Ellas Ganan

Sobre el blog

Los Juegos de Londres 2012 fueron los de las mujeres. Por primera vez prácticamente todas las delegaciones enviaron competidoras y las españolas brillaron más que nunca. 11 de las 17 medallas olímpicas de la selección tenían su sello, reflejo de una realidad imparable: el deporte femenino, aunque marginal en muchos casos, es una realidad.

Envía tus sugerencias a: ellasganan@elpais.es.

Sobre la autora

Amaya Iríbar

. Redactora de Deportes desde 2007, antes en Sociedad y Negocios. Escribo de pequeños deportes y del negocio del fútbol y estuve en el equipo de redactores en los Juegos de Londres.

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La doble oportunidad

Por: | 29 de octubre de 2013

Cuando en la sección de Deportes nos planteamos hacer un blog de deporte femenino y mi jefe me pidió que lo coordinara, me puse dos condiciones a mí misma (a mi jefe no puedo ponérselas): que no convertiría el blog en un enorme saco sin fondo para todas aquellas noticias de deporte que protagonizaban mujeres y que no llegaban a publicarse en la sección por diferentes razones y que abriría este espacio a todos mis colegas de sección, muchos de ellos acostumbrados desde hace más tiempo que yo a escribir este tipo de historias.

Lo que sigue es la primera de estas colaboraciones. Se la he pedido a FAUSTINO SÁEZ, uno de nuestros especialistas en baloncesto, porque entre las noticias positivas del verano ha estado el  oro europeo de las chicas frente a Francia. Es la historia de un éxito, pero también de dos estrellas, Amaya Valdemoro y Elisa Aguilar, y de un grupo de ganadoras que han tenido que elegir en muchos casos el camino del exilio.

Ahí va.

España es el único país que ha subido a los ocho podios de los Europeos de baloncesto disputados este pasado verano con un sobresaliente balance de cinco medallas de oro –las cuatro femeninas (en categoría absoluta, sub20, sub18 y sub16) y la del sub16 masculino- y tres de bronce masculinas (absoluta, sub20 y sub18). Abundancia de metales preciosos forjados en tiempos de crisis y emigración.

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Amaya Valdemoro con la copa de campeonas de Europa. / EFE

El prolífico camino comenzó con la conquista de las chicas dirigidas por Lucas Mondelo, que se proclamaron campeonas de Europa en categoría absoluta en Francia frente a la selección anfitriona. Ocho de las 12 jugadoras de aquel equipo desarrollaban su profesión en el extranjero en una proporción que crece cada año por efectos de la crisis. Llegaban desde Moscú, Polkowice, Ekaterimburgo, Cracovia, Gyor o Estambul y haciendo virtud del desarraigo devolvieron al baloncesto femenino a la élite tras su ausencia en los Juegos de Londres. “Cuando yo empecé en la selección, hace 20 años, no había nadie fuera. Ahora es algo normal y las jugadoras que siguen en España suelen pedir consejo y preguntan por la experiencia porque salir lo ven como una alternativa más para jugar en las ligas más competitivas, conocer otras culturas y aprender idiomas”, cuenta Elisa Aguilar, capitana de aquel grupo junto a Amaya Valdemoro y presidenta de la Asociación de Jugadoras. La crisis ha difuminado las fronteras y las mejores jugadoras salen en busca de los grandes contratos que ya no existen en la Liga española, que ha perdido pujanza y equipos, fundamentalmente desde la caída en 2012 del gigante, Ros Casares, que llegó a alcanzar los siete millones de euros de presupuesto aquel año (más que el de una docena de equipos de la ACB).

Silviadominguez
Silvia Domínguez, con el número 6, celebra la Euroliga con el Ekaterimburgo.

