De gato a perro en 100 días

Por: | 09 de mayo de 2013

GATO

Nos definimos por nuestras elecciones. Hasta las más nimias. Tendemos a dividir el mundo en dos opciones, un ying yang sin puntos de encuentro. Sin grises. Blanco o negro. Cocacola o Pepsi. McDonalds o Burger King. PP o PSOE. Perro o gato. Para bien o para mal, la vida es más compleja. Si no me creen ahí quedan mis últimos 20 años de existencia, con Lucas primero y ahora con Gaspar.

Desde pequeño me he criado rodeado de animales. Recuerdo los inviernos en Asturias jugando con los xatos –terneros en bable- por las cuadras, persiguiendo a las gallinas o pitas por el corral o pasando las tardes de verano en los praos vigilando las vacas de mis tíos con un mastín hormonado de ladrido gutural. Ya en Madrid, tuve periquitos –Pirri y Valentín-, hamsters –Tom y Jerry, qué original-, una cotorra –Willy- y hasta un pato, al que bauticé Lucas en honor de los cartoons de los Looney Tunes. Lucas el pato terminó en las fauces de un perro maleducado, y su nombre lo heredó el siguiente eslabón animal en la familia.

Se trataba de un gatito de pocas semanas, que se ganaba la vida robando lo que podía por las pescaderías del mercado Maravillas. Mi hermano mayor le rescató cuando un tendero le iba a dar matarile y se lo trajo a casa. Durante 17 años fuimos inseparables. Tras su muerte, pasados unos 100 días, Gaspar, un golden retriever de 37 kilos al que le encantan los niños y robar el pan a las ancianitas por la calle, entró en el clan. El nombre, por si se lo preguntan, no tiene ningún componente político con el Partido Socialista (Zarrías) ni Izquierda Unida (Llamazares) o mi pasado en Deportes (Rosety). A Gaspar le llamamos Gaspar por el Rey Mago: llegó a casa un 5 de enero, y el nombre le vino al pelo. Literalmente. Por su color entre pelirrojo y castaño. Aunque seguimos con la duda de no haberle llamado Scooby Doo.


LUCAS

 Lucas, sorprendido en lo alto de una ventana.

La relación con un gato no tiene nada que ver con la relación con un perro. Son como el día y la noche... Aunque a veces coincidan en el cielo. Lucas, un gato común europeo negro como el tizón salvo por una mancha blanca en el pecho –conocida como el dedo de Dios, los felinos que la tenían se libraban de la hoguera en el Medievo-, era el que mandaba en casa. La gobernó bien. Sin duda habría sido mejor presidente que algunos que hay por ahí. A mí me eligió como su interlocutor, como una especie de portavoz oficial o chambelán según se quiera mirar, con mis hermanos y padres. Así se las tienen los gatos. Aquí viene la primera diferencia notable: Gaspar sabe quién manda en casa… Y no somos ni él ni yo. Lo que no le impidió de pequeño destrozar todo lo que quedaba al alcance de sus colmillos hasta que cumplió dos años (ahora tiene tres y medio).

Entre sus hazañas se merendó su cama, varias paredes con las correspondientes esquinas, ropa interior, calcetines, más ropa interior… Para mí que el caballo de Atila en realidad era un pariente lejano suyo. Lo más turbador es que se zampa los ojos de sus juguetes de peluche, lo que le da un toque Anibal Lecter inquietante.

Estos ejemplos serían impensables en los gatos, unos seres perezosos, educados, con cierto aire burgués, que se pasan buena parte del día dormitando, limpiándose y requetelimpiándose y comprobando que todo está en su sitio. Si es así, siempre podrán encaramarse a una araña de cristal y estamparla contra la mesa del comedor (Lucas mereció el Corazón Púrpura por la hazaña, pero la mamma prefirió darle un par de escobazos como recompensa). Pero que quede claro: las cuatro paredes que un gato comparte con los humanos son de su propiedad. Esto es así. Lucas también sabía, desde el primer día y sin tener que enseñarle modales, que tenía un cajón de arena como WC.

Gaspar, de cachorro, ignoraba los papeles de periódico en el suelo en la cocina. Prefería la tarima. Cualquier sitio era bueno. Los paseos por la calle, intentando adoctrinarle, terminaban en un fracaso tras otro… La desesperación puede alcanzar tal punto que he visto a dueños de perros orinando en un árbol mientras el perro les miraba con ojos de “¿pero qué hace este chalado?”. El proceso de aprendizaje es así hasta que un día, de repente, por fin, Gaspar aprendió que tenía que evacuar fuera de casa y no dentro. Desde entonces es un ejemplo de disciplina, digna de un marine. Y si está a punto de saltársela, te gruñe en la oreja un domingo a las ocho de la mañana para despertarte y obligarte a que le saques a la calle. Un gato, por razones obvias, nunca lo haría. En todo caso te tiraría el despertador a la cara.

