¿Juegan o se pelean?

Por: | 19 de febrero de 2015

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El pasatiempo favorito de mi perra Matilda es correr como si su vida dependiese de ello. Dibujando requiebros y atajos para que su mejor amiga, Agua, no la capture. O viceversa. Su segunda ocupación predilecta es esperar, el vientre en el suelo, a que la bulldog francesa se le aproxime con paso lento de pantera hasta que, muy cerca, dispare de nuevo la carrera. Finalmente, llega el cuerpo a cuerpo: revolcones, mordiscos en las orejas, el morro o las patas y sonidos de diversa agudeza e intensidad. De vez en cuando, el contacto se vuelve más áspero y los arrumacos sonoros se convierten en algo muy parecido a un ladrido. ¿Se han enfadado? ¿Lo suyo es amor o están cantándose las cuarenta? ¿Cómo distinguir si juegan o se pelean? He aquí algunas pistas:

1. Todo empieza con una reverencia. El irresistible gesto de mantener los cuartos traseros en alto y las patas delanteras por delante, el pecho en el suelo, es la señal.  Viene a decir: "Quiero jugar, te lo digo para que no te pille por sorpresa y no te tomes nada de lo que viene a continuación en serio". Es un código compartido con sus ancestros, los lobos, y que todos los perros entienden. "Se comunican de forma clara, a través de un lenguaje muy amplio de gestos, sonidos con la boca y también posturas corporales. En la bibliografía aparecen agrupadas como: "señales de calma", "señales de juego", "señales de amenaza" entre otras...", dice la educadora Sandra Real, veterinaria y especialista en problemas de conducta. Durante la interacción también se practica la "reverencia del juego" como pista para continuar.

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¡Vamos a jugar!. Un perro ejercitando la reverencia. /GETTY

2. Luchan, pero en vez de una pelea, parece una coreografía. Cuando Agua y Matilda juegan cuerpo a cuerpo, gruñen, se revuelcan y se lanzan una encima de la otra. Pero el cuadro desata una sonrisa. Los movimientos son fluidos y continuos, como si el creador de un ballet los hubiera pautado, como señalan los expertos. Esa es una de las señales de que estamos asistiendo a cualquiera de sus sesiones de juego, que las deja a las dos con la lengua fuera y la respiración agitada... pero de agotamiento.  Ambas atacan, turnándose. Otra cosa distinta sería si una de las dos fuese la que acorralara a la otra.

 3.Se muerden pero nunca se quejan. Cuando Leo, un golden retriever muy guapo, juega con Matilda, pone cara de que se la va a merendar con patatas: retira los belfos y enseña unos dientes inmensos y blanquísimos. Ella, casi 20 kilos más ligera, tampoco le va a la zaga. Cualquiera que haya visto fotografías de perros jugando, se sorprenderá de los gestos de aparente fiereza en su expresión. Muestran toda la envergadura de sus fauces y atacan orejas, patas o el morro por diferentes ángulos. Pero raramente protestan y cuando lo hacen, son más bien señales para indicar al compañero de juegos hasta donde puede llegar.

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 4. Uno u otro se tumba boca arriba.  A veces es Agua la que enseña el vientre, las patas por alto, otras es Matilda la que se desliza sobre el lomo y llama al juego a su compañera descubriendo los dientes. Es lo que los estudiosos del comportamiento canino llaman selfhandicapping, es decir, mostrarse deliberadamente débil.

 5. Si son amigos, es raro que lleguen a pelearse. Matilda tiene una especie de familia extendida: Trufo, Agua, Leo, Sosita, Bruja, Moncho, Yera, Caete y Maddie. Ha crecido con ellos y les ve muy a menudo. Y ocurre como con todas las familias, que se genera todo tipo de relaciones. Los tres primeros son como los primos gamberros en aquellas pandillas de la infancia: se le pasan las horas persiguiéndose, revolcándose y quitándose el juguete.  Con Sosita, una teckel guapa pero reñidora y algo trastornada, discute por la comida y la contesta si ella le abronca.  Bruja, la madre de Sosita, es una señora mayor que no está para aguantar cachorros plastas. A Moncho, un labrador irresistible y muy fuertote, le riñe ella, no entiendo muy bien por qué, ya que lo que se dice cuñados, no son. Y con el resto, a quienes no les gusta mucho jugar, mantiene una relación de cercanía.  "Los perros que conviven fuera de los hogares crean vínculos emocionales entre ellos, se relacionan como un grupo o familia, no hay líderes alfa, generan un núcleo familiar", dice la veterinaria y especialista en trastornos del comportamiento Sandra Real, "cuando hay un grupo que pasa tiempo en compañía gestionan todo muy bien. Por ejemplo, cuando hay un juguete nuevo no suele haber problemas. El que lo tiene en un momento determinado es el dueño".  Los perros que han crecido juntos y juegan no suelen acabar discutiendo. "Puede ocurrir como con los niños, que la excitación de la interacción les lleve a subir el tono y entonces hay que interrumpir el juego", dice la veterinaria Alicia González, de la Clínica Los Molinos de Madrid. Es distinto en caso de que no se conozcan y se vean por primera vez. Los expertos señalan que los perros que juegan "bien" también van calmándose después de un subidón de adrenalina.

