Cumpleaños bajo la amenza "warbee" en BCNegra

Por: | 06 de febrero de 2016

 

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Donna Leon

Llegamos a la última tarde de esta edición de BCNegra. La sede se ha trasladado unos metros al norte del Conservatorio del Liceo y es la sala Barts donde se celebran las mesas del día de hoy. Me gusta ver cómo se abren las puertas del recinto y se va llenando. Tan rojo. Desde el cartel y las butacas hasta el telón teatral y el terciopelo de las paredes. Para ponerse negro.

Algunos de los autores invitados a BCNegra encontraron, días atrás, una pregunta en la bandeja de entrada de su correo. Muy comprometida. Personal. Por seguridad, dicha cuestión no será desvelada, ya lo dije. Lo sigo manteniendo. Esta vez con premio, porque parece que la pregunta le ha picado a más de uno de nuestros queridos autores; uno nos cede dos respuestas (bien!) y otra un monólogo interior. La magia de no saber. De eso se trata.

Como cada día, las respuestas al final de esta crónica. Pueden leer aquí el resto de las crónicas de BCNegra.

 

Yonquis de la provenza, la justicia y Gaudeamus

 

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De izquierda a derecha, Ernesto Mallo, Mikel Santiago, José Luis Correa y Rosa Ribas

 

Rosa Ribas da la bienvenida a Mikel Santiago, Ernesto Mallo y José Luis Correa. Y hace la comparativa entre los autores invitados y diferentes platos de comida para explicar la cara que se le quedó al leer el título de la mesa, compuesto por los títulos de las novelas de las que vamos a hablar. Dice que fue como llegar a casa, siendo niña, y “que tu madre te diga que hay judías verdes con patatas para comer”; “pero estos autores no son judías verdes”.

Hace hincapié en la multidisciplina común que caracteriza a los autores presentes, ya que han escrito guión, desarrollado proyectos de dramaturgia, además de dedicarse a la enseñanza universitaria, en el caso de José Luis.

Rosa cree que leer un fragmento de las novelas es el modo en que el lector se acerca al autor si la separación son varias líneas de butaca, y pide a los presentes hacerlo con cada uno de sus libros; “nos va a permitir escuchar tres voces totalmente diferentes, a pesar que Paco Camarasa me quiso degollar cuando le transmití la idea.”

Comienza Ernesto, con un fragmento al que ejerce una dicción especial, porque el párrafo o es: lo ha escogido porque en él no aparecen puntos o comas que delimiten el principio, pausa o final de cada frase. También porque habla de amor, ese amor sexual que “por supuesto conocemos por los libros”;  y “con la esperanza de poner al público un poco cachondo y tengan fiesta en casa”.

Mikel ha optado por una lectura muy corta. Y explica que es muy representativa de lo que van a encontrar en la novela. El libro trata de algo que le ocurre a la gran mayoría de los autores: fantasear con lo que puede estar ocurriendo detrás de las paredes de una casa. No parar de hacerlo (casi) nunca. Una lectura que deja entrever que, quizás, estemos ante un autor bastante canalla y que nos lo hará pasar "bienmal".

Correa lee un fragmento de Mientras seamos jóvenes (Alba), donde el investigador de su novela siente la congoja posterior a un interrogatorio, “qué pena de investigador, no?”; por eso el autor asegura que sus novelas son “grises. De un gris, más bien, marengo”.  Y escuchamos una lectura muy descriptiva y que, pese a su extensión limitada, consigue transmitir la sensación del protagonista. Deja, esta lectura, suspendida en el aire la pregunta que su propio protagonista tiene en la cabeza. La respuesta, en el interior de la novela.

Rosa insta a los invitados a entrar un poco más en cada una de las novelas. Pregunta a Mallo por la recuperación de Lascano en la precuela que es La conspiración de los mediocres (Siruela), y es fácil: “el personaje se me puso viejito” y no le daba la trama en un geriátrico, claro. También por hablar de la metodología de secuestro-tortura-muerte, utilizada por los militares durante la dictadura, añadiendo al proceso la desaparición del cuerpo. Es un momento que Mallo vivió con gran intensidad, participando en la resistencia y pagando su precio, así que le pareció interesante ver a Lascano en la época. Ernesto asegura sentir cariño por él, “es un tipo justo y trata de hacer lo mejor; es compasivo y al mismo tiempo tiene una carga de violencia importante que solo utiliza como último recurso.”. 