Si en el aseo los perros salen perdiendo, en emotividad le dan mil vueltas a los gatos. Y eso que Lucas me esperaba junto a la puerta cuando llegaba a casa, maullaba reconfortado y no se separaba de mí –uno de sus sitios favoritos era sentarse encima de los apuntes de clase y atacar el bolígrafo como si fuera un saco de boxeo- hasta que volvía a salir por la puerta. Había un  vínculo, intenso pero de pocas palabras, en el que había que mantener la compostura, por así decirlo. Gaspar a veces me recuerda a Dory, la pez de Buscando a Nemo que sufre amnesia anterógrada. Aunque hayas pasado fuera cinco minutos, el recibimiento es como el de los franceses a los aliados cuando liberaron París en la Segunda Guerra Mundial. Así que imagínense cuando se lo dejas a alguien (de confianza) dos semanas en verano. La emoción, además de indescriptible, es sincera, no una impostura interesada.

GASPARGaspar, de lo más relajado.


También es curiosamente diferente la forma en que cánidos y felinos afrontan las visitas al veterinario. A Lucas le aterraba ir. Cada vez que veía el transportín salía pitando y desaparecía en un armario, debajo de una cama o encima de una lámpara. Cuando era descubierto, emulaba a los gimnastas de goma del Circo del Sol  haciendo malabares para no entrar en la caja. Rebelde por naturaleza, en la mesa de la clínica veterinaria, fría y de metal, el gato común europeo de cinco kilos se transformaba en una pantera negra. Aún recuerdo la vez que le tenían que sacar una muestra de sangre. Lucas tenía 15 años y tuvo a raya al personal y quien se acercara –yo incluido- durante cinco horas… Las manoplas de cuero para inmovilizarle no servían de nada con ese Lobezno en miniatura con tan mala leche. Reconozco que cuando arañó a los veterinarios una parte de mí se sintió orgullosa.

Hablando de veterinarios, otra cosa llamativa de los gatos es que tienen un umbral del dolor mucho mayor que los perros. Como las mujeres respecto a los hombres, vamos. Gaspar es mucho más quejica, mientras que Lucas no soltaba un maullido lastimero ni cuando apenas podía moverse. A Gaspar le he llevado a su veterinaria de cabecera un par de veces preocupado por el sufrimiento que transmitía. Era cuento. Partiendo de esta base, lo lógico es que Gaspar se desmayase cuando le toca ir a vérselas con la veterinaria. Pues es justo al revés. El tío va encantado. De hecho hay veces que hasta me obliga a pasarme por allí cuando le saco de paseo. El truco está en los premios -¡comida!- con que le obsequian. Y en los mimos, que le hacen ignorar los pinchazos de las vacunas de turno. De alguna manera, los perros se dejan sobornar, mientras que los gatos son incorruptibles. Ir al veterinario es para ellos como ir a Vietnam, y eso no lo alivian las caricias –un zarpazo es la mejor respuesta- ni las chuches, rechazadas por norma. “Los perros son más sentidos, y los gatos son más suyos”, dicen los veterinarios con los que he coincidido en todos estos años.

En resumen, la independencia de los gatos, ese espíritu irreductible y salvaje que todavía mantienen, es lo que les hace tan enigmáticos y especiales. Los perros, de alguna manera, son más parecidos a nosotros. Quizás por eso sean el mejor amigo del hombre. No se lo digan jamás a un gato. A fin de cuentas, ellos son los que realmente mandan.

Hay 34 Comentarios

Me ha encantado tu relato y estoy totalmente de acuerdo, en casa hemos tenido gatos, perros, loros, tortugas y personalmente creo que me quedo con los gatos.

me encanta los perros, no me gustam los gatos

si queres adotar o compara un perro en España te recomiendo esta web http://www.elsegundamano.es/perros

Gracias por el buen rato pero ¿cómo has conocido a mis perros y a mis gatos? :D:D:D Es verdad que el humano, para los gatos, es "eso" que paga la hipoteca.

Es cierto muchas cosas, aunque a mi con respecto al veterinario me pasa al contrario yo tenia un perrito que era terror al veterinario desde que ivamos a mitad de camino ya agachaba el rabo me miraba y me lloraba y me hacia la pelotade todas las maneras posibles, en cambio el gato que tengo ahora es todo un señor y no le gusta hacer el ridiculo asi que como buen señor se porta estupendamente su veterinaria alucina con el, luego cuando llegamos a casa y estamos en la intimidad entonces me reprende y se enfada tanto que me retira la palabra. Pero como yo soy más de perros ahora quiero buscarle a mi Don Nicolás (gato) una hermanita perra... nose como se dará el experimento.

