Ellas Ganan

Sobre el blog

Los Juegos de Londres 2012 fueron los de las mujeres. Por primera vez prácticamente todas las delegaciones enviaron competidoras y las españolas brillaron más que nunca. 11 de las 17 medallas olímpicas de la selección tenían su sello, reflejo de una realidad imparable: el deporte femenino, aunque marginal en muchos casos, es una realidad.

Envía tus sugerencias a: ellasganan@elpais.es.

Sobre la autora

Amaya Iríbar

. Redactora de Deportes desde 2007, antes en Sociedad y Negocios. Escribo de pequeños deportes y del negocio del fútbol y estuve en el equipo de redactores en los Juegos de Londres.

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Missy es la mejor

Por: | 27 de marzo de 2014

Todo el mundo conoce a Sebastien Vettel, a Rafael Nadal y a Marc Márquez, tres de los galardonados el miércoles con los Laureus del deporte en la lejana Kuala Lumpur. ¿Y a Missy Franklin? Pues mucho menos. Ella es, según estos premios que viene a ser como los óscar del deporte, la mejor deportista del año pasado. Mejor que la mediática Isinbayeva y que la simpática velocista jamaicana Fraser-Pryce, que también estaban entre las candidatas.

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Missy Franklin con su Laureus. GETTY

A Missy Franklin le llaman la Phelps femenina y la apodan Misil Franklin, lo que da idea de que sus fuertes son la velocidad y la potencia. La nadadora estadounidense logró cuatro oros y un bronce en los Juegos de Londres en el verano de 2012, los primeros de su vida, y un año después, en los Mundiales de Barcelona, sumó a su cuenta seis oros más, pleno de victorias en las pruebas que se presentó y un récord para una mujer. Franklin es especialista en pruebas de espalda, pero en la capital catalana añadió un triunfo en 200m libre.

 

Decía Sergi López el verano pasado que, como todos los grandes campeones, Missy Franklin es inexplicable. "Su estilo libre es único. Su brazada, heterodoxa". Tan especial, que sería imposible que otros nadadores intentaran copiarla.

Su cuerpo tiene mucho que ver. Franklin mide 1,85 metros y pesa 75 kilos y tiene brazos largos y piernas potentes como mandan los cánones de la natación moderna. 

Sus padres son canadienses instalados en Estados Unidos y por eso se llegó a publicar que podía elegir representar al vecino del norte. Pero no.

Tras los Juegos Olímpicos Franklin no solo ha aprendido a ganar más y mejor (y a sonreír siempre abiertamente cuando lo consigue) sino que el año pasado cambió de vida. Dejó la casa familiar en Colorado para estudiar y entrenarse en la californiana Universidad de Berkeley.

No debió ser un cambio fácil para una hija única que, según ha declarado en múltiples ocasiones, considera a sus padres “sus mejores amigos” y que dijo a The New York Times que había sido muy difícil admitir que, tal vez, no volvería a vivir nunca con ellos.

Al margen de lo que ya ha conseguido, lo mejor de Franklin, que aún no quiere ni oír hablar de los Juegos de Río pero que sabe que acudirá a sus segundos Juegos con la presión de los campeones,  es que tiene un largo futuro por delante, muchos Mundiales y al menos un par de Juegos porque solo tiene 18 años. Y ya es la mejor deportista mundial del año.

 

 

Las 'three' amigas

Por: | 17 de marzo de 2014

Hace unos meses pedí a Faustino Sáez, uno de nuestros especialistas en baloncesto, que analizara el buen momento de las selecciones femeninas. Ahora es Javier Lafuente a quien recurro para que cuente el papel que han tenido tres futbolistas españolas, con todas las dificultades que supone para una mujer ganarse el sueldo con un balón, en los éxitos del Bristol en Inglaterra. Estas son sus reflexiones:

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Keka Vega, Natalia Pablos y Laura del Río. / @keka20vega

A algunos les sonará por la comedia musical; otros quizás hayan aprendido español con el programa que lleva su nombre, pero Three amigos, amigas en este caso, cobra sentido en Bristol a partir del fútbol. Es el apodo que recibe el combo formado Laura del Río, Natalia Pablos y Keka Vega, las tres jugadoras españolas que lideran al modesto equipo subcampeón de la Copa y de la Liga inglesa. Un trío con mucho bagaje que ahora disfruta de otra forma de concebir el fútbol femenino. Lejos de España, claro.

Fue Laura del Río, una de las jugadoras más importantes que ha dado el fútbol femenino español, la primera en llegar. En 2012, su etapa en el Philadelphia Independence había acabado; también su periplo por Estados Unidos. La idea de regresar a España no pasaba por su cabeza, le picaba la curiosidad de probar en Inglaterra. El Bristol, el equipo más modesto de la incipiente Super Liga (WSL), que afrontar su cuarta temporada después de heredar la Women´s Premier League, tocó a su puerta. De eso hace ya tres años. Del Río se ha convertido en el estandarte del club, subcampeón la temporada pasada. “Es un equipo muy familiar, hasta que llegué yo habían tenido, creo, solo una jugadora holandesa; fui la primera extranjera con bagaje en llegar”, explica desde Inglaterra la jugadora que, con el tiempo, sería la anfitriona de Natalia y Keka.