El primer Ricardo Blanco, personaje de la serie de Correa, era muy americano y lo utilizó como un divertimento personal, también como homenaje al cine negro. “El tipo ha ido creciendo y ahora está deprimido porque está a punto de cumplir 60 años y no lo lleva muy bien.”. “Pasamos mucho tiempo juntos y la gente me pregunta si le voy a matar”, asegura Correa. “Le doy las vidas que yo no puedo tener”. Es un ejercicio que da para profundizar mucho en el personaje. Confiesa haber cometido “el error de elegir un detective, porque no vale para nada en España. No puede investigar nada con sangre”, y en todas las novelas se ve obligado a justificar su presencia. 

 

Mixviernes
Mikel Santiago, José Luis Correa y Ernesto Mallo

 

El protagonista de El mal camino (Ediciones B), de Santiago, es muy imaginativo y se pasa media vida pensando en lo que va a ocurrir. En su primera novela, Mikel optó por un compositor de bandas sonoras. Al enfrentarse a El mal camino, y porque cada vez que comienza una novela necesita crear nuevos personajes, puso a su protagonista a escribir. Le atrajo ponerse en el pellejo de su profesión caricaturizada. Escribe en primera persona para guiar la acción y un personaje metafísico no le vale para que pierda, fácilmente, la cabeza. Y comparte con nosotros el primer título de esta novela “Yonquis en la Provenza”, que rápidamente su editora modificó. Lo dice entre risas y  aceptando la dificultad que le supone encontrar buenos títulos.

 

Cumpleaños feliz

 

Estamos de celebración. Y como maestros de ceremonia, suben al escenario del Barts Paco Camarasa y Juan Carlos Galindo. El segundo describe a Beck como un individuo de apariencia siniestra, flemático, retraído, no especialmente atractivo, al que no le gustan las armas y tiene una mujer que es un coñazo. Es decir, no es un tío al que uno se quiera acercar. Aún así, son esas características las que hacen que el personaje se quede en uno.

 

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De izquierda a derecha, Paco Camarasa y Juan Carlos Galindo

Martin, que cumple 50 años, tiene ojos tristes y grises, fuma mucho y come mal. Es habitual que pasee enfermo por las páginas, siempre le pasa algo. Casi siempre trabaja solo, pero a lo largo de las novelas, se ha ido acompañando de diversos compañeros: Lennart Kollberg, socialista y antiviolencia; el ex-militar Gunvald; Los policías metepatas Kvant y Kristiansson; o el prodigio de la memoria Fredrik Melander. 

Juan Carlos y Paco diseccionan los entresijos, que tanto conocen, de las ediciones posteriores de RBA, y destacan los acertados prólogos que ha añadido.

Los creadores de Martin Beck fueron los pioneros en lanzar grandes críticas a la sociedad sueca y no se despeinan al quejarse, explícitamente, de la sanidad, la ubicación de un aeropuerto o desmantelar la felicidad mentirosa de sus rubios y rubias. Y Juan Carlos sonríe mientras piensa en alto la posibilidad de estar en su cocina y ver cómo hubieran discutido respecto a la próxima embestida.

Ambos hablan de dos virtudes buenísimas del homenajeado de hoy: le molesta mucho que algo no case, siendo incapaz de dejar los casos abiertos, y es muy buen interrogador; excusa que utilizan los autores para introducir los diálogos. En estos interrogatorios, asegura Galindo, se leen maravillas. Y recuerda el humor ácido, y pionero en novela negra, que utilizan, hablando de una escena de Asesino de policías donde los arenques, exquisitos eso sí, de un supuesto pervertido sexual son más importantes que su culpabilidad.

La conclusión en esta mesa es, desde luego, que Martin Beck fue el medio conductor perfecto, que sirvió a Maj Sjöwall y Per Wahlöö para hablar de la Suecia de verdad; también el resultado pionero de la técnica a cuatro manos, la crítica de un sistema que se pudre y la denuncia ecológica, utilizada por compatriotas y extendida fuera de frontera, como es el caso contemporáneo y tan actual de Donna Leon, próxima mesa de esta última tarde de BCNegra.

