Confesiones de un 'dueñastro' de perros

Por: | 18 de mayo de 2013

Tango
Tango, pensando qué habrá hecho él para merecer esto.

A veces tengo perros sin tener ni idea de cómo se tiene un perro. Esto último no lo sabe el resto del mundo, que me ve pasear a Tango y a Boira por Malasaña con la sonrisa con la que Morgan Freeman hacía lo propio con MIss Daisy y debe tomarme por la máxima autoridad mundial en estos dos tusos. Pero lo sé yo. Y lo que es peor, me temo que lo saben ellos. Deben pensar que soy un lunático al que de vez de en cuando le da por perseguirles sin motivo aparente, gritando su nombre como Mel Gibson clamaba por la libertad en Braveheart, con la correa en una mano y 300 bolsitas de plástico en la otra. La triste realidad está en algún lugar entre esas dos imágenes. Soy un estereotipo, una caricatura, una estampa repetida de vez en cuando por parques de todo el mundo. Soy un dueñastro.

Somos gente sufrida, los dueñastros. Salvamos la vida a los dueños reales cuando les surge algo -la dueña real, en el caso que nos ocupa, tiene que cumplir periódicamente con los suegros durante puentes enteros y estos ya se posicionaron astutamente como alérgicos a los animales- y heredamos a sus mascotas por unos días. Se puede dar el peor de los casos -este- y que no tengamos experiencia perruna, pero eso no merma esa invariable e ilusa reacción que nos caracteriza: queremos ser los mejores dueños que un can pueda tener. El problema es que no tenemos ni idea de cómo lograrlo.

El desengaño no sería tan doloroso si el principio no fuera una ficción. Me las veo muy feliz paseando a Tango y a Boira por primera vez, subyugado por la novedad y quimérico perdido, regalándoles épicas caminatas por soleados parques de verde fosforito y tirándoles la pelota hasta que se me caiga el brazo y ya veremos entonces si no sigo con la boca. Ellos o lo notan o es que quieren causar buena impresión. Tango, mezcla de labrador y pastor belga, es el perro más obediente del mundo, el más noble y el más protector. Y Boira, bretona, es díscola y juguetona. Se firma ahí mismo un pacto de miradas según el cual todo en adelante va a ser maravilloso. El resto del mundo son unos pringaos que no tienen perros como estos y se va a enterar César Millán de lo que es un amigo de los animales.

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Los Starsky y Hutch del mundo canino.

Tan dócil es el arranque que caí en el principal vicio del dueñastro: renegar de mi condición de eventual y, para no andar explicándole la situación a todos los dueños reales (esa feroz competencia desleal) que se te acercan a hablarte en el parque, hacerme pasar por el amo y señor indefinido de los perros. Craso error, porque ese planteamiento exige cubrir las inevitables lagunas de mentiras del tamaño de un informe judicial. Pero ahí estaba yo, ignorante y dichoso, observando a Tango y a Boira con mirada de cowboy y hablándole a una pobre señora mayor que iba por su octavo perro como si nos hubiéramos encontrado ya en varios congresos internacionales de zootecnia. "El macho tiene cuatro años y es una mezcla de varias razas; la hembra tiene dos y es un poco cabezota para ser bretona, pero es que me encantan los perros", le aseveraba con autoridad académica. En realidad Tango solo auna dos razas y es siete meses mayor que Boira; los bretones son, como casi todos los perros de caza, bastante difíciles en general y mi único referente en psicología canina es Tintín, que dejaba que Milou se emborrachara cada dos o tres aventuras. Pero daba igual. Me sentía uno con ellos así que ellos debían estar de mi lado.

Pero no. Mientras mi charada se desmontaba estrepitosamente ante la mirada atónita de mi interlocutora -y yo, como buen mal mentiroso, subía tanto el listón de los bulos que por poco testifico ante notario que a esos perros los había parido yo-, se desató el caos a mis espaldas. Tango rompió ladrarle a un apurado cachorro, le alcanzó y se abalanzó sobre él cual Medea para descuartizarlo. Boira empezó a correr en círculos, victoriosa, con lo que desde la distancia se identificaba claramente como un excremento sólido en la boca.

