La flecha del ojo

Por: | 27 de marzo de 2013

Los poemas no se dejan explicar fácilmente. No cuentan historias, salvo en contadas excepciones. Tampoco son necesariamente metáforas, símbolos o alegorías de otras cosas, a las que se puede llegar con solo dar un salto. Los poemas son poemas. Una colección de palabras. Digamos que alguna vez te impactan, otras veces te acarician o tan solo te tocan, o te sacuden o te interpelan o te cabrean. Etcétera. En el ensayo que Octavio Paz escribió a propósito de Manuel Álvarez Bravo, Instante y revelación, se ocupa al principio de sostener que la fotografía es también un arte, pese al desprecio con que la trataron poetas de la enjundia de Baudelaire. Luego entra ya en la obra del mexicano para sostener que la suya es una fotografía poética. Entre los versos que le dedica en Cara al tiempo, están estos: "Manuel fotografía / (nombra) / esa hendedura imperceptible / entre la imagen y su nombre, / la sensación y la percepción: / el tiempo. / La flecha del ojo / justo / en el blanco del instante". En la Fundación Mapfre, en su sede de General Perón (Madrid), puede visitarse ahora una exposición que reúne una formidable selección de 152 fotografías de Manuel Álvarez Bravo, más ocho proyecciones de películas filmadas en formato de 8 mm y súper 8. Nada más entrar se puede ver un colchón, una cortina, una esquina, sus figuras de papel, el estudio de un árbol que parece una vulva. Poemas todos. Formas abstractas, si se prefiere. Fotografía pura, la llamaron un tiempo, cuando la practicaban Edward Weston o Tina Modotti, los primeros maestros que influyeron de manera decisiva en el mexicano. Conviene conservar en la retina estas imágenes que están al inicio de la muestra porque reflejan de manera diáfana la mirada de Álvarez Bravo. Y es que inmediatamente después se podrán ver referencias concretas a México: a sus paisajes, sus gentes, sus calles. Pero el trabajo de Álvarez Bravo nada tiene que ver con la mexicanidad o lo exótico (así lo ven los que miran desde lejos). Lo suyo son siempre las formas y la luz: pura poesía. En su célebre imagen del obrero asesinado, por ejemplo, no hay afán de contar historia alguna ni de conseguir un impacto social, de denuncia, sino más bien otra cosa. "El realismo de esta imagen es sobrecogedor y podría decirse, en el sentido recto de estas palabras y sin el menor fideísmo, que roza el territorio eléctrico del mito y lo sagrado", escribe Octavio Paz. "El hombre caído está bañado en su sangre y esa sangre es silencio: ha caído en su silencio, en el silencio". 

Manuel alvarez bravo el ensueñoEn un breve documental, Recursos hidráulicos, en el que Manuel Álvarez Bravo trabajó entre 1948 y 1952 vuelven a emerger sus maneras. Una imponente presa, pero también la soledad de unas dunas de arena tocadas por el viento o un cactus, y siempre la originalidad de la composición: la caída del agua o los chorros que salen con una arrolladora violencia. La exposición se divide en ocho partes: formar, construir, aparecer, ver, yacer, exponerse, caminar, soñar. Los títulos son escuetos, pero expresivos, y ayudan a definir las preocupaciones del mexicano. Él mismo fue un maestro a la hora de dar nombre a sus fotografías: Bicicleta al cielo, Los agachados, Los novios de la falsa luna… De nuevo Octavio Paz: "Los títulos de Álvarez Bravo operan como un gatillo mental: la frase provoca el disparo y hace saltar la imagen explícita para que aparezca la otra imagen, la implícita, hasta entonces invisible".

