El gran zas en toda la boca de Edward Bunker al sistema

Por: | 16 de octubre de 2015

 

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Bunker en Reservoir Dogs.


Meterse de lleno en la bibliografía de Edward Bunker (Los Ángeles, 1933, Burbank, 2005) es hacerlo en una de las apuestas literarias más radicales y viscerales de la historia del género negro y del subgénero carcelario. Gracias a la editorial Sajalín, su valentía y su excelente gusto, tenemos bien editada su obra. Llevo meses queriendo escribir este post pero no quería hacerlo sin haber leído todo lo que han ido recuperando.

 

¿Y quién es este Edward Bunker? Pues el preso más joven de la historia de la temible San Quintín, inquilino habitual de otro agujero llamado Folsom, actor, guionista, asesor de cine, traficante, falsificador, una bestia de la vida que supo canalizar a tiempo sus impulsos hacia la literatura. Por su crudeza, sus dramas carcelarios dejan una oscura mancha de intranquilidad en el lector; por su verosimilitud y su oda a la vida criminal, sus novelas de maleantes son un divertimento y un canto de libertad, pero también una crítica descarnada a la estupidez humana y a un sistema de justicia que tritura seres humanos. Si lo leyeron, vuelvan a él. Si no, están a tiempo. Les contamos más. Lean y disfruten.

“Ya hacía mucho tiempo que había decidido, o reconocido, que o triunfaría como escritor o sería un proscrito. Al tomar una decisión tan inequívoca me marqué un camino de perseverancia y sólo gracias a esta determinación, a esta obstinación, salí adelante. Imaginaos: una persona con la educación primaria sin terminar que deseaba ser un escritor serio y conseguirlo sin ayudas ni estímulos. (...). Habría podido jugar mejor mis cartas, sin duda, y hay cosas de las que me avergüenzo, pero cuando me miro en el espejo me siento orgulloso de lo que soy. Los rasgos que me hicieron a pelearme con el mundo son también los que me hicieron salir adelante” . Este extracto del final de La educación de un ladrón (Sajalín, traducción de Monserrtat Gurgí y Ferrán Sabaté) resume a la perfección la peculiar apuesta vital y literaria de Edward Bunker. Como bien dice Kiko Amat en el prólogo de esta edición, una suerte de autobiografía, un gran compendio de sus grandes temas, la obra de Bunker es un “gran desquite” un “ahora vais a ver” una mueca de desprecio y rebeldía.

Bunker pisó por primera vez una institución oficial con 11 años. Con 17 se convirtió en el preso más joven de la historia de San Quintín y se pasó otros 18 años entrando y saliendo. Su vida en la cárcel le llevó a leer como si no hubiera mañana. Sólo la publicación de No hay bestia tan feroz (Sajalín, traducción de Laura Sales) le abrió el camino de la redención y le apartó para siempre de las cárceles y, suponemos, de la mala vida. Es su séptima novela escrita y la primera publicada. Es también un buen ejemplo de lo que vamos a encontrar en todo su trabajo: fascinación por el submundo criminal; descripción sin ambages de la gloria y miseria de los bajos fondos; amor por los perdedores, los drogatas y los criminales como personajes complejos y una feroz crítica social. También hay racismo, violencia y un poderoso deseo del protagonista, Max Dembo, por conseguir vivir a todo trapo gracias al crimen, algo que suponemos también sintió durante años Bunker. El maestro Ellroy decía de este libro que era el homenaje más bello hecho jamás al asunto del robo a mano armada y la novela definitiva sobre los bajos fondos de Los Ángeles.

El verdadero motor de sus relatos es la perpetuación de ese ciclo de violencia y crueldad que se da dentro y fuera del sistema carcelario. En La fábrica de animales (Sajalín, traducción de Laura Sales) eso se muestra con una crudeza y lenguaje directo nunca vistos. La narración de las desventuras del joven Ron Decker en San Quintín, donde se malea y pervierte hasta el fin en una rueda de violencia, autodefensa, saltos adelante y absurdas pero bestiales peleas raciales deja al lector con mal cuerpo, encantado de estar ante una prosa tan valiente pero asqueado de lo que lee. Porque sabe que es verdad.

 

En Huida del corredor de la muerte, su obra póstuma (Sajalín, traducción de Zulema Couso), se repite este esquema y se subraya especialmente una idea que está en toda la obra de Bunker: la reinserción no es posible, el sistema no reforma, no ayuda, sólo destruye. El corredor de la muerte, uno los seis relatos íntegros que su agente encontró tras su fallecimiento, es una suerte de El proceso actualizado en el que ves cómo un joven negro se encuentra atrapado hasta el fin por un sistema que no tiene ningún interés por la verdad. La casa de Drácula tiene como protagonista a Troy Cameron, al que hemos visto en Perro come perro y que está aquí sumido en un relato escalofriante y oscuro sobre la vida cotidiana y la muerte en el presidio.

