Prodigios eléctricos

Por: | 13 de agosto de 2012

El protagonista de Relámpagos (Anagrama, traducción de Javier Albiñana) es el científico Nikola Tesla, pero lo importante es que se trata de un libro de Jean Echenoz. Y esto quiere decir que está escrito con esa prosa diáfana que parece circular a la velocidad de la luz y con un finísimo sentido del humor. Tesla podía haberse comido de un bocado al escritor francés. Un científico de un talento apabullante y con todas las extravagancias de un sabio loco: hubiera bastado, en realidad, con colocar cada una de sus rarezas y genialidades, una detrás de otra, para tener entretenido al lector durante una larga temporada. Echenoz no renuncia a ninguna de las singularidades de su personaje, y las recoge con la fascinación que despierta en un entomólogo descubrir las costumbres de las criaturas que está investigando. Tesla nació en un rincón perdido cerca del Adriático, en la aldea de Smiljan en la actual Croacia, y terminó siendo un tipo altísimo que hablaba con fluidez media docena de lenguas. En el colegio empezó a saltarse un curso cada dos y muy pronto empezaron a ocurrírsele algunos inventos —un tubo en el fondo del Atlántico que llevara el correo de Europa a América, y viceversa; un gigantesco anillo que permitiera dar la vuelta al mundo en un solo día—. Con 28 años, hizo las maletas, se fue a Nueva York y se presentó en casa de Thomas Edison para que lo contratara. Le hizo un reto: que la corriente alterna, que cambia regular y periódicamente de sentido, iba a resultar más eficaz que la corriente continua, en la que Edison trabajaba por entonces. Tesla ganó la partida poco tiempo después, pero se quedó sin trabajo. Jean Echenoz va conduciendo el relato con la magistral elegancia de su estilo, y va dejando por el camino, como quien no quiere la cosa, esos asuntos que convierten Relámpagos en algo más que una estricta relación de las peripecias de Tesla.

Nikola tesla
Cuando Tesla consigue firmar con George Westinghouse, director de la Western Union Telegraph Company, la competidora de la empresa de Edison, la General Electric, un sabroso contrato para desarrollar sus proyectos relacionados con la generalización del uso de la electricidad, las cosas se ponen feas. Echenoz sigue avanzando a su ritmo vertiginoso y no pone ningún énfasis particular en la sucia campaña que Edison pone en marcha para desprestigiar la corriente alterna. Se sirve de ella para electrocutar perros y gatos, y también corderos, terneros, bueyes y caballos. Un día sabe de una elefanta enferma que tiene los días contados en el Luna Park de Coney Island y, puesto que anda ya produciendo películas de gánsteres y vaqueros, decide encargar un documental donde se recoja el final de Topsy, la paquiderma, ejecutada con la corriente de su enemigo. Escribe Echenoz: "A continuación, tras hacerla detenerse sobre una placa metálica, sueltan una descarga de seis mil seiscientos voltios. Brotan entonces espesas humaredas de las conexiones enchufadas en el cuerpo de la elefanta, que se desploma al instante como un globo reventado, grueso saco de piel vaciado súbitamente de su contenido, las cuatro patas abatidas hacia los puntos cardinales. Lo que se quería demostrar. La gente aplaude a rabiar".

Ahí queda la cosa. Tesla sigue trabajando en nuevos inventos relacionados con la luz: un generador termomagnético, un generador piromagnético y un conmutador para máquina dinamoeléctrica. Edison, por su parte, no para. Tras la elefanta le toca al hombre. El elegido es un preso de Sing Sing. Aguanta la primera descarga, cae con la segunda: ha nacido la silla eléctrica. A ese punto lleva la competitividad, la guerra por los contratos, el dinero. Tesla está hecho, en cambio, de otra materia. Tiene pavor a los microbios, y se pasa el tiempo lavándose, y la manía de contarlo todo. Empieza a dar conferencias, convierte en un espectáculo la exhibición de sus prodigios eléctricos. Ilumina por primera vez una ciudad entera (Buffalo) e instala la primera fábrica hidroeléctrica en las cataratas del Niágara. Es el tipo más elegante de Nueva York, la alta sociedad y los intelectuales lo veneran, se ha hecho rico. Se instala en una suite en el Waldorf Astoria. Da rienda suelta a sus disparates: todo debe ser múltiplo de tres. Su estudio está en la Tercera Avenida en el número 33 y hay 21 servilletas en la mesa del hotel donde se aloja (también) en el piso 21. Allí lo visita Westinghouse. Por aquel contrato que firmó le debe unos doce millones y medio de dólares. No puede pagárselos. El inventor se los perdona e incluso le da las gracias por haberlo apoyado entonces, y acepta 198.000 dólares por sus derechos.

Tesla es, en buena medida, el responsable del mundo que habitamos —lo cuenta muy bien Miguel Ángel Delgado en el ensayo introductorio que abre Yo y la energía (Turner), una reunión de textos del científico—. “Es el precursor de que posteriormente todo pase a través de la electricidad”, escribe Echenoz. Un día repara en una paloma y se dedica obsesivamente a cuidarla. Relámpagos va dando cuenta de cómo las cosas se le van torciendo a Tesla hasta que un día muere solitario y en la pobreza. Con este libro, el escritor cierra la trilogía que inició ocupándose de Maurice Ravel y que continuó con las andanzas de Emil Zápotek. Un compositor, un atleta, un inventor. La Europa decadente del músico, el universo cerrado de la Checoslovaquia comunista que habitó el velocista, la vertiginosa América que conquistó Tesla: tres observatorios privilegiados para recorrer el siglo XX.

Hay 6 Comentarios

Habla el autor de estos tres señores, dado que no conoce a ningún español, lo cual no le deja en buen lugar: http://www.youtube.com/watch?v=cvBXrdgBWOs&feature=plcp
Alucinad con mis inventos, podéis mirar algunos mas en INVENES.

Ufffff..
¡ Cómo ha crecido en calidad " El rincón del distraido"!
¡¡¡Aluzino!!!
¿ Verdad Maririu?

Y eso que no llegaron, ni a aplicar, tanto, ni Edison, ni Tesla, dentro de su misma actividad, algo tan sencillo, como lo son los mismos; Arietes Hidráulicos. Sin coste adicional energético alguno. Generados sólo por; Diferencias de Presión, del mismo Agua, o del H2O.
http://www.google.es/search?q=arietes+hidraulicos&hl=es&prmd=imvns&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=AG0pUNbGDszvsgbayYGQCA&sqi=2&ved=0CE0QsAQ&biw=1280&bih=579

Una buena luz para la sombre cerrada es leer de Ana Conchana AROMA DE COITO FRESCO, en formato e-book. A P A B U L L A N T E !!!
http://www.amazon.com/AROMA-FRESCO-Spanish-Edition-ebook/dp/B00642FHXS/ref=sr_1_7?ie=UTF8&qid=1332515279&sr=8-7
Publicado por: escritor |

Esto también es genial -dejo enlace-.

Leyéndote dan muchas ganas de leer la trilogía -que tenía que acabar con un amante de lo trino como Tesla.
Como él, hay que seguir arrojando luz, que las sombras ya se ciernen solas.
http://enjuaguesdesofia.blogspot.com

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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