El retortijón de tripas

Por: | 12 de marzo de 2013

El traspié (Anagrama), la pieza teatral que Fernando Savater acaba de rescatar un cuarto de siglo después de que escribiera su primera versión, lleva como subtítulo Una tarde con Schopenhauer. Y de eso trata justamente, de pasar un rato con el filósofo. La visita tiene lugar en 1859 en Frankfurt, donde se instaló en 1830 y se impuso unas rutinas maniáticas, muy propias de un carácter obsesivamente metódico: por la mañana escribía a lo largo de tres horas y luego dedicaba otra a tocar la flauta. Salía a comer, casi siempre en el Englische Hof, uno de los lugares más elegantes de la ciudad, donde daba rienda suelta a su apetito y donde se entretenía en la sobremesa con quien pillara desprevenido charlando sobre lo divino y lo humano. Luego se iba al gabinete de lectura de la Sociedad del Casino a ojear la prensa ("No me gusta acostarme sin leer el Times", dice en la obra de Savater) y, cuando terminaba, tenía todavía un rato para dar un paseo antes de regresar a casa. Cuenta Rüdiger Safranski en la biografía que dedicó al pensador que solía ir acompañado de un perro de aguas y que andaba tan abstraído que hablaba en voz alta, para regocijo de los chavales que se cruzaban en el camino de personaje tan atrabiliario. Por las noches salía de tanto en tanto al teatro, a la ópera o a algún concierto. Poca cosa más. Empezaba a ser mimado por la fama, tras ser un total desconocido a lo largo de su vida, y solo cultivaba ya unos pocos placeres muy discretos. En El traspié, Savater se sirve de la joven escultora Elizabet Ney, que realizó un busto del pensador ya casi al final de su vida (Schopenhauer murió en 1860). El anciano posa, la muchacha trabaja. Y conversan. Llama la atención la coquetería del viejo caballero: en cuanto puede le enseña a Elizabet unos antiguos daguerrotipos que le habían hecho hace algún tiempo. Y tiene mucho interés, sobre todo, en que vea una foto en la que aparece casi a la misma edad que tiene la joven escultora en ese momento, unos veinticuatro años, la época en la que se sumergió en la escritura de su magna obra, El mundo como voluntad y representación. Lo que le interesa subrayar es que, pese a los colores de la imagen, él nunca fue pelirrojo. De hecho, lo escribió detrás del retrato para prevenir a la posteridad de un error que podría ser imperdonable: "Yo nunca tuve los cabellos rojos".

Schopenhauer1Eso es lo que pasa cuando se va de visita a casa de un personaje célebre, que se le conocen las costuras. Savater pone en escena a lo largo de la conversación entre el viejo y la joven todas sus minúsculas vanidades, el afán del anciano por seguir despertando admiración, su gusto por la frase afilada y rotunda que produzca un impacto inmediato. Y la muchacha se deja seducir: celebra las ocurrencias del personaje, le aplaude las gracias, permanece a su lado. Pero ella está en otra historia y, en cuanto aparece Rodrigo de Zuñiga, el viajero español que visita a Schopenhauer (en la imagen) para pedirle autorización para traducir su obra, no tendrá inconveniente en aceptar los traviesos toqueteos que le prodiga el recién llegado, mientras reclaman la presencia de un espíritu y han tenido que apagar las luces.

En 1850, el filósofo había concluido Parerga y Paralipomena, los escritos en los que estuvo sumergido seis años. Volvía a ocuparse en estos de las grandes cuestiones de El mundo como voluntad y representación y trataba flecos de su pensamiento que no había terminado de desarrollar. Por el tono próximo que utiliza ahí, Safranski considera que se trata de su "filosofía para el mundo". "A medida que conozcamos bastante bien la superficialidad y la futilidad de los pensamientos, los límites reducidos de las nociones, la mezquindad de los sentimientos, lo absurdo de las opiniones y el número considerable de errores que se cobijan en casi todos los cerebros, y a medida que aprendamos por experiencia con qué desprecio se habla en ciertas ocasiones de cada uno de nosotros...", escribió Schopenhauer en ese libro, entonces... "atribuir mucho valor a la opinión de los hombres es hacerles demasiado honor".

También Savater recoge en El traspié ese afán del pensador por quitarle vuelo a las absurdas pretensiones de los hombres. Hay un momento, cuando se interesa por Larra ante Zuñiga, en que Schopenhauer manifiesta su rechazo radical del suicidio. Dice que es "un pecado de optimismo", y afirma después: "Quien se mata da la más universal y estéril de las conclusiones a una ínfima turbación personal. Quiere hacer de su retortijón de tripas todo un destino, en lugar de admitir cuerdamente que cada cual no tiene más destino que los retortijones de sus tripas". Ha quedado claro, ¿verdad? No, no se pierdan esta deliciosa pieza, donde las criaturas humanas tan bien retratadas quedan. Asumámoslo: no hay otro horizonte que el retortijón de tripas. Así que paciencia y buen humor.

Hay 5 Comentarios

Me parece estupenda tu recomendación. El título es muy sugerente y nos anima, a los que no hemos tenido la oportunidad de haber tenido el placer de leerla o de verla. Agradecerte, como siempre, tus artículos, tan atractivos.
Asistí hace unas semanas a una de sus charlas sobre Educación bajo el título "Ser y tener". Mi agradecimiento por rendir un homenaje a las verdaderas vocaciones e intensificar, si cabe, la mía.

¿Deliciosa pieza? Bueno, tampoco esto está mal, del mismo autor de "El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer."

http://es.scribd.com/doc/41552721/NUEVAS-AVENTURAS

Por cierto, Savater aún no nos ha explicado...etc. etc.

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por nada del mundo me la pierdo http://dineroyyo.blogspot.com/2012/09/tratamientos-naturales-para-aclarar-la.html

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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