La galaxia privada

Por: | 21 de septiembre de 2013

Cuando Edipo nació en Tebas fue apartado de la ciudad porque se había profetizado que mataría a su padre, el rey, y poseería a su madre. Creció en Corinto y, cuando el oráculo de Delfos le reveló su destino, huyó de allí para no hacer daño a los que creía suyos. Tuvo un altercado en una encrucijada, y mató a un hombre: era su verdadero padre. Luego salvó a Tebas de una terrible amenaza tras responder los acertijos de la esfinge, y como premio lo casaron con su madre. Tuvo cuatro hijos. Cuando supo que se había cumplido lo que se le había anunciado, se arrancó los ojos. Ya viejo, y acompañado por su hija Antígona, visitó Colono. Sófocles lo cuenta en una de sus obras. “¿Cómo es posible que yo sea de índole depravada, si no he hecho más que repeler el daño que sufría, de manera que aunque hubiese obrado con pleno conocimiento no podría ser criminal?”, dice allí Edipo. “Sin conciencia, pues, de mis actos, llegué adonde he llegado; mientras que los que me hicieron sufrir, me perdieron con pleno conocimiento”. Ahí, en esa historia, está contenido el núcleo esencial de lo trágico. Viene a confirmar simplemente que lo más cercano es lo más extraño. Y que, ahí, en lo más privado e íntimo, tiene lugar el verdadero misterio. ¿Quiénes somos y qué margen de maniobra tenemos? ¿Conocemos el verdadero alcance de nuestros actos? ¿Sabemos lo que nos espera? ¿Lo ignoramos por completo? En El lugar del cuerpo (Alfaguara; La Paz, 2009), la primera (y única, por el momento) novela de Rodrigo Hasbún, un muchacho se mete en la cama de su hermana más pequeña, y van metiéndose con el tiempo en un laberinto de afectos, emociones y juegos que va a marcarlos para siempre. ¿Tenían conciencia de sus actos o eran simplemente depravados, como se decía de Edipo? La mujer que protagoniza el libro, una escritora, vuelve sobre aquella época cuando ya es mayor: “Desea hacer énfasis en el perdón, en las transformaciones secretas, y ése fue el lugar donde descubrió más cosas sobre sí misma y los demás, sobre la selva (no hagas ruido, deja que te acomode el cuerpo, que hurgue, alivia el peso de terrores que quizá había e ignorabas)”, escribe Hasbún. En el lugar más oscuro es donde surge la luz. Por eso Edipo se queda voluntariamente ciego. Y por eso, quién sabe, al escrityor cochabambino le ha dado por rascar en las zonas pantanosas del universo familiar. O del mundo de los amigotes que, en el fondo, es lo mismo. En uno de sus relatos, ‘El lugar de las pérdidas’, incluido en Los días más felices (Duomo; Barcelona, 2011), se recogen algunas frases de las notas que toma uno de los personajes. Ha apuntado, por ejemplo: “estos cuadernos son mi lugar, aquí aprendo, aquí pierdo. (lo que quiero decir es que para saber cómo funcionan las cosas hay que destrozarlas primero)”. 

Rodrigo hasbun martin boulocq
Y a eso se está aplicando Rodrigo Hasbún (la foto es de Martín Boulocq) desde hace ya unos cuantos años. El terreno donde explora las cosas (y debe destruirlas primero), ya se ha dicho, es la familia y el mundo de los amigos. Casi todos sus personajes están cerca de ese momento en el que toca irse de casa, o acaso se han ido hace poco. Se acabó una época, empieza otra. Como Edipo, los personajes de Hasbún se largan para que no se cumpla lo que está escrito. Quieren salirse de las pautas marcadas. En ‘Visiones de Valeria’, por ejemplo, aparece una niña de cinco años que no quiere parecerse bajo ningún concepto a su madre. El narrador toma distancias y apunta casi al final: “¿Quieres o no quieres? [dar un paseo], vuelve a preguntar tu madre, una mujer hermosa y frágil a la que te parecerás más de lo que imaginas, aunque eso sea algo que durante mucho tiempo intentarás evitar”. Vaya, que resulta que te vas a matar por ser distinto y que, al fin, no escaparás. No hay salida, y a eso se le llama una cosa trágica. Los griegos armaban una piezas imponentes donde las criaturas se veían acosadas por el coro. Hasbún prefiere un formato más modesto: la vida cotidiana. Una peli que se ve en casa, un viaje de fin de curso, una juerga, los ejercicios de un taller de escritura. 