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Tango, gloriosamente 'instagrameado'

Fue así, persiguiendo Tango y gritando el nombre de Boira a lo sargento en la batalla de Waterloo, como aprendí amargamente una importante lección: una cosa es cuidar a un perro y otra es cuidar al perro se tiene delante, con su personalidad propia. Tango, por lo visto, tiene el afán protector de MIchael Corleone. También su gusto por la violencia. Cuando se le cruza un macho que le intimida por motivos que escapan hasta su comprensión, se lanza sobre él con los dientes por delante para enseñarle quién manda aquí. No hace daño, pero nadie lo diría durante esos horribles segundos.

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Boira, preciosa bretona con personalidad de cachorro cocainómano.

Boira padece la personalidad de un cachorro cocainómano. Eso y una capacidad inexplicable de desaparecer entre unos arbustos a tu izquierda y reaparecer por tu derecha, con la inmutable sonrisa celebratoria que le da el hocico espigado, como si viniera de protagonizar un libro de Michael Ende. Cuanto no practica esta costumbre, ejerce su hobby favorito: devorar cacas. He oído que otros perros comen excrementos pero juro que a ninguno le proporciona un placer tan exquisito como a Boira. El castigo es solo un precio a pagar y lo asqueroso del asunto es un asunto marginal. Esto es entre la caca y ella. Creo que de pequeña presenció cómo una mierda gigante devoraba a sus padres y desde entonces ha consagrado su vida a vengar esa afrenta.

La cosa pasó, pues, de grave a imposible. Tenía que responder ante el mundo por unos perros que no me respondían a mi. Boira calculó que su nombre era solo una palabra que me gustaba gritar con entrega para quien quisiera oírme; que siéntate era una obligación opinable y quieta, una provocación; y aprovechó para colarse en un jardín público para sembrar el caos. Tango me vio tan atribulado corriendo de caca en caca que me protegió de todos los perros del parque y, como su afán por la dominación mundial no conocía límites, se encaró de paso con los caballos de la policía montada y un niño chino que algún día pagará a un psicológo para curarse su miedo irracional a los perros. La medida más razonable era rendirse. Esto no eran dos contra uno, eran los macarras kryptonianos de Superman II contra Christopher Reeve en su estado actual. Estaba claro que querían una emancipación total de mi yugo zarista. Agotado, humillado y vencido, me senté en el césped ante los dueños con los que había dado el pisto de susurrador de perros, y busqué con ojitos vidriosos a mi amiga del alma la señora mayor. Había sido derrotado por superioridad numérica, energética y categórica.

Boiraok
"Boira, no. Sea lo que sea, no".

Entonces los perros me dieron una lección. Para rendirme tuve que dejar también los aires de poseso. Y en cuanto lo hice, dejaron lo que estaban haciendo, y vinieron a lamerme si no el orgullo, al menos las manos, con la mirada lastimera del caballo de Caballo de batalla. Ése era su mensajesabían cuánto quería cuidarlos. No hablamos el mismo idioma, porque a eso se llega tras muchos meses de tener la casa llena de pelos, pero entendían que ahí había amor. Y si dejaba de ponerlos nerviosos estudiando cada gesto que hacían, si conseguía no confundirlos llamándoles al orden con uniforme tensión cada vez que no actuaban exactamente como quería, todo iba a ir bien. Descubrí entonces que si les llamaba, venían. A lo mejor no al segundo y a lo mejor no en línea recta, pero venían. Que yo no era su dueño y mi autoridad era relativa, pero estaban de mi lado.

Solo quedaba asumir que a los perros de otro es mejor no educarlos. Eso es trabajo, si quiere o puede, del dueño. El dueñastro, mientras, puede permitirse un lujo propio: evitar los problemas de raíz en lugar de intentar solucionarlos. Solo él puede disfrutar a fondo del perro noble y la perra juguetona, sin más atadura que una estancia prolongada. Ése es el placer del dueñastro.

Distrayendo a Tango de todo macho que circulara por el camino que menos cacas tuviera para tentar a Boira, pusimos rumbo a casa.

Hay 32 Comentarios

Ha sido genial, me lo ha recomendado mi padre, que también es dueñastro de mis perros Gaia y Nano estos dias que he estado lesionada sin poder salir con ellos, y son una podenca perseguidora de gatos y conejos, escapista a más no poder, y un pequeñajo también cocainómano pero por fortuna, ninguno con afición gastronómica a los excrementos.

Ha sido genial, me lo ha recomendado mi padre, que también es dueñastro de mis perros Gaia y Nano estos dias que he estado lesionada sin poder salir con ellos, y son una podenca perseguidora de gatos y conejos, escapista a más no poder, y un pequeñajo también cocainómano pero por fortuna, ninguno con afición gastronómica a los excrementos.

a mundo perruno en facebook que vas.