Natalia Pablos ha decidido esta temporada volver a compaginar la Liga española con la inglesa, que arranca el próximo 17 de abril, con la española, donde ha pasado los primeros cuatro meses del curso, en su Rayo, claro, del que la ariete es algo más que un emblema. La experiencia inglesa le surgió tras un amistoso entre España y Escocia. Su amiga Del Río le comentó que en Bristol andaban buscando a una goleadora y decidió probar. Con las dos allí, la llegada de Keka Vega fue cuestión de meses.

Las diferencias con España resultan, siendo eufemísticos, grandes. Las tres coinciden en señalar que la mayor, a nivel deportivo, es el tipo de fútbol que se practica: el físico y la rapidez priman sobre la técnica, más visible en la Liga española. Es fuera del campo, sin embargo, donde más notables se hacen las diferencias. “A llegar, me sorprendió sobre todo la trascendencia que tiene aquí el fútbol femenino, la cantidad de partidos que retransmiten, el apoyo que las niñas tienen en sus colegios para fomentar que sigan jugando…”, cuenta Natalia. “Sobre todo te llama la atención el crecimiento que está teniendo, en dos o tres años va a ser sin duda la mejor Liga, superará a la sueca”, concede Keka. “Aunque estés en un club humilde, como este, aquí tienes las instalaciones a tu disposición siempre: el gimnasio, el fisio…”,  añade. Todo ello pese a que la WSL se sigue considerando una competición semiprofesional. “Es un calificativo, porque yo aquí me siento como una profesional; prefiero que sea así que no al revés”, comenta Del Río.

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Laura del Río celebra un gol con el Bristol Academy.

El fútbol femenino en España podría sufrir un punto de inflexión a partir del próximo 5 de abril. Si la selección vence ese día a Italia, a domicilio, prácticamente sellaría el pase hacia su primer Mundial. “Sería muy importante para nuestro deporte conseguir la clasificación”, asegura Natalia Pablos, consciente de que sería un paso grande, pero sobre todo simbólico, no definitivo. Laura del Río, sin embargo, no termina de verlo claro. “Me encantaría decir que todo va a cambiar, pero no creo. Seguramente muchas niñas querrán a empezar a jugar, pero, ¿dónde van a hacerlo? ¿dónde van a entrenarse?”.

“Es increíble ver cómo trabajan aquí con la base”, incide Keka Vega: “Las niñas juegan ya desde el college, y, sobre todo, nadie se pregunta por qué juegan al fútbol”, añade la jugadora, que, en sus horas libres, dirige junto a Laura uno de los equipos del Bristol Academy. Algo que anima a Natalia, aunque ahora dedique esas horas que le dejan los entrenamientos, a esforzarse para mejorar su inglés. Una cuenta pendiente en el que sería un nuevo partido juntas de las Three amigas.

Una atleta atareada y feliz

Por: | 12 de marzo de 2014

Si a mí me preguntaran qué atleta española es la imagen de la felicidad contestaría sin dudarlo: Ruth Beitia. No es porque la cántabra, de 34 años, esté logrando ahora sus mejores resultados, es que siempre ha transmitido un buen humor encomiable. Incluso cuando las cosas no le iban tan bien, ni en la pista ni fuera de ella. 

Ruth Beitia amagó con la retirada después del disgusto de los Juegos de Londres. Se quedó muy cerca del bronce y con 32 años y ya diputada autonómica del Partido Popular parecía un buen momento para decir adiós. Si lo hubo, ese adiós duró muy poco, lo que tardó la lluvia de Santander en aguarle los planes de dedicar su tiempo libre a patinar. Volvió a la pistas y, ya se sabe, desde entonces ha logrado sus mejores resultados: campeona de Europa en pista cubierta el año pasado en Gotemburgo, bronce mundial al aire libre unos meses después en Moscú y otra vez tercera en el Mundial de pista cubierta de este fin de semana en Sopot.

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Ruth Beitia tras ganar el bronce en Sopot. / REUTERS

Pero esta es una historia conocida, porque Beitia es una de las pocas atletas españolas que compite de tú a tú con la élite mundial. La que a mí me interesaba tratar en este espacio es cómo se organiza una mujer que lleva más de media vida compitiendo para seguir entrenándose y cumplir con sus nuevas obligaciones laborales, con los compromisos con el puñado de empresas que la patrocinan, con sus atenciones a los medios de comunicación. Pues como puede.

Hace unos días, cuando se presentó el equipo español que viajaría a Sopot me contaron que Beitia tenía que volver a España el domingo, un día antes que sus 12 compañeros y los entrenadores, porque debía votar en el Parlamento cántabro, donde es diputada desde 2011 y en el que además es secretaria primera.  La mayoría del PP en Cantabria depende de un voto (20 frente a 19 de la oposición).

Así que Beitia cogió un avión por su cuenta (hasta su entrenador Ramón Torralbo se quedó en la ciudad polaca) y aterrizó en Bilbao, donde le esperaba su hermana para acercarla a Santander y una cámara de TVE para celebrar su último éxito. “Estaba rendida”, reconocía el martes en el acto de homenaje que le brindaron en el Consejo Superior de Deportes por su décima medalla internacional.