Lo que Hasbún ha conseguido hacer es establecer esa distancia que permite mirar el agujero. El sexo es uno de los instrumentos que utiliza para penetrar en lo oscuro porque el sexo tiene muchos componentes oscuros. Pero es también un estallido, una salida, una ruptura drástica con esa fuerza que nos empuja, que nos amarra, que nos cuelga esas sutiles cadenas para borranos el rostro y convertirnos en una criatura más. “El sexo redime”, dice la mujer de su novela cuando tiene unos cuarenta años. “El sexo nos devuelve al mundo, quita del aire todo lo demás, borra preocupaciones y malestar. Y sin embargo a veces sucede lo contrario y en algún momento fue lo más horroroso”. Viaje a las tinieblas y explosión de vida. En el alambre que va de un lado a otro se libran las verdaderas batallas.

Rodrigo Hasbún se está afanando en contarlas sin pelos en la lengua. Ha puesto la lupa en el resbaladizo tiempo en que se rompen amarras. “La demás gente existe más que yo, sus vidas son más auténticas, piensa Alejandra”, uno de los personajes de un cuento de Cinco (Gente Común; La Paz, 2005). “Sólo sabe hablar de sí mismo. Le cuesta mirar hacia fuera”, escribe Hasbún en otro cuento del mismo libro. Y también: “¿De qué están hechos nuestros afectos? ¿Cómo nos usamos? ¿Por qué tememos perdernos?”. De eso va su literatura. De eso iba lo que contaban los clásicos griegos. Hasbún ha metido el coro de la tragedia ática, y sus incesantes preguntas sobre la condición humana, en un piso donde dos jóvenes hacen el amor. Y están perdidos. Y plenos de vida.

Hay 6 Comentarios

gracias por la recomendacion. Buscare el libro en la actual feria del Libro de La Paz

Me maravillo de lo que la gente escribe acerca del "sexo". Porque el sexo en si, no existe. Lo que si existe son las misteriosas atracciones que los seres registran a través de sus sentidos, y que casi siempre nos impactan porque al ser seres altamente selectivos- en general - no es frecuente ni fácil que ellos ocurra.Mas aún, si tenemos en cuenta que actualmente vivimos mas de 6 mil millones de personas, el hecho de que dos se sientan atraídas es casi un milagro. Dado que somos unidades, seres únicos, amamos con todo nuestro ser y en esas circunstancias será difícil establecer si ello se debe a unos miligramos en mas de de oxitocina, de adrenalina u otras hormonas que delicadamente elabora nuestro humano cuerpo . Si, algunos de nuestros órganos son mas sensibles que otros, pero en definitiva,los seres amamos con todo nuestro ser.

La referencia que más me ha gustado ha sido la que apunta a la crisis que favorecen las tragedias. Ahora que vivimos una crisis institucional y económica, lo más descarnado, parece vigorizarse. Como un nuevo naturalismo, las condiciones familiares y ambientales, se entroncan, promoviendo cierto determinismo. Creo que las preguntas que formula "¿Quiénes somos y qué margen de maniobra tenemos? ¿Conocemos el verdadero alcance de nuestros actos? ¿Sabemos lo que nos espera? ¿Lo ignoramos por completo?" tienen una gran presencia. Otra época y otro mundo, pero seguimos planteándonos las mismas preguntas. Asumiendo el riesgo que conlleva responderlas.

La ceremonia...
http://manuel-diasintensos.blogspot.com.es/2012/10/la-ceremonia.html

El complejo de Edipo ya fue analizado por el gran psiquiatra Freud. El amor a la madre, mal interpretado, conduce al parricidio. El sexo no es oscuro, lo que es oscuro es convertirlo en propiedad privada de una de las partes, ya sea del macho o de la hembra. La enfermedad de poseer en exceso, sea sexo, riqueza o poder, es un mal que padece una parte de la humanidad. La antigua cultura griega, a través de sus grandes literatos, fue capaz de anticipar ese clase de conocimiento. Un saludo a Sófocles desde este siglo XXI (según el calendario Gregoriano).

El sexo mueve el mundo: http://xurl.es/9ik46

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El rincón del distraído es un blog cultural que quiere contar lo que pasa un poco más allá o un poco antes de lo que es estrictamente noticiable. Quiere acercarse a lo que ocurre en la cultura con el espíritu y la pasión del viajero que descubre nuevos mundos y que, sorprendido e inquieto, intenta dar cuenta de ellos.

Sobre el autor

José Andrés Rojo

(La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992 en Babelia. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas. Correo: @elpais.es.

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