Apuestas valientes de esos pequeños locos de lo negro y criminal

Por: | 29 de mayo de 2014

Vertedero

Hoy en Elemental volvemos con una serie de propuestas en las que miramos a lo más reciente para aportar algo diverso y no dejar que se os escapen algunas cosas que merecen la pena. A veces estas mesas de novedades, por llamarles de algún modo, se centran en las últimas aportaciones del género, pero en este caso me centro en algunas propuestas de editoriales más pequeñas.

Aviso, como siempre: esto es personal e intransferible. Recomiendo lo que leo y en lo que creo. No están todos los que son, pero los días tienen solo 24 horas. Lean y disfruten.

1.- Vertedero, Manuel Barea (Lengua de Trapo). Uno es honrado y si no ha leído algo, pues lo dice. Y lo digo. Pero esta novela está de las primeras en la montaña de libros pendientes. Se ha llevado el I Premio Valencia de Novela Negra. Y sobre ella nuestro amigo y prescriptor Paco Camarasa ha dicho, y a mí me vale como referencia:

“De Vertedero nos gusta la novela y muchos pequeños detalles que hacen guiños a los lectores. Nos gusta su primera cita: “Somos urracas, robamos del nido de otras urracas” de James Sallis. Nos gusta la segunda cita, de Edward Bunker: “Me jugaba la vida, pero lo cierto era que, tal y como era, tampoco valía nada. Si no podía vivir como yo quería, mi vida no importaba”. De la imprescindible novela No hay bestia tan feroz, editada por Sajalín. Nos gusta que la primera parte se llame Ornitología, como homenaje a Ornithology, aquel disco grabado en California, en la primavera del 1946, con Charlie Parker, Miles Davis y Lucky Thompson entre otros”. Pues eso, que nos va a gustar.

2.- La verdad de la mentira, Elisabeth George (Roca, traducción de Dolors Gallart). No habíamos hecho caso a esta autora y era algo injusto. A ver: no es apta para quienes busquen sordidez o dureza al estilo de nuestros favoritos anglosajones, pero tiene un punto y se lee muy bien. En este caso, el personaje protagonista y gran atractivo de toda la serie, el comisario y aristócrata Thomas Linley se ve envuelto en un turbio asunto con una mujer obsesionada con él mientras investiga una muerte en una familia muy rica.

3.- Huida del corredor de la muerte, Edward Bunker (Sajalín, traducción de Zulema Couso). He tardado en descubrir a este autor pero no me pienso despegar de él. Cliente habitual del sistema penitenciario de EE UU, llegó a ser uno de los 10 hombres más buscados por el F.B.I. Pasó luego a asesorar a Tarantino y otros directores (Michael Mann en Heat, ahí queda) y ha protagonizar el papel de Mr Blue en Reservoir Dogs. Toma ya. ¿Y por qué está aquí? Porque este libro es un soberbio libro compuesto por relatos que sangran, que sudan, que llegan, con personajes reales, destruidos por la maquinaria, crueles y apasionantes. Prometo hablar más del autor cuando hinque el diente a otras obras

4.- Te quiero porque me das de comer, David Llorente (Alrevés). Es la otra novela que no he leído todavía, pero solo por el reto de confirmar o no lo que otros dicen habrá que ir a por ella. Se habla de esta novela como extraña, perturbadora y definitivamente distinta. Una novela que ataca los moldes del género y amenaza con reventarlos. Nuestra amiga de Leer sin prisa, por ejemplo dice: “Es realmente complicado explicar cómo funciona esta novela. Sólo sé que para mí ha funcionado, que está colmada de reflexiones increíbles, que es un libro perfecto para subrayar y remarcar todo aquello que nos ha marcado a nosotros”.

5.- Sombras de la nada, Jon Arretxe (Erein). Tercera entrega de las aventuras del detective Touré, un tipo peculiar. Si en otras ocasiones (612 euros) había un espacio para lo hilarante, en este caso el tema, la crudeza de la vida de los inmigrantes subsaharianos, deja poco lugar para el humor. No son las mejores novelas del mundo, son algo irregulares, pero tienen una virtud enorme: hacen algo que otros no se atreven y utilizan la novela negra, género perfecto, para criticar las diferencias sociales, atacar a los xenófobos, sacarnos los colores.

6.- Castigo para los buenos, Craig Johnson (Siruela, traducción de María Porras). Los amantes de ese hombre rudo, tierno, lleno de dilemas, sencillo y honesto llamado Walter Longmire estamos de enhorabuena. El sheriff se traslada de Wyoming a Filadelfia pero las esencias que lo hacen un personaje único en el panorama negrocriminal siguen intactas. Soy muy fan, así que la semana que viene, más.

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