El regreso de Bernie Gunther

Por: | 01 de abril de 2013

NOTA IMPORTANTE. Es un artículo sobre la nueva novela de la serie de Bernie Gunther, aunque he procurado no contar nada sobre su argumento, apenas dar alguna pista. No contiene spoilers de este libro y he tratado de que tampoco los haya de los anteriores.

 

Philip Kerr
Philip Kerr en Barcelona, en mayo de 2012. / MARCEL.LÍ SÀENZ
Una de las obras más famosas del dramaturgo y guionista de origen checo Tom Stoppard es Rosencrantz and Guildenstern han muertouna reconstrucción de Hamlet a través de dos personajes secundarios.  Narrar la historia a través de personas anónimas que están en un segundo plano y que, sin embargo, participan de acontecimientos gigantescos, sin ser del todo conscientes de ello, es un recurso que casi siempre funciona muy bien.

Por ejemplo, en la serie Roma, el final de la República y el principio de la dictadura son relatados a través de dos legionarios, Lucius Vorenus y Titus Pullo. Algo así ocurre con las últimas novelas del comisario Bernie Gunther, del escritor escocés Philip Kerr. El último libro publicado en España, Praga mortal (RBA), giraba en torno a Reinhard Heydrich, uno de los arquitectos del exterminio de los judíos europeos y el único gerifalte nazi que murió asesinado en un atentado que desencadenó terribles represalias. La novena entrega de la serie, A man without breath (El hombre sin aliento), que acaba de salir en el Reino Unido y que en España editará próximamente RBA, tiene como telón de fondo la ocupación de la URSS por los alemanes, justo en el momento en que todo está a punto de cambiar. 

La novela transcurre en la primavera de 1943 cuando, después de Stalingrado, la lenta derrota del nazismo comienza a acelerarse, no sólo en el frente del Este, que está a punto de derrumbarse con la contraofensiva soviética, sino también por la intensificación y osadía de los bombardeos aliados contra Alemania. Muchos de los personajes que rodean al cínico detective berlinés son reales y, sobre todo, es muy real la descripción de la ocupación nazi. Aunque parezca un chiste de mal gusto, Gunther trabaja para la oficina de crímenes de guerra del Ejército alemán (sí, la Wehrmacht tuvo ese organismo entre 1939 y 1945), dedicado a investigar sobre todo los excesos cometidos por los aliados y, de vez en cuando, a castigar a algún soldado alemán por pillaje o violación (lo que no deja de ser de una hipocresía insultante, cuando otros militares estaban matando a cientos de miles de personas siguiendo órdenes).

Un nuevo libro de la serie siempre es una buena noticia, mucho más si es una novela larga (517 páginas en su versión inglesa, bastante más que las anteriores) y si mantiene el nivel. Y no es fácil: este descreído policía alemán, veterano de la Gran Guerra, cuyas aventuras transcurren entre el nazismo, la II Guerra Mundial y la posguerra europea, nació literariamente en 1989 y ha alcanzado el noveno título. Pero es un tipo con el que siempre está bien reencontrarse, alguien que va sobrevolando uno de los periodos más negros de la historia de la humanidad tratando de mantener en lo posible su dignidad y con un sentido del humor que recuerda muchas veces al mejor Philip Marlowe. “Los alemanes tenemos una gran capacidad para ignorar lo que nos dice otra gente: es lo que nos convierte en jodidos alemanes. Supongo que siempre ha sido así. Roma pide a Lutero que se esté tranquilo ¿Lo hace? Ni de broma. Beethoven se queda sordo y, pese a lo que le dicen todos los médicos, sigue escribiendo música. ¿Quién necesita oídos para escuchar una sinfonía entera?”, asegura en un momento del libro.

Gran parte de la novela transcurre en la ciudad soviética de Smolensk, que estuvo en el camino de las invasiones napoleónica y nazi. Así describe Antony Beevor en su magnífica historia de la II Guerra Mundial la primera batalla por esta ciudad y recuerda que fueron necesarias 32 divisiones alemanas para tomarla. “Los soldados soviéticos seguían luchando con un valor desesperado, aunque a menudo fueran obligados a hacerlo a punta de pistola por los comisarios políticos. Incluso cuando se quedaban sus municiones, aparecían verdaderos torrentes de hombres que avanzaban dando alaridos. Los gritos de los heridos seguían resonando durante horas, crispando los nervios de los soldados alemanes agotados”. Vasili Grossman relató así un hospital de campaña soviético en el frente: "No cesaban de llegar heridos. Todos estaban empapados en sangre y agua de lluvia".

Como en Praga mortal, Philip Kerr mezcla la historia con una novela policiaca pura, lo real y lo inventado. En este caso, la diferencia entre los crímenes que importan y los que no (los millones de judíos, rusos o polacos asesinados) es especialmente brutal pero funciona muy bien para explicar la famosa “banalidad del mal” que Hannah Arendt atribuyó a Adolf Eichmann: la muerte, la barbarie, el horror, se han convertido en rutina. Pero alguien trata de rebelarse con ello. Como dice, en otro contexto, la guerra de Vietnam, el protagonista de Apocalypse Now: “Buscar aquí a alguien por asesinato es como poner multas de velocidad en las 500 millas de Indianápolis”.

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