Estoy acojonada: Andreu Martín me amenaza

Por: | 05 de febrero de 2014

Tercera entrega de la particular visión de BCNegra que Cristina Fallarás está ofreciendo a los lectores de EL PAÍS.

Pueden consultar todas las entregas aquí. 

CRISTINA FALLARÁS

Que le quede claro, míster, en qué mundo nos movemos: No hay nada más siniestro que la sonrisa de una calavera. Es un rictus petrificado, frío, inexpresivo e inmutable. Dientes apretados en un mordisco feroz.

Porque, apreciado mr. Prisa, desde ya se lo digo: Estoy acojonada. Creo que esta investigación que usted me ha encargado está pisando  más juanetes de los que era esperable, con el consiguiente riesgo para mi integridad física y quién sabe si química.

Ya la noche ensuciaba ayer la muy turística ciudad de Barcelona, ya putillas y pasma habían ocupado sus lugares en el escenario mayor de la metrópolis, también llamado Ramblas, ya los turistas se solazaban con la función y los pululantes ofrecían estupefacientes en los alrededores de la calle Hospital, donde además del bar Absenta se encuentra el centro de mis investigaciones, La Capella, cuando me sobresaltó la voz de un varón tras mi melena, recogida para la ocasión en un moñete con la intención, vana, de pasar desapercibida.

–Usted siempre parece una mujer fatal –me soló a bocajarro, sin más saludo, ósculo o preámbulo.

Se habrá dado usted cuenta de que, pese a la evidente lozanía de mi aspecto, está tratando con una veterana, y como tal, conocedora de hasta los más crípticos códigos del hampa y el crimen. Aunque no hay que ser muy avezado para entender que tras la frase del sujeto se escondía una manifiesta amenaza. Como le supongo ignorante de estos submundos que me toca patear, le diré que la mujer fatal es la que recibe la paliza, normalmente tras haberse machacado el hígado y, en muchas de las ocasiones, la que perece. Y como también sé que usted está pensando en este momento que lo que quiero es reclamarle por tercera vez ese adelanto que me tan vilmente me ratea, aporto aquí una nueva intimidación, recibida esta misma mañana en mi correo electrónico:

“El miércoles, 15 de enero de 1947, a primera hora de la mañana, en una zona lujosa de Hollywood, aparecieron los restos de una mujer joven que había sido torturada hasta la muerte. La habían atado y colgado cabeza abajo, la habían quemado con cigarrillos, la habían golpeado, le habían grabado con un cuchillo las iniciales B.D. en un muslo y la habían cortado en dos por la cintura.”

Bien, mr. Prisa, pues da la casualidad de que quien susurró ayer a mi coqueto moñete y el remitente del correo de hoy ¡son la misma persona! ¿Qué, míster? ¿Cómo se le ha quedado el cuerpo? Pues figúrese a mí, piense usted en mi cintura, si es capaz de hacerlo sin turbación.

Le doy datos: Tras sentir ayer en el rulo el aliento del crimen, giré la cabeza de un golpe a la vez airado y airoso, y enfrenté la mirada de aquel que osaba intimidarme. El hombre, decorado con un bigote cano, sombrero de ala corta y abrigo de buen sastre, me la sostuvo –la mirada, no la cabeza– y sonrió mostrando un colmillo evidentemente acostumbrado al dolor.

–¡Andreu Martín! –exclamé fingiendo alegría ante el que es uno de los criminales más conocidos por la policía de esta capital, flor de impunidades.

–Sí, querida, Andreu Martín, Andreu Martín.

–¿Qué le pasa conmigo?

–BCNegra está amenazada.

–¿Acaso no soy yo la amenazada?

–No, es BCNegra. Y nos haremos fuertes, literalmente.

–Defina “literalmente” –qué confusión, mr. Prisa, qué confusión rizaba mis guedejas–.

–Nos atrincheraremos en La Capella.

–Sea claro: ¿¡¡Y una vez atrincherados!!? Sea claro, Martín, sea claro que nos va el corazón en ello, ¡hostias!

–Una vez atrincherados, nos haremos fuertes en dos sentidos: Nos armaremos y cada vez seremos más.

Comprenderá usted, cliente delecto, que dado su mail de esta mañana, mi crédito al señor Martín tiene su límite. ¡Armarnos! ¡Atrincherarnos!

Más datos, mr Prisa: He sabido que la Casa Real, con la excusa de no sé qué asuntos de juicios y juzgados, ha enviado a Barcelona a sus especialistas en delincuencia. Aquí, míster, una ya no cree en las casualidades. ¿O le parece a usted normal que justo cuando se celebra BCNegra, justo cuando la ciudad se llena de criminales, justo cuando yo empiezo a acercarme al tuétano en el hueso de este caso, justo ahora aparezcan en un hotel Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarin? No señor, de eso nada. Aquí empieza todo a ser muy confuso y, como le he dicho al principio de este mi tercer informe, la búsqueda del culpable, que usted tuvo a bien encargarme, está molestando en lo más alto.

Así que, como buena profesional y mejor conspiradora, este mediodía he logrado contactar con el criminalista argentino Ernesto Mallo, mi particular vía directa con el experto internacional en el dolor Perro Lascano. Le remito su respuesta tras exponerle todo lo anterior:

–Sé de muy buena fuente que, por consejo de un abogado muy mal informado, Cristina, Federica, Victoria y también Antonia de la Santísima Trinidad han concurrido en dulce montón a Barcelona, donde se celebra la BCNegra, a fin de buscar asesoramiento entre los escritores de novelas policíacas sobre el crimen perfecto. Se la retrató conversando con un adusto Andreu Martín en la cafetería del Hotel Victoria Suites de Pedralbes. Paco Camarasa, más conocido como "el intrigante de la calle de la Sal" tiene la foto, pero no la entrega.

Nada más que añadir a esta conexión entre lo real y lo no tanto. En medio, como puede usted observar: servidora.

Ya le aviso que en previsión de agresiones o quién sabe si hasta más dolorosos intentos, mañana me personaré en el Ayuntamiento de la ciudad. No tengo duda de que allí, entre los fans de lo histórico y los autodeterminados, encontraré algún hilo del que tirar.

Suya

C.

PD 1. Puede el comisario Camarasa certificarle que él mismo me prestó un total de 5 (cinco) euros para café y copa en el Absenta. No sé si podrá la jefa de prensa de Rocaeditorial, rama Criminal, demostrar que su aportación a mi causa fue de 10 (diez) euros. Verá usted que su reticencia al adelanto está minando mi autoridad en el sector. Sepa que lo pagaremos caro.

PD 2. Efectivamente, ayer arranqué mi informe con una cita perteneciente a El largo adiós de Raymond Chandler. Intente usted no volver a meter la pata con mi prosa. 

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