad

Por: | 17 de diciembre de 2008

Vuelvo al libro de Jean Daniel sobre Albert Camus, del que ya me serví hace unos días en la entrada El lugar incómodo. Y vuelvo al punto donde quería haber empezado. Al periodismo. Porque este Camus. A contracorriente (Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores) es sobre todo el libro de un periodista, Jean Daniel, director de Le Nouvel Observateur, sobre otro periodista, Albert Camus, la gran figura de Combat. Y es un libro actual porque de lo que trata es de los problemas que agitan nuestro presente. Camus es el referente, el viejo colega al que se acude en momentos de incertidumbre, el tipo que arriesgó y que se lanzó en picado, con valentía y coraje, para defender lo que pensaba. Y pensaba, cuenta Jean Daniel, que un periódico debe defender "encarnizadamente" tres principios, los "de la justicia, el honor y la felicidad".

¿Se puede sostener hoy un desafío semejante? ¿Por qué justicia habría que pelear? ¿Qué felicidad Albert_camus_2 conquistar? Y, díganme, ¿qué diablos significa eso del honor? Lo comenta Jean Daniel: "Un tríptico más sorprendente de lo que parece. ¿Qué persona de izquierdas se atreve a hablar así sobre el honor como ideal?". Y explica: "No olvidemos nunca la hispanidad de Camus (en la imagen): para él, el espíritu español se caracteriza, por un lado, por su 'locura del honor' y, por otro, por su sentido de lo trágico".

Mucha hispanidad y mucha locura y mucho sentido de lo trágico, vale, ¿pero a qué se refiere cuando habla de honor? ¿Qué significa ese término que tan bien cuadra con nuestro Siglo de Oro y que tan poco dice en el presente? Lo que Jean Daniel recupera, y reconstruye, y celebra, es al Camus periodista. Al que está batallando con las horas para cerrar a tiempo, al que tiene que pronunciarse sobre lo que ocurre en un suspiro, al tipo que escribe en las trincheras. Con esa prosa transparente, exacta. Como balazos.

Dice el diccionario que honor es la cualidad que lleva a una persona a comportarse de acuerdo con las normas sociales y morales que se consideran apropiadas. También habla del honor como "buena reputación". Escribe Jean Daniel: "El Camus periodista es el Camus que lucha contra su época, la época de los colonialismos, de los totalitarismos y del terror". Dice también: "Camus intenta poner en guardia a los periodistas contra lo que constituye su religión: la obsesión ante el 'fallo' y 'la búsqueda de la exclusiva'. Su respuesta es: vale más ser los segundos en dar una información verdadera que los primeros en publicar una falsa". Y cuenta muchas más cosas. Ahora que los periódicos batallan sobre todo por su supervivencia, ¿cómo encajar esa otra batalla? La batalla de "las aventuras de la verdad" contra las males de nuestra época. La obligación, en fin, de no dimitir.

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La respuesta de Gramsciez a la defensa de la actitud de Camus merece una reflexión que nos coloque a los individuos precisamente en las condiciones del momento histórico en el que actúan. Porque el problema de Camus y, según me temo, el problema del "camusismo" (y tal vez podré empezar a darse nombre a esta forma de ver las cosas) consiste en desprenderse de las condiciones en que los hombres han tenido que tomar decisiones que no eran inmaculadas, que no soportan la aplicación del cálculo ajeno a las determinaciones de los procesos históricos, a las percepciones del momento, a la necesidad de elegir campo y a la ignorancia de cómo transcurrirán las cosas en el futuro. En este sentido, la definición de Camus por Sartre, en 1960, como un gran moralista, añadía que esa había sido su cualidad NECESARIA, pero INSUFICIENTE. Porque no puede haber moral al margen de la historia. Matar es siempre matar. Pero Camus apoyó el crimen cuando luchaba en la resistencia. Su periódico se llamaba COMBAT, no PAIX AUX HOMMES DE BONNE VOLONTÉ. Camus se enfrentó a Mauriac en "Justicia y Caridad", hasta el punto que el gran Mauriac le llegó a decir, perdida su paciencia ante las acusaciones de debilidad que expresaba el autor católico según Camus: "Posiblemente, desde la altura de una obra aún no escrita, Camus se considera en condiciones de recriminarme". El Camus vengativo de 1945 no va contra la corriente, sino a favor de esa depuración en la que sólo contempla la necesidad de ponerle fin al cabo de un tiempo, tratando de salvar a Brasillach (¿por qué sólo a Brasillach, entre todos los ejecutados? ¿Por qué no a los funcionarios, dirigentes políticos, cuadros de la milicia? ¿Porque un intelectual debía estar a salvo de la suerte de los responsables políticos?...Ah...la Historia!). Ese fue su primer enfrentamiento con la pareja Sartre/Beauvoir. Pero Camus no había mantenido posiciones de rigor intachable: en plena ocupación de París, estrenó LE MALENTENDU. La crítica francesa deploró la obra, la crítica alemana lo ensalzó. Podía, desde el trono de un observador implacable de las flaquezas ajenas, haberse negado a presentar una obra en un París ocupado por el terror. Cuando se ejerce la rectitud moral como modelo a seguir, hay que atenerse a la dureza de esa distancia más corta entre dos puntos que es la línea recta.

