El prodigio

Por: | 21 de abril de 2009

En un discurso que el presidente de la República Manuel Azaña pronunció en el Ayuntamiento de Madrid el 13 de noviembre de 1937, dijo: “Se ha reconstruido una moral militar. ¿A qué se debe este prodigio? Yo no lo sé”. Había pasado más de un año después de que los militares rebeldes asestaran el fatídico golpe al régimen que él presidía y, a pesar de que los reveses que había padecido la República eran notorios, el ejército se había rehecho y estaba ahí, luchando. El combatiente era consciente de su “enorme responsabilidad” y de lo que se jugaba en la partida, decía Azaña para elogiar a las fuerzas que habían defendido Madrid un año antes. La resistencia de la capital al avance de las tropas franquistas había cambiado radicalmente el curso de la guerra. No iba a ser cosa de días, así que los rebeldes decidieron volcar sus esfuerzos en la conquista del norte republicano. Lo cuenta Jorge Martínez Reverte en El arte de matar. Cómo se hizo la guerra civil española (RBA), donde reconstruye las peripecias militares del conflicto.
    
Azaña reconoció en aquel discurso de Madrid no saber a qué se debía el prodigio de que se hubiera reconstruido la moral militar. Bilbao había caído en junio; Santander, en agosto; en octubre, las últimas plazas de Asturias no consiguieron detener el avance de Franco: el Norte era suyo. De nada habían servido las ofensivas que el Ejército Popular puso en marcha, una y otra vez, para detener (o por lo menos aplazar) la ofensiva de las fuerzas enemigas. Ni el ataque a La Granja (Segovia), ni la imponente batalla de Brunete, ni las maniobras en el frente del Este consiguieron, al final, gran cosa. Por eso quizá Azaña se asombraba. En noviembre de 1937, los combatientes republicanos conservaban la moral militar. En diciembre iban a demostrar que también sabían pelear: se precipitaron sobre Teruel y obligaron a Franco a renunciar, otra vez, a conquistar Madrid, a pesar de haber acumulado una ingente cantidad de fuerzas para rendir la capital atacando desde Guadalajara.

Jorge martinez reverte uly martin

Lo que Jorge Martínez Reverte (la foto es de Uly Martín) ha hecho en su último libro es reconstruir lo que pasaba en los Estados Mayores de los dos ejércitos y cómo lo que allí se decidía se llevaba después a los campos de batalla. Ya se había familiarizado con el tema en sus libos anteriores: La batalla del Ebro, La batalla de Madrid, La caída de Cataluña (todos en Crítica). Claro que también trata de los movimientos de los políticos y del panorama internacional, pero siempre en función del curso de las acciones de guerra. ¿Por qué el conflicto duró tanto si era manifiesta la superioridad de recursos en el bando liderado por Franco?

Una vieja pregunta, a la que se ha respondido con dos argumentos, muy semejantes. Si la guerra duró tanto se debió a la impericia técnica de Franco o bien a su afán de prolongarla para disponer de más tiempo para exterminar a su enemigo. Pocas veces se ha subrayado, acaso por su escandalosa falta de recursos, el papel del Ejército Popular. Y la lectura que hizo Franco de la coyuntura internacional. Lo que Reverte ha encontrado en los papeles que conservan archivos poco frecuentados y en la información más reciente a la que se ha podido acceder es que ambas aspectos tuvieron un papel primordial. Que, a pesar de sus numerosos errores y de su debilidad, el Ejército Popular se lo puso difícil al caudillo. Y que, en momentos decisivos, éste eligió la prudencia –y no buscó una victoria inminente— ante el riesgo de que Francia pudiera intervenir en la Guerra.

Hay 6 Comentarios

Hay una pregunta que me ronda la cabeza hace tiempo:Si los sindicatos,el 18 de julio de 1936 no hubiesen proclamado la huelga general y sacado sus militantes a la calle¿Se hubiese podido parar el golpe rebelde?
No es cuestión poco importante porque fue el espectáculo de las masas desencadenadas la que finalmente decidieron a los ingleses boicotear los suministros militares para la república y finalmente significó el triunfo franquista.¿Qué opinas?

Amigo José andrés, he entrado de rebote en este blog, que es interesante la verdad sea dicha. Cuando evoco pensamientos referentes a la guerra civil, todavía me invade la frustración y el encabronamiento, lo siento, no puedo evitarlo. En mi último libro "En la cumbre del viento", hay unos versos dedicados en elegía a un familiar que combatió en el lado Republicano, dicen así:
..."Injusto perdedor de la batalla, ganaste la guerra de la vida; es la peor guerra la que estalla, con una paz sorda y fingida..."
Un fuerte abrazo a todos/as

LO QUE TENGO YO ENTRE LAS PIERNAS SI QUE ES UN PRODIGIO, CABE TODO

http://comielotrodia.wordpress.com

Como cualquier otro conflicto la Guerra Civil espanhola tiene aun muchisimos puntos que deben ser aclarados. Tu blog aporta a ello.

Se debió a la lealtad a la democracia, al amor por la libertad y al progreso, a la ilusión de continuar la modernización de un país anacrónico en una Europa moderna.
Se debió a la ilusión de sacar a los españoles de la miseria y la ignorancia, al respeto hacia la mayoría de los ciudadanos que querían dejar atrás una España amarga y polvorienta.
Se debió a que debía prevalecer el sentido común para reconducir la situación de caos y desordén.
Se debió a que había que ser valiente y afrontar la realidad, por muy paradójica que resultara.
Se debió a los héroes como el comandante Leret o el comandante De La Puente que dieron su vida por España:
"!Tendrán que pasar por encima de los que defendemos al gobierno legal en este momento¡"
Quizá Azaña se dio cuenta demasiado tarde.
Después de leer algunos de sus comentarios sobre el libro de Martínez Reverte he comprendido algunas dudas que tenía.
Por ejemplo, no entendía qué fue lo que impidió que llegaran los aviones de apoyo a la base de Samia Ramel, ¿se le olvidó a Casares Quiroga ?
Ahora entiendo que la falta de previsión y diligencia de Azaña fue decisiva para que el enemigo ganara terreno a grandes bocados, sin apenas esfuerzo, tenían el campo libre.
Creo que este libro es necesario para hacer una buena higiene moral e histórica; me dolerá leer algunas cosas, pero es necesario traer luz donde ha habido oscuridad.
Por cierto este escritor le saca un aire a Berlanga.

El "prodigio" para la figura excepcional de don Manuel Azaña Díaz, en un año deprimente en lo político y en lo militar como fue 1937, derivaba, en especial, al tener en consideración, muy personal y directamente, en Barcelona (Secuestro en el palacio de Pedralbes, temor a ser asesinado por fuerzas de la FAI, llamada desesperada a Indalecio Prieto sobre su situación de aislamiento...) la permanente guerra intestina entre las fuerzas supuestamente leales (?) a la República por él presidida: cenetistas y faístas (revolución libertaria), ERC (más partidarios de una Cataluña independiente y siempre en connivencia interesada con los anarquistas), socialistas de Largo, definitivamente "accidentalistas" con el régimen y, no digamos, los comunistas, al servicio desde siempre de las directrices de Stalin y de su comisario político en España (Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo dixit en "Queridos camaradas"...)

Este es el verdadero prodigio, cómo levantar una resistencia suicida, en la que sobran las razones para no creer, ante un contexto histórico internacional que había declarado terminantemente (con su hipócrita y miserable "no intervención") la derrota inevitable de la república en beneficio del fascismo rampante.

Saludos cordiales.

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Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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