Palabras como velas

Por: | 01 de febrero de 2011

Cuando se acude a un atlas lo que se quiere saber es dónde está determinada parte del mundo (si el atlas es de anatomía, lo que se persigue es conocer el lugar de una víscera, de un músculo, de un hueso…). Situarse, hacerse una idea de las dimensiones del lugar, conocer a los vecinos, atisbar acaso la topografía de la zona. Los atlas sirven, pues, para colocarte en alguna parte (o enseñarte dónde están esto y lo otro) y proporcionarte un conocimiento instantáneo de tus coordenadas. Están ahí también para poner en escena un entramado de relaciones —de proximidad, de distancia— y para mostrar cuán vasto es lo que se desconoce y qué minúsculo el territorio que nos resulta familiar. Hay otros atlas, como el que inició el historiador del arte Aby Warburg y que tituló Mnemosyne —y en el que pretendía poner en escena el laberíntico tejido en el que se sostienen algunos conceptos decisivos que definen la condición humana—, o el que ha levantado el pensador Georges Didi-Huberman en el Reina Sofía para recorrer las obsesiones que están detrás de los artistas del siglo XX y de lo que llevamos del XXI. Hay otro más, que forma parte de la exposición Atlas Walter Benjamin Constelaciones que el Círculo de Bellas Artes exhibe en Madrid.  Se trata de un atlas de palabras que ha dirigido Juan Barja, una colección de citas que permite también situarse, explorar la vastedad del mundo, asombrarse de su inmensa riqueza y, sobre todo, celebrar la manera de la que se sirvió el pensador alemán para iniciar sus particularísimas investigaciones filosóficas, sus paseos, sus narraciones. En definitiva, su escritura.

Walter_benjamin_4 
En la Crónica de Berlín (Paidós, 1995; traducción de Luis Martínez de Velasco) que escribió a principios de los años treinta, Benjamin confesaba que llevaba ya tiempo queriendo "organizar biográficamente el espacio de la vida en un mapa". Decía que, sobre el fondo gris de un plano, y con pequeñas marcas de colores, iría colocando distintos lugares de su historia: las casas de sus amigos y amigas, "las habitaciones de hoteles y burdeles que conocí durante una noche", el camino a la escuela, los cafés, las canchas de tenis, los espacios de reunión de las Juventudes Comunistas, etcétera. Lo que pretendía en ese texto no era tanto hacer su autobiografía, que tiene que ver con "el fluir de la vida", sino rescatar unos cuantos recuerdos: "de lo que se trata es de un espacio, de unos instantes y de algo que no fluye". Y añadía: "Estas particularísimas imágenes (es igual si se consideran eternas o efímeras) constituyen la materia de este escrito, no la materia de la vida".

La materia de un escrito: eso era lo que le importaba a Benjamin. No simplemente dejar fluir una historia, sino más bien recortarla, hacerla habitable, reinventarla de nuevo, verla con esa distancia con que se ven los mapas o se visita un atlas, "intentando remover nuevos lugares, ahondando siempre cada vez más". El Atlas Benjamin recoge ese espíritu. Hay varias maneras de utilizarlo: a través de conceptos, a través de sus obras, de forma aleatoria. Pinchas "conocimiento", por ejemplo, y lees: "Mediante la palabra, el ser humano se encuentra conectado con lo que es el lenguaje de las cosas"… Desde ahí puedes ir a "palabra": "Lo fundamental para el dialéctico es tener en las velas el viento de la historia. Para él pensar significa: izar las velas. Cómo se icen, eso es lo importante. Para él las palabras son sólo las velas. El cómo se icen las convierte en concepto". Y, en fin, así sucesivamente.

En cuanto a Constelaciones, se trata de una inusual propuesta, con guión y dirección de César Rendueles y Ana Useros, de revisitar a través de imágenes —escenas de películas, fotografías, animaciones, documentos históricos, grabados, pinturas…— algunos territorios de Benjamin (iluminación profana, ciudad, pasajes, reproductibilidad técnica, el autor como productor, tesis sobre la filosofía de la historia). Citas: palabras. Hace falta izarlas, y empezar a navegar. Este atlas y las constelaciones son una magnífica invitación a recorrer el mundo, y a pensarlo de nuevo.

Hay 7 Comentarios

A canticle and the romance.
( other version )

When the sunshine
returns in the
light of a gentle
delight, remember
the sound of a
luminous candle,
discover the silence
in the care of a
beautiful darkness
and so, in the sky,
that delicate dream
will touch your
profile....

Francesco Sinibaldi

Expedito sueño.

Ayudar la
lindeza es un
canto precioso
que llama el
futuro y recuerda
por siempre el
sonido del
sol.

Francesco Sinibaldi

In a violin.

There's the
flavour of a
clamorous dream,
in the light of
a violin: I give
you the digest
and a direct
emotion, I tell
you the truth
while a candle
appears....

Francesco Sinibaldi

J'aime beaucoup...

J'aime beaucoup
l'écorce d'un
arbre qui chante
dans la rime
d'un chêne infini,
j'aime la naturelle
voix qui rappelle
la jeunesse et
une douce émotion.

Francesco Sinibaldi

Den una vuelta por aquí. Es gratis: http://elojoajeno.wordpress.com/

No se cuando se pensó esta exposición. Supongo que han dejado avanzar la guerra (como decía El roto en su viñeta contra los cerebros) y postponerla. Así es su gusto por lo panegírico.
Cuando me he situado sobre el Atlas sólo veía al comienzo su obra de ingeniería, y no me pareció incorrecta. Recordé, la antesala de su presentación en público (la precendente, sobre el misterio de su muerte) como una forma adecuada de incitar a buscar al Maestro.
Y diría que solamente se ha equivocado en sus predicciones en cuanto a la vía de acceso. Imposible de ver y de oir cuando vivía, pero certero en cuanto a la naturaleza y al sentido.
Nos presenta el progreso y la pobreza con una nitidez que espanta, consigiendo que la alegoría despoje al símbolo de objetividad, fragmentándolo.
Me hubiera encantado que alguien tan justo hubiera continuado su trabajo materialista y estructural sobre la simbología antes de que esta desapareciera. Porque hablar de alegoría es cantar, y, por desgracia, como cita sabiamente: Materia fracasada.
Termino con la cita más ajustada, despidiéndome de lo divino:
"La asimilación arbitraria de los hechos va de la mano de la asimilación igualmente arbitraria del lector, que se ve convertido de
repente en colaborador de su periódico".
Gracias

La descripción del espacio en este libro es muy Hitchcock. Otro libro que me maravilló sobre Berlín es " Una mujer en Berlín" que narra lo que las mujeres alemanas tuvieron que sufrir después de la batalla de Berlín, lo terminé este verano trabajando en un mexicano en londres con un ruso y un alemán como compañeros de piso.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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