Modelos de codicia

Por: | 12 de septiembre de 2011

Es sólo un documental pero tiene la atmósfera de un relato bíblico. No hay, sin embargo, grandes palabras, ni discursos morales, ni truena la voz de Yahvéh, ni tampoco hay huellas de las desdichas del pueblo elegido. Inside Job, con dirección y guión de Charles Ferguson (que es, además, uno de los productores), es una película sobre la crisis económica que se desató en 2008 y que sigue produciendo estragos en el mundo. Es difícil asimilar todas las cifras que bailan en la pantalla, pero la voluntad pedagógica de la propuesta permite seguir con claridad cómo unas cuantas habilidosas maniobras fueron imponiéndose gradualmente en los centros financieros y que, mientras enriquecían de manera fulgurante a unos cuantos, colocaron a los grandes países occidentales al borde del precipicio. Si esta historia tiene ese componente bíblico latente es porque tiene que ver con una categoría vaga e inasible, la del mal. No se lo nombra, pero es el asunto central de la película. Y por eso la carga de números y de mecanismos económicos atrapa al espectador. Detrás de esas decisiones que parecen obedecer a fuerzas incontrolables que operan en un mundo abstracto y desconectado de la realidad, y que resulta incomprensible para los profanos, hay personas concretas. Algunas de ellas tuvieron incluso la desfachatez, como explica Dominique Strauss-Kahn (director entonces del Fondo Monetario Internacional) en un momento del filme, de reconocer que acaso los problemas se derivaban de que eran demasiados codiciosos.

Charles-Ferguson-directing-Inside-Job
Dice Ferguson (en la imagen), en las notas de presentación de la película, que la recesión era evitable, que Estados Unidos llevaba cuarenta años sin ninguna crisis financiera, ya que funcionaban los mecanismos puestos en marcha para evitar que se produjera otra Gran Depresión. Las cosas cambiaron cuando en Estados Unidos llegó al poder en los años ochenta Ronald Reagan. Fue entonces cuando empezaron a suprimirse algunos de esos controles que mantenían a las finanzas protegidas de la avidez de aquellos que  quieren enriquecerse sea como sea.

Inside Job se inicia con la crisis financiera que azotó a Islandia, un pequeño país del norte de Europa en el que echaron raíces las maneras tramposas de hacer dinero, y enseguida hay el plano de un aeropuerto lleno de aviones privados, que acaso resume de manera diáfana el afán de algunos de esos millonarios por los excesos más extravagantes. Luego viene, poco a poco, la vertiginosa sucesión de despropósitos. La burbuja inmobiliaria. La burbuja financiera. La extrema facilidad para endeudarse. La invención de los derivados. La quiebra de Lehman Brothers, las ayudas a Goldman Sachs y a Morgan Stanley y a la aseguradora AIG. La finura de las agencias de calificación para bendecir como impecables unos productos financieros que eran pura basura. Los estrepitosos bonus que empiezan a recibir los ejecutivos y directivos de bancos y empresas. La perversa mezcla de lo público y lo privado y las perversas maneras de algunas autoridades académicas para poner sus conocimientos y su prestigio al servicio de los negocios más turbios. Todo tiene lugar bajo la cobertura teórica que inventan los especialistas y se produce porque detrás hay una sociedad que, antes que nada, celebra el triunfo económico.

Manda, pues, la lógica del dinero. Ganar más: no hay otra. Es una lógica limpia, que huele a colonias de marca y viste la ropa de los diseñadores de moda. En Inside Job no hay condena moral de ningún tipo. La película deja que los protagonistas se retraten a sí mismos (los contados protagonistas que aceptan ser entrevistados) y acude a algunas voces autorizadas para que expliquen cómo ocurrieron las cosas. Pero todo el rato uno se pregunta por el mal. Por sus formas, sus tácticas y estrategias, sus disfraces. Cuando Moisés subió al monte Sinaí a recibir de Yahvéh las tablas de la Ley, el pueblo empezó a aburrirse por su tardanza y le reclamó a Aarón que les hiciera un dios que los dirigiera. Les construyó un becerro de oro. Es el mismo que regresó hace unos años a Wall Street para reinar de nuevo. Eso es lo que, al fin y al cabo, cuenta Inside Job. Los caminos de la codicia, el veneno del poder, la soberbia de sus servidores.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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