Me cuentan que Ruth Beitia es una diputada concienzuda que, aunque no tiene mucho peso en las comisiones importantes, no falta a un solo pleno. ¿Y cómo se organiza para seguir rindiendo en la pista? “Es difícil, pero con una buena agenda se consigue”, dice la saltadora cántabra con una sonrisa. “Además tengo muchas horas de gimnasio en el cuerpo y no necesito entrenarme tanto”. Betia se ejercita dos horas diarias, que en ocasiones alarga por deseo propio, porque le ayuda a desconectar de otras preocupaciones: “A veces cuando acabo de trabajar me apetece ir al gimnasio”.

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Beitia con su amuleto en 2005. / EFE

Por ahora el sistema le funciona. Como le funciona su relación con Ramón Torralbo, el hombre tranquilo que ha dirigido su preparación desde que era una niña y que la ayudó a convertirse en una saltadora madura y segura de sí misma, a ella que hace no tanto tiempo necesitaba un peluche para competir. “Este estado de forma tan fantástico es porque un día me di cuenta de que a veces te creas una presión innecesaria y cuando la sueltas mejora mucho el rendimiento”. Así que Beitia no quiere oír hablar por ahora de retirada. “La decisión es día a día”, dice. No importa lo complicado que estos sean.

 

Maialen lo tiene todo

Por: | 27 de enero de 2014

Una de las primeras ideas que tuve cuando empezó este blog fue hablar con Maialen Chourraut porque esta mujer lo tiene todo.  Practica un deporte, el piragüismo de aguas bravas, que exige dedicación, fuerza y concentración máximas, ha conseguido el éxito en la cita más importante de todas, los Juegos Olímpicos, con el impacto mediático que eso arrastra,  y, tras ser madre de un precioso bebé que ya tiene siete meses, ha vuelto a entrenarse con la cabeza puesta en  Río 2016.

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Maialen Chourraut con su bronce en Londres 2012. / Reuters

Como todo esto se sabe ya, pedí a la campeona que  escribiera con sus propias palabras cómo lograba organizar su vida una deportista de élite como ella con una niña que aún no anda. Pero, claro, si a mí me cuesta encontrar tiempo para casi todo, imagínense a ella. Tras un par de intentos desistí y eso que sé que Chourraut  ya había empezado a escribir.

Hace unos días la campeona acudió a Madrid a un acto en el Comité Olímpico Español y decidí que una breve charla distendida con ella igual no tendría tanta fuerza como ese diario que yo pretendía, pero permitiría dar una idea de cómo es la ajetreada vida de Chourraut. Empezamos por el cambio más radical, el de ser madre, un deseo que tenía claro incluso antes de Londres, pero que, como atleta, ha tenido que calcular al milímetro (si es que esto es posible). “Ha sido todo planificación”, admite con una voz dulce y algo aflautada esta mujer bajita pero fuerte y de mirada directa. “Terminaron los Juegos de Londres [fue bronce, la primera medalla de las aguas bravas españolas]  y yo quería estar en los de Río. O lo tenía nada más terminar los Juegos o tendría que esperar cuatro años”.

Ane nació hace siete meses por cesárea y desde entonces no se ha separado de su madre, que volvió al poco tiempo a los entrenamientos. Poco a poco. “A los 40 días ya estaba entrenándome, pero cuando intenté montarme en la piragua me di cuenta de que todavía no podía. Todavía hoy me estoy recuperando”, admite. "En la piragua se usa mucho el abdominal", explica con paciencia, “y ahí es donde está la cicatriz. Cuesta. Desde fuera no se nota, pero yo sé que todavía no estoy [al mismo nivel que antes]”.

Tampoco es cuestión de añadir presión a un calendario que se acelerará según se acerque Río 2016, el gran objetivo. Por eso sus entrenamientos no son todavía tan intensos como cuando se preparaba para Londres. En el horario se mantiene la doble sesión diaria, pero a veces se salta uno y, si está muy cansada, se queda una tarde en casa, descansando.  “Tengo que ir escuchando al cuerpo. Hasta hace poco todavía notaba que los hombros, los codos, las articulaciones, no estaban al 100%”, reconoce.

Fuera del canal y del gimnasio, de los entrenamientos, también se han producido cambios.  “No duermo como antes, pero no me puedo quejar. Le sigo dando pecho y se despierta. Yo soy de dormir mucho y pensé que me iba a costar más. Ahora lleva 15 días que con los dientes ha dormido mal y, claro, yo también", cuenta esta mujer que ya no puede entender la vida sin su hija, que aguarda dormida en un carrito a unos metros al cuidado de su padre [y entrenador de Maialen], Xabier Etxaniz.

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Maialen en la competición olímpica. /Reuters

No solo hay que ajustar el cuerpo, también las rutinas. “Estoy todo el día con la niña. Tengo la suerte de que vivo en un sitio tranquilo, me entreno mucho al aire libre. Mientras me entreno la cuida una chica y si no mi entrenador es mi marido también ayuda. El canal es un sitio precioso, son muchas horas de paseo para ella y para mí”, dice sonriente.  

Incluso ha vuelto a la rutina de las concentraciones con el equipo,  aunque de la primera tras el parto, en Praga, se tuvo que volver corriendo porque la niña se puso enferma y en otra en Francia la niña no acaba de acostumbrarse a su cuidadora y acabó todo el viaje en una mochila colgada de su padre. Tras el acto de Madrid, el equipo, Ane incluida, volaba a Emiratos Árabes para un stage de tres semanas.

