Las pequeñas zozobras

Por: | 02 de septiembre de 2009

Se ha cortado la barba y vuelve de vacaciones con unas ganas locas de tirar por la borda la seriedad y empezar a hacer locuras. Ha conseguido, además, todos los fondos posibles para rodar por fin una película de ficción, su adaptación de la novela El río, de Alfredo Gómez Morel. Fernando Girón tiene una productora de cine en Santiago de Chile. Es finales de los ochenta y llega con esos afanes a su oficina, donde se reúne con el administrador de la empresa y con su hombre de confianza. La reunión es breve. El que lleva las cuentas confiesa que lleva tiempo desviando fondos de un lado a otro y que tuvo que afrontar gastos extraordinarios (ayudar a su hermano: se le quemó la salsoteca) y que metió la mano en las cuentas. Total: un agujero de 80 millones de pesos. Así empieza La deuda (Mondadori), del escritor chileno Rafael Gumucio.

Es una novela que va muy rápido, escrita con desenvoltura, capítulos breves. La deuda se mete como un veneno en la vida del joven cineasta y empresario y lo contagia todo, la relación con su mujer y la relación con el mundo y consigo mismo. Pasan cosas minúsculas, el estafador desaparece, empiezan los líos inevitables de quien está metido en una grave complicación. Va rápido la novela y, con esa tremenda deuda de 80 millones de pesos y las crisis, todo el rato se tiene la impresión, sin embargo, de estar delante de unos niños grandes y de estar asistiendo a una pataleta.

Rafael gumucio marcel.li sáenz

Y no lo es, en verdad. La ruina muerde, hace daño, los personajes están sufriendo. Pero todo eso pasa contra el telón de fondo de una realidad borrosa donde no parece posible establecer exactamente las responsabilidades. "En ese mundo donde los grandes administradores de la culpa, la Iglesia y el comunismo, han sido disueltos", escribe Gumucio (la foto es de Marcel.lí Sáenz), "el que mata a un moscardón puede quedar insomne por semanas, y el que asesina un pueblo entero puede dormir en perfecta calma". Con ese paisaje moral, lo más complicado es arriesgarse a contar una historia, captar la atención cuando las cosas carecen de relieve, cuando la mentira y la verdad han borrado sus fronteras hasta mezclarse en una papilla inconsistente y sin mucho sabor.

Una deuda. Un tipo al que echan del trabajo y muere de manera absurda. El hijo autista del estafador que fallece por ser incapaz de expresar los síntomas de la enfermedad que lo está debilitando. Una mujer abandonada. Un prófugo. Financiación ilegal, cohecho, cárcel. Hay un momento en la novela en que el cineasta decide volver sobre su guión y se plantea la manera de filmarlo sin ninguna financiación, y piensa también que sus carencias podrían convertirse en sus virtudes. “Como Godard, que filma siempre como un aficionado, pero que tiene las escenas de acción más reales de todo el cine, porque la realidad también es un cineasta aficionado”, escribe Rafael Gumucio. Quizá para escribir esta novela ha agarrado una cámara de mano y ha ido metiendo las narices en esa realidad imperfecta, la que habitamos. Ha metido las narices para mirar a esos niños grandes que no tienen estatura de héroes. Y ha contado lo que hay, que es como siempre más de lo mismo (amores, inseguridades, mera supervivencia, el honor), hasta el punto de sacarle un poco de verdad a ese mundo desdibujado y sin relieves, aparentemente libre de culpa, y que va zozobrando en su inmensa desorientación.


 

Hay 2 Comentarios

Se agradece la recomendación.
No creo que llegue mi condición intelectual, para leerla.

Cuando la reflexión está hecha, aparecen como en la voz, las inflexiones.
Me revuelvo.

Creo que la novela realista, gana más con el tiempo, por su sentido crítico. Espero que ésta lo consiga.

Interesante! Despues de leer este comentario me entraron ganas de leer el libro.
Felicidades ademas por volver al blog

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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