“La Liga española ahora está llena de jugadoras jóvenes”, prosigue Aguilar. “Es una doble oportunidad. La salida de las nacionales de primer nivel les hace madurar entre las mejores del mundo y permite a las chicas que vienen por detrás ocupar su hueco mucho antes que en otras épocas. Juegan minutos, cogen confianza y se hacen un nombre. Las dos cosas repercuten positivamente en la selección”. Las plantillas se completan ahora con cinco y hasta seis jugadoras júniors que compaginan la competición con los estudios, “el salario medio de las profesionales ronda los 50.000 euros anuales y la nómina de los fichajes extranjeros se cifra en torno a los 100.000 euros más la vivienda”, reconocía el curso pasado José Luis Pérez Cerceda, presidente del Rivas Ecópolis, el único club junto al Perfumerías Avenida que se acerca al millón de euros de presupuesto. Parámetros incapaces de competir con el vigor de los presupuestos de clubes rusos o turcos. “Nuestra Liga ahora es distinta, quizá con extranjeras de menor nivel, pero más igualada”.

“Hemos sabido adaptarnos a las circunstancias y la fórmula funciona. Somos la envidia. Hay más dinero en otros sitios pero con talento, carácter y trabajo se alcanzan grandes logros. En la selección se ha sabido crear una química que nos convierte en una familia más que en un equipo. Esto se vive desde las categorías inferiores y te da un plus que sale en los momentos importantes”, analiza Aguilar, que elogia la “implicación y el compromiso” de las jugadoras que acuden a la selección: “Ahora cuando se juntan tienen más ganas de España”.

El baloncesto es el deporte con más licencias femeninas en España (142.923, casi el 20% del total) a gran distancia del golf (segundo deporte con 95.034) y con más del triple que el fútbol (39.023). Coincidiendo con los triunfos de la selección, se ha producido además un crecimiento del 38% (39.550 licencias más que en 2006) en los últimos siete años, periodo en el que las selecciones femeninas han logrado más de 30 medallas en todas sus categorías. “La Federación trabaja de forma extraordinaria la formación y la detección de talento [Ocho millones de inversión en el baloncesto femenino en los últimos dos años]. Ahí están los resultados del método FEB. Pero los clubes son los que están en el día a día y hay grandes profesionales que, en tiempos complicados, están sacando adelante generaciones muy prometedoras. Se complementan perfectamente”, añade Aguilar. Un talento que ha ganado la partida a genéticas más altas y fuertes y que se exporta en un viaje circular que revierte sobre la selección. En la temporada 2012-13 hasta 23 jugadoras españolas militaron en equipos extranjeros, incluidos equipos de la NCAA. Emigrantes y canteranas que convirtieron en oro todo lo que tocaron el pasado verano y que, paradójico trampolín, han hecho de la crisis una doble oportunidad para desarrollar su genialidad.

Un pequeño homenaje

Por: | 25 de octubre de 2013

Junto a las tortugas y las plantas exóticas del jardín de la estación de Atocha,en Madrid, sacan la cabeza estos días Amaya Valdemoro, Gemma Mengual, Ruth Beitia, Mireia Belmonte, y otras 65 de las mejores deportistas españolas. Es la exposición fotográfica que ha organizado el Instituto de la Mujer, con el apoyo del Consejo Superior de Deportes y del Comité Olímpico Español (COE) para reconocer la trayectoria de estas mujeres y, de paso, dar visibilidad a unas estrellas que muchas veces son meras desconocidas. Siempre Adelante es su título. 

Por la estación madrileña pasan cada día miles de personas, aunque son pocas las que se detienen ante las fotografías. Si lo hicieran la primera que verían sería la de Coral Bistuer, que logró el primer oro olímpico del taekwondo español, aunque este era todavía deporte de exhibición, en Barcelona 1992.

Es bonito que el recorrido empiece con una foto de los Juegos de Barcelona porque esa fue la marmita en la que se cocinaron los éxitos posteriores de las españolas. Hasta ese momento, las mujeres habían sido poco más que una anécdota en la delegación española: tras las pioneras, esas cuatro tenistas de París 1924, hubo un páramo que se prolongó hasta Roma 1960 (11 españolas en un equipo que superaba el centenar). Y siguió siendo casi testimonial en los siguientes Juegos: tres féminas en Tokio 64, dos en México 68, cuatro en Múnich 72… Hasta Barcelona 92, solo Los Ángeles 84 (16 mujeres) y, sobre todo, Seúl 88 (30) anunciaron la explosión del deporte que vendría después y que se confirmó en Londres 2012, donde las chicas supusieron en torno al 40% de los españoles en competición.

