Remedios contra la caducidad

Por: | 12 de febrero de 2009

La arrolladora fuerza del negocio del cine colabora, de tanto en tanto, para promocionar el libro, y ahora que hay mucho barullo con El curioso caso de Benjamin Button, la película de David Fincher, ha vuelto con fuerza Francis Scott Fitzgerald, autor del relato en el que supuestamente se inspira. En La tarde de un autor, el último relato que Lumen ha incluido en el volumen que lleva el mismo título del filme (la traducción es de Carlos Milla Soler), hay dos observaciones reveladoras. Cuenta las dificultades por las que pasa un escritor, que tuvo mucho éxito, para encontrar y construir una buena historia. Ya casi al final escucha tras una puerta tocar a una orquesta y se da cuenta de que hace ya tiempo que no baila, a pesar de que "en una reseña de su último libro decían de él que era aficionado a los clubes nocturnos; la misma reseña lo presentaba como hombre infatigable". El otro apunte alude a sus comienzos, "cuando declararon que tenía una 'facilidad fatídica', y él trabajó como un esclavo cada frase a fin de no ser así".

Quizá en ese relato Fitzgerald (en la imagen) estaba hablando de Fitzgerald, de ese Fitzgerald de los Francis_scott_fitzgerald últimos años que, ante la imagen que le devuelve un espejo, diagnostica: "El neurótico perfecto. El subproducto de una idea, el residuo de un sueño". Que el relato fuera pura ficción o una suerte de autorretrato es, en buena medida, irrelevante. Lo que esas observaciones muestran es la condena del escritor a quedar atrapado en un estereotipo. De Fitzgerald dijeron, efectivamente, que tenía una inmensa facilidad para escribir sus historias y que era esa facilidad la que le permitía dedicar la mayor parte del tiempo a pasarlo bien. El hombre infatigable, aficionado a los clubes nocturnos, que baila y bebe y seduce a las mujeres.

En 1997, Alfaguara reunió en dos volúmenes los cuentos completos de Scott Fitzgerald, con prólogo y traducción de Justo Navarro. Ahora, además de la ya citada de Lumen, también Navona ha publicado una antología de sus relatos. Ese escritor que trabajaba cada frase como un esclavo transmite la impresión contraria: la de ser un señor al que le sobran recursos, la del aristócrata que no ha tenido que hacer esfuerzo alguno, la de ser tan inmensamente rico como para poder entregarse a la mayor de las trivialidades. La obsesión por la riqueza, por el dinero, es el ruido de fondo de toda la obra de Fitzgerald. El dinero como un falso, pero imprescindible remedio, contra la caducidad; como un salvoconducto necesario para gozar de lo más sofisticado e inútil. Como el amor, que sólo así resulta verdadero: cuando está liberado de cualquier gancho que lo agarra a la necesidad. Y que, aún así, muere también siempre, se evapora, desaparece.

La mujer que se enamora de Benjamin Button en el cuento de Fitzgerald lo hace cuando éste aparenta cincuenta años. No está de más, como un detalle a la sabiduría del gran escritor de la llamada generación perdida y de la era del jazz, reproducir el comentario que pone en sus labios: "—Está usted justo en la edad romántica —continuó ella—: cincuenta años. A los veinticinco son demasiado mundanos; a los treinta tienden a estar pálidos por exceso de trabajo; los cuarenta son la edad de las largas historias que para contarse requieren un cigarro entero; los sesenta…, en fin, los sesenta están demasiado cerca de los setenta; pero los cincuenta son la edad madura. Adoro los cincuenta".

Hay 20 Comentarios

Destacado Artista Brasileiro en Rio Grande do Norte ... inconfudivel con su estilo de negrita, colores fuertes y un estilo inconfudivel ...
NEWTON AVELINO, es en sí mismo un tema y pone de relieve el noreste de Brasil, con un cuadro de protesta, danzas, folclore y tradiciones ...
Este artista está en curso y para hacer eco de sus obras es en muchos salones de aquí en NAVIDAD
La cultura de un pueblo es lo que el artista pone en sus pinturas que muestra ... el sufrido pueblo de backlands noreste, pero entre las líneas y los colores de este sufrido pueblo ... pasan desapercibidos ... su trabajo es un don de Dios ...
Avelino de Newton, el artista con manos de oro ...

esta muy interesante el tema gracias por publicar este tipo de informacion.
http://respuesta-rapida.net