Por si todo esto fuera poco Chourraut ha decidido retormar los estudios de Empresariales. "Fui buena estudiante. Me saqué la diplomatura con la ayuda de una amiga. Luego decidí seguir la licenciatura por la UNED y me atasqué. Voy a hacerlo ahora con la UCAM [la Universidad Católica de Murcia, que patrocina a un buen número de olímpicos españoles]. Hay que preparar el futuro, no tenemos que estancarnos que parece que vivimos en una burbuja y esto se termina", asegura.

¿Y no se agobia? “Es lo que yo quería. Estoy feliz así”.

El milagro de la natación

Por: | 20 de enero de 2014

Perdón por la tardanza, pero entre Navidades, el día a día que te come la vida y que no soy la persona más organizada del mundo, no he encontrado el momento de actualizar este espacio desde hace más de un mes. Lo hago ahora, ya olvidadas las vacaciones, con el buen propósito de Año Nuevo  de intentar darle algo más continuidad.

Con esta intención en mente, empezaré mirando atrás. Al año que acaba de terminar. Eso me obliga a detenerme un instante en la natación. Ya sé que algunos pensarán que hemos hablado mucho más de este deporte que de otros en este blog. Pero es que lo de las mujeres en esta especialidad es francamente impresionante. Mireia Belmonte y Melani Costa,  la selección de waterpolo, la sincro… son éxitos importantes en un deporte importante que, además, contrastan con la sequía que sufren sus compañeros varones (bueno, salvo en la sincro que solo la practican mujeres).

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Jennifer Pareja celebra una victoria en el Mundial de waterpolo. / REUTERS

Así que aprovecharé que la Federación también ha querido hacer balance de un año de éxitos para  darles algunos datos. Para mí el más llamativo es el que se refiere a la natación pura. En España hay 3.063 licencias para competir. ¿Saben cuántas de ellas son mujeres? Pues la mitad: 1.513.

Las 94 medallas de la natación pura española en 2013 llevaron su sello. Es verdad que 36 de ellas (dos de ellas en los Mundiales), así como los tres únicos récords del mundo y el europeo, son resultado de un talento irrepetible, como es Mireia Belmonte, que ha encontrado con Fred Vergnoux la clave para romper la última barrera que la separaba de la élite, la regularidad. Y otras 17, son de Melani Costa (una plata en los Mundiales), que por fin ha explotado tras años de promesas.

Pero si se rasca un poco más, se puede llegar a la conclusión de que la natación femenina española está funcionando mejor que la masculina porque también el número de finalistas, el que dicen los que saben que da la medida del nivel de un país, es mayor. Veamos los  números del Mundial de Barcelona del verano pasado: 20 nadadores españoles saltaron a la piscina. De ellos 11 eran mujeres (algo más de la mitad). Pero ellas se clasificaron para 12 finales más un relevo, mientras que el único hombre que nadó con los mejores fue Aschwin Wildeboer y en una disciplina no olímpica (fue 4º en 50m espalda).

Y no son solo Melani (dos finales) y Mireia (cinco y el relevo), ahí estuvieron también Marina García, Mercedes Peris, Judith Ignacio y la jovencísima Bea Gómez.

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Mireia Belmonte y Melani Costa en el Europeo de 2011. CORDON PRESS

Así que toca preguntar al responsable técnico de la natación española, José Antonio del Castillo, qué está pasando. Del Castillo es un hombre diplomático: “Es verdad que los resultados no han sido tan mediáticos, pero en el análisis que hacemos en la Federación de los resultados de los hombres no es tan malo. Existe un grupo de nadadores jóvenes que por marcas se está acercando a la élite y nuestra previsión es que en Río empiece a notarse”.

Sin querer dar ningún nombre de esas promesas que apuntan alto según él, el director técnico de la Federación también da algunas explicaciones al vigente desequilibrio de resultados: en primer lugar, la natación masculina es mucho más competitiva que la femenina, pero también hay un déficit físico difícil de resolver, sobre todo en las pruebas más explosivas, las que van de 50m a 200m: “No tenemos nadadores de dos metros y los que tenemos por lo general no eligen la natación”. Suelen decantarse por el waterpolo. En esta disciplina las chicas también van para arriba. A pesar de que suponen el 31% de las 2.015 licencias se han coronado campeonas del mundo y Jennifer Pareja acaba de ser elegida la mejor jugadora del año.

Del Castillo confía, sin embargo, en que la natación masculina mejore en los próximos años e incluso en clasificar a un relevo masculino para Río, como Rafa Aguilar, el responsable del waterpolo, espera que el waterpolo masculino reviva éxitos pasados. Hasta ver si sus deseos se cumplen, seguiremos disfrutando de las chicas.

Las chicas también quieren su Mundial

Por: | 29 de noviembre de 2013

Entre unas cosas y otras, no hemos tenido oportunidad en el periódico de darle la atención que se merece a  la selección femenina de fútbol. Como las chicas van embaladas hacia el Mundial de Canadá 2015, que sería su primer Mundial, quise ver de cerca cómo vive el grupo este momento histórico. No tuve suerte, en gran parte porque, y este es un error muy típico de los periodistas, intenté cerrar una visita al entrenamiento y tres entrevistas un día antes del último partido, en el que España ganó a la República Checa (3-2) en Fuenlabrada (Madrid) el miércoles.