Porque en Barcelona no solo hubo muchas mujeres, es que unas pocas, las que mejores resultados lograron, rompieron también la barrera de la invisibilidad y tuvieron, al menos, su minuto de gloria y algunas algo más. Como Miriam Blasco (oro en yudo),  Theresa Zabell (en vela con su compañera Patricia Guerra), Carolina Pascual (plata en rítmica) o las chicas del hockey (oro).

La exposición, más bien modesta, acorde con estos tiempos de crisis, empieza un par de años antes y llega hasta nuestros días. Hasta Mireia Belmonte y la taekwondista Brigitte Yagüe, medallistas en Londres 2012. El catálogo de la muestra recoge las fotografías de las 69 escogidas y una pequeña entrevista con cada una de ellas, así como sus resultados y alguna que otra curiosidad. Como que la piragüista Beatriz Manchón y la gimnasta Patricia Moreno, bronce en suelo en Atenas 2004, coinciden en película favorita, que es La vida es bella. O que el libro de Carlota Ziganda es Sirve Nadal, responde Sócrates. Y que la mayoria de estas mujeres, en activo o retiradas, no entiende la vida sin el deporte.

Yague
Brigitte Yagüe con la plata olímpica de Londres 2012. / REUTERS

Pero las fotografías no solo son un reconocimiento al éxito, a los resultados. Es también un homenaje al esfuerzo de otras muchas mujeres que además de ganar rompieron barreras. Como Laia Sanz (trial),  Ana Carrasco (motociclismo) o la recientemente fallecida María de Villota, que se empeñaron en brillar en pruebas de las llamadas masculinas;  como Marisol Casado (miembro del Comité Olímpico Internaciona) que se empeñó en demostrar que las mujeres también podían dirigir federaciones;  Teresa Perales (nadadora paralímpica) o Marisa Villa (juez de línea de Segunda División). Hasta Marta Domínguez, envuelta en una polémica por un supuesto dopaje, tiene, sorprendentemente, su espacio. 

La mayoría de los viajeros pasan de largo, pero ahí está un trocito de la historia del deporte español. El homenaje es merecido. La exposición se levanta el domingo.

Estrellas del agua

Por: | 22 de octubre de 2013

Hay deportes de los que solos nos acordamos cada cuatro años, cuando se celebran los Juegos Olímpicos, o de Mundial en Mundial. Es el caso de la natación. El Mundial de Barcelona constató el verano pasado que las nadadoras españolas están muy por delante de sus compañeros en resultados porque lograron las cuatro medallas (y el oro en waterpolo y las de la sincro, pero esa es otra historia) de la piscina y un puñado más de finalistas. Aunque lejos de los focos, la vida de las dos protagonistas de aquellos éxitos sigue, y las medallas también: Mireia Belmonte y Melani Costa están de gira.

El motivo es la Copa del Mundo que la Federación Internacional de Natación celebra desde finales de los años 80 y que se ha convertido en una oportunidad para que los nadadores mantengan el estado de forma, la motivación y ganen dinero. Y la imagen que ha dejado este fin de semana es la de Raúl (sí, el exmadridista) posando junto a las dos mejores nadadoras de España en la piscina de Doha y el secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, que la UCAM, la universidad que patrocina a Belmonte, colgó en Twitter.

Mireia

Antes de esa foto Melani Costa se había colgado el oro en los 400m libre y Mireia Belmonte las platas de esa misma prueba, de los 400m estilos y de los 200m mariposa. Al día siguiente, Mireia se colgaría un nuevo bronce en 400m estilos y Melani, el oro en 400m libre. Son las últimas medallas de un campeonato que se disputa en piscina corta (25m), que empezó en agosto, tan solo una semana después de que acabara el Mundial, en Eidhoven (Holanda), que ha cubierto ya cinco de sus ocho etapas, y que terminará el 14 de noviembre en Pekín.