Gracias hombre por cuidar perros ajenos.

Lo de Cristopher Reeve... ¡ejem! black humour maximus

Es triste que la gente compre perros como un simple capricho, al final acaban en el abandono absoluto.

¡Oh por dios!! ¡Lo que me he podido reir!!! JAJAJAJAJAJAJA!!
¡¡Es buenisimo!! Me ha encantado, lo he guardado en pdf porque el relato es genial (jajajajaj!!)
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Yo soy dueña primeriza de un cachorron de 4 meses (antes cuidé un verano a una perra de agua, pero eso no cuenta porque era la perra mejor educada del mundo, le faltaba taparte por las noches y hacerte el café por las mañanas)
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Lo que si es cierto que cuando cuidas unos perros ya "criados", de otros, lo que queda es que esa conexion que tienes entre tu y ellos sea la que haga que te hagan caso, muchas veces por pena, porque estas ya con las lagrimas saltadas de verlos en el quinto pino y tu berreando, como tu bien dices, a lo Braveheart (la carcajada que he soltado la han tenido que escuchar todos los vecinos).
Da envidia ver dueños con perros que les hacen caso al momento, casi de forma instintiva, como si con simplemente decir su nombre ya saben que tienen que volver y que el momento de juerga ha acabado; o bien que sea lo que sea que estan olisqueando lo dejen donde esta porque "te estoy viendo, yo lo se todo, y como lo cojas luego te quedas sin hueso".
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Da envidia, ver esa conexion. Y luego, uno, el dueñastro como bien dices, solo puede aspirar a ser como el abuelo con el que se quedan los fines de semana, que les da mimos a tutiplen, les consiente, les da chuches y con el que saben que si hacen una trastada, el enfado no dura mucho al ver las caritas sonrientes o de pena que ponen (son ensayadas, te lo digo yo)
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Ahora, aunque sigo siendo dueñastra ocasionalmente (me gusta esa palabra, te la cojo prestada), tengo un cachorro propio que enseñar (lo cual seria como un niño de 5 años con energia interminable que si no esta durmiendo esta intentando que juegues con el) y con el que muchas veces me siento dueñastra y me tengo que recordar que no, que a este casi lo he parido yo.
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Me imagino que el sentimiento va desapareciendo conforme mas cacas y pipis recoges, cual madre cambiando pañales.
Pero esa primera vez que lo llamas por su nombre (sin hacerte muchas ilusiones y sufriendo anticipadamente la carrerilla que vas a tener que pegar) y deja de jugar con otro perro, ahi en la otra punta, y viene hacia ti sin cuestionarselo...la verdad es que no tiene precio.

Me ha encantado tu relato!! Me he sentido identificadísima en algunos momentos, jajaja!

Ejerzo de "dueñastra" de manera habitual y es toda una aventura que varía en función del perro que cuides en aquel momento.

Os dejo mi blog por si os interesa, aunque ningún relato sea tan divertido y bueno como éste!! ;)

http://gossosgelida.blogspot.com

Os dejo la historia de Sanchi, perrita de la que soy dueñastra en vacaciones :) http://ladrandoalmundo.blogspot.com.es/

Buenísimo! Bien escrito y perfecto enfoque al tema. Como dueña y como dueñastra habitual me he reido muchísimo!!
Genial! Felicidades

Muy bueno. Soy dueña y a menudo dueñastra y me he reído mucho con el artículo.

Los perros me han enseñado a amar a los animales. Esta es la historia de la perrita que cambió mi vida para siempre.
http://motivational-inspirational-speaker.blogspot.ru/2013/05/pepa-la-mejor-perrita-del-mundo.html

¡ Feliz ex-día contra la perrofobia !

Excelente articulo!! Me he reido un monton!!! Yo soy dueña pero a veces me convierto en dueñastra de los tres perrines de mis padres!:-))

Me encanta la palabra que has utilizado, "dueñastro". Yo soy dueñastra y no me había dado cuenta. Vivo con una gata que se pasa más tiempo en mi habitación que en la de su dueña (duerme conmigo y todo) y no os podría describir el cariño que le tengo, es parte de mí, casi tanto como mi perro, que falleció ya mayor hace unos años. Si es que los animales nos dan la vida. Gran artículo. http://deletrasyotrosvicios.blogspot.com.es/

Durante cinco meses mi ex-marido y yo hemos tenido custodia compartida, no de hijo, sino de la perra de nuestro hijo que ya tiene 24 años(nuestro hijo, no la perra) en semanas alternas. Ella adora a mi ex, que prefiere a los gatos, porque la saca a dar grandes paseos por el monte y la soborna con chorizo y a mí porque la doy mimos pero cuando llega su dueño... no existen dueñastros.

