Perros verdes

Por: | 04 de septiembre de 2009

Lo que cuenta El Agrio (Periférica, traducción de Sonia Hernández Ortega) es bien sencillo. Una chica joven ("mi corazón de quinceañera”, dice en algún momento) se enamora, termina ligando, y un buen día la relación se va a pique. Fin. La escritora francesa Valérie Mréjen relata en primera persona los avatares de la historia. Frases cortas, pequeños párrafos. La chica esperando llamadas que no llegan. La chica quedando con el muchacho. La chica explicando las cosas que hacen, intentando transmitir lo que le gusta a su novio. La chica molesta con la anterior novia del chico. Y así sucesivamente. Valérie Mréjen había publicado antes Mi abuelo, también en Periférica, y además es cineasta y artista (hasta este domingo puede verse una exposición suya en Barcelona, en La Virreina). El Agrio es un artilugio magnífico.

Foto1Digo artilugio para decir que es un libro distinto. El chico de la novela se llama Bruno y lo llaman El Agrio. Es bajo, moreno, ojos azules, lleva gafas. Dibuja su retrato con forma de limón. Hace fotos con una Leica, aprende japonés, tiene un libro de fotos de Sophie Ristelhueber y encuentra bonitas las grandes imágenes de Serrano. Quiere mucho a su abuela, que vive en una vivienda de protección oficial y hace pasteles tunecinos. Le gusta acortar las palabras, lleva siempre una libreta de 10,5 x 15 que ha fabricado él mismo, es fan del Pepino Enmascarado y, por respeto a su héroe, nunca come pepinos. Es un caradura que se cuela en todas partes sin pagar y dice que su madre está loca. Valérie Mréjen ha escrito el libro en pasado. Dice, por ejemplo: "A menudo le ocurrían cosas raras". A Bruno. A El Agrio. Cogió su coche un buen día y se fue a Holanda a ver La joven de la perla, de Vermeer.

Así que la chica conoce al chico. Quedan algunas veces. Ella se va enamorando. Observen cómo cuenta Valérie Mréjen el así llamado momento decisivo: "Las claras líquidas se espesaban a punto de nieve. Era el momento de lanzarse. Ahora o nunca. Salté sobre el andén del metro, Le besé diciéndole adiós". No dice nada más, ni nada menos. Lanza una ráfaga. De verdad que liquida con un procedimiento tan directo. Luego sigue adelante. Sin respiro.

El chico escribe el guión de un corto y la chica lo ayuda en el rodaje. Hay un momento en que una niña tiene que cortar en dos a una mariquita. Así que la chica se pone a pensar dónde puede encontrar esos animalillos. Los consigue. "No hablaba jamás de sentimientos", escribe Valérie Mréjen. "Hablaba de las hojas verdes, del rocío, del murmullo, del bambú, del olor del gasoil, de la luz del día, del sabor de un alimento, de lo que queda a la vista, de todo lo que se puede masticar, oler u observar”. Ese Bruno era un perro verde. Seguramente como lo somos todos, aunque yo creo que un poco más. Y la que lo cuenta, incluso diría que un poco más. Un día, explica, “ya no quedaba fuego, mi llama se había apagado”. Y la novela termina pocas frases después. Fin. A otra cosa.

Hay 2 Comentarios

Me parece una buena temática por una generación que ha rechazado el modelo ya clásico del antihéroe (Ignatius J. Really), pero que se ve abocada al aislamiento social.
En su favor, la valentía frente al camuflaje. Se sitúan frente a la hipocresía social en un pulso vital, perfectamente marcado por preservar su identidad.
La ausencia del conflicto explícito y la depuración del antagonismo, como puntos débiles, se radicalizan en un contrafavor por parte de las generaciones que les anteceden, con el fin de conseguir su aislamiento social.
Me parece una apuesta brillante por la crítica social a la violencia silenciosa que se enmarca en la lucha por la identidad (el lugar) de las nuevas generaciones de jóvenes (los que todavía no han cumplido los 25).

Vamos, que por no sufrir se lo inventan. Me invento que me enamoro, me desenamoro y lo corto.
Y eligió bien, porque aguantar al menda presuponía la ruina moral,sentimental y económica.
Pero muy real, muy actual y muy moderno. Así nos va. De ridículo en ridículo y tiro porque me toca.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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