No es la primera vez que las nadadoras españolas participan en este circuito. Pero esta temporada les esta yendo de maravilla: Mireia Belmonte acumula 11 medallas y dos récords del mundo y Melani Costa se ha colgado otras ocho medallas. Ambas han nadado en Eindhoven, Berlín, Moscú, Dubái y Doha y aún les queda darse una vuelta por Asia: Singapur, Tokio y Pekín.

Melani
Melani Costa tras ganar los 400m libre de Doha. /Ali Haider (EFE)

Este tour agotador tiene sus compensaciones y no solo deportivas, también económicas. El oro se paga a 1.500 dólares (casi 1.100 euros), la plata a 1.000 (732 euros) y el bronce a 500 (366). Solo por sus medallas Costa se ha ganado 8.500 dólares (más de 6.200 euros) y Belmonte 11.500 (más de 8.400). Los organizadores dan premios adicionales a los mejores de las distintas mangas y la catalana se ha asegurado otros 25.000 dólares (casi 18.300 euros) porque fue la segunda en los dos primeros torneos. Son cantidades nada desdeñables para unas deportistas que suelen vivir de la beca ADO y de un par de patrocinadores.La reina del torneo es por ahora la húngara Hosszu, que acumula 140.000 dólares, pero Belmonte va camino de consolidarse como la segunda.

Pero no todo es dinero. La competición mantiene a las dos españolas en el escaparate de la mejor natación mundial y, subrayan en la federación, no interfiere con su preparación. Al contrario, les sirve de puesta a punto para futuros retos. Por primera, dos españolas formarán parte de la selección europea que se enfrentará a la de Estados Unidos en diciembre. Dos mujeres.

Niñas y campeonas

Por: | 15 de octubre de 2013

Este fin de semana han sido protagonistas dos chicas, casi niñas. Se trata de Iris Juno Mbulito, que ha debutado en la Liga de baloncesto rompiendo el récord de precocidad de Ricky Rubio, y Ana Carrasco, la primera española en puntuar en un Mundial de motociclismo. Les une una precocidad casi insultante pues tienen 14 y 16 años, respectivamente. Y que parecen felices, como si hubiesen alcanzado una meta.

Son casos llamativos, pero cada vez más comunes en el deporte de élite. Hace unos años fue Tom Daley el que se llevó todos los titulares al proclamarse campeón de Europa de saltos con 13 años. Este verano, la nadadora Katie Ledecky, quien confirmó, con cuatro medallas mundiales, el oro olímpico que logró con una superioridad aplastante a los 15.

La precocidad suele ser llamativa y, a veces, polémica. Sobre todo si se trata de deportes que obligan a largas horas de entrenamiento y, aún más, si su protagonista es una niña. Es lo que ocurrió a finales del año pasado con las hermanas Kaytlynn y Heather Welsch, que saltaron a las páginas del New York Times tras especializarse en carreras de resistencia con 10 y 12 años. O lo que pasa cada cierto con la gimnasia.


Desde que Nadia Comaneci asombrara al mundo en Montreal 76, cuando solo tenía 14 años y fue capaz de lograr lo que ningún hombre había conseguido, el primer 10,00, la perfección, son  habituales las niñas campeonas. Simone Biles, la nueva campeona del mundo, es el último ejemplo: tiene 16 años, pero empezó a tontear con  la gimnasia cuando solo tenía seis años. Su página web asegura que se entrena unas 30 horas semanales.

Gimnstas
Simone Biles, en el centro, con el oro mundial de gimnasia. THIERRY ROGE (EFE)

Lo gracioso es que la gimnasia es de los pocos deportes que, de un tiempo a esta parte, impone una edad mínima para competir, precisamente esos 16 años de Biles. Rafael Nadal tenía un año menos  cuando ganó su primer partido en el circuito y probablemente nadie se llevó las manos a la cabeza.