La imagen que lo dio a conocer, Tríptico cemento-2, que supone la incorporación de la fotografía mexicana a la corriente moderna, tiene algo de pieza constructivista. Nada más que líneas rectas, gradaciones de grises, texturas diferentes. Pronto incorporó las calles de México a su imaginario, pero lo hizo a su manera. Carteles, números y letras, dibujos de caballos, maniquíes, corbatas, reflejos. Su forma de acercarse a las cosas siempre fue peculiar, tirando a la sobriedad, haciendo de la sencillez su personalísima marca de estilo. Sus imágenes de desnudos tienen también una rara intensidad. Tapa algo para reforzar lo que descubre. Unas cuantas vendas cubren algunas partes del cuerpo de una mujer yacente. Un seno junto a al echarpe que cubre el resto del cuerpo.

Si hubiera que elegir un único punto en el que detenerse a lo largo de la exposición, quizá podría ser el punto de luz que toca el hombro de la muchacha de la fotografía El ensueño (en la imagen). Con una delicadeza extrema Álvarez Bravo apunta ese pequeño lugar, lo ilumina y calla. A partir de ahí surge todo lo demás, como escondido en la penumbra: la naturalidad del gesto de apoyar la cabeza en su mano, la flor en el cabello, el pliegue del vestido, el discretísimo movimiento de la pierna. Luego está el marco: la rejas de la barandilla, la pared del fondo, las baldosas del suelo, la puerta. Lo dijo también el gran muralista Diego Rivera, un artista cuya mirada está justo en las antípodas de la de Manuel Álvarez Bravo: "Se desprende de sus fotografías una profunda y delicada poesía, una ironía sutil y desesperada, como esas partículas que, suspendidas en el aire, hacen visible la luz que penetra en una habitación sumergida en la oscuridad". Nada más que un punto para verlo todo.

Hay 9 Comentarios

Sin olvidar a Tina Modotti, su mentora

Sin olvidar a Tina Modotti, que fue su mentora, junto a Weston...

Creo que en la imagen de "El ensueño", la mujer no lleva flor alguna en el pelo, me parece que es el reflejo de la luz sobre su pelo.

Álvarez Bravo pertenece a una época especialmente afortunada del arte en México. Embebido aún del México profundo que emana de la Revolución mexicana y del que se alimentaron artistas como Saturnino Herrán, Ramón López Velarde y el mismo Octavio Paz. Y por supuesto que las fotografías de Álvarez Bravo son poéticas, pero lo son porque la realidad que retratan lo es, pues ese es el trabajo del poeta: ver la poesía donde nadie más la ve, pero no por ello inexistente. De ahí que sea desafortunada, al menos, la afirmación de Rojo de que su fotografía "nada tiene que ver con la mexicanidad". Falso. Su fotografía no sólo vive de su entorno, es parte de él: no se entiende sin él. Claro, en el fondo es la sustentación estética de que el "arte puro" es "intemporal" y subsiste fuera de la historia, aunque los grandes artistas, como Álvarez Bravo siempre despedacen esa tesis.

Estoy muy de acuerdo con el comentario de Manuel. Me parece que consigue acercarse muchísimo a quien mira. En las que titula ensueños, he visto un pequeño cielo. Y el juego que nos muestra con espejismos me ha gustado mucho simpre.
Me encanta que las titule, por ejemplo: bocas.
Pero me he quedado sin saber los títulos de dos fotografías que me han impactado, tras esos ventanales divididos en cuadrados con marco negro. Tanto los chacales negros como la mujer sin ropa que se lleva la mano a la boca. Aquí-ahí, dentro-fuera.
Lo que comenta Carmen creo que es cuestión de interpretación. Yo creo que el hecho de que nos muestre su punto de vista invita a la conversación. Lo contrario sería un mero anuncio informativo. De verdad que pienso lo contrario, al igual que Manuel Alvarez Bravo cuando titula sus fotos. De lo contrario, habría que tener cámara para poder responderle

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Tendrian que poner dats basicos como fechas, apertra, direccion, horarios. Ponganse en el lugar del lector que no tien esa informacion y dejen los juicios valorativos al espectador.

Y... pocos, muy pocos como don Manuel, quien supo ir mas allá sin mas trucos que el querer cautivarnos, al retener esos rezagos de vida en segundos... bien pocos como el maestro.

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Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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