La ternura justiciera del ingobernable Méndez

Por: | 15 de agosto de 2014

Ledesma
El novelista Francisco González Ledesma, ante la máquina de escribir en su domicilio de Barcelona en abril de 2010. / CARMEN SECANELLA 

POR CARMEN RENGEL

El inspector Ricardo Méndez no es el guaperas que conquista a la rubia, no tiene un coche negro brillante para hacer seguimientos y guardias, no luce su nombre en un cristal ni en una placa. No se codea con gente de postín que ruega por sus servicios. No vive inmerso en tramas vertiginosas de las que quitan la respiración. No usa tecnología de vanguardia tipo CSI. No tiene ayudantes. No es un héroe. Pero a falta de todo eso tiene algo mejor: una inmensa humanidad -escondida entre los pliegues de ese abrigo con bolsillos ajados de tanto llevar libros- que aplica en cada caso, una ternura silenciosa de policía ingobernable que investiga lo que le pasa a la gente sencilla, sobre la que nunca se posan los focos, allá en el Barrio Chino de Barcelona, o lo que quede de él. Un regalo de Francisco González Ledesma en 11 volúmenes.

NOTA DEL COORDINADOR: Ya saben que lo negro y criminal tiene fans y locos por todo el globo. Este es un gran ejemplo. Carmen Rengel ha encontrado un hueco en el excelentre trabajo que hace a diario desde Jeresualén para EL PAÍS y la SER y nos vuelca en este texto su pasión por Méndez. Un lujo para la serie Los detectives de nuestra vida, en la que ya hemos hablado este verano del agente de la Continental y de Laidlaw y de muchos más el verano pasado. 

Méndez es un justiciero, que reinventa las leyes a su manera. No tiene que cumplir forzosamente lo que dicen los documentos con membrete oficial si lo justo es aplicar “la norma de la calle”. Al estilo de su primo Salvo Montalbano, a veces no ve – no quiere- lo que un uniformado menos anarquista debería ver. Nos arranca aplausos cuando pasa de la burocracia.

Siempre ha sido así, desde que nació en 1983, personaje secundario en Expediente Barcelona. Un superviviente que cruza el tiempo, del franquismo a la Barcelona de diseño, que ni asciende si se multiplica, que quema suela de zapato entre su casa, esa a la que se entra por un bar de la calle Lancaster, y la comisaría, trazando círculos en torno al Paralelo, el microcosmos donde se siente cómodo. Fuera se ahoga. Policía de calle que se dedica a mirar y remirar sin lupa. Realismo de entorno urbano con suspense. Dickens y Hammett. Y Simenon y Madrid. Por sus páginas, Barcelona se muestra como un plano de rincones humildes, donde hay más angustia que miedo, donde a veces brilla la felicidad sin pretensiones, y donde los ojos de Méndez enfocan –más o menos, dependiendo del grado de alcohol en sangre- con nostalgia o con perspicacia.   

Le
Ledesma con el Pepe Carvalho en 2006 (ARCHIVO)

Sus historias incluyen putas y travestis y borrachos, y callejones y mafias e intereses, pero como condimentos de los dramas de gente que pelea donde la vida le permite, en un entorno popular donde “la pobreza tiene su ley”. A veces su universo es el de vecinos que sólo quieren compartir sueños, cama y macarrones y a la que se le tuerce todo. Méndez no tiene que sacar su Colt de 1912 –que a saber si dispara ya- porque a veces a lo que se enfrenta es a la sordidez en la que cae una mujer que sólo quiere soñar, viajar y escapar –ahí está La dama de Cachemira- (RBA). Su arma, entonces, es su pundonor –que se mezcla con cabezonería- y su bondad.

Porque este solitario gruñón fumador de negro es sobre todo un buen tipo, el que atiende a los perros del delincuente que acaba de detener. Entre la resistencia y la esperanza, también el absurdo, que ronda al inspector como si Eduardo Mendoza hubiese ayudado a escribir el guión de sus días.    

Toda su estampa decrépita, que a veces hace temer que de esta no sale porque el sopor es un lastre ya demasiado pesado, se desvanece cuando está en juego la seguridad de una mujer y, sobre todo, de un niño. Entonces los coñacs son para aclarar las ideas y reforzar el valor. Será la nostalgia de un mundo perdido que tanto lamenta, los viejos valores que en su caso son inamovibles.

