El círculo del desamparo

Por: | 23 de mayo de 2013

En la última parte de El Sha o la desmesura del poder (Anagrama, traducción de Agata Orzeszek), Ryszard Kapuscinski se ocupa de teorizar sobre la revolución. Las hay por asalto y las hay por asedio, explica por ejemplo. Escribe: "La revolución puso fin a la soberanía del sha". Así empieza el tramo final de ese libro que levanta acta del final de una época. El cambio que se produjo entonces en Irán sigue aún hoy su curso y el régimen permanece tutelado por los ayatolás en uno de los países donde más estrechamente están trenzados el poder religioso y el estatal. ¿Se dio cuenta Kapuscinski de lo que aquella revolución inauguraba? ¿O estuvo, más bien, fascinado por la emergencia de aquella masa que había perdido el miedo y que se enfrentaba, por decirlo de alguna manera, desnuda al fuego de las armas del poderoso ejército del sha? "Marchan los hombres, pero tampoco faltan mujeres con niños”, apunta. "Visten de blanco. Ir vestido de blanco es estar preparado para la muerte". Y más adelante: "Es una multitud que avanza directamente hacia los tanques sin aminorar la marcha, sin detenerse, una multitud hipnotizada, ¿hechizada?, ¿sonámbula?, como si no viese nada, como si se moviese por una tierra desértica, una multitud que ya ha empezado a entrar en el cielo". Cuando todo terminó, cuando el sha había abandonado ya Irán y la revolución triunfante daba sus primeros pasos, Kapuscinski se pregunta: "¿Y luego? ¿Qué pasó luego? ¿Qué debo escribir ahora? ¿Sobre cómo termina una vivencia intensísima? Porque una rebelión es una gran vivencia, una aventura del espíritu". Observa entonces que "la rebelión nos libera de nuestro propio yo, de nuestro yo de cada día, que ahora se nos antoja pequeño, desdibujado y extraño". Y, en ese contexto, "nos vemos capaces de comportarnos de una manera tan noble que nos quedamos boquiabiertos de admiración ante nosotros mismos". Lo que dejó impactado al periodista polaco fue, sobre todo, el estallido de un pueblo contra el tirano. El gesto de decir basta. Así que cuando todo hubo acabado, Kapuscinski constata que esa suerte de efervescencia mística se ha apagado y que cuantos se han enfrentado al sha, y lo han derrotado, empiezan a moverse en lo que denomina "el círculo encantado del desamparo".

Mohamed Reza PahlaviLa construcción de El Sha tiene las marcas características del genio periodístico de Kapuscinski. El libro se inicia en la habitación de un hotel donde reina el desorden. Un montón de recortes de periódico resumen lo que acaba de ocurrir. El sha se ha ido. En una mesa redonda, el caos es espectacular: "fotografías de distintos tamaños, cassettes, películas de ocho milímetros, boletines, fotocopias de octavillas, todo amontonado, mezclado como en un mercado viejo, sin orden ni concierto". Las vertiginosas jornadas que acaban de tener lugar, los muertos, las muchedumbres exaltadas, las ruinas del campo de batalla: todo está aún demasiado vivo. Y, de pronto, Kapuscinski toma la palabra y empieza la narración de cuanto ha ocurrido. Ha cogido una fotografía. La describe. "Se ve en ella a un soldado que sostiene con la mano derecha una cadena; a la cadena está atado un hombre". Es el año 1896 y ese soldado es el abuelo de Mohamed Reza Pahlevi (en la imagen). El hombre que lleva con una cadena es el asesino del sha Naser-ed-Din. Se dirigen caminando desde Qom a Teherán, donde el prisionero va a ser ejecutado. El desafío del soldado es que no se le muera por el camino.

Fotografías, notas, libros, cassettes... Kapuscinski va ordenando una detrás de otra las piezas de ese caótico material que tiene sobre la mesa del hotel y reconstruye cuando ha ocurrido en Irán hasta el estallido de la revolución. Se refiere a la voluntad de Reza Khan (el hijo de aquel soldado) por modernizar el país en los años veinte, una vez que ha tomado el poder y que de oficial de las Brigadas de los Cosacos de Persia se ha convertido en sha. Cambia el nombre del país, obliga a la gente a vestir a la europea, va reuniendo de paso una fortuna descomunal. Durante la Segunda Guerra Mundial no oculta sus simpatías por los alemanes, pero su ejército es incapaz de contener en 1941 el avance de las tropas soviéticas y británicas. Los aliados lo echan del poder. Lo sucede su hijo, tiene 22 años, se llama Mohamed Reza Pahlevi.

Ese es el sha al que se refiere el libro. Un tipo amante del lujo y de los deportes, al que le encanta pasearse por Europa. Cuentan que su primera mujer, Fawzia, se bañaba en leche. Con la segunda, Soraya, se lo ve en Roma en 1953 tras haber abandonado Irán, atemorizado por la deriva del Gobierno que preside Mossadegh y que ha nacionalizado el petróleo. Es entonces cuando la CIA lo ayuda a derrocar a su enemigo. A su regreso pone en marcha una brutal represión y crea la Savak, la policía secreta que lo ayudará a gobernar con mano de hierro y a sostener sus delirantes proyectos de modernización cuando en 1973 sube el precio del petróleo. Kapuscinski no ahorra detalle a la hora de describir las terribles maneras de la Savak. Y tampoco tiene empacho es mostrar el fracaso del sha a la hora de importar los avances tecnológicos de Occidente. Poco a poco va acercándose a la revuelta que se gesta contra el tirano. La va siguiendo de la mano de Mahmud Azari, un hombre que regresa a Teherán a principios de 1977 y que llevaba viviendo ocho años en Londres donde trabajaba como traductor. En un momento dado, éste escucha una cassette con la voz del ayatolá Jomeini llamando a la rebelión. "Aquel día comprendí que en derredor mío se extendía un mundo diferente, clandestino, que desconocía y del que no sabía casi nada", observa el guía de Kapuscinski. Es ese mundo clandestino el que dará el golpe definitivo. Cuando la revolución triunfa, empiezan las trifulcas entre los que la protagonizaron. En ese círculo del desamparo que sucede a la victoria, se imponen los "barbudos". Nace la república islámica. Jomeini regresa y empieza la venganza. Y Kapuscinski, demasiado fascinado por la revolución, parece que no se ha enterado realmente de nada.

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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