Bueno, fuera dramas, lo intentaré en febrero antes del último partido de clasificación que se juega en España (contra la débil Macedonia). Este  pequeño fracaso no me impide hablar de este equipo. Como no soy una experta en fútbol femenino, he hablado con Isabel Roldán, que sigue el tema en el diario As desde 2007, para intentar saber qué ha cambiado en este grupo para convertirse en una máquina de ganar.

Primero, los hechos. España no se ha clasificado nunca para un Mundial pero lleva cuatro victorias seguidas, lo que le convierte en líder del grupo en esta fase de clasificación: debutó ganando a Italia, el coco del grupo, (2-0) y luego ha superado a Estonia (6-0), y a las rocosas Rumanía (1-0) y República Checa (3-2), que dice mi colega que son de esos equipos difíciles porque se meten atrás. Le queda un partido en casa y cinco salidas para hacer historia.  

El seleccionador,  Ignacio Quereda, es el mismo desde 1988, así que no parece que sea él el artífice del cambio, aunque algo habrá puesto. “Gran parte del mérito es de las jugadoras”, explica Roldán. “Se ha juntado una generación muy buena, con jugadoras que han crecido mucho yéndose a jugar fuera de España. Además, la cantera está empezando a dar frutos”.

Vayamos, pues, por partes. Según los datos que me ha pasado mi colega, el primer partido oficial que jugó España fue un amistoso en 1983. En la página de la federación se puede ver que en España tienen licencia para jugar al fútbol 28.154 mujeres –solo el 4% del total-, de las que solo 25 son profesionales.  Aunque ya existe una asociación que defiende sus intereses, la mayoría  de las jugadoras son conscientes de que todavía es  difícil vivir en España del fútbol y tal vez por eso la mayoría de las de la selección tienen estudios superiores.   

España nunca se ha clasificado para un Mundial –se celebran desde 1991-  ni para los Juegos Olímpicos (desde Atlanta 1996), aunque ha disputado dos Europeos (1997 y 2013) y en el último, celebrado este mismo año, llegó a cuartos de final. En categorías inferiores las cosas han ido algo mejor: oros europeos sub-17 (2010 y 2011), plata en 2009 y bronce este año y campeonas de Europa sub-19 en 2004 y plata en 2000.

Mientras estos resultados se iban consiguiendo algunas jugadoras decidieron probar suerte fuera de España. La primera fue Laura del Río, que no juega en la selección desde que se enfrentó al seleccionador en 2009 y que un año antes se había ido a jugar a Estados Unidos. Del Río juega ahora en el Bristol, pero también ha disputado la Liga alemana, la más potente.

Hace ocho años era un caso extraño, pero ahora son muchas las jugadoras que juegan en equipos extranjeros. En Bristol, que ha sido el equipo revelación en Inglaterra y acabó segundo la última temporada, está también Natalia Pablos, campeona de Europa sub-19 en 2004 y que ha vuelto a la selección absoluta, tras unos años alejada. La capitana, Vero Boquete, juega en Suecia, como Jenni Hermoso.

La espina dorsal del equipo juega fuera o en el Barcelona (ocho jugadoras en la última convocatoria), que es el campeón de Liga y está en cuartos de la Champions. “Pasa un poco como con la selección masculina”, concluye Roldán, “se complementan muy bien, tienen ambición y se han empezado a creer que es posbile”. Hasta llegar a Canadá.

Diseño, moda y medicina

Por: | 26 de noviembre de 2013

Ona Carbonell, Melani Costa y Ale Quereda son tres caras del éxito del deporte femenino español  en este 2013. Tres mujeres muy distintas, pero con  más de un punto de conexión. Como  su amor por el deporte, cada una el suyo pero también otros, su capacidad de sacrificio –entre 6 y 10 horas de entrenamiento diarias en la piscina o en el tapiz-, la sonrisa que ha pintado en sus caras el saberse ganadoras y, más sorprendente, que todas encuentran tiempo para estudiar o desarrollar otras actividades.

Lo han contado el lunes en una mesa organizada por Europa Press en un hotel madrileño, de la que se ausentó a última hora Carolina Marín, incapaz de llegar a tiempo tras ganar el domingo el Abierto de Escocia. Relajadas y con una imagen muy distinta de la que ofrecen en la pista, vestidas de moda española y dando sorbitos a una copa de zumo de naranja, han escuchado los elogios del secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, y, sobre todo, han dejado ver que son mucho más que esforzadas atletas y coleccionistas de medallas.

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Ona Carbonell, Melani Costa y Alejandra Quereda. DIARIO AS

Carbonell estudia tercero de diseño y de su cabeza salieron tres de los bañadores con los que ganó siete medallas en sincronizada en el último Mundial. Para los 23 años que tiene no parece que haya ido muy rápido. Pero si se piensa en que cada día se levanta a las 7 de la mañana y a las ocho ya está haciendo preparación física; a las 10.30 y hasta la hora de comer tiene la primera sesión de entrenamiento en el CAR de Sant Cugat y vuelve por la tarde hasta las 20.00 parece sobrehumano. "Los últimos tres años han sido muy exigentes, he pasado entre 8 y 10 horas diarias en el agua", ha explicado. "Cuando puedo voy a la Universidad", ha añadido.