La precocidad es un hecho en el deporte y, según la psicóloga Patricia Ramírez, no distingue entre sexos. Para ella “lo más importante es que el niño (o la niña) no sufra un cambio radical en sus hábitos de vida”, explica por teléfono, “que mantenga a sus amigos, que vaya al colegio, que vea la televisión…, que su vida no solo sea deporte”. Tanto Mbulito como Carrasco siguen estudiando y sus familias parecen apoyarlas en su viaje a la alta competición.

Esa es precisamente una de las recomendaciones que la organización Save the Children hizo en 2008 en su informe Niños en competición. Otras: que no compitan antes de los siete años y que no se entrenen más de tres horas al día.

Ramírez no es muy partidaria de que niños de 12 o 13 años sean tratados por psicólogos deportivos, pero sí apunta algunas recomendaciones: “deben ser conscientes de que lo principal es disfrutar y tienen que  aprender a manejar algunas emociones, a encajar la derrota  y a lidiar con la presión”. Y la presión no viene solo del entorno competitivo en el que se desenvuelven o de los medios que aplauden sus historias sino que a veces procede de los propios padres. La adolescencia suele ser una edad crítica, también para los deportistas. Es cuando pueden detectarse algunos problemas, como la obsesión por el peso o los problemas para conciliar el sueño. 

Pero no todo son peligros. Ramírez también destaca que los pequeños deportistas suelen ser disciplinados, perseverantes y muy organizados con lo que suelen tener un rendimiento escolar alto. La clave está en que sigan disfrutando, del deporte y de la vida. Muchos lo hacen. Pero solo unos pocos, como Juno y Carrasco, consiguen además llegar a la élite.

ENCUESTA: ¿Cree que debería existir una edad mínima para competir?

 

261 razones para correr

Por: | 11 de octubre de 2013

El otro día estuvo en Madrid Kathrine Switzer. A  muchos el nombre no les dirá nada, pero esta mujer rompió una barrera histórica: fue la primera en correr un maratón de forma oficial (se inscribió con las iniciales de su nombre, K. V.) cuando las carreras de fondo estaban prohibidas para las mujeres porque se pensaban cosas tan anacrónicas como que podían afectar a su posibilidad de ser madres. Fue en Boston en 1967 y su dorsal, el 261, se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos de las mujeres en el deporte.

SWITZER
Kathrine Switzer en el maratón de Boston 1967. ASSOCIATED PRESS

En esos momentos la carrera femenina más larga en los Juegos Olímpicos eran los 800m. Aún tendrían que pasar cinco años para que nueve mujeres tomaran la salida oficial en el maratón de Boston y mucho más (hasta 1984) para que la prueba reina del fondo llegara al programa olímpico femenino.  

Switzer es hoy una mujer de 66 años, bellísima y locuaz que sigue corriendo y batallando por las mujeres y que vuelve cada año a Boston a narrar el maratón para una televisión. Es también uno de los ídolos deportivos de un compañero de redacción que pasó el curso pasado con una excedencia en esa ciudad estadounidense. “La primera vez que salí a correr allí”, me contó el martes, “me llamó la atención la cantidad de mujeres que corrían”. Como es un hombre metódico, este compañero empezó a contarlas. “Y siempre me salían más mujeres que hombres”. Y  como además es periodista, pidió datos a la Federación Estadounidense de Atletismo.

Resulta que 11.152 mujeres se inscribieron el año pasado para correr los 42,195 kilómetros de Boston, probablemente el más tradicional de los maratones pues se ha celebrado sin interrupciones desde 1897. Esto supone el 42% de los registrados. 

El informe que me facilitó mi colega, que es de 2012, afirma también que el 53% de las corredoras de fondo (la estadística tiene en cuenta carreras de 5.000 o más metros) que entraron en una meta en Estados Unidos ese año eran mujeres, que ya son mayoría en las carreras de 5 y 10 kilómetros y media maratón, pero que se quedan en el 42% en el maratón.

Pero no solo se está generalizando la presencia de mujeres en estas carreras, es que cada vez hay más pruebas solo femeninas, 200 solo en el país de Switzer.  

