BCNegra 2015. Quinto Informe. Las churras y las merinas

Por: | 04 de febrero de 2015

Cóctel en el Milano
Se ponga sentimental o no, nuestro cronista no se pierde una | Foto: THALÍA RODRÍGUEZ

NOTA DEL COORDINADOR: Alexis Ravelo nos entrega la mejor y más sentimental crónica de la fiesta negra. Unas líneas llenas de homenajes y buena prosa. Lean y disfruten.

POR ALEXIS RAVELO 

Jefe: de nuevo encomendado a San Actrón, intento sacar algo en claro de las imágenes que me he traído desde el sueño, elaboradas con las cosas que vi y oí ayer. Por eso Philip Kerr afirma que el Lanborghini es un trasto que Dios inventó para demostrar a los futbolistas jóvenes que están ganando demasiado dinero, mientras Ernesto Mallo explica la importancia de la sífilis en la primera fundación de Buenos Aires, y los ojos de Empar Fernández y de Rosa Ribas —dos pares de ojos perfectos cada uno en su estilo, de esos que atisban con inteligencia lo que hay más allá de las líneas y los rostros— se me clavan haciéndome preguntas que jamás podré contestar con certeza.

Usted dirá que estoy mezclando churras con merinas, pero es que aquí, en BCNegra, el Comisario Camarasa ha sabido no solo mezclar churras y merinas, sino que las churras monten a las merinas y estas paran maravillosas ovejas negras que leen a Rodolfo Walsh y cantan Blues en Jam Sessions inesperadas en las que uno nunca sabe si Tatiana Goransky acabará marcándose un tango. Ella, Goransky, participó con Ernesto Mallo y Claudia Piñeiro en una mesa moderada por Matías Néspolo sobre la novela negra argentina —que es tanto, en mi opinión, como hablar sobre la novela política argentina—, provocando carcajadas y asentimientos a un público entregado y exponiendo teorías novedosas. Mallo, por ejemplo, sostiene que el crimen no es un virus externo a la sociedad, sino algo intrínseco a ella y, por tanto, inevitable, por lo cual lo que hay que hacer es educar a los asesinos para que se conviertan en estafadores, pues siempre es preferible que te estafen a que te maten.

Antonio Lozano y Philip Kerr
Antonio Lozano (izquierda) y Philip Kerr | Foto: THALÍA RODRÍGUEZ

Homenaje a los fans entregados

El público, jefe: un día tengo que dedicar unas líneas a ese público entregado que hace colas bajo el frío y la lluvia para poder ver y escuchar a sus favoritos. Por ejemplo: Philip Kerr. Yo sé que usted es fan absoluto de sus novelas sobre Bernie Gunther. Pero ahora Kerr ha dejado de contar historias ambientadas en el reino de la maldad nazi para buscar un infierno peor: el fútbol. Entre bromas y veras, dijo Kerr que sus libros tienen mucho éxito entre las mujeres —a Thalía Rodríguez no le extraña, porque, según ella, con mostrar su foto en la solapa podría captar el interés de cualquier lectora heterosexual—, pero que él quería ganar a los hombres para la lectura: le parece una función social y se proponía que, igual que Rowling volvió a atraer a los niños hacia el mundo del libro, hacer lo mismo con los hombres. Yo, jefe, qué quiere que le diga, opino que este es de los más peligrosos: a ver si ahora le va a dar a la gente honrada por leer entre Partido del Siglo y Partido del Siglo... que, se empieza por ahí y se acaba pensando.

Poca crónica más puedo hacerle de los actos oficiales. Básicamente, porque ayer, como hoy, llovía y hacía frío y uno necesitaba algo de calor. Lo encontré temprano en la tarde en la cafetería del Conservatorio del Liceu, donde pude escuchar una estupenda banda de jazz contemporáneo, a la misma vez que, en el interior del auditorio, se sucedían las mesas redondas. Pero uno andaba algo tristón pensando en eso que hace  siempre el Comisario Camarasa antes de empezar los actos de cada día: mencionar a quienes nos han dejado recientemente, que son Josep Forment, Paco Porrúa, Jaume Vallcorba, Jean-Francois Vilart, Conxa Gubern, José Manuel Lara y Lauren Bacall, la flaca que nos enseñó a silbar. Y yo, que tengo mis propios muertos recientes, acabo de escuchar en la radio que ha comenzado a nevar en Barcelona y recuerdo aquel momento tan triste y bello de un cuento de Joyce que finaliza diciendo “... nieva sobre los vivos y sobre los muertos”. ¿Recuerda?

 

Pero el ratito melancólico duró poco y algo me sacó de esta nostalgia boba que me entra con las precipitaciones: un encuentro con Andreu Martín, el Maestro, Rosa María Puig y Juan Sasturain, el Maestro de Ultramar —otro de esos elementos peligrosos—, quienes, sin percatarse de mi condición de infiltrado —o percatándose y, sin embargo, compadeciéndome por ello— me llevaron al Milano, uno de esos perfectos locales donde uno puede tomarse un cóctel también perfecto escuchando a un no menos perfecto trío de jazz —adjunto foto y factura—.  Por allí pasaron también Carmen Moreno y Toni Hill. Por más peligrosa que sea ella y más traidor a la causa que sea él, hay que reconocer que son dos individuos encantadores.   

En fin, jefe, discúlpeme el acceso de melancolía chica de hoy. Pero tras la ventana comienza a llover nuevamente y uno, aunque infiltrado, tiene su corazoncito. De estas churras y merinas de las que le informé hoy, le envío las fotos que hizo Thalía Rodríguez con nueva cámara de usar y tirar que compré en un quiosco. Las hizo ella porque yo, a partir de la cuarta cerveza, no suelo estar ya para hacer fotos.  

En Barcelona, Año 15 de BCNegra, día 5

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