Es lo mismo que le pasa a Quereda, que decidió seguir los pasos de su madre en el tapiz y los de su padre para convertirse en médico. "La medicina es una carrera que requiere mucho tiempo de estudio, pero era lo que yo quería hacer. Voy avanzando, estoy en segundo y me gusta. Espero acabar siendo médico", ha añadido esta alicantina de 21 años. 

Melani Costa, que pasó por la Universidad de Florida (EE UU) - "allí aprendí que si quería podía llegar lejos"-se ha apuntado a Fisioterapia y acaba de hacer sus pinitos en la moda con una colección de zapatos.

Todas ellas sacan horas de estudio para encajarlas en un apretado calendario de competición. Y se reivindican. Para que sus competiciones se hagan hueco en televisión y para que las marcas decidan invertir en ellas como lo hacen en otras estrellas del deporte, incluso en tiempos de crisis como estos, de los que no escapan. "La forma de ayudar es dándonos el valor que tenemos, que no somos inferiores y necesitamos el mismo respeto", ha dicho Melani Costa a un auditorio formado por dirigentes deportivos como Cardenal, la directora general Ana Muñoz y la subdirectora Rosa Ortega, y varios presidentes de federación, pero también deportistas o ex deportistas como Amaya Valdemoro y Elisa Aguilar. "Las marcas son las que tienen que apostar por nosotros. Creo que tienen que confiar en el deportista español porque nosotros se lo vamos a devolver. Estamos recibiendo mucho apoyo, pero  tenemos que seguir hablando y consiguiendo cosas juntos, sobre todo por la marca España'", ha concluido.

Por si no los conocéis aún, estos son los últimos éxitos de estas mujeres que no renuncian a nada.

El bronce en solo técnico de Ona (@onacarbonell)

 

La plata de Melani en Tokio (@Melani_Costa)

 

El oro mundial del conjunto de mazas de Ale Quereda (@alequereda)

 

Orden, mujeres y méritos

Por: | 05 de noviembre de 2013

La ceremonia de entrega de las medallas y placas al mérito deportivo se convirtió la semana pasada en un acto de exaltación del deporte femenino. Con la imagen de la piloto María de Villota, fallecida de forma repentina el pasado 11 de octubre, de fondo, los discursos se inflamaron: “Hoy estamos celebrando el éxito del deporte femenino español”, dijo, orgulloso, el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert. “Aspirar es un privilegio de la mujer”, añadió (y ustedes pueden interpretarlo como quieran), “pero la mujer en el deporte español está en una fase mucho mayor que la de aspirar”, añadió.

También el secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, se detuvo a glosar el avance de las deportistas españolas: “Los Mundiales de natación de Barcelona han sido el escaparate del brillo de las mujeres. Los hombres nos estamos viendo relegados. Las deportistas han respondido con unos resultados asombrosos”, afirmó.

Meritodeportivo
Mireia Belmonte y Ruth Beitia, entre los galardonados. JUAN CARLOS HIDALGO (EFE)

En este espacio ya hemos recordado las medallas de Mireia Belmonte y Melani Costa y de las chicas del baloncesto, pero este año ha habido mucho más: el oro mundial de waterpolo, las dos medallas del conjunto de rítmica en el Mundial, el bronce mundial de la haltera Lidia Valentín,  el título mundial de Laia Sanz en trial, el decimotercero de su cuenta particular…

Precisamente fue Laia Sanz, reconocida con la medalla de oro al mérito deportivo, la encargada de dar las gracias en nombre de todos los premiados en la ceremonia. Y se acordó, claro, de María de Villota, y de su empeño en triunfar en un mundo de hombres como es la fórmula 1, como es el trial, que es el suyo: “Me gustaría acordarme de una deportista que quiso cumplir un sueño en un mundo muy difícil. Cuesta mucho asumir su pérdida. María, no te olvidaremos”.

Laiasanz
Laia Sanz, habló en nombre de todos los premiados. EFE
Detrás de todas esas palabras bienintencionadas y sinceras hay números menos loables. Si no he hecho mal las cuentas, de los 189 galardonados (sin contar clubes, federaciones y otras entidades que también reciben su reconocimiento en forma de placa), solo 66 han sido mujeres. 66. El 34,9%.  

Como en muchas otros ámbitos, además, las mujeres reciben en el deporte el reconocimiento menor, que en este caso son las medallas de bronce. El 37,3% de los 102 de este año han sido mujeres: ahí están Jennifer Pareja, campeona del mundo de waterpolo, Margalida Crespí, cinco medallas mundiales en sincronizada el verano pasado en Barcelona y Marta Figueras-Dotti, una de las pioneras del golf femenino profesional en España y hoy seleccionadora. 

Si subimos un escalón, son 20 mujeres de plata, lo que supone un 36,6% del total. Y es en el oro, la mayor distinción, donde las cosas se desequilibran más. Solo 8 de los 32 distinguidos son mujeres (25%): la citada Laia Sanz, Marina Alabau (oro olímpico en windsurf), Michelle Alonso (oro paralímpico en natación), Andrea Fuentes (cuatro veces medallista olímpica en sicronizada), Tamara Echegoyen, Ángela Pumariega y  Sofía Toro (oro olímpico en vela) y Matilde García Duarte (abogada del Estado que estuvo en el equipo del CSD de Jaime Lissavetzky).