En España la tendencia también está en auge. Las carreras de la mujer se han generalizado, hay iniciativas tan espontáneas como mujeres que corren  y el próximo 30 de marzo se celebrará el primer maratón solo femenino: el 261 en Palma de Mallorca que es por otra parte la razón por la que Switzer se pasó por Madrid.

Aunque pueda parecer contradictorio, hay muchas mujeres que prefieren correr en estas pruebas porque van más tranquilas. Decía Switzer el otro día que son buenas para que algunas corredoras ganen seguridad y también para que las que ya la tienen aprendan a competir. Para cada vez más mujeres son también una fiesta, una celebración de que, ahora sí, pueden correr.

Gracias a todas

Por: | 08 de octubre de 2013

Mireia Belmonte, sus medallas y sus récords del mundo. La selección femenina de waterpolo. La de baloncesto. La sincronizada y el conjunto de rítmica. Y si nos remontamos al verano anterior, Brigitte Yagüe, Marina Alabau, Maialen Chourraut, Maider Unda… Son muchas las deportistas españolas que han logrado el éxito y, de un tiempo a esta parte, superan en resultados a sus colegas varones. Pero las mujeres, como en muchos ámbitos de la vida, siempre juegan fuera de casa. Sus éxitos se relativizan, su impacto es casi siempre menor al que logran los hombres.

Hay quien dice que es porque faltan estrellas. Mujeres que, como en su día hiciera Arantxa Sánchez Vicario, movilicen a un país a la hora de animarlas. Que sufran sus derrotas y griten sus triunfos como si fueran propios. Otros aseguran que es un problema económico, que como sus disciplinas suelen mover menos dinero que las masculinas sus resultados generan también  menos expectativas mediáticas.

En este espacio nos da igual la explicación. Creemos que el deporte femenino merece una atención especial simplemente porque genera tantas buenas historias como el masculino. Queremos seguir una realidad que ha crecido de forma imparable en las últimas décadas y que tuvo su punto de inflexión en los Juegos Olímpicos de Londres, cuando España tuvo más éxitos femeninos que masculinos por primera vez y eso que las mujeres eran minoría: 11 de las 17 medallas, 2 de los 3 oros, fueron de ellas, que suponían el 40% de la delegación.

Por eso Ellas ganan es nuestro lema. Pero queremos intentar ir más allá de la victoria. Queremos contar qué distingue a esas mujeres del resto de los deportistas, con qué barreras se encuentran simplemente porque la mayoría de los deportes los inventaron hombres para que fueran jugados por hombres; echar la vista atrás y hablar con las pioneras, con esas mujeres que se empeñaron en ser deportistas cuando tenían todo en contra; y, sobre todo, queremos también que este espacio sea interactivo, que las deportistas, sus entrenadores, familiares y amigos o, simplemente los aficionados, nos cuenten las cosas que les preocupan. Para ello hemos creado una cuenta de correo (ellasganan@elpais.es) a la que pueden dirigirse.

Tal vez llegamos tarde, pero aquí empezamos.

El texto que sigue son las reflexiones de Élida Álfaro Gandarillas,  directora del Seminario Permanente Mujer y Deporte de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Politécnica de Madrid, sobre la irrupción de las mujeres en el deporte.

 

Los éxitos deportivos de las mujeres en los Juegos de Londres 2012, así como la representación femenina en la totalidad de las delegaciones y su presencia como abanderadas en el desfile inaugural, han puesto de manifiesto el importante cambio que se ha producido en el deporte de competición a lo largo del pasado siglo.

Si miramos con la perspectiva del tiempo estos hechos y  analizamos la evolución del deporte olímpico en relación con la participación de las mujeres, podremos comprobar con mayor precisión estos cambios.

En los Juegos Olímpicos antiguos sólo podían participar los hombres. Las mujeres podían ser espectadoras pero en una grada separada y, a partir de los XXXII  Juegos, se prohibió la entrada a las mujeres casadas porque los hombres corrían desnudos. Las imágenes historiográficas de las sacerdotisas encendiendo el fuego sagrado o coronando a los campeones ponen de manifiesto la relación de las mujeres con el deporte en la Grecia clásica.