María, creo que O'Hara es un maestro creando esos ambientes tumultuosos, de fiesta, en los que parece que una cámara recorre un salón lleno de gente bebiendo cócteles, de señores haciendo se seductores graciosos, de señoras haciendo ese papel que señalas (un poco a la sombra del personaje principal)...La habilidad de estos escritores es señalar cómo existe una tragedia en miniatura que recorre, como una lenta infección o un tumor diminuto, un espacio de relaciones que se va haciendo febril, metástasis que llena todo de un sentimiento de la propia fragilidad. ¿No crees que esos personajes acaban reconociéndose tan insportablemente débiles frente a un mundo que proclaman que es radiante, mientras les va hiriendo?

No creo que llegues a julio, compañera...

Hola a todos:
Ferrán al final leí un par de capítulos de Cita en Samarra.
Primero busqué en la red información acerca de O´Hara.
Sus editores querían otro título para la novela,pero él eligió este porque el único destino que podía tener Julian era la muerte.No tenía salvación, en el mundo que había elegido.
Encuentro un poco misógino a O´Hara, no por su manera de describir a las mujeres, sino por los roles que les da.
Me recuerda un poco a Bukowski, un poco más joven que él, pero con un estilo inconfundible. Bukowski decía las cosas con una claridad apabullante,no se cortaba un pelo.
O´Hara es un oteador,observa un lugar y todo lo que hay en él, mientras su memoria fotográfica lo retiene en la retina, para escribirlo más tarde.
Creo que esta novela es un plato fuerte con mucha acción y no se si podré aguantar hasta julio sin levantar la solapa.

Iré a por Crane, María, no lo dudes. Ahora estoy con Dreiser de nuevo...

Paciencia, María, siempre hay más libros que horas...Yo tengo también muchos de no ficción para preparar las clases de la universidad y hacer la investigación a la que me obliga mi trabajo. Pero O'Hara y Yates (y ese Anderson que llegará) son cosas para ir acumulando, de cara al verano. Ya verás como será un disfrute...Buenas noches.

Hola Ferrán,me está poniendo los dientes largos, esto empieza a parecerse a una prueba de resistencia.
De momento ha conseguido que esta noche O´Hara comparta hueco en mi mesita de noche,con Hubert, Tran y Marías y quien sabe si cae el primer capítulo.
Aquí, sobre la mesa donde escribo tengo otros tantos que no son de ficción y son mucho menos apetecibles y no tengo más remedio que leerlos.
Lo que no voy a perderme la semana que viene es Revolutionary Road.
Gracias por todo,por cierto lo de Boris Karloff es una pasada.

Buenos días, María. Yo recuerdo "Habla la muerte" recitada por Boris karloff, nada menos...El libro de O'Hara es una maravilla, por lo menos así lo estoy viviendo ahora mismo. Te recomiendo "Las hemanas Grimes" de Richard Yates, el mismo autor de "Revolutionary Road", aunque me gusta más esta novela. Y la colección de Lumen es una maravilla, ya te lo dije, es una opción muy valiente de la editora, que se está atreviendo con cosas que estaban en el baúl de los olvidos. ¿Podrás esperar hasta julio?

Hola,buenos días a todos,escribo esto para decir que estoy más contenta que unas castañuelas.
Ultimamente no paro de comprar libros, los compro para tenerlos cerca y poder leerlos cuando tenga tiempo, que no será hasta el mes de julio.
Si mi marido me pilla in fragantti le digo que son para él, así me sucedió con " Corre conejo " de Updike, y " La montaña mágica " de Thomas Mann.
Ayer fui a buscar el libro de cuentos que Ferran Gallego me recomendó de Sherwood Anderson.
No lo tenían, así que lo encargué. Pero me resistía a volver a casa de vacío, así que volví con "Cita en Samarra " de O'hara.
Lo tenía en la mochila y no ha sido hasta hace un ratito que lo he sacado, aprovechando que él se ha ido a hacer unas cosas.
Paso la mano sobre la tapa, la ilustración me recuerda a "Bonnie and Clyde ", echo un vistazo a las contraportadas y me encuentro con Hemingway sentado impasible ante una pieza de caza.
Estoy hojeandolo, paso la vista rápidamente sobre la introducción, y derrepente me encuentro con una sorpresa increíble:" Habla la Muerte de Somerset Maugham.
Me sonaba Samarra pero no sabía de qué.
Hace años tomaba clases partículares de inglés con un profesor nativo.
Era inglés, de ascendencia sefardíta, o sea española.
Una vez me contó este relato , su voz perfecta llenaba toda la habitación de solemnidad y tagedia irremediable. Después yo la repetía y perdía toda la magía.
Menos mal que la tengo grabada, así que voy a buscar la cinta y la escucharé de nuevo.
La lectura del libro tendrá que esperar, hasta julio.

Gracias Ferrán, he tomado nota de toda la información.
He echado un vistazo a la librería y la verdad que tiene buena pinta.
Llevo un ratito escarvando en la vida y obra de los autores que ha comentado, de Pavese tampoco he leído nada, pero si leí el artículo de Rojo y los comentarios, soy incondicional de su blog.
Mientras buscaba información de Sherwood y Sinclair, me he acordaddo de una novelita muy dura, que tal vez le interese:Maggie,una chica de la calle, de Stephen Crane.
Ahora mismo estoy bastante liada, sin embargo mañana buscaré el de Anderson, y los demás más adelante.Además tengo dos empezados que están en punto muerto, uno es el de Tran y el otro el de Hubert.
Gracias de nuevo Ferrán, estoy segura que de haberle conocido Faulkner , hubiera pasado unos buenos ratos charlando con usted.

Añado otra cosa, María. Acaban de publicar, en Lumen, "Cita en Samarra", de John O'Hara, otro de los gigantes de los años treinta, también olvidado aquí, pero que la tenaz editora (empeñada en rescatar cosas de calidad, a pesar de las leyes del mercado)nos proporciona. No te lo pierdas...

Nunca es demasiado pedir algo que tiene que ver con la pasión de leer o de escribir, María. Lo único que ocurre es que no sé si tengo el conocimiento necesario para ayudarte.

Hay una cosa en la que sí: aunque no haya ninguna librería de viejo, a través de uniliber (www.uniliber.com), puedes encontrar a estos autores. Pides y te envían libros por correo, mensajería o como quieras. Y tienen de todo, incluyendo ediciones agotadas de estos autores americanos, publicadas en España en los años 40-60.

Sinclair Lewis fue el primer premio nobel americano, además de premio Pulitzer. Su libro más celebrado fue CALLE MAYOR, donde se refleja el tedio y mediocridad de una ciudad americana de los años veinte, pero yo prefiero "Elmer Gantry", la historia de los predicadores fanáticos de la Biblia que recorrían Nueva Inglaterra en aquellos años. Tras la complejidad de Faulkner y la lírica de Fitzgerald, Lewis puede resultar un tanto "plano", pero me importa que abriera camino, como lo hizo Steinbeck, quizás con un lenguaje algo menos poderoso que estos gigantes, pero creando la novela moderna americana. Sherwood Anderson tiene un maravilloso libro de relatos que puedes encontrar en Cátedra, Winesburg, Ohio, que se considera el iniciador de una tradición de relatos cortos que habría de continuar mucha gente (Capote, Carver, Shepard...), constituyendo una de las grandes aportaciones de género hechas en Estados Unidos. Fue (y sólo por eso...) el que animó a Faulkner a escribir, cuando éste no estaba demasiado seguro de sí mismo. Creo que también le gustaría Theodor Dreiser, el "padre" de todos ellos, que tiene una novela publicada no hace mucho en Alba, "Nuestra Carrie", además de "Una tragedia americana". tanto él como Upton Sinclair son escritores que denunciaron los excesos de la sociedad industrial (el libro sobre los mataderos de Chicago de Upton Sinclair es impresionante como documento), y Dreiser dedicó "Una tragedia..." a explicar cómo es castigado el joven que pretende escapar a su condición social promocionándose a través de un matrimonio que lo vincula a una familia de clase alta.

Luego, la guerra, los felices años 20 y, sobre todo, la experiencia de vivir en Europa, permitieron que se abrieran a la experiencia de la narrativa europea los más jóvenes. Faulkner descubrió a los realistas rusos (cuando le dieron el premio nobel dijo que le gustaban tres novelas: Ana karenina, Ana Karenina y Ana Karenina...), y Hemingway y Scott Fitzgerald, entre copa y copa, descubrieron la gran fiesta del París de los años treinta. De la misma forma que el cine negro americano lo montaron los exiliados alemanes como Siodmark o Lang, la gran literatura pasó por beber en las fuentes del continente...