Entre los periodistas reconocidos solo hay una mujer: Olga Martín de la agencia Efe, pero esa es otra historia.

Teniendo en cuenta de dónde viene el deporte español, estos números tampoco son demoledores. Basta compararlos con los de hace un par de años. Entonces, y quedaba menos de un  año para que los Juegos Olímpicos de Londres certificaran el avance del deporte femenino en España las mujeres que entraron a formar parte de la Orden del Mérito Deportivo no llegaron al 17%.

Se puede ser, por tanto, optimista. Aunque solo sea un poco.

La doble oportunidad

Por: | 29 de octubre de 2013

Cuando en la sección de Deportes nos planteamos hacer un blog de deporte femenino y mi jefe me pidió que lo coordinara, me puse dos condiciones a mí misma (a mi jefe no puedo ponérselas): que no convertiría el blog en un enorme saco sin fondo para todas aquellas noticias de deporte que protagonizaban mujeres y que no llegaban a publicarse en la sección por diferentes razones y que abriría este espacio a todos mis colegas de sección, muchos de ellos acostumbrados desde hace más tiempo que yo a escribir este tipo de historias.

Lo que sigue es la primera de estas colaboraciones. Se la he pedido a FAUSTINO SÁEZ, uno de nuestros especialistas en baloncesto, porque entre las noticias positivas del verano ha estado el  oro europeo de las chicas frente a Francia. Es la historia de un éxito, pero también de dos estrellas, Amaya Valdemoro y Elisa Aguilar, y de un grupo de ganadoras que han tenido que elegir en muchos casos el camino del exilio.

Ahí va.

España es el único país que ha subido a los ocho podios de los Europeos de baloncesto disputados este pasado verano con un sobresaliente balance de cinco medallas de oro –las cuatro femeninas (en categoría absoluta, sub20, sub18 y sub16) y la del sub16 masculino- y tres de bronce masculinas (absoluta, sub20 y sub18). Abundancia de metales preciosos forjados en tiempos de crisis y emigración.

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Amaya Valdemoro con la copa de campeonas de Europa. / EFE

El prolífico camino comenzó con la conquista de las chicas dirigidas por Lucas Mondelo, que se proclamaron campeonas de Europa en categoría absoluta en Francia frente a la selección anfitriona. Ocho de las 12 jugadoras de aquel equipo desarrollaban su profesión en el extranjero en una proporción que crece cada año por efectos de la crisis. Llegaban desde Moscú, Polkowice, Ekaterimburgo, Cracovia, Gyor o Estambul y haciendo virtud del desarraigo devolvieron al baloncesto femenino a la élite tras su ausencia en los Juegos de Londres. “Cuando yo empecé en la selección, hace 20 años, no había nadie fuera. Ahora es algo normal y las jugadoras que siguen en España suelen pedir consejo y preguntan por la experiencia porque salir lo ven como una alternativa más para jugar en las ligas más competitivas, conocer otras culturas y aprender idiomas”, cuenta Elisa Aguilar, capitana de aquel grupo junto a Amaya Valdemoro y presidenta de la Asociación de Jugadoras. La crisis ha difuminado las fronteras y las mejores jugadoras salen en busca de los grandes contratos que ya no existen en la Liga española, que ha perdido pujanza y equipos, fundamentalmente desde la caída en 2012 del gigante, Ros Casares, que llegó a alcanzar los siete millones de euros de presupuesto aquel año (más que el de una docena de equipos de la ACB).

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Silvia Domínguez, con el número 6, celebra la Euroliga con el Ekaterimburgo.

“La Liga española ahora está llena de jugadoras jóvenes”, prosigue Aguilar. “Es una doble oportunidad. La salida de las nacionales de primer nivel les hace madurar entre las mejores del mundo y permite a las chicas que vienen por detrás ocupar su hueco mucho antes que en otras épocas. Juegan minutos, cogen confianza y se hacen un nombre. Las dos cosas repercuten positivamente en la selección”. Las plantillas se completan ahora con cinco y hasta seis jugadoras júniors que compaginan la competición con los estudios, “el salario medio de las profesionales ronda los 50.000 euros anuales y la nómina de los fichajes extranjeros se cifra en torno a los 100.000 euros más la vivienda”, reconocía el curso pasado José Luis Pérez Cerceda, presidente del Rivas Ecópolis, el único club junto al Perfumerías Avenida que se acerca al millón de euros de presupuesto. Parámetros incapaces de competir con el vigor de los presupuestos de clubes rusos o turcos. “Nuestra Liga ahora es distinta, quizá con extranjeras de menor nivel, pero más igualada”.

“Hemos sabido adaptarnos a las circunstancias y la fórmula funciona. Somos la envidia. Hay más dinero en otros sitios pero con talento, carácter y trabajo se alcanzan grandes logros. En la selección se ha sabido crear una química que nos convierte en una familia más que en un equipo. Esto se vive desde las categorías inferiores y te da un plus que sale en los momentos importantes”, analiza Aguilar, que elogia la “implicación y el compromiso” de las jugadoras que acuden a la selección: “Ahora cuando se juntan tienen más ganas de España”.

