Emperrados

Sobre el blog

El día en que un chiquitajo o un gigante peludo entra por la puerta cambia tu vida. Aunque nadie te hable en casa, tú ya tienes asegurados fiesta, perplejidad y cariño. Somos unos cuantos autores con ganas de contar su peculiar verdad sobre perros y gatos. Coordinados por Matilda, una schnauzer (superdotada, cómo no) adicta a los calcetines de Ana Alfageme

Sobre las autoras

Ana AlfagemeEn una de sus vidas, Ana Alfageme es periodista en EL PAÍS, donde durante 26 años ha saltado desde la información científica y social a los sucesos y la cultura. Hoy trabaja en proyectos especiales. Su aventura más nueva y apasionante es compartir techo con Matilda y sobrevivir para contarlo aquí.

¿Comentarios, propuestas, noticias?

Escríbenos a blogemperrados@gmail.com

Alojamiento, salir y más

Las “ventajas” de un perro grande

Por: | 26 de julio de 2013

  PeticionImagenCAACX2GF

Imagen de la serie de dibujos animados Scooby Doo

Ningún dueño cambiaría a su perro por ningún otro, independientemente de la raza, el género, e, incluso, yo diría que hasta el carácter. Pero lo cierto es que, en cuestiones de perros, el tamaño importa y condiciona la vida del animal y la convivencia con él.

Seguir leyendo »

Terry y los demás perros de la Casa Grande

Por: | 24 de julio de 2013

Rosaregas

Al conversar con la escritora Rosa Regás, y pedirle un texto para este blog, nos envió un fragmento de su primera novela, Memoria de Almator,(1991). Ella, como la protagonista del libro, habita en una masía del Ampurdán acompañada por sus perros y por los árboles que tantos amigos le han regalado.  

Por ROSA REGÁS

Los días de tramontana, el Señor paseaba sólo con un perro negro llamado Terry, el verdadero guardián de la Casa Grande, el amo incuestionable del valle. Era un inmenso perro alano de orejas pequeñas y tiesas y cola de zorra que, siendo todavía un cachorro escuálido y sarnoso venido nadie sabía de dónde, había rescatado el Señor, cuando estaba la casa todavía en obras, de una horca improvisada que los albañiles le habían preparado entre risotadas como castigo por haberse comido el bocadillo del desayuno de uno de ellos. A partir de aquel momento Terry no se había movido de Almator y al tiempo que crecía había ido adquiriendo sobre todos los demás perros y todos los habitantes del lugar esa supremacía incontestable que sólo puede tener quien ha sido ungido y rescatado de la muerte. Era un perro cariñoso pero altivo y fiel a su amo hasta el delirio, al que seguía sin perder jamás distancia arrimado a la rueda trasera de su Norton durante kilómetros, pero sin aceptar ni pedir tampoco familiaridades domésticas ni gestos de reconocimiento que habrían significado sumisión y sometimiento. Terry nunca se acercaba a la puerta de la cocina, ni pedía de comer frenéticamente como los demás, ni corría detrás del guarda cuando éste se acercaba con una gran olla llena de arroz y carne, ni nadie le hacía sostenerse a dos patas a la vista de un hueso, ni esperaba ansioso junto a quienes comían para recibir un mendrugo. Se mantenía al margen de confianzas excesivas tumbado majestuosamente en un altozano contiguo a la casa desde donde dominaba el valle, la casa, los bosques y algunos días claros el mar, sin aligerar la tensión de los músculos de su cerviz que movía a pequeños trompicones siguiendo quién sabe qué efluvios o pistas que le traían el aire o las sombras o los leves murmullos de los arbustos o un ruido desconocido, y de un salto se lanzaba a la carrera barranco abajo a velocidades de vértigo para descubrir qué oculto animal se atrevía a moverse subrepticiamente junto al arroyo, o qué hombre o perro había osado adentrarse en su territorio. Ladraba enfurecido a los gorriones, a las mariposas y a las moscas de octubre. Volvía siempre de sus excursiones malherido pero victorioso y aun manando sangre no perdía jamás la parsimonia ni la compostura. Su fama de custodio feroz transcendía los límites de Almator de tal modo que no había forastero que se atreviera a hollar el valle en toda su amplitud si no iba acompañado por un habitual del lugar.