De Sherwood me gusta una gran ternura hacia personajes indefensos que viven en un pueblo mediano, como el maestro acusado de pedofilia de "Las manos", cuya inmensa ternura es confundida con "bajos instintos" en una sociedad puritana. De Lewis, la pluma implacable con la superstición y la mediocridad.

¿Sabe que a Pavese le gustó siempre mucho más Anderson que Faulkner? Lo comentábamos un día en este mismo blog, al considerar lo que decía Pavese sobre "Santuario", que dejó verde en una crítica atroz. Lo cual demuestra que, a veces, o siempre, la literatura pasa por el corazón y el prejuicio, no siempre por una inteligencia inmaculada.

Un saludo afectuoso y espero haberla ayudado...

Es una suerte poder leerle de nuevo, profesor Gallego. Me gustan las personas sencillas que saben compartir con naturalidad sus ideas y reflexiones con el mundo.
No he leído nada de Sherwood Anderson y tampoco de Sinclair Lewis.
Si no es demasiado pedirle, me gustaría que nos comentara qué es lo que le atrae de estos autores.
Las librería de viejo especializadas en lieratura en lengua inglesa son escasas en la península, en Madrid conozco una cerca de la ópera, pero dónde vivo yo no hay.
En los pueblos de la costa hay alguna, pero casi todo lo que tienen son novelitas románticas o lieratura muy comercial.
Gracias.

Es una suerte poder leerle de nuevo, profesor Gallego. Me gustan las personas sencillas que saben compartir con naturalidad sus ideas y reflexiones con el mundo.
No he leído nada de Sherwood Anderson y tampoco de Sinclair Lewis.
Si no es demasiado pedirle, me gustaría que nos comentara qué es lo que le atrae de estos autores.
Las librería de viejo especializadas en lieratura en lengua inglesa son escasas en la península, en Madrid conozco una cerca de la ópera, pero dónde vivo yo no hay.
En los pueblos de la costa hay alguna, pero casi todo lo que tienen son novelitas románticas o lieratura muy comercial.
Gracias.

Es una suerte poder leerle de nuevo, profesor Gallego. Me gustan las personas sencillas que saben compartir con naturalidad sus ideas y reflexiones con el mundo.
No he leído nada de Sherwood Anderson y tampoco de Sinclair Lewis.
Si no es demasiado pedirle, me gustaría que nos comentara qué es lo que le atrae de estos autores.
Las librería de viejo especializadas en lieratura en lengua inglesa son escasas en la península, en Madrid conozco una cerca de la ópera, pero dónde vivo yo no hay.
En los pueblos de la costa hay alguna, pero casi todo lo que tienen son novelitas románticas o lieratura muy comercial.
Gracias.

Vamos, vamos; no nos pongamos así.
Envejecer no deja de ser un deporte, aunque casi obligatorio, es cierto. Los hay que empiezan a demostrar un talento, en la práctica de este ejercicio, nunca antes sospechado, revelándose como personas que han sabido encajar finalmente las putadas de la vida. Para muchos se trata de una oportunidad única.

Gracias, María, por un comentario donde la sensibilidad inteligente nos ayuda a todos. La frase de Faulkner era emblemática para Benet, que la citaba como su lema cuando le preguntaban esas cosas un tanto absurdas de ¿cuál es su frase favorita? Me pareció la manera de ver el mundo que debe tenerse, se saber que uno está en proceso siempre, como ser en crecimiento que no puede ver nunca por vez primera ni recordar sin hacerlo desde el presente.

La generación perdida...Bueno, creo que más bien la cosa se refiere a una generación que escribió, como bien dices, en un tiempo perdido: quizás debería decirse que en un tiempo malgastado, porque todas esas inmensas ilusiones de un mundo nuevo que siguieron a la guerra no fueron más, como dijo Eliot, que "un montón de imágenes rotas donde golpea el sol"...Tiempo de grandes esperanzas y, por tanto, de crudas realidades. Tiempo para medir la distancia entre lo que es y lo que debería ser.

Creo que Faulkner, siempre presentado como un duro (y vaya si lo es) tiene una capacidad de mostrarte una relación de apego a las cosas, de descripción de la naturaleza agónica (por ejemplo, al describir el paisaje de maquinaria abandonada al principio de "Luz de agosto") cuyo lirismo contrasta con esa amoralidad que permite el crimen, pero que nunca es la indiferencia del autor. Por eso, Faulkner corrió a abrazar a una moribunda McCullers cuando la conoció, llamándola "hija mía": el ensayo que McCullers había hecho sobre escritores sureños y realistas rusos (que ha recuperado Lumen, creo), correspondía a una de las mejores descripciones de la estética del sur como "moral", algo que tomó forma en un cuento tan desgarrador como "La balada del café triste".

Fitzgerald tiene esa calidad expresiva que le reprochaban como simple "forma" (como si hubiera algo que pueda llamarse simple forma). La historia de, como bien dices, el tonto Gastby me enerva cuando considero la fatuidad de la amada empeñada en un mundo artificial que, precisamente por estar fabricado, cuesta dinero, prestigio, reputación. Que sea la miseria, la pobreza, el adulterio provocado por la falta de dinero del propietario del garaje el que provoca el drama final no es una casualidad. Todo, incluso el crimen provocado por celos, es el resultado del dinero. Incluso el equívoco lo es: la muerte de Gatsby por un accidente que no le corresponde, que sale de las manos de la estúpida Diana y que es lo único de ella que él consigue tener.

Hemingway es otra cosa, un autor épico que conecta, segúnc creo, con otra tradición. Parece que están atreviéndose con Caldwell, pero no aún, como yo reclamaba, con Sherwood Anderson. Y Harper Lee trató de continuar en su única novela, "Matar un ruiseñor", que creo que quedó malparada por el impacto de la película, tan inmediata, que dejó a la autora sin fuerzas ni atrevimiento para seguir hablando. Algunas cosas de Richard Ford (del que más me gusta, del de "Un trozo de mi corazón" o de Rusell Banks ("Aflicción", "Como en otro mundo"), están en esa tradición, como lo está, cuando no se excede, Pete Dexter ("Paris Trout"). Esa mezcla de lirismo y violencia que es lo que, en realidad, nos sobrecoge. Quizás porque el mundo sea precisamente eso...

Yo me he pedido todo Sinclair Lewis en librerías de viejo, como he hecho con Anderson. Me temo que Lewis (como le pasó a Upton Sinclair antes que le rescatara la película sobre el petróleo) ha quedado olvidado y hay que volver a Elmer Gantry, por lo menos. Detrás de los gigantes, se encuentran otros...y con ellos, los autores teatrales que fueron sus amigos, como Williams, Inge o Albee, que crecieron a la sombra de la novela que se había escrito. Williams trataba de enseñar a McCullers cómo pasar sus cuentos al teatro y la muy chula le decía: "Te comprendo y te lo agradezco, Tennessee, pero sé perfectamente lo que quiero hacer." Cuando pasó en coma los últimos quince días de su vida breve, Williams fue el único de los grandes que estuvo a su lado.

" La memoria cree antes de que el conocimiento recuerde". Esta cita de Faulkner encabeza el relato del viaje de Manuel Rodríguez Rivero,incluido en la traducción que hace Javier Marías en " Si Yo Amaneciera ", en 1997, publicado en una bonita edición de Alfaguara.
Gracias a la explicación de Ferrán Gallego he podido comprenderla mejor.
"Mientras agonizo " y ¡Absalom,Absalón!son las precusoras de loq ue vendría después, decadencia, resquebrajamiento de un mundo al que ya no podemos pertenecer por la ruina familiar,la guerra, el juego.
La pérdida de este mundo confortable del que una vez fuimos parte de él y del que nos expulsaron , a veces se convierte en un lastre que nos hace mirar constantemente hacia atrás, una añoranza mezquina que convierte en presas fáciles a aquellos incapaces de romper con elpasado.
Faulkner es desgarradoramente realista,pero siempre conserva ese halo de rico sureño y especialmente elorgullo de ser el bisnieto de un militar.
El desamor, la soledad,la confusión del espíritu se multiplica con las voces de todos sus personajes,incluso la del disminuído de Absalón.

