El hombre abatido

Por: | 11 de junio de 2013

Georg Büchner nació el 17 de octubre de 1813 en Goddelau, cerca de Darmstadt, y murió en Zürich de tifus el 18 de febrero de 1837. No llegó a cumplir 24 años y, sin embargo, escribió unas cuantas piezas que lo han convertido en uno de los grandes escritores en lengua alemana. No se tomaba demasiado en serio su vocación literaria y cuentan que sus obras las escribió de un tirón con la idea de corregirlas después, tarea que no llegó a realizar nunca. La celebridad le vino en su tiempo con un panfleto, El mensajero de Hesse, que se imprimió y repartió en 1834.  "Durante una larga vida habéis cavado la tierra: un día cavaréis la tumba de vuestros tiranos", les decía allí a los campesinos, proponiéndoles que se alzaran contra los nobles y burgueses y acabaran de una vez con tanta explotación. "Habéis construido bastiones: un día los derribaréis y edificaréis la morada de la libertad. Y entonces podréis bautizar libremente a vuestros hijos con el agua de la vida". Las autoridades lo acusaron de traidor y cursaron, en julio de 1835, una orden de busca y captura. "Edad: 21 años. Talla: 6 pies, 9 pulgadas de la nueva medida de Hesse. Cabello: rubio. Frente: muy amplia. Cejas: rubias. Ojos: grises. Nariz: fuerte. Boca: pequeña. Barba: rubia. Mentón: redondo. Rostro: oval. Color de la tez: saludable. Figura: fuerte, delgado. Señas particulares: miopía". Así lo describieron. Había fundado en Giessen la Sociedad de Derechos Humanos y, tras la publicación de la segunda edición de su panfleto, algunos de sus cómplices en esa empresa fueron detenidos y uno de ellos se suicidó al no soportar las torturas. A Büchner le interesaba sobre todo la agitada vida política de su tiempo, pero terminó sus estudios de medicina y, tras leer su discurso sobre los nervios del cráneo, se convirtió en profesor de anatomía comparada en Zürich. Tras sumergirse en el estudio de la Revolución Francesa escribió el drama La muerte de Danton y, poco después, un largo relato en el que se ocupaba de un escritor que fue amigo de Goethe y que padeció esquizofrenia, Lenz. La comedia Leonce y Lena y la pieza con la trágica historia de Woyzeck completan su magra producción. Esta última obra sirvió a Alban Berg para componer su ópera Wozzeck (el cambio de nombre fue el resultado de la confusión de un copista que transcribió mal el título original), que se representa estos días en el Teatro Real de Madrid. Büchner se inspiró en un caso que causó un  gran revuelo en su época. Un soldado raso que había servido en las tropas holandesas, suecas y prusianas regresó cuando fue licenciado a Leipzig, su ciudad natal, y ahí se lió con una viuda, un tanto alegre, con la que tuvo un hijo. Los celos, sin embargo, lo atormentaron y un día la mató. Tras un largo proceso, fue decapitado públicamente el 27 de agosto de 1924. En su obra, en un momento particularmente tenso, Büchner le hace decir: "Mire usted qué hermoso y firme es ese cielo gris, le entran a uno ganas de clavar un garfio en él y ahorcarse, tan sólo por la coma que separa el sí del no, el sí del no".

Georg buchner clasicoUn panfleto, tres obras de teatro, una narración. A los que habría que añadir el discurso que leyó para entrar en la universidad, unas cuantos ejercicios de juventud y un puñado de cartas (sus Obras completas caben en un único volumen que editó Trotta en 1992, con traducción de Carmen Gauger). Büchner no escribió nada más, pero sus cuatro trabajos de madurez lo han convertido en un clásico indiscutible al que resulta muy difícil clasificar. La muerte de Danton es un imponente drama histórico donde se sumerge en las contradicciones de la Revolución Francesa, hurga en los conflictos de algunos de sus personajes decisivos y levanta acta del abismo al que se asoma el desafío por emanciparse cuando emerge el terror. "He estado estudiando la historia de la Revolución", le contaba su novia en una carta de marzo de 1834. "Me he sentido como aplastado por el atroz fatalismo de la historia. Veo una horrible igualdad en la naturaleza humana, en las condiciones de vida de los hombres una violencia ineluctable, conferida a todos y a nadie. El individuo no es sino espuma de las olas, la grandeza, mero azar, la preponderancia del genio, un teatro de marionetas, una lucha irrisoria contra una ley de hierro, conocerla es lo más que se puede alcanzar, dominarla es imposible. No tengo la menor intención de inclinarme ante las figuras y los fanfarrones de la historia. Tengo los ojos habituados a la sangre. Pero no soy una hoja de guillotina".

Una horrible igualdad en la naturaleza humana. Conviene subrayar la frase porque lo que hizo en sus otras tres grandes obras fue profundizar cada vez más en esa naturaleza que compartimos los mortales. Lenz, su obra más romántica, disecciona ese otro lado, el de la locura, que convive confundida en las mismas estancias con la cordura. La aproximación al frágil y atormentado escritor es desgarradora: "El mundo había sido para él claridad y también movimiento, una marcha apresurada hacia un abismo al que le arrastraba una fuerza inexorable". La comedia Leonce y Lena es un prodigio de ligereza que le sirve para pintar con la mayor ternura y un fino escepticismo los lujos del amor en un mundo condenado al más grande de los aburrimientos. "Aún tengo en reserva cierta dosis de entusiasmo", observa Leonce; "pero cuando termino de cocinar y todo está bien caliente, necesito un tiempo infinito para encontrar una cuchara con que comer y, entre tanto, se enfría el guiso".

Woyzeck es, en fin, una joya. Pero una joya sin pulir y por esos sus brillos siempre sorprenden y cambian en cada lectura. Büchner no llegó a terminarla y, sin embargo, consiguió atrapar en sus cuadros la condición del hombre abatido. La profunda extrañeza que produce el otro, la debilidad frente a unos poderes que te marcan los derroteros, las sombras incomprensibles de los propios impulsos. "Mire, doctor, a veces uno tiene como un carácter, como una estructura", dice Woyzeck. "Pero la naturaleza es otra cosa, sabe usted, la naturaleza (da un chasquido con los dedos) es algo así como, no sé expresarme, como, digamos…". Pues eso mismo.

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Sobre el blog

El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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