El baloncesto es el deporte con más licencias femeninas en España (142.923, casi el 20% del total) a gran distancia del golf (segundo deporte con 95.034) y con más del triple que el fútbol (39.023). Coincidiendo con los triunfos de la selección, se ha producido además un crecimiento del 38% (39.550 licencias más que en 2006) en los últimos siete años, periodo en el que las selecciones femeninas han logrado más de 30 medallas en todas sus categorías. “La Federación trabaja de forma extraordinaria la formación y la detección de talento [Ocho millones de inversión en el baloncesto femenino en los últimos dos años]. Ahí están los resultados del método FEB. Pero los clubes son los que están en el día a día y hay grandes profesionales que, en tiempos complicados, están sacando adelante generaciones muy prometedoras. Se complementan perfectamente”, añade Aguilar. Un talento que ha ganado la partida a genéticas más altas y fuertes y que se exporta en un viaje circular que revierte sobre la selección. En la temporada 2012-13 hasta 23 jugadoras españolas militaron en equipos extranjeros, incluidos equipos de la NCAA. Emigrantes y canteranas que convirtieron en oro todo lo que tocaron el pasado verano y que, paradójico trampolín, han hecho de la crisis una doble oportunidad para desarrollar su genialidad.

Un pequeño homenaje

Por: | 25 de octubre de 2013

Junto a las tortugas y las plantas exóticas del jardín de la estación de Atocha,en Madrid, sacan la cabeza estos días Amaya Valdemoro, Gemma Mengual, Ruth Beitia, Mireia Belmonte, y otras 65 de las mejores deportistas españolas. Es la exposición fotográfica que ha organizado el Instituto de la Mujer, con el apoyo del Consejo Superior de Deportes y del Comité Olímpico Español (COE) para reconocer la trayectoria de estas mujeres y, de paso, dar visibilidad a unas estrellas que muchas veces son meras desconocidas. Siempre Adelante es su título. 

Por la estación madrileña pasan cada día miles de personas, aunque son pocas las que se detienen ante las fotografías. Si lo hicieran la primera que verían sería la de Coral Bistuer, que logró el primer oro olímpico del taekwondo español, aunque este era todavía deporte de exhibición, en Barcelona 1992.

Es bonito que el recorrido empiece con una foto de los Juegos de Barcelona porque esa fue la marmita en la que se cocinaron los éxitos posteriores de las españolas. Hasta ese momento, las mujeres habían sido poco más que una anécdota en la delegación española: tras las pioneras, esas cuatro tenistas de París 1924, hubo un páramo que se prolongó hasta Roma 1960 (11 españolas en un equipo que superaba el centenar). Y siguió siendo casi testimonial en los siguientes Juegos: tres féminas en Tokio 64, dos en México 68, cuatro en Múnich 72… Hasta Barcelona 92, solo Los Ángeles 84 (16 mujeres) y, sobre todo, Seúl 88 (30) anunciaron la explosión del deporte que vendría después y que se confirmó en Londres 2012, donde las chicas supusieron en torno al 40% de los españoles en competición.

Porque en Barcelona no solo hubo muchas mujeres, es que unas pocas, las que mejores resultados lograron, rompieron también la barrera de la invisibilidad y tuvieron, al menos, su minuto de gloria y algunas algo más. Como Miriam Blasco (oro en yudo),  Theresa Zabell (en vela con su compañera Patricia Guerra), Carolina Pascual (plata en rítmica) o las chicas del hockey (oro).

La exposición, más bien modesta, acorde con estos tiempos de crisis, empieza un par de años antes y llega hasta nuestros días. Hasta Mireia Belmonte y la taekwondista Brigitte Yagüe, medallistas en Londres 2012. El catálogo de la muestra recoge las fotografías de las 69 escogidas y una pequeña entrevista con cada una de ellas, así como sus resultados y alguna que otra curiosidad. Como que la piragüista Beatriz Manchón y la gimnasta Patricia Moreno, bronce en suelo en Atenas 2004, coinciden en película favorita, que es La vida es bella. O que el libro de Carlota Ziganda es Sirve Nadal, responde Sócrates. Y que la mayoria de estas mujeres, en activo o retiradas, no entiende la vida sin el deporte.

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Brigitte Yagüe con la plata olímpica de Londres 2012. / REUTERS

Pero las fotografías no solo son un reconocimiento al éxito, a los resultados. Es también un homenaje al esfuerzo de otras muchas mujeres que además de ganar rompieron barreras. Como Laia Sanz (trial),  Ana Carrasco (motociclismo) o la recientemente fallecida María de Villota, que se empeñaron en brillar en pruebas de las llamadas masculinas;  como Marisol Casado (miembro del Comité Olímpico Internaciona) que se empeñó en demostrar que las mujeres también podían dirigir federaciones;  Teresa Perales (nadadora paralímpica) o Marisa Villa (juez de línea de Segunda División). Hasta Marta Domínguez, envuelta en una polémica por un supuesto dopaje, tiene, sorprendentemente, su espacio. 

La mayoría de los viajeros pasan de largo, pero ahí está un trocito de la historia del deporte español. El homenaje es merecido. La exposición se levanta el domingo.

El País

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