 6. Si se le eriza el pelo, cuidado. Matilda, en general amigable, odia a Lola, una perrita negra que vive en el piso de al lado. Es verla y trasformarse en una fiera: ladra, tira del arnés... y le crece una fila de pelo en el lomo. Las señales de una posible pelea las resume Sandra Real: "Rígido, con el pelo erizado, mira fijamente al otro perro, jadea, echa los belfos hacia atrás, se acerca al dueño....".

 7. Ya no tiene ganas de jugar si... "Se tumban o empiezan a olisquear el suelo", especifica Real. Suelen usar esa señal para generar calma después de mucho juego o excitación en grupo y así bajar los niveles de activación. 

Hay 14 Comentarios

Lo más importante es la educación. Aun así, si se meten en líos, hay que tener cuidado de cómo intentamos sacarlos de ellos, pues en la enajenación de la pelea puede que se vuelvan contra nosotros.

Totalmente de acuerdo, fundamental tenerles un seguro de enfermedades y accidentes

Y el seguro medico para perros tb lo aconsejo para cubrir lso gastos veterinarios por alguna herida

HAcerle un seguro de responsabilidad civil es bueno porque si se pasa jugando y le hace daño a otro te pueden denunciar

Me viene genial este post dado que tengo dos perritos. Uno ha entrado hace poco en casa y la verdad es que al principio se peleaban. Ahora ya no tanto pero a veces tienen un comportamiento algo hostil y me preocupa. Sobre todo cuando no estoy en casa.

Es una mezcla de ambas cosas, fundamentalmente no cuesta entenderlo porque creemos que nuestros hábitos de relación social son trasladables al resto de especies para su comprensión y, evidentemente, no es así.

http://casaquerida.com/2015/03/17/que-no-votar-cuando-vas-a-estar-votando/

Totalmente de acuerdo con sofia

Gracias por su comentario

Yo cd vi que mis perras se peleaban y estaba todo el dia en el veterinario le saqué un seguro de facturas veterinaria por mordeduras y toy encantada aqui http://www.micompi.com os lo recomiendo Ciaooo

Me encantó la nota, es lo que veo a diario con mis perras.
Ana, escribe más seguido ! Gracias.

Lo normal es que jueguen

muy buen articulo

La respuesta es básicamente que se motivan y mantienen su interacción, a falta de lenguaje. Es la manera que cada mamífero tiene para relacionarse y establecer las jerarquías con sus iguales y con otras especies, mientras que desde nuestro púlpito evolutivo tenemos la sensación de no necesitar esa interacción salvo desde una faceta de dominio. Craso error.

http://casaquerida.com/2015/02/18/atajo-a-mano-derecha/

Yo he vivido lo mejor y lo peor de los perros. Son el amigo más fiel, pero también se transforman en fieras en 1 segundo. Hay que educarlos muy muy bien o nos podemos llevar más de un susto http://goo.gl/mDUyMI

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Sobre el blog

El día en que un chiquitajo o un gigante peludo entra por la puerta cambia tu vida. Aunque nadie te hable en casa, tú ya tienes asegurados fiesta, perplejidad y cariño. Somos unos cuantos autores con ganas de contar su peculiar verdad sobre perros y gatos. Coordinados por Matilda, una schnauzer (superdotada, cómo no) adicta a los calcetines de Ana Alfageme

Sobre las autoras

Ana AlfagemeEn una de sus vidas, Ana Alfageme es periodista en EL PAÍS, donde durante 26 años ha saltado desde la información científica y social a los sucesos y la cultura. Hoy trabaja en proyectos especiales. Su aventura más nueva y apasionante es compartir techo con Matilda y sobrevivir para contarlo aquí.

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