7 ingenios que solucionan problemas, de la mano de Hiroshi Tsunoda

Por: | 20 de marzo de 2013

Solo son detalles pensados para hacernos el día a día más fácil y pintarnos, de paso, una sonrisa en la cara. No hay mucho más. Bueno, sí. Estos ingenios con apariencia de sencillos cumplen a la perfección su misión y consiguen emocionar y aportar valor sin desfondarnos los bolsillos. Y a mí esto me parece mucho. Ya lo decía John Steinbeck: "lo mejor es siempre lo más simple, lo malo es que para ser simple hace falta pensar mucho".

Himiko transparente1.Himiko (48 euros).  ¿Quién no sueña con una lámpara escenográfica en el comedor que permita alargar las sobremesas? Este modelo con nombre de mítica princesa japonesa lo consigue sin arruinarnos. Su precio no llega a los cincuenta euros. ¿Por qué una luminaria de estética cuidada y evanecescente tiene que rondar los 300 o los 3.000 euros?, se pregunta Hiroshi Tsunoda.

Siempre me han atraído los diseños sencillos con acabados prolijos y ese no sé qué (que algunos artistas bautizan como esencia) capaz de tensarme emocionalmente. Es verdad que encontrar dichos diseños primorosos por unos cuantos euros, pese al deseo manifiesto, parece una entelequia. Suena a utopía hablar de “diseños inteligentes, con estilo propio y al alcance de la mayoría”. Pero con este sugerente eslogan (o la versión 'cool' del ‘bueno, bonito y barato’ de toda la vida), la firma barcelonesa DesignCode lanza ingenios que resuelven algunas problemáticas decorativas. Sobre ellos se cierne el peso del hallazgo, porque son elementos con un precio pequeño pero que reverencian la calidad y la ecología como los nuevos mantras. Deseosa de saber qué se agazapa tras estos productos, y contároslo, entro en la casa y, sobre todo, en la mente del artífice de DesignCode: Hiroshi Tsunoda (Tokio, 1974). Un creativo brillante, enérgico y con ideas poderosas y prágmáticas. Un artista y un diseñador industrial que guerrea cada día para que el buen diseño sea democrático.

Hiroshi Tsunoda en el recibidor de su piso y estudio
La casa de Hiroshi Tsunoda es su gran laboratorio de pruebas. /ISABEL CASANOVA

Hiroshi Tsunoda ha arañado la fama con la lámpara Flamp, pero a mí me fascina por ese empeño titánico -y del que nadie sale incólume- por diseñar, al mismo tiempo que sus obras, su vida. En eso está, cuando me abre las puertas de su casa. Nada más atravesar el umbral, las sorpresas se suceden. El diseñador vive cerca del Museo Picasso de Barcelona, pero en un tercer piso sin ascensor. Parece la residencia de un estudiante. Las hechuras interiores se han apañado un poco para ajustarse a las nuevas necesidades y reservar un pedazo para acoger desde el 2.011 el antiguo estudio (antes un local de 200 metros), pero nadie calificaría la obra como “de diseño”. Es una casa agradable, pero que respira una estética modesta y casi de autoconstrucción que me traslada inmediatamente al Shunka. Tsunoda me lo advirtió por e-mail. Pero yo esperaba toparme -como le dije a la fotógrafa Isabel Casanova que me acompaña- con la versión depurada y exquisita del restaurante (el Koy Shunka). Hiroshi Tsunoda antepone (me percataré un poco más tarde) las personas y las ideas a las cosas. Busca, persigue, lo esencial.


Joyn Snowflake cortina2.Joyn Snowflake (34,60 euros). Para separar ambientes o crear una cortina a tu medida, 50 hexágonos de polipropileno de 1 centímetro de grosor que se unen en un abrir y cerrar de ojos. Es un sencillo ejercicio de autoconstrucción con el que evocar algo de la magia de las escenografías futurísticas de Tokujin Yoshioka.

 

“En mi casa, todo es barato -arguye Tsunoda- porque tengo dos hijas de uno y tres años y quiero que puedan pintar desde las paredes hasta el frigorífico como hacía yo cuando era niño”. La ausencia de pretensiones del lugar me reconforta, pero esa domesticidad tan vivida y sentida no casa con la imagen y el currículum del diseñador cosmopolita que ha expuesto en el Designers Block de Londres y dos veces en el Salon Satellite de Milán. ¿La explicación? Este diseñador solo tiene hambre de diseño. Se mueve para saber más, no para tener más. Tsunoda se crió en Japón, emigró a Chicago para aprender inglés y cursó diseño industrial en la prestigiosa Rhode Island School of Design (Providence). Desde 2.000 reside en Barcelona, donde tiene su propio estudio creativo (HTDS), ha fundado la marca de diseño DesignCode (razón por la que le entrevisto) e imparte clases en la Escuela de Diseño Elisava de Barcelona.

Flamp noir3.Flamp (32 euros). El bestseller de DesignCode. Más que una lámpara, un icono-souvenir que habla de reciclaje. Se trata de una caja de cartón para transportar botellas que incorpora en su interior una bombilla y un cable. Es transportable y, en la versión Gaudí, coloreable.

