En los confines

Por: | 14 de marzo de 2011

"Prefiero los confines", escribe Tony Judt. No pertenecer a ningún lugar, estar siempre en el límite, en los márgenes. O mejor: si hace falta ser de alguna parte, serlo pero como si se habitara en la periferia, sin terminar de creérselo, en suspensión permanente. Judt nació en Inglaterra en 1948 en una familia judía, pero no se considera ni inglés ni judío, aunque sabe que de alguna manera es inglés y judío. Se tiene por un firme socialdemócrata, aunque lo que bebió de niño fueron las largas conversaciones de un grupo de judíos autodidactas que se criaron a la sombra de la Revolución rusa y que, por tanto, trataban todo el tiempo de marxismo, sionismo y socialismo. En la universidad se ha convertido en un dinosaurio reaccionario, porque sigue creyendo en las viejas tradiciones liberales y no celebra la moda de la corrección política y detesta las políticas de género. Es, por eso, "incorregiblemente conservador". Tony Judt murió en 2010 tras una penosa enfermedad, pero es inevitable seguir hablando de él en presente. Más aún tras leer El refugio de la memoria (Taurus, traducción de Juan Ramón Azaola), que nos devuelve intactas su pasión por el conocimiento y su inagotable vitalidad. Fue su último libro, donde el historiador decidió recorrer su propia historia. Y lo escribió en los confines, a las puertas del final, acaso sin saber ya exactamente a qué lado pertenecía. Es un testimonio desgarrador, por su sobria e impecable contención, y un iluminador viaje a través de las últimas décadas de nuestro tiempo: del final de la Segunda Guerra Mundial hasta este mundo de hoy, agitado por la incertidumbre.

Tony judt luis magan 
En su Crónica de Berlín, Walter Benjamin explica que quería organizar "la vida en un mapa", y contar no tanto su fluir como lo que ocurre cuando parece quieta en un espacio, para poder así  "remover nuevos lugares, ahondando siempre cada vez más". Algo de eso es lo que ha hecho Tony Judt (la fotografía, de 2006, es de Luis Magán) en su último libro. En 2008 le diagnosticaron la enfermedad de Lou Gehrig, una variante de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y poco a poco empezó a perder movilidad. Al principio dejó de utilizar un dedo, luego dos, poco después ya no podía mover las extremidades; empezó a depender de los demás. Era ya tetrapléjico pero, por mucho que se deteriorara, conservaba "la mente despejada para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro", aún cuando no tuviera los medios "para convertir estas reflexiones en palabras". Las noches eran terribles. Para entretenerse empezó a reconstruir su pasado, pero le costaba al día siguiente recuperar lo que había rescatado. Descubrió entonces que para acordarse le venía bien ir colocando cuanto pensaba en un espacio. Concretamente, en los distintos lugares de un chalet de Chesières, un discreto pueblo suizo en el que pasó las vacaciones de invierno en 1957 o 1958. El refugio de la memoria es el resultado de ese prodigioso esfuerzo. No es exactamente el mapa que quería Benjamin, pero tiene mucho de las láminas de un atlas. 

Viñetas sobre su vida familiar y sobre su proceso de aprendizaje y sobre su vida como profesor que, al mismo tiempo, son ventanas para mirar lo que pasaba entonces. Las insulsas comidas que preparaba su madre sirven para acercarse a la austeridad que se impuso en el Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial y la pasión por los coches de su padre permite ver los primeros síntomas de la nueva libertad a la que van accediendo las clases medias. Luego vienen los años sesenta: los kibutz, la revolución de mayo del 68, Cambridge y la École Normale Supérieure en París. Y, más tarde, el viaje a Estados Unidos, su experiencia de docente, el acercamiento a los países del centro y el este de Europa, Nueva York…

Las delicadas y deslumbrantes piezas que Judt construye a partir de los elementos que encuentra en su pasado tienen algo de esos viajes en tren que adoraba: el gusto por el detalle y la mirada que tritura las superficies para ir más lejos. Lo que al final hace es hurgar con las tenazas de la crítica en las conquistas y en las derrotas de quienes, como él, formaron parte de una generación que creció impulsada por los vientos del afán de cambiar el mundo para hacerlo más justo y que conoció el brusco viraje que ha conducido al actual imperio del mercado. Su libro no es sólo un gran viaje por la historia reciente sino una impagable lección de humanidad. Hoy, en la Fundación Mapfre de Madrid, la historiadora Mercedes Cabrera y el poeta Luis García Montero hablarán del enorme legado de Tony Judt.

 

Hay 2 Comentarios

http://www.elpais.com/articulo/portada/testamento/politico/Tony/Judt/elpepuculbab/20101023elpbabpor_31/Tes

Tony Judt es otro cristiano de base que no ha cejado de decir- y escribir. más bien-- memeces contra el Marxismo y no digamos contra el COMUNISMO desde una posición de "buenismo" pro-capitalista y después se horrorizó al ver que la bestia no tiene limites en su violencia y codicia cuando no tiene rivales dignos de ese nombre( caida del sietema SOVIÉTICO, con todos sus defectos y carencias) y sólo una tirititera socaldemócracia, coartada de lo mismo.¿Para qué fingir se piensan que ya han ganado; pues eso no necesitan cuidar del palafrenero antes tan necesario!!!!!!!!!!
¡Qué risa esto del "Ramón" el EDA:
-SALUT!

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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