Ellas Ganan

Sobre el blog

Los Juegos de Londres 2012 fueron los de las mujeres. Por primera vez prácticamente todas las delegaciones enviaron competidoras y las españolas brillaron más que nunca. 11 de las 17 medallas olímpicas de la selección tenían su sello, reflejo de una realidad imparable: el deporte femenino, aunque marginal en muchos casos, es una realidad.

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Sobre la autora

Amaya Iríbar

. Redactora de Deportes desde 2007, antes en Sociedad y Negocios. Escribo de pequeños deportes y del negocio del fútbol y estuve en el equipo de redactores en los Juegos de Londres.

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Una atleta atareada y feliz

Por: | 12 de marzo de 2014

Si a mí me preguntaran qué atleta española es la imagen de la felicidad contestaría sin dudarlo: Ruth Beitia. No es porque la cántabra, de 34 años, esté logrando ahora sus mejores resultados, es que siempre ha transmitido un buen humor encomiable. Incluso cuando las cosas no le iban tan bien, ni en la pista ni fuera de ella. 

Ruth Beitia amagó con la retirada después del disgusto de los Juegos de Londres. Se quedó muy cerca del bronce y con 32 años y ya diputada autonómica del Partido Popular parecía un buen momento para decir adiós. Si lo hubo, ese adiós duró muy poco, lo que tardó la lluvia de Santander en aguarle los planes de dedicar su tiempo libre a patinar. Volvió a la pistas y, ya se sabe, desde entonces ha logrado sus mejores resultados: campeona de Europa en pista cubierta el año pasado en Gotemburgo, bronce mundial al aire libre unos meses después en Moscú y otra vez tercera en el Mundial de pista cubierta de este fin de semana en Sopot.

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Ruth Beitia tras ganar el bronce en Sopot. / REUTERS

Pero esta es una historia conocida, porque Beitia es una de las pocas atletas españolas que compite de tú a tú con la élite mundial. La que a mí me interesaba tratar en este espacio es cómo se organiza una mujer que lleva más de media vida compitiendo para seguir entrenándose y cumplir con sus nuevas obligaciones laborales, con los compromisos con el puñado de empresas que la patrocinan, con sus atenciones a los medios de comunicación. Pues como puede.

Hace unos días, cuando se presentó el equipo español que viajaría a Sopot me contaron que Beitia tenía que volver a España el domingo, un día antes que sus 12 compañeros y los entrenadores, porque debía votar en el Parlamento cántabro, donde es diputada desde 2011 y en el que además es secretaria primera.  La mayoría del PP en Cantabria depende de un voto (20 frente a 19 de la oposición).

Así que Beitia cogió un avión por su cuenta (hasta su entrenador Ramón Torralbo se quedó en la ciudad polaca) y aterrizó en Bilbao, donde le esperaba su hermana para acercarla a Santander y una cámara de TVE para celebrar su último éxito. “Estaba rendida”, reconocía el martes en el acto de homenaje que le brindaron en el Consejo Superior de Deportes por su décima medalla internacional.

Me cuentan que Ruth Beitia es una diputada concienzuda que, aunque no tiene mucho peso en las comisiones importantes, no falta a un solo pleno. ¿Y cómo se organiza para seguir rindiendo en la pista? “Es difícil, pero con una buena agenda se consigue”, dice la saltadora cántabra con una sonrisa. “Además tengo muchas horas de gimnasio en el cuerpo y no necesito entrenarme tanto”. Betia se ejercita dos horas diarias, que en ocasiones alarga por deseo propio, porque le ayuda a desconectar de otras preocupaciones: “A veces cuando acabo de trabajar me apetece ir al gimnasio”.

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Beitia con su amuleto en 2005. / EFE

Por ahora el sistema le funciona. Como le funciona su relación con Ramón Torralbo, el hombre tranquilo que ha dirigido su preparación desde que era una niña y que la ayudó a convertirse en una saltadora madura y segura de sí misma, a ella que hace no tanto tiempo necesitaba un peluche para competir. “Este estado de forma tan fantástico es porque un día me di cuenta de que a veces te creas una presión innecesaria y cuando la sueltas mejora mucho el rendimiento”. Así que Beitia no quiere oír hablar por ahora de retirada. “La decisión es día a día”, dice. No importa lo complicado que estos sean.

 

El País

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