Me encantan los perros pero el problema es la gran responsabilidad que acarrea, sacarles todos los dias minimo 3 veces, veterinarios, vacaciones.... Considero que el que tiene perro debe de tener unos metros de jardin para que corra, un espacio vital para el perro. Es más yo prohibiría su compra si uno no dispone de ese espacio http://www.capitanfood.com

Siempre desee tener un perro y ese fue mi regalo de bodas, nunca un diamante fue mas hermoso que mi querida indala,han pasado los años, desde entonces hemos tenido perros y gatos de distinta condición y temperamento hemos sido adoptados por perros y gatos callejeros de perreras o abandonados a la puerta de nuestra casa , ademas nos dan lecciones de vida, tenemos una perra Indala II que es algo parada , mas bien un poco cortita nacio de una perra que abandonaron en nuestra puerta y que el perro de turno Einstein decidio adoptar, el sufrimiento de madre que venia con claros signos de maltrato hizo que nuestra peque naciera mal, pero tiene un instinto materno tan arraigado que ahora tiempo en que las gatas callejeras crian va robando cachorritos , uno de ellos el año pasado fue abandonado por su madre , habia perdido un ojo estaba famelico, lo mas humano era sacrificarlo nunca mejor dicho humano, Indala II lo recogio, lo lamia dulcemente nos dio tanta pena.... decidimos dejar al gatito morir almenos entre el cariño y cuidado de la perra, nuestro asombro fue tremendo le vino leche , habia criado hacia mas de dos años con lo cual no tenia , pero no sabemos como cada día tenia mas , luego nos dimos cuenta que dejaba a gatos mayores mamar , poco a poco ha criado a su gato-perro, es un gato con costumbres perrunas , hace lo mismo que nuestros perros aunque en el dondo de su alma no puede dejar de ser gato y organiza cacerias con cualquier cosa que se mueva .

Siempre desee tener un perro y ese fue mi regalo de bodas, nunca un diamante fue mas hermoso que mi querida indala,han pasado los años, desde entonces hemos tenido perros y gatos de distinta condición y temperamento hemos sido adoptados por perros y gatos callejeros de perreras o abandonados a la puerta de nuestra casa , ademas nos dan lecciones de vida, tenemos una perra Indala II que es algo parada , mas bien un poco cortita nacio de una perra que abandonaron en nuestra puerta y que el perro de turno Einstein decidio adoptar, el sufrimiento de madre que venia con claros signos de maltrato hizo que nuestra peque naciera mal, pero tiene un instinto materno tan arraigado que ahora tiempo en que las gatas callejeras crian va robando cachorritos , uno de ellos el año pasado fue abandonado por su madre , habia perdido un ojo estaba famelico, lo mas humano era sacrificarlo nunca mejor dicho humano, Indala II lo recogio, lo lamia dulcemente nos dio tanta pena.... decidimos dejar al gatito morir almenos entre el cariño y cuidado de la perra, nuestro asombro fue tremendo le vino leche , habia criado hacia mas de dos años con lo cual no tenia , pero no sabemos como cada día tenia mas , luego nos dimos cuenta que dejaba a gatos mayores mamar , poco a poco ha criado a su gato-perro, es un gato con costumbres perrunas , hace lo mismo que nuestros perros aunque en el dondo de su alma no puede dejar de ser gato y organiza cacerias con cualquier cosa que se mueva .

Tengo 2 perros y 1 gato. Suscribo lo leído y también el comentario de Felix: el gato te adopta a ti. Y por añadir algo nuevo: si crías juntos perros y gato (mi caso, todos cachorros a la vez, andan ahora por 11-12 años) sus individualidades pueden llegan a confundirse. Es decir, uno de mis perros trata de enterrar la caca cual gato y, a su vez, Loiro (el gato) se acerca a la puerta cada vez que llaman, igual que hacen mis perros.

Los ingleses tienen un dicho: los perros tienen amo, los gatos tienen personal

Yo siempre fui de perros pero desde que tenemos a Cleo en casa, un gatita común de 10 meses, estoy feliz. Feliz de tener juntos a Lucas, nuestro labrador de 7 años, y a Cleo. Se adoran y se respetan y nos ofrecen escenas inolvidables cada día

Me encanto tu historia!
Yo tengo un Perro que se llama Cerbero y no se separa de mi nunca.....aqui puedes ver su blog!
Gracias!
www.cerberoontheroad.fr

Yo convivo con perros y gatos, y me ha encantado tu artículo. Pero he de hacer una objeción en cuanto a lo de los parecidos: Dudo que a un gato le moleste no parecerse a un humano.

Solo puedo decir una palabra: MAGNIFICO.

