"Ahora soy una madre y también una mujer casada, pero no hace mucho fui una delincuente". Así empieza Una novelita lumpen, uno de los textos de Roberto Bolaño que Anagrama ha rescatado hace poco y que se publicó por primera vez hace unos años. Todo arranca con la muerte en un accidente de tráfico de los padres de Bianca, la narradora, y de su hermano. Así que tienen que sobrevivir como pueden en la casa en la que han vivido siempre, ahí en la plaza Sonnino, en Roma. Pronto dejan de ir al colegio: ella se emplea en una peluquería; él, en un gimnasio. El chico se aficiona a ver películas pornográficas y su hermana lo acompaña. Un día ella se fue a la cama pensando que iba a soñar con esas cochinadas, cuenta, pero no ocurrió tal cosa. "Caminaba por el desierto, medio muerta de sed, y sobre un hombro llevaba un loro blanco, un loro que decía: ‘No puedo volar, lo siento, perdóneme usted, no puedo volar". De eso trató finalmente su sueño. Ladies & gentlemen: estamos en el mundo de Bolaño.
Entra así en la narración, como quien no quiere la cosa, así entra ese loro blanco tan educado que pide perdón por no poder volar. Pesaba unos cinco kilos, dice Bianca, y explica que en el sueño le rogaba al loro que se fuera, que pesaba demasiado, pero el loro no se movía del hombro por ningún motivo. El desierto y el calor, las piernas le flaqueaban a Bianca, e iba temblando mientras avanzaba con lentitud con el loro blanco en el hombro, y cuenta que era como si tuviera cáncer, pero que era también como si se corriera, "una corrida interminable y agotadora", o como si se tragara los ojos. Sus propios ojos. Y dice, sí, que procuraba tragárselos pero sin mascarlos. ‘Ánimo, Bianca’, parece que le decía el loro. Y Bianca apunta que se lo diría hasta que cayera sobre la arena, muerta de sed. El loro volaría entonces, "hacia otra zona del desierto, se alejaría de mis despojos agónicos en busca de otros despojos menos agónicos".
Esto en la novela es sólo un sueño, porque lo que Roberto Bolaño (la foto es de Marcel.lí Sáenz) va contando a través de esa narradora, Bianca, es cómo se las están intentando arreglar aquellos chicos. Se les ha venido abajo todo, así que van probando, buscando un trabajo y entrando a los videoclubes, viendo películas guarras, caminando por la ciudad. Un día el hermano lleva a casa a dos amigos un poco mayores, el libio y el boloñés. Los conoce del gimnasio, son educados, lavan los platos y preparan alguna comida de vez en cuando, pasan unos días, luego se van. Bianca revisa cada rincón para ver si han robado. No, no se han llevado nada.
Llega un momento en que el hermano se queda sin trabajo. Llega otro momento en que sus amigos vuelven a la casa. Luego ocurre que Bianca deja que uno entre en su habitación a oscuras y le haga a oscuras el amor. "Creo que fue el boloñés", dice, y después seguirá entrando, o entrará el otro, no le importa quién de ellos sea, no quiere saberlo. Tiene miedo de que una desgracia ocurra y que su hermano padezca; se va dando cuenta de que va a convertirse en una delincuente. Hasta que ocurre. Así son las cosas. La pobreza y la falta de medios y el estar medio fuera de todo: eso empuja, eso va produciendo como una existencia mecánica. Pasan unas cosas, pasan otras. Ahí siguen: las piezas se acoplan, la vida continúa.
Hay 1 Comentarios
Qué bonito lo cuentas. He disfrutado mucho con todo lo de Bolaño, pero tengo especial cariño a "Estrella distante" y a "Una novelita lumpen".
Publicado por: Ángela | 20/11/2009 11:09:17