Sus novelas no son políticamente correctas ni cumplen con las directrices “de género”. Hay sexo y violencia y un lenguaje duro que golpea como la verdad que narra. Porque la desolación no es hermosa. A los más mojigatos y a los censores Ledesma les hace arrugar la nariz.

Dice su creador que quizá ya hemos disfrutado al último Méndez, el de Peores maneras de morir (Planeta, 2013), porque ya desecha más páginas de las que mantiene cuando se pone a escribir. Habría que enviarle unos sicarios para que cambie de idea. El mejor detective español no puede jubilarse porque aún no tiene relevo.

La serie del inspector Ricardo Méndez se compone de los siguientes títulos:

Expediente Barcelona (1983)

Las calles de nuestros padres ( 1984)

Crónica sentimental en rojo (1984)

La Dama de Cachemira (1986)

Historia de Dios en una esquina (1991)

El pecado o algo parecido (2002)  

Cinco mujeres y media (2005)

Méndez (2006)

Una novela de barrio (2007)

No hay que morir dos veces (2009)

Peores maneras de morir (2013)

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Junto a Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma ha sido uno de los impulsores de la novela negra que también implica la denuncia social en nuestro país. Su personaje, el comisario Ricardo Méndez es espléndido. Aparece por primera vez en “Expediente Barcelona” (1983), que inicia una serie con la ciudad de Barcelona como una de las protagonistas principales. “Peores maneras de morir”, última novela de la serie se publicó en 2013. ¡Muy recomendable!

Nota del coordinador para Ana Petrook: Gracias por las lecturas y los comentarios amables. Miraré al autor que me dice, que se me escapa. Saludos desde Madrid

En la maravillosa y única librería "Negra y Criminal" de la Barceloneta podéis encontrar todo lo de Méndez y con suerte a veces hasta a él mismo. Y sino os lo buscan y os lo envían.

Para Celso. ¿Has probado en iberlibro.com? Para mí que es la web más apabullante para buscar libros. No lo he encontrado todo, pero sí cosas de lo más insólito.

Nota para el coordinador: Yo soy una de esas fans locas, en este caso de Nueva York. Elemental es mi lectura diaria, pero no hay forma de leer todo lo que apetece.
Coincido totalmente con el inspector Méndez: una personalidad muy lograda de detective, viejo, irreverente, poco ortodoxo, y que sabe anticiparse a las jugadas.

Aprovecho el espacio: ¿alguien ha leido a Andrey Kurkov? ¿Podemos incluir alguna de sus novelas en el género? negro?

Habría que mandarle una banda de sicarios, seguramente mejor sicarias, que aburriéndole con abrazos y/o besos le fuercen a seguir escribiendo.
Necesitamos que escriba.
Por favor.

Otros títulos de la serie: 1.- El misterioso paradero del jaguar de Ana Mato. 2.-!Aguanta Luis!, del impávido Mariano Rajoy a su amigo Bárcenas. 3.-Los trucos de Gaspar Zarrías para votar con la pezuña. 4.-Lo que Zaplana no ha dicho del caso Terra Mítica. 5.-Como hacerse rico en cuatro días. Del puto enano de Solchaga. 6.-Lo que cuesta asar una vaca con billetes. Del besugo de Cándido Méndez. 7.-El desempleo visto por la chochona de Fátima Báñez 8.- El cabreo de la gente de Linares/Jaén con el corrupto de su paisano Blesa.9.- El 30 aniversario de la "sentencia" de Pedro Pacheco. 10.-La puerta giratoria. Por "Isidoro" y Elena Salgado. 11.-El déficit en reclamo masculino de Cocodrilo Dandy/Fdez de la Vega. 12.-El juego del abejorro por Alvarez Cascos, Gonzalez Pons y Javier Arenas. 13.-El ex presidente del CGPJ. Divar amigo de los puentes caribeños y los golpes de pecho en misa de 12. Los 12 millones de desgraciados que Cáritas saca adelante. 13.-Ese 78% de gente que dice no creer en la justicia en las ciento de miles de l encuestas. 14.- Lo dicho por la escritora Almudena Grandes: La justicia me da asco. Y en ese plan. Ninguno.

¿Alguien sabe dónde diablos puedo conseguir los títulos agotados y no reeditados? Gracias.

El problema es que alguno de los títulos está agotado,

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