He admirado la prosa de Camus durante años. He defendido sus actitudes y rechazado las formas utilizadas para denigrarle. Pero ese ejercicio de sustitución, que lo coloca como el gran intelectual francés de un periodo trágico, me parece una impostura. En especial, cuando de su actitud se extrae el plano a escala del comportamiento a seguir en una etapa cuyas consecuencias, por cierto, ni siquiera llegó a vivir.

Camus no fue neutral: no denunció con la misma intensidad el estalinismo y el capitalismo. Denunció el comunismo y el marxismo como corriente que llevaba al gulag. No denunció el liberalismo como forma de entender el mundo que había llevado sistemáticamente a la desigualdad social, la marginación y la explotación insufrible que, por cierto, determinó la organización del socialismo, la revolución rusa y las revoluciones anticolonialistas. Sus opciones de los años cincuenta no se encaminaron a la búsqueda de una tercera vía (eso lo hizo Sartre, curiosamente, salvo en el periodo de militancia de 1952-1956). Optó por la vía de occidente, incluyendo la defensa de una Argelia francesa cuya argumentación he destacado en este blog, señalando que se equivocó al señalar que los colonos aceptarían un proceso de negociación, cuando sucedió todo lo contrario. Nunca argumentó señalando que la explotación colonial no era un problema de autodeterminación, sino de expropiación de riqueza y de capacidad de acceso a los servicios públicos: sólo un 20% de niños musulmanes acudían a la escuela en 1955, por no citar la diferencia entre la posesión de recursos de 1/10 de la población francesa en los departamentos de Argelia.

Siempre he considerado a Camus como pensador indispensable en la reflexión sobre la violencia y las razones inflexibles de la historia frente a los derechos del individuo. Siempre. Lo tengo escrito y dicho. Me ha interesado su reflexión del acto moral individual o de su ausencia, como escribió de forma magistral en LA CAÍDA. Pero ¿significa eso que Camus tiene una aureola de superioridad incluso política sobre quienes actuaron según las necesidades de la elección en tiempos difíciles, cuando matar al enemigo era una forma de supervivencia individual y colectiva? ¿Significa que la actitud de Camus se encuentra no sólo por encima de la Historia, como reflexión transversal, sino actuando EN CADA MOMENTO, para señalarnos la podredumbre de los revolucionarios y la inocencia de los rebeldes? Incluyamos a éstos en el campo de la ambigüedad política y de la pasividad.Pues en cuanto el rebelde se subleva, ese homme revolté no encuentra las condiciones de líneas claras y territorios impolutos donde cada acto encuentra su esterilidad de laboratorio y cada estrategia una limpieza de patena. El político elige en condiciones que no le dan la libertad completa en el sentido en que Camus lo dice: sino la libertad condicionada que nos OBLIGA a elegir (y esa elección obligada es ya, de por sí, una muestra de los límites de nuestra libertad, que de ser absoluta nos permitiría permanecer en silencio). En 1940 ¿qué debía elegirse, incluyendo el ejercicio de la violencia? ¿Qué debía sacrificarse? ¿O podemos estar seguros de que la ausencia de sacrificio no habría conducido, por dejación de una posición precisamente moral, habría llevado a que el poder se hiciera con la civilización en forma de fascismo?