Precisamente, Perro no come a perro tiene uno de los inicios más salvajes que recuerdo. Gerald McCain, alias Mad Dog, se está chutando a muerte toda la coca que encuentra en su pordiosero piso. Es un maleante, un chalado que hace honor a su apodo y la violencia que se desata en esa casa deja al lector ojiplático. Y eso sólo el inicio de un relato sobre la brutalidad criminal, lleno de violencia nada gratuita, secuestros y víctimas inocentes y con la figura de Troy Cameron como príncipe del crimen devorando toda la escena.

Brutalidad nada redentora

Les dejo un fragmento de La fábrica de animales que lo dice todo.

“Hace un año, la idea de causar daño físico a alguien, de herirlo gravemente, me producía repulsa. Pero después de vivir un año en un mundo en el que nadie dice nunca que matar esté mal, un lugar en el que prevalece la ley de la selva, me veo capaz de contemplar el ejercicio de la violencia sin perder siquiera la calma. La gente lleva miles de años matándose entre sí. Cuando yo vendía marihuana compartía básicamente los valores de esta sociedad, el bien y el mal, lo justo y lo injusto. La cárcel es una fábrica que produce animales humanos. Lo más probable es que salgas peor de lo que entras”.

Sí, lo sé, en la cárcel hay desgraciados que se merecen lo peor y sinceramente yo espero que reciban su castigo. También es verdad que esto está escrito en los setenta y habla de un sistema que ha mejorado. Pero, ¿ha mejorado como para que esta crítica no tenga su valor? Y no se olviden de la calidad literaria, que Bunker sabía escribir y hay mucho más que un testimonio visceral en sus obras.

Sus libros han sido adaptados al cine (Steve Buscemi dirigió Animal Factory y No hay bestia tan feroz se transformó en Libertad condicional, protagonizada por Dustin Hoffman), asesoró a Michael Mann en Heat. Y, sí, es Mr Blue en Reservoir Dogs, la película que lanzó a la fama a Quentin Tarantino. Me imagino lo que disfrutó en ese papel, lo paradójico que tuvo que ser para él, el gustazo que le daría pensar en el careto de los responsables de San Quintín y Folsom cuando vieran a su ilustre recluso, rehabilitado, famoso, interpretando a un criminal. La vida es grande. Vive le noir!

 

Hay 11 Comentarios

Hola, Galindo (suena a nombre de detective o investigador). Gracias mil también por esta entrada. Otra vez andaba buscando otra cosa (como muchas otras veces que he llegado a este sitio), justo ahora que acaban de destapar en Alemania que el Mundial del 2006 fue comprado. Y también justo este año ha aparecido con fuerza un nuevo verbo en este país: volkswaguenear. Cuando no resulta algo o piensas que no te va a resultar, en vez de adaptarte a la realidad, ¡adaptas la realidad a tus deseos y la volkswagueneas! Saludos desde Colonia.
https://hjorgev.wordpress.com/

El título en el que menciona el autor que aparece Troy Cameron "Perro no come a perro" en realidad se titula "Perro come perro".

Muy interesante. Pocos saben que en realidad la prisión, tal como la conocemos ahora, data del siglo XVIII-XIX, y es un modelo extrapolado al resto de la sociedad, en especial al trabajo.


http://laproadelargo.blogspot.com.es/2013/08/para-la-libertad-i-libertad-para.html

Creo que debería citarse su papel relevante como actor, y no como mero figurante (como es el caso de Reservoir Dogs), en la que es, en mi opinión, una de las mejores películas carcelarias de la historia: "El Tren del Infierno," de Andrei Konchalovski (con guión de Akira Kurosawa). Está fantástico en su papel de gran amigo de John Voight. Más allá de eso, la película, aunque él no interviniera en el guión, refleja fielmente su pensamiento alrededor del sistema carcelario y la imposibilidad de la redención. No os la perdáis.

A vosotros, y enhorabuena por el artículo

Cierto, Gonzalo. Muchas gracias por el aviso y disculpen por el error.

Jean Genet. Aunque los malditos de antes eran mas malditos. La pasta lo ha estropeado todo.

Leí la Educación cuando lo sacó la editorial Alba. Extraordinaria de principio a fin. Su autodidactismo y su voluntad férrea de convertirse en escritor me recordaron por momentos a Bukowski. Muy recomendable cualquiera de sus libros.

¿Y qué decir de su papel en "Runaway Train" junto al excelso Jon Voight? Y su brillante guión (adaptación a su propio mundo del original de Akira Kurosawa), mención aparte del paradigmático fragmento de Ricardo III "No hay bestia tan feroz".

Bunker falleció en 2005 y no en 2003 como se dice en el artículo.

Interesante artículo.

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