Es la una y media de la mañana y yo estoy descojonándome que no puedo más. No sabes cuán identificada me siento con la actitud de los perros. Yo no soy dueñastra, soy dueña. Y tengo un par de petardas que no las entiende ni Dios.

Os dejo estas viñetas, para los perreros :P Y para que sigáis con las risas.

http://theoatmeal.com/comics/dog_paradox

Es la una y media de la mañana y yo estoy descojonándome que no puedo más. No sabes cuán identificada me siento con la actitud de los perros. Yo no soy dueñastra, soy dueña. Y tengo un par de petardas que no las entiende ni Dios.

Os dejo estas viñetas, para los perreros :P Y para que sigáis con las risas.

http://theoatmeal.com/comics/dog_paradox

Me ha encantado y reído un montón.

Mi cocker americano murió de trombocitopenia el mismo día que mi padre(alzheimer). Por ahora, no quiero tener otro. Tengo un hijo de quince años más cabezota que el perro. Sólo entiende a un dueño-dueñastro otro igual. Me lo he pasado bien, gracias.

Hola, Kira, mi perra labradora llegó a mi vida como llegan tantos perros a las vidas de los adultos a través de mi hija, que se enamoró perdidamente de uno de los cachorros que había tenido la perrita de una amiga. Al principio yo era un poco reacia a tener un animal en casa, pero ahora cuando hablo con gente y empiezan a ennumerarme todos los problemas que dan los animales, les miro, ya no intento convencerles de nada, pues es inutil y pienso, qué pena no saben lo qué están perdiendo en la vida, lo feliz que te puede hacer una animal de compañia y el cariño que te dan, gracias a mi perra he conocido a una personas encantadoras y ya nunca más me he vuelto a sentir sóla, este artículo es genial, está muy bien escrito todas, las situaciones son tal y como las cuenta y ha sido genial el leerlo. Gracias al autor y gracias a mi perra Kira por darme tanto amor.

Genial el artículo! Creo que si los perros lo pudieran leer se sentirían, por une vez, comprendidos por los humanos. Las fotos muy buenas!!

Me pareció fantástico y me he reído un montón.
Es que son un mundo. Mi Olivia, una perrita de la protectora, buena y muy respetuosa, cuando llega la hora de salir y le digo vamos, viene corriendo, me da con la patita en mi zapato y sale a toda pastilla a meterse debajo de la cama. Me mira desde lejos dándole a la cola y hasta que no levanto la voz y me pongo seria, ná, que me torea todo lo que quiere.
Pero es tan simpática y tierna!

Qué fan!!!!!

Qué bonito artículo y me hizo reír mucho!
Yo no soy dueñastra si no una verdadera dueña de una perrita jack russell de 3 años con un a personalidad increíble, y sin embargo entiendo perfectamente todos los sentimientos que pone el autor aquí.Los animales te dan muchas alegrías pero también muchas responsabilidades como si fueran tus propios hijos,verdad?
A mi perra le encanta pasearse por lo que nosotros llamamos "el bulevar de las cacas" su sitio favorito pero no se las come,afortunadamente.
En todo caso felicitaciones por el tema perruno tan bien contado.

Muy bueno! me he reído mucho leyéndolo, pues me he sentido totalmente identificado con tu caso... mucha razón llevas¡¡

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Emperrados

Sobre el blog

El día en que un chiquitajo o un gigante peludo entra por la puerta cambia tu vida. Aunque nadie te hable en casa, tú ya tienes asegurados fiesta, perplejidad y cariño. Somos unos cuantos autores con ganas de contar su peculiar verdad sobre perros y gatos. Coordinados por Matilda, una schnauzer (superdotada, cómo no) adicta a los calcetines de Ana Alfageme

Sobre las autoras

Ana AlfagemeEn una de sus vidas, Ana Alfageme es periodista en EL PAÍS, donde durante 26 años ha saltado desde la información científica y social a los sucesos y la cultura. Hoy trabaja en proyectos especiales. Su aventura más nueva y apasionante es compartir techo con Matilda y sobrevivir para contarlo aquí.

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