¿Deberemos asumir una posición de defensa ABSOLUTA del bloque socialista y del movimiento obrero de la izquierda, al mismo tiempo que permitimos a Camus haber generado una defensa RELATIVA del liberalismo y del capitalismo, siempre a tiempo de rechazar éste o aquél abuso, siempre limpio de tacha, pero siempre dispuesto a reconocer como adversario principal todo aquello que forma parte de un proyecto de cambio general de la sociedad? Porque, en brazos de esa tradición, Camus pasa a ser, posiblemente a pesar suyo, el referente de quien hace equivalente el proyecto colectivo con la esclavitud individual. La confusión entre las renuncias de todo periodo de lucha contra la injusticia y la pérdida completa de la voluntad a manos de un proyecto totalitario, sólo conduce a una actitud en que se ejerce el papel, como Camus denunciaba en EL EXTRANJERO, de tribunal y fiscal de la historia. Sartre le respondió, en su carta de despedida de 1952, señalando hasta qué punto su tono recordaba a los procuradores de una República impecable. Esa donde el conformismo adquiría la condición curiosa de una permanente rebeldía contra toda injusticia, sin atreverse nunca a dar el paso de señalar la lógica histórica entre una injusticia y un sistema. Una lógica que sólo se aplicaba a uno de los lados en conflicto durante la guerra fría.

Lamento realizar observaciones que proceden de mi inmensa preocupación ante esa elecciòn a la que se nos obliga: Sartre o Camus de nuevo. Me quedo con la lucidez política del Sartre de los años 50, siempre confundida con el Sartre de los años 70 de forma cínica e intolerable. ¿es que no se sabe lo que decía Zdanov del grupo de TIEMPOS MODERNOS? ¿Es que ignoramos el esfuerzo inmenso realizado por Sartre para defender el socialismo y la libertad después de la guerra mundial?

No voy a colocarme en una posición atemporal, lo cual no me evitará admirar posturas concretas de Camus, de la misma forma que podré disfrutar la parte de su obra que me gusta. Pero, en modo alguno, renunciaré a LOS CAMINOS DE LA LIBERTAD como uno de los grandes ciclos de novelas cuidadosamente olvidadas en la tarea permanente de desprestigiar a los intelectuales que no sólo se comprometieron con ellos mismos, sino con un movimiento social, con una fase de la historia de decisiones graves, aquella en la que Brecht anunciaba a "quienes tienen que nacer" sus disculpas por no haber podido luchar contra el terror sin hacer uso de la violencia.

Tema para hablar largo tiempo, tema inagotable, tema apasionante...Y siento mi discrepancia con personas a las que quiero.

El tal CAMUS, hijo de madre Española, de MENORCA y padre "Pied-noir",fue un desclasado y un soberbio,en parte por llegarle el éxito muy pronto,a la edad de 24 años,con la obra "L´étranger"; obra nihilista y racista, aunque bien "temporada", y muy de la época, como la de Cela( la familia de PASCUAL DUARTE), pero inferior a la matriz de James Mc CAIN, "El cartero siempre llama dos veces".Pero bueno, este homúnculo, soberbio y limitado,se enfrentó a un gigante y perdió, como no podía ser menos.Como relata muy bien el gran EDWARD SáÏD, en su obra "CULTURA e IMPERIALISMO"¿donde estaba CAMUS cuando la matanza de SETIF, en el comienzo de la lucha por la liberación de ARGELÍA? Se calló y no denunció tal crimen e ignominía, porque todo valía, para él y para otros, con tal de salvaguardar la colonía para FRANCIA, ya que era también FRANCIA (desde 1830) para estos y él.El ejerciente de "MORALISTA" y "demócrata" liberal quedá muy vanidoso y pequeño, también en la biografía de HERBERT LOTTMAN, sobre todo en su deriva "anticomunista" Y cínica, aparte de pro-colonización.Se estrelló a tiempo, sino hubiese sido otro Salvador DALI visitando a FRANCO, por eso del BLABLABLA de"los TOTALITARISMOS.Por cierto ¿qué es eso de "TOTALITARIO"?, lo mosmo que la voz "TERRORISMO", un engendro ideológico, pero con más de un siglo de diferencia( el uno, durante la REVOLUCIÓN FRANCESA y éste desde la GUERRA FRIA, con partida en el Estado MUSSOLINIANO.
¡Cuanta basurilla propagandista!