Comaneci
Nadia Comaneci en los Juegos de Montreal 76. AEP

Cuando el Barón Pierre de Coubertin reinicia los Juegos Olímpicos a las puertas del siglo XX, no concibe como posible la participación femenina en las competiciones y dice: “La mujer en los Juegos... Impracticable, carente de interés, antiestético e incorrecto. La concepción de los Juegos tiene que responder a la exaltación periódica y solemne del atletismo, la lealtad como medio, el arte como marco y los aplausos femeninos como recompensa”.

Sin embargo, en respuesta a estas injustas y discriminatorias palabras, las mujeres han ido introduciéndose lenta y paulatinamente en el olimpismo y, aunque todavía no se ha conseguido la igualdad  total, la participación femenina está  hoy en día prácticamente equiparada a la masculina y sus éxitos, globalmente, se pueden considerar iguales o incluso superiores a los de los hombres.

Llegar a esta situación, no ha sido tarea fácil. Tras una primera aparición en París 1900, tan sólo con dos participantes en dos deportes, hípica y tenis, y ante la intransigencia de Coubertin para incluirlas en los Juegos, su compatriota Alice Milliat decide crear la Federación Internacional Deportiva Femenina en 1921, al amparo de la cual se organizan unos Juegos Mundiales Femeninos en Gotemburgo y París, obligando, finalmente, al Comité Olímpico Internacional a claudicar y permitir su participación abierta en las competiciones.

A partir de ese momento la presencia femenina en las competiciones olímpicas y en el deporte de alta competición se ha ido convirtiendo en una realidad que ha llevado a las mujeres de la ausencia total (Atenas 1896), a una participación del 45% en los últimos Juegos (Londres 2012). Además, de las dos pruebas con las que se inició su presencia en el olimpismo moderno (París 1900),  han pasado a competir en la mayoría de los deportes: sobre un total de 302 pruebas incluidas en el programa olímpico, 127 han sido femeninas, 167 masculinas, 2 mixtas y  6 indistintas.

En España, aunque esta evolución fue muy lenta hasta los Barcelona 92, en los 40 años transcurridos desde entonces nuestras deportistas  han sido capaces de situarse internacionalmente  en las primeras líneas del deporte de competición. Junto a sus triunfos olímpicos de 2012, obteniendo 11 de las 17 medallas logradas por el equipo español, se suman los logros obtenidos este mismo año: el oro del Europeo de baloncesto, las 40 medallas de los Juegos del Mediterráneo de Mersin (Turquía), el bronce de Ruth Beitia en los Mundiales de atletismo y el oro de waterpolo, las tres medallas de Mireia Belmonte con récords del mundo y la medallas de sincronizada en los Mundiales de natación de Barcelona.

Mireia
Mireia Belmonte tras acabar segunda en 200 mariposa en el Mundial. Michael Dalder (Reuters)

Estos importantes logros, como puede intuirse, afectan a una población femenina  excesivamente minoritaria y, por ello, no pueden esconder las dificultades que todavía tienen muchas mujeres para relacionarse con el deporte. La participación de las mujeres en las actividades físico-deportivas sigue mediatizada por los roles y los estereotipos sociales de género y por el modelo androcéntrico que preside mayoritariamente la sociedad y particularmente el deporte, que ha sido históricamente  un espacio masculino tanto en su práctica como en su gestión.

Sin embargo, es muy importante la contribución del deporte de competición y particularmente la del deporte olímpico por su repercusión mediática, porque es un valioso instrumento para generar modelos sociales adaptados a nuestro tiempo en donde mujeres y hombres participen en igualdad de oportunidades en todos los ámbitos. Las deportistas contribuyen a la creación de un nuevo modelo femenino para las sociedades modernas, exento de los tradicionales estereotipos y tópicos que acompañan tradicionalmente a las mujeres.

Debemos valorar su esfuerzo y la lucha que todavía tienen que mantener para conseguir  las mismas condiciones de trabajo y el mismo reconocimiento deportivo y social que sus compañeros y deben saber que estamos con ellas.

    Desde aquí, quiero darles las gracias.

El País

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