Seguir leyendo »

Leemos a los perros y hacemos clic a los gatos

Por: | 16 de julio de 2013

 

Screen Shot 2013-06-26 at 12.52.28 PM
Internet no es lugar para perros. / Facebook

Este mes se cumplieron dos décadas de la única vez que un perro se convirtió en icono de la cultura de Internet. Fue un perrito negro que, según aparecía en la viñeta de The New Yorker que le dio la fama, estaba sentado sentado frente a un ordenador en lo que parece una oficina doméstica para tratar asuntos perrunos y le explica a un dálmata aposentado sobre el suelo: "En Internet nadie sabe que eres un perro".

La tira cómica resultó ser una de las más reproducidas en la larga historia de la publicación semanal, quizá porque explicaba mejor que cualquier sesuda disteración ese momento en el que la Red dejó de ser el reino de ejércitos, gobiernos y académicos (era julio de 1993) y cayó en manos de usuarios que descubrieron con ella el potosí del anonimato. La frase acabó terminó siendo un adagio tan popular que se usó una y otra vez y hasta Apple llamó a un grupo de aplicaciones Cyberdog en 1997 en su honor. Qué se le va a hacer, eran los tiempos antes del retuit.

Seguir leyendo »

La espiga o el Arma de Invasión Masiva

Por: | 09 de julio de 2013

Espigas
¿Es un descampado lo que le hace a tu perro el ser más feliz del mundo? ¿Husmear entre los matorrales altos y saltar cogiendo impulso para sortear la altura de las espigas? Huy... ¿Hemos dicho espigas?

Huye de ellas como de la peste. En el momento que amarillean, se convierten en el Arma perfecta de Invasión Masiva. "Es lo que nos da de comer a los veterinarios en esta temporada", asegura la veterinaria Alicia González, del Centro Los Molinos de Madrid. "Se desprenden y se clavan entre los dedos de la pata, se les meten en las orejas e incluso penetran por la nariz".

Seguir leyendo »

Rita, la perrita

Por: | 08 de julio de 2013

Rita2reducida

Por JUAN CRUZ

A Rita la llamaron Rita en seguida. Porque a Eva se le ocurrió que ese era el nombre propio de una perra, Rita. Cuando era chica cabía en una mano; de hecho, Eva la llevó consigo, en el regazo, en el primer viaje que hacía en avión, y entonces Rita tenía unas semanas; ni Eva sabía cuántas semanas tenía. La encontró en la orilla del mar, muy cerca de donde vivimos, en El Médano, Tenerife; cuando la entró en casa, mojada aún de la maresía, Pilar le gritó a nuestra hija:

--¡Eva! ¡Dónde vas con ese perro!

Era una perra. Alguien la había dejado abandonada, y unos muchachos belgas la habían encontrado en el mismo lugar donde Eva los vio luego. Le dijeron qué había pasado y Eva trajo a casa a la perrita. Cuando la madre se calmó y aceptó que esa perra era para siempre le pidió que le pusiera nombre.

Así nació Rita, de perrita.

Seguir leyendo »

Irán: si paseas tu perro, lo confiscan

Por: | 05 de julio de 2013

Perros5

por ÁNGELES ESPINOSA (Dubái)

“Se están llevando a los perros y multando a sus propietarios”, se advertía a media voz a finales de mayo en los parques de Teherán. Con la campaña electoral iraní en marcha, sólo quienes tenían una mascota prestaron atención. Un responsable policial confirmó que sus agentes iban a “hacer frente a quienes pasearan sus perros por las calles y que también se incautarían de los coches que los llevaran”. Aunque nunca se han visto muchos canes en las ciudades iraníes, no es la primera vez que la policía actúa contra quienes tienen uno. ¿Qué les pasa a las autoridades iraníes con esos pobres animales? ¿No tienen problemas más importantes de que ocuparse?

Seguir leyendo »

Mi perro veranea con salvavidas

Por: | 03 de julio de 2013

Perros2

Te vas de vacaciones. Mar o montaña. Y con tu perro o con tu gato. Perfecto. Pero, un momento. En tu maleta has dejado sitio para el repelente de mosquitos, las tiritas y hasta algo para la diarrea estival. ¿Pero qué pasa con él o ella? ¿Qué pasa con su botiquín?

Seguir leyendo »

Lolita y Gallina

Por: | 01 de julio de 2013

por ELVIRA LINDO

Lolita1.ashx
1. Hace tres años llegué a casa de mis amos. Había nacido en Alcobendas, como Penélope, y a los seis meses me mudé a los Estados Unidos, como Penélope también. Tenemos vidas paralelas. Aquí me veis la tarde que llegué, con cara de bastante susto. Una nunca sabe en qué tipo de casa ha caído. 

Seguir leyendo »

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal