La vida tranquila

Por: | 02 de febrero de 2012

Hay cosas que suceden que son excepcionales, pero solo unas pocas te cambian la vida. El limpiabotas que protagoniza Le Havre, la última película de Aki Kaurismäki, está trabajando en los zapatos de un cliente cuando se da cuenta de que hay unos tipos de dudosa catadura que lo están observando. El hombre, que lleva un maletín atado a su muñeca por unas esposas, le paga entonces y sale corriendo. Se oyen unos disparos. Pero de ese asunto no sabremos nada más, por sugerentes que nos resultaran las premisas que anunciaban una peripecia de trama negra. La cuestión es otra, también relacionada con el lado oscuro de la ley pero de una manera radicalmente distinta. A Kaurismäki, sin embargo, le interesa antes ponernos en la pista de otras materias. El limpiabotas es un hombre ya mayor que vive en un barrio humilde cerca del puerto y que, lo sabremos más adelante, algún día fue escritor en París y practicaba  la intensa vida bohemia. Su mujer está enferma, debe dinero en la tienda de la esquina, tiene la confianza suficiente para robarle una barra a la panadera, acude al mismo bar de siempre habitado por los mismos parroquianos. Esa vida tranquila de un lugar más de la Europa de hoy se ve, de pronto, sacudida por la presencia de un extraño. Es un emigrante menor de edad que ha llegado de un país del África negra cuando lo que pretendía era terminar su trayecto en Londres. La ley no permite que ande por ahí a su bola, así que la policía empieza a perseguirlo. Y el limpiabotas no tiene otra que ocuparse de él. La acción sucede en estos días, pero los personajes y los lugares pertenecen a otra época. Es la manera que tiene Kaurismäki de decir que el tema del que se ocupa es intemporal, que va más allá de la espuma del presente.

Aki kaurismaki le havre
Desde el principio Kaurismäki impone su mirada sobre el mundo, y los objetos, las gentes y los paisajes empiezan a ser tratados como si los estuviera pintando un maestro antiguo: la posición de las figuras, la iluminación, los colores. La cámara empieza así a atrapar bodegones y retratos de una belleza frágil y estremecedora. Y si las pinturas de los maestros antiguos hablaran, la película recoge también su lenguaje. Los diálogos son ceremoniosos y extremadamente educados, de una formalidad pasmosa. Y así, las conversaciones entre esos duros marineros que matan sus ratos de ocio acodados en el bar tienen la elegancia de un minueto compuesto por Mozart. Es en ese marco donde Kaurismäki se atreve a contar la extrema soledad y el abandono que padece un joven que ha dejado su hogar para buscarse la vida en un continente remoto. Pero hay también otro asunto que gravita alrededor de la trama principal y que llena de hondura su película: la presencia de la muerte. La mujer del limpiabotas puede morirse cualquier rato, tiene los días contados. El médico le ha dicho que solo puede salvarla un milagro. Kaurismäki explora si ese milagro es posible. Un vestido amarillo, un paquete hecho con primor, unas flores: cada paso que da el realizador finlandés es como el verso de un poema que abomina de los ripios y va directamente a la columna vertebral que sostiene el paso por el mundo de las criaturas mortales.

Cuando la mujer del limpiabotas está ingresada, dos amigas la visitan y le leen una narración. "(…) Quería llegar a esa ciudad del sur de la que se decía en nuestra aldea: '¡No os imagináis qué gente hay allí! ¡Si es que no duermen!'. '¿Y eso por qué?'. 'Porque no se cansan'. '¿Y eso por qué?'. 'Porque son locos'. '¿Y los locos no se cansan?'. '¡Cómo podrían cansarse los locos!". La enferma se duerme, el libro se cierra, en la cubierta se ve que el autor es Franz Kafka.

¿A qué ciudad del sur podría referirse esa historia si Kaurismäki sitúa la suya en Le Havre? Tal vez lo hace porque Le Havre también está al sur de alguna parte y seguramente porque hay gente que no duerme porque no se cansa porque está loca en cualquier parte del mundo. La referencia a Kafka es deliberada, por secundario que sea el papel de la cita en la película. Y es que el estilo y la mirada de Kaurismäki están envueltos en su atmósfera. El adolescente africano, la persecución policial, la dama que yace en cama al borde del abismo, el antiguo escritor convertido en limpiabotas que busca a los parientes de su protegido por los arrabales de una ciudad europea. Le Havre tiene la inquietante consistencia de lo próximo y la sutileza de una miniatura hecha por un artesano que sabe mimar cada detalle. No deberían perdérsela.

Hay 6 Comentarios

Una recomendación muy interesante para los amantes del séptimo arte, sin lugar a duda una película que hay que ver.
Gracias por la recomendación.

Una joya que reposará en el mejor anaquel de vuestra memoria. No la dejen pasar.

¡Qué buena tu recomendación! Muchas gracias. Coincido con todos los comentarios y apunto también a la buena educación

Me adhiero al comentario de Angel. Yo tampoco me perderé la pelicula.

Soy docente y mañana tenemos una reunión urgente para tratar a tres primeros de la ESO muy fuertes. Consideraré sus palabras antes de pegar tres gritos. Atentamente,

Estupendo comentario. Seguro que la película es magnífica con lo que nos cuentas. Intentaré no perderla.
Ángel

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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