Debo ser un poco tonta porque a mí no me parece en absoluto que la generación de Hemingway, Pound, Dos Pasos, Woolf... fuera una generación perdida.
Perdido estba el mundo después de una guerra mundial, ellos sacaron los trapos sucios de una sociedad hipócrita y decadente.
Una sociedad repleta de arquetipos que encorsetaban los sentimientos, en definitiva el amor.
De Hemingway me gusta su pragmatismo y la introspección psicológica.
Adiós a las armas es una excelente novela,tengo cientos de imágenes grabadas.
El caos, la desorganización del ejército italiano, los fusilamientos de los desertores, la decepción,la huída , la muerte de su novia y el silencio.
Esperaba que el se hubiera desmoronado o algo por el estilo, sin embargola última imagen que dibuja es el cuerpo rígido de ella.
De Fitzgerlad me sorprendió su elegancia para lavar la ropa sucia.
En el Gran Gatsby se presagia la tragedia desde el principio, nada termina como hubieramos deseado.
Diana y Gatsby representan en mi opinión los dos lados de Fitzgerald.
Diana es la vaciedad del autor, quien no se casó enamorado.
Diana representa el apego al dinero, una constante en la vida de Fitzgerald y Gatsby es un tonto romántico que cree que ahora siendo rico podrá deslumbrarla.
Encuentro en sus novelas, en las de los autores que he citado o en la propia Virginia Woolf, algo común.
Su personalidad, sus tragedias personales, afloran en sus novelas bajo la máscara de los personajes.

Adoro los 55, que es la edad que tengo y que dejaré de tener antes de darme cuenta...Pero podemos adorar, desde la edad que tenemos, todas las que hemos ido teniendo. El recuerdo es un mecanismo que puede domesticarse (o tiene que domesticarse, para no convertirse ni en nostalgia ni en olvido, dos maneras de deformar lo que entonces fue presente). El recuerdo verdadero consiste en que la memoria conozca, como decía Faulkner. La memoria consiste en la actualización de lo que hemos ido siendo y "acumulándonos", con sucesivos matices de carácter en constante formación. esa es la memoria que conoce. La mirada recuerda, decía también Faulkner: porque podemos observar de un modo que se volverá memoria, y porque cada manera de contemplar se convierte en un modo de REconocer. Nunca miramos inocentemente, sino con una experiencia que se convierte en una observación bifocal: la del presente y la del pasado, pulsando la realidad con lo que tenemos de ella dentro de nuestra memoria. Por otro lado, siempre tenemos a mano recordar lo que fuimos en un momento, sin los estupefacientes que inoculamos a nuestra forma de recordar. Y sentir aquella intensidad con la que vimos Ben Hur o, cómo nos dolía, caramba, cómo nos dolía la belleza inexpugnable de Audrey Hepburn cantando Mon River...

La escritura de FSF nunca pudo ser fruto de la improvisación. La lírica que se encuentra en ese esfuerzo por explicar el sentimiento de frivolidad y decadencia, pero también el profundo desconcierto por la pérdida, tiene un nervio que no puede proceder del apresuramiento y que no puede ser el fruto de la facilidad. Un regalo que los dioses no conceden nunca: la inspiración es trabajar todos los días, decía Baudelaire. Y la sencillez, el resultado de borrar mucho, no de escribir poco. O pasarse la noche entera despierto en busca de un adjetivo, como lo hacía Pla.

Ojalá regrese Scott Fitzgerald: cuánto le hemos echado de menos. Pero ¿podría regresar, con él, Sherwood Anderson, por favor? ¿O a nadie le importa ya quién creó la generación perdida?

Lo malo es que se pasa de los cincuenta a los sesenta en un día. Un día que no tiene porque coincidir con la fecha justa en que los cumples. El día que mirándote al espejo te descubres extraño y empiezas a entender la cirugía y medicina estética que siempre has detestado, porque asumes que, al fin y al cabo, todos los días nos hacemos retoques al afeitarnos o cortarnos el pelo o arreglarnos los dientes. Retoques que nos han acompañado siempre y nos conforman y contribuyen acaso a civilizarnos porque nos hacen soportables ante los demás. Esos otros nos van viendo cambiar cada día pero nosotros no, nosotros lo descubrimos de repente, de golpe, en un mirarse a un espejo que desearíamos líquido para poder destruirlo. Destruirnos. Destruir la imagen cuando no nos gusta. Y pensamos en vender el alma al diablo. Y algunos hasta en Dorian Gray. Nos revolvemos contra los determinismos biológicos y nos juramos cambiar de vida, dejar de luchar contra ella, adaptarse cuando ya sabemos que no se puede parar la rueda del tiempo. Que no envejezca por lo menos la curiosidad, la capacidad de análisis lo que quede de la inteligencia que hayamos tenido. Que también es vida, una vida que puede ser atractiva aunque para interesar a alguien – o que alguien nos interese – ya no baste con un vistazo.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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