La verdad escueta

Por: | 01 de junio de 2010

"El carácter de Cruzada que se le ha querido atribuir es una ficción que se ha ido imponiendo a la opinión pública, y que fue creada mucho tiempo después de haberse producido la rebelión", escribió el general Vicente Rojo cuando, ya a final de su vida, se embarcó en el ambicioso proyecto de escribir una historia de la guerra de España. "No he encontrado testimonio alguno escrito o gráfico revelador de que los jefes rebeldes o las unidades que mandaban se encomendasen a Dios al iniciar su empresa, como cuadra a aquella clase de acontecimien¬tos. El de 1936 fue, lisa y llanamente, un vulgar movimiento de rebeldía contra un gobierno que algunas minorías sociales reputaban de malo y al que simplemente trataban de derribar para 'imponer' en el país otro cri¬terio de conducción política. Después se han dicho muchas cosas altiso¬nantes y se ha invertido, deformado y mixtificado, dentro y fuera de Espa¬ña, la cuestión, porque a todos interesaba desfigurarla; pero la verdad escueta, simplicísima, es la que ha quedado expuesta". Fue un vulgar movimiento de rebeldía: un golpe de Estado. Los papeles que quedaron del desafío que se impuso Rojo para contar aquellos trágicos años los ha rescatado ahora Jorge M. Reverte, responsable de la edición de Historia de la guerra civil española (RBA). El general no llegó a terminar el libro, pero las partes que se conservan —y que incluyen Así fue la defensa de Madrid, que se publicó hace ya años de manera independiente— permiten acercarse a aquellos acontecimientos desde la radical libertad que manifestó desde el principio un militar que desde mayo de 1937 estuvo al frente del Ejército Popular de la República.

Rojo y prieto en teruel
No hubo en aquella España, que el golpe partió en dos, entusiasmo alguno por el levantamiento de los militares rebeldes. No respondía a "la voluntad nacional, ni vibraba en él la conciencia nacional", escribe Rojo (en la imagen, el segundo por la derecha, recorre el frente de Teruel junto a Indalecio Prieto, primero por la izquierda). "Si así hubiera sido la sociedad española lo habría secundado sin ninguna o con muy poca violencia o resistencia". No fue así, y por eso las cosas se complicaron y la guerra terminó por precipitarse. La República tuvo que defenderse, no sólo de las fuerzas que dieron el golpe, sino también de la revolución que provocó la rebelión militar y que protagonizaron algunos grupos revolucionarios de izquierda. Reuniendo a esas minorías que estuvieron al frente de ese naufragio, comenta Rojo, "se comprueba que no suman 250.000 hombres". "La masa social española era superior a los 26 millones. Es decir, que unos españoles extremistas que no representaban siquiera un 1% crearon el caos, y el 99% de los españoles lo padecería y sería arrastrado al mismo". La Iglesia, con aquel invento de la Cruzada, despreció la legalidad republicana y se puso al servicio de los golpistas.

Son estos quizá lugares comunes ya, pero resulta sintomático que sea necesario volver una y otra vez sobre ellos. Si hubo guerra entre españoles fue porque un minúsculo grupo de ellos decidió tomar las armas para derribar un régimen legal. Ni siquiera hubo unanimidad entre los militares, por eso conviene insistir una y otra vez que no fue esta institución la que se rebeló contra la República, como se dice tantas veces alegremente. Ése es uno de los puntos más interesantes del libro del general Rojo, que reconstruye con todo detalle la profunda herida que Franco y los suyos produjeron en el Ejército.

La preparación del golpe y, lógicamente, el golpe mismo, tuvo ahí un efecto particularmente demoledor. Rompió, "triturándola de verdad, la cohe¬sión espiritual de las Instituciones armadas", explica Rojo. Fueron militares las primeras víctimas de los alzados. También fueron militares quienes consiguieron, al lado de las milicias recién armadas, detener el golpe en distintas plazas. Quien mejor ha sabido contar esta otra escueta verdad, tantas veces escamoteada, ha sido el general Rojo. Su libro, con muchas páginas inéditas, se presenta hoy en Madrid: a las 19.00 horas en el Palacio de la Prensa (Callao, 4).

Hay 4 Comentarios

lastima no haber podido asistir a la presentación del libro

Perdón por las erratas

Mi marido dice que destrozo los libros, porque no solamente subrayo sino que marco con fosforito aquello que me interesa.
He aquí algunas frasaes del libro:
" A quien muestra fidelidad el juramento republicano, al que vacila en apoyar el golpe, se le aplica de inmediato la pena de muerte sin que yaha que hacer simulacro de juicio.Las primeras víctimas de la Guerra Civil son militares leales al Gobierno, con los que los rebeldes habían compartido comedor y despacho hasta el momento del golpe .
No hay piedad ni vacilación. Se aplica la doctrina del paredón según la doctrina del autoproclamado director y cerebro de la conspiración, el general Mola."(p 24)
" El golpe de Estado de 1936 es uno de esos momentos de la historia que demuestran los efectos perversos de la sobreideologización de una sociedad ".(p 25)
" El pronunciamiento se inició con insospechada crueldad "
Hasta aquí, porque ahora no puedo continuar por falta de tiempo.
Este libro es necesario para conocer el punto de vista , no solamente de un general leal al estado , sino de un militar de sobrada formación intelectual e intachable expediente. Un hombre inteligente y que amaba al ejercito más que a su propia vida.
Un libro necesario para conocer aquello que nos estuvieron ocultando durante decadas y que pretenden seguir ocultando.
El estilo del general es periodístico Jose Andrés, cuenta lo que ve alrededor de manera objetiva, no quita ni pone , únicamente plasma el desarrollo de lo hechos con la distancia que proporcionan la templanza y la coherencia moral, sin demagogia, atónito ante lo que estaba sucediendo, pero con el suficiente dominio de sí mismo , como para plasmarlo por si acaso llegaba el día en que él en persona no pudiera contarlo.
Creo que el general Roj se hubuera alegardo mucho al saber que Martínez Reverte se iba anecargar de sacr su manuscrito a la luz, en honor a la verdad.

No tenía una impresión diferente del asunto, inicialmente. Comentas el apoyo mayoritario del clero y de la iglesia. Su gestión se encamina en mayor medida a liquidar cuentas antes de la muerte, por aquello del camello y del ojo de la aguja.
Quien no pueda tolerarlo siempre puede servir para distribuirlo en misiones.
Este porcentaje burgués de corte absolutista, pese a ser minoritario, representaba parte del poder económico y empresarial que en este país ha estado permanentemente en manos de una minoría, reacia a costear de ninguna manera el derroche de la inversión en infraestructuras que sostiene una escala de valores de progreso: educación, sanidad, comunicaciones, tecnología, etc.
Tan sencillo como no querer regar la tierra, para poder justificar que no es buena.
Y esta guerra entre la burguesía, que no representaba sino ese 1/100 o minoría frente a otro de similares proporciones, que la nobleza no había dejado crecer ni prosperar; fue la que no consideró a su país. Más que nada porque era más fácil hacerse con él. Los criados no fueron mejor que sus amos. Ni tampoco lo han sido las chachas de éstos últimos. Y así nos va.
Viviendo entre cucarachas, para tapar su complejo, el que nunca superaron. El que continúan proyectando sobre los libros, sobre la Educación y la Cultura universal.
Es más fácil demostrar el determinismo genético si se encuentran pocas excepciones.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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