No estoy totalmente de acuerdo con lo que dice el artículo, pero me gusta la gente que sabe apreciar las cualidades de ambos animales. Quizás es que vivir con más de un gato me ha hecho ver otras dinámicas que no se ven cuando un gato vive sin compañía animal: en mi casa somos una "manada" de tres. Me cuidan, se cuidan, las cuido. Me esperan al llegar a casa cada día y se deprimen si no estoy. A una le gusta jugar al pilla-pilla y con cualquier juguete que le permita interactuar contigo, a la otra de gusta dormir a tu lado: son muy diferentes de carácter. Y la sensación es esa, que somos tres seres "iguales" aunque conozcan perfectamente dónde están los límites (sí, a un gato también se le puede educar).

Totalmente de acuerdo, en mi caso tengo dos gatos y un perro que entró el último y los que mandan son los gatos. Son totalmente distintos y ver la convivencia entre ellos es increible por que no paran de sorprenderte :D

me ha gustado el articulo yo he tenido gatos y perros ahora solo perro , pero midifunta gata "titi" os contaré que la gustaba parir conmigo delante y una de ellas lo hizo encima de mi estaba siesteando y se puso a parir encima de mi tripa jaja la verdad que la deje con los dos primeros luego la aparte con cuidado y siguio mientras yo la miaba , de mis perros todos maravillosos y buenos ..uf recuerdos él de ahora turco un año y medio más listo que el hambre y bueno cariñoso ...en fin que si tú quieres a tú mascota se refleja todo en ella

Para los gatos, tú eres otro gato que vive en SU casa, así que mucho respeto. El mío nos permite usar su cama, su baño, su cocina... A cambio es mimoso y juguetón, cuando quiere, claro.
Felix, me ha encantado lo de los gatos y los perros y los dioses :-)

Que gran artículo! Tengo gatos y también tuve un perro (pero ya falleció de viejecito) y comparto en gran medida todas tus experiencias. La pregunta no es ¿gato o perro? La pregunta es ¿vida con animales o sin animales? Perdonalmente, creo que con animales se disfruta más. ¡Os lo recomiendo!

Muy bonito el relato. Aunque yo soy 100% de perros.

Podéis leerme aquí, si queréis...

http://ladrandoalmundo.blogspot.com.es/

Es cierto, los gatos mandan. Tengo una gata y un perro. Se quieren mucho, juegan juntos, duermen juntos, hacen trastadas juntos

Ese es Lucas, defendiéndose como un señor. También está Petete, todo un peluche, que se deja hacer de todo, pero no consiente de ninguna manera que se le toque un pelo a su hermanita, Nena. Y Paquita, que no deja de ronronear mientras la está en la clínica. No hay dos gatos iguales, y eso es parte de su encanto.

El problema de tener un perro es que si no eres el jefe de la manada lo tienes mal, pero si lo eres igual es peor. El problema de estar con un gato es no reconocer que él es tu dueño. Ser el jefe de la manada es un duro trabajo. Ser siervo de tu gato es muy reconfortante, y no necesitas salir de casa, en todo caso, como yo, tu gato te saca a pasear por la azotea de tu casa o por la zona de la piscina de tu apartamento de la playa.

Yo tengo un gato (bueno, más bien él me tiene a mí) y tres perros. El gato manda, por supuesto. Manda a todas horas del día y de la noche, y de todas las maneras imaginables. Nos recuerda a todos constantemente que es tan generoso que nos deja vivir con él, y que hay límites que no se pueden trangredir. Maravilloso. El ego de los gatos es el único que puedo tolerar en este mundo!

Me ha encantado tu nota. Me encanta la frase "De alguna manera, los perros se dejan sobornar, mientras que los gatos son incorruptibles"

Me ha divertido muchísimo leer este artículo. Me siento muy identificada. Tuve un perro durante 17 años y ahora tengo una gata a la que adoro. Yo creo que a los gatos no los entiendes hasta que tienes uno. Son tan opuestos pero se hacen querer igual! Un saludo.

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Emperrados

Sobre el blog

El día en que un chiquitajo o un gigante peludo entra por la puerta cambia tu vida. Aunque nadie te hable en casa, tú ya tienes asegurados fiesta, perplejidad y cariño. Somos unos cuantos autores con ganas de contar su peculiar verdad sobre perros y gatos. Coordinados por Matilda, una schnauzer (superdotada, cómo no) adicta a los calcetines de Ana Alfageme

Sobre las autoras

Ana AlfagemeEn una de sus vidas, Ana Alfageme es periodista en EL PAÍS, donde durante 26 años ha saltado desde la información científica y social a los sucesos y la cultura. Hoy trabaja en proyectos especiales. Su aventura más nueva y apasionante es compartir techo con Matilda y sobrevivir para contarlo aquí.

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