¿Hiroshi Tsunoda es el prototipo de diseñador actual? ¿La humildad es el estandarte de los creativos emergentes? ¿Y el vivir casi con precariedad la realidad hasta de los que alcanzan cierta notoriedad? Como respondiendo a mis interrogantes mentales (y a mi estupor), Tsunoda quiebra mi ensimismamiento con una frase contundente y sorpresiva: “No soy un triunfador. Antes creía que sí. Ahora, sé que me queda todo por aprender, pero también que nunca he tenido tantos deseos de saber. Mi reto es solucionar los problemas reales de la gente, rediseñar los servicios, crear diseños que funcionen”, sentencia. “El diseño tiene que funcionar”, insiste. Tsunoda repite esta idea como una pulsión. Es su señal de identidad, la marca que define su trabajo en DesignCode, y en la que a mí me resuena el eco cercano y reconocible de Juli Capella.

 

Tobo4.Tobo (20 euros).¿Cómo usar el papel higiénico en el dormitorio o el salón? ¿Cómo lograr que este papel barato y  suave con la nariz resulte sexy como pañuelo? Para responder a estas preguntas, nace este dispensador de papel ubicuo. “Es doble eco: económico y ecológico”, dice Tsunoda. “Ahorra papel, para proteger tanto el bolsillo como el entorno". 

Cuando abordamos su trayectoria personal, Tsunoda me confiesa que, tras cinco años de vivir en una montaña rusa (en este período ha cambiado de socio, se ha casado y ha tenidos dos hijas), vuelve a pensar y a crear. Me sorprende la desinhibición con la que muestra sus flaquezas. Con naturalidad, me cuenta que sólo al construir su privacidad ha recuperado su pasión por diseñar, que está aprendiendo a limar las aristas de su afilado carácter y que, al convertirse en maestro de diseño, se ha dado cuenta de que apenas sabe nada. “Aprendes sólo al enseñar”, sentencia. Y al enseñarse, con humildad y sin divismos, me desarma. Sin embargo, no percibo intención de agradar, sino más bien de narrarse para entenderse. Del descubrimiento de sí mismo, y de su rol actual como padre, creo que emergen sus diseños y sus ideas audaces y comprometidas con la sociedad. Aquí os despliego las que más me entusiasman:  

El buen diseño tiene que ser asequible y accesible para la mayoría
"DesignCode surge para dar respuesta a este planteamiento: ¿por qué una lámpara bonita tiene que costar tanto? Buscaba una manera de diseñar productos buenos y atractivos a un precio razonable. Que no necesites pensar 50 veces antes de comprar algo que te gusta, porque es demasiado caro. El buen diseño tiene que ser asequible, por precio. Y accesible, por concepto. ¿Por qué una lámpara cuesta 3.000 euros? Yo no lo entiendo. Una luminaria de precio tan elevado no es un concepto de fácil compresión”.
“Los productos de DesignCode no son tan baratos como los de Ikea. Las cosas que tienen valor, que están bien hechas, cuestan un poco más, pero también duran más”.

Kipa  de cerca5.Kipa (83,50 euros tres unidades). ¿Por qué un perchero sólo acoge el abrigo o el sombrero? ¿Dónde dejar los bártulos que atesoramos en los bolsillos para deambular por la calle, como el móvil o las llaves? Un tubo de acero cortado al láser -que es colgador y contenedor-permite reunirlo todo en sólo unos centímetros murales. Para exprimir la pared.

El buen diseño es el que permanece
Hace 50 años, el buen diseño era ‘el que no envejece’. Con Ikea, se ha instalado la cultura de ‘usar y tirar’. Todos tenemos algo de Ikea (yo también). Es muy barato. Pero todos conocemos, también, la calidad de Ikea. Después de un año, tenemos que tirarlo”.
“Con la crisis, esta fase de fabricar mucho, consumir mucho y tirar también mucho va a cambiar.  Vamos a volver a apreciar las cosas bien hechas, el diseño bien hecho”.

El diseño no añade más, es más
 “La palabra diseño se utiliza, de forma equivocada, como valor añadido: lámpara de diseño, silla de diseño, mesa de diseño… ¿Qué es una mesa de diseño? Todo está diseñado. Pensado y fabricado por alguien”.
“La belleza de un diseño procede de su función. Un producto bien diseñado siempre es bello. Form follows function”.
 “Para valorar el buen diseño, tienes que entrenar tus ojos, tus sentidos. Mirar, percibir, apreciar y respetar la belleza. Y la belleza está en todo: en la naturaleza, en una artesanía, en cómo se sirve una comida…”.

Luo en el exterior 1 luo6.Luo (15 euros, 10 piezas). Portavelas de papel, pero de papel ignífugo. Pantallas para difundir el suave brillo de las velas. “Para crear -según DesignCode- un escenario íntimo y mágico con muy poco”

 

El diseño tiene que ser inteligente, tiene que funcionar
El diseño no es arte. Es la respuesta a una necesidad. Tiene que funcionar. El diseño es un servicio. Cuando creas una obra de arte, sólo tienes en cuenta tus propias necesidades, tu propio placer. Cuando diseñas un producto, hay que atender los requerimientos del otro (consumidor, cliente). Es como hacer el amor”.
“Diseñar no es sólo inventar. Siempre se puede ir más allá de lo que hay. Lo que más me gusta es buscar problemas y pensar cómo mejorar, no ya los objetos, sino los servicios. En la cocina, por ejemplo, Lekue ha desarrollado muchos proyectos innovadores para cocinar, pero nada para limpiar (y es esencial). ¿Por qué no abrimos un mercado de productos para la limpieza de la