El tal CAMUS, hijo de madre Española, de MENORCA y padre "Pied-noir",fue un desclasado y un soberbio, en parte por llegarle el éxito muy pronto, a la edad de 24 años, con la obra "L´étranger"; obra nihilista y racista, aunque bien "temporada", y muy de la época, como la de Cela( la familia de PASCUAL DUARTE), pero inferior a la matriz de James Mc CAIN,"El cartero siempre llama dos veces".Pero bueno, este homúnculo, soberbio y limitado,se enfrentó a un gigante y perdió, como no podía ser menos.Como relata muy bien el gran EDWARD SáÏD, en su obra "CULTURA e IMPERIALISMO"¿donde estaba CAMUS cuando la matanza de SETIF, en el comienzo de la lucha por la liberación de ARGELÍA? Se calló y no denunció tal crimene e ignominía, porque todo valía, para él y para otros, con tal de salvaguardar la colonía para FRANCIA, ya que era también FRANCIA(desde 1830) para estos y él.El ejerciente de "MORALISTA" y "demócrata" liberal quedá muy vanidoso y pequeño, también en la biografía de HERBERT LOTTMAN, sobre todo en su deriva "anticomunista" Y cínica, aparte de pro-colonización.Se estrelló a tiempo, sino hubiese sido otro Salvador DALI visitando a FRANCO, por eso del BLABLABLA de"los TOTALITARISMOS.Por cierto qué es eso de "TOTALITARIO", lo mosmo que la voz "TERRORISMO", un engendro ideológico, pero con más de un siglo de diferencia( el uno, durante la REVOLUCIÓN FRANCESA y este desde la GUERRA FRIA, con partida en el Estado MUSSOLINIANO.
¡Cuanta basurilla propagandista!

El arte de la retórica no es el fuerte de Morales, quizá su inexperiencia o su falta de tacto en el diálogo le hayan conducido a pronunciar esas declaraciones, aunque tal vez habría que leerlas en el contexto en que fueran pronunciadas.
Morales parece una persona influenciable, por un lado Chaves y por otro Silva, Bachelet y Raul Castro.
Estos últimos son políticos moderados, de hecho algo está cambiando en las relaciones USA -Cuba, y más que cambiarán cuando Obama coga el timón de la Casa Blanca.
Obama va a dar un giro completo a la política internacional; la estrategia golpe de estado en país del cono sur porque me conviene, ya está obsoleta.
Antes de dos años USA habrá levantado el embargo económico a Cuba, porque Norteamérica ahora más que nunca necesita aliados, no perpetuar enemigos.
Y es en Hispanoamérica dónde Obama va a dedicar un garn esfuerzo de su política exterior, no olvide Horacio, que son sus vecinos.
Por otro lado no creo que el Sr. Rojo tuviera problemas para entrevistar al presidente de Bolivia, y en el caso que este se negara por los motivos que Vd. ha explicado, recuerde que Rojo también es español,como el mismísimo Cervantes.

En tu anterior entrada “ lugar incomodo“ hablas de las salvajadas populistas de Evo y Chavez. Antes de ayer en La Paz se llevo a cabo una singular manifestación de periodistas contra la política de Evo quien dijo que en el future sólo recibirá a periodistas extrangeros ya que –segun el- los periodistas bolivianos están vendidos y son manipulados directamente desde La Casa Blanca. Aunque seguramente hoy ya no se acordará de lo dicho queda demostrado el concepto que un populista tiene sobre la prensa y sobre preguntas hechas desde el lugar incomodo.
La prensa boliviana está llena de quejas de periodistas sobre el trato que reciben del gobierno. La verdad seguira teniendo muchisimas aventuras.

De no dimitir o no rendirse.
Yo creo que el buen periodismo es desafío, es un desafío contra todo aquello que se nos da por sentado.
Es una profesión dura y emocionante al mismo tiempo.
Poder leer buen periodismo es un lujo, y aquí lo tenemos al alcance de la mano.

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Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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