 

WarBee

 

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De izquierda a derecha, Donna Leon y Rosa Mora

La periodista que entrevistó hace 15 años a la última invitada de esta tarde es Rosa Mora. Ha regresado a Barcelona para volverlo a hacer. Se sienta a la izquierda de la autora para preguntar y saber y seguir preguntando. Frente a ella, Paco Camarasa. Y frente a los tres, una sala abarrotada para escuchar qué de nuevo tiene que decir la dama defensora de la tierra.

Ya dijimos que aprovechó la entrega del Premio Carvalho para hacer saber del peligro que corre Barcelona de caer en las mismas redes turísticas que Venecia, lugar de residencia de Leon. Del warning que, asegura, hay que tener con respecto al turismo. La charla, de hecho, comienza con Paco y Donna portando una pistola imaginaria y apuntando a turistas. Tambien imaginarios.

La conversación gira en torno a su personaje Brunetti, mientras las abejas también empiezan a  revolotear por allí. Un primer aguijón al que Donna “escapa” diciendo “no me tires de la lengua, no me hagas hablar de las abejas”. Y Mora reconduce la entrevista por otro lado más amable, más de amor y sin picaduras: quiere saber si Brunetti tendrá un affair con su compañera en algún momento de las próximas novelas. La respuesta es un rotundo “no” de Leon sin palabras. Porque su cara lo dice todo. Bueno, sí hubo palabras: “no, no, no”.

Se habla, inevitablemente, de la denuncia social a la que Donna imprime tanta energía: la ecología que, ya desde hace algunas novelas, introduce en sus tramas. También hay música en la conversación: Donna confiesa amar la ópera. Con vicio y sintiendo la necesidad. Tanta, que dice sentir muchas más cosas con esta disciplina musical que con cualquier otro arte. Admira a las soprano y habla de ellas como seres mágicos a las que sólo puede agradecer.

Y las abejas.

05Rosa Mora retoma, valiente, el tema y Donna accede a contar lo que a media entrevista se quedó, nunca mejor dicho, en el aire. Es increíble la capacidad oratoria que tiene la autora para hacerse con un auditorio entero y que no se oiga una mosca. Y no es chiste. Los asistentes salimos de la Sala Barts con conocimientos avanzados respecto de las colmenas, la organización de la comunidad de las abejas y ese extraño mecanismo de alimentar y cuidar a la reina antes y mientras pone los millones de huevos que tiene que poner. Luego muere. Todos mueren.

Ahora sí. Los valientes de hoy; las respuestas a la pregunta que no puede ser mencionada ni escrita:

Elena Torres: Nuestra protagonista ha hecho de su casa en Llancá su refugio, el lugar necesario para encontrar el equilibrio preciso para seguir con su vida, el escenario donde mantiene a raya sus miedos, sus pesadillas y sus demonios. Porque, en definitiva, la tranquilidad, la serenidad es una estado de ánimo que, teóricamente y entre otros factores, te puede proporcionar un lugar del que guardas recuerdos que son reconfortantes, un espacio donde aún percibes la presencia de todos los que te amaron y protegieron. Pero el miedo también.

Carlos Salem: ”Mis novelas  casi siempre terminan bien, porque la vida escribe unos finales de mierda”

Carles Quilez: “…y a ti qué coño te importa”

José Luis Correa: “La muerte de mi padre, cuando yo contaba 18 años, quizá explica mi apego por historias en las que la muerte está presente de una manera u otra. Por supuesto que murió de viejo y no como resultado a un acto violento pero para mí significó una pregunta para la que aún, treinta y cinco años después, busco respuestas”

Mikel Santiago:"Enterrado en un lugar donde pasaba los veranos, de niño. Tengo incluso un mapa"

Rosa Ribas: Ya sé que no será posible. Cada vez que hago las cuentas, me convenzo. La pila de la izquierda, la de la mano de escribir, es como una hidra, terminas una y se te ocurren dos o tres. La otra, la innombrable, pues… no sé. Quince, veinte. ¿Veinticinco? Sí treinta, son 82. ¿De verdad? ¿Tantos? Siguen siendo pocos e insuficientes. Así es, pero trabajar significa que no es así, que el tiempo bastará. Mejor dicho, hacer que crees que el tiempo bastará”

Pere Cervantes: “El reconocimiento de los demás, individualizado, no corporativo y el que te miren con una mirada libre de prejuicios”. “Sí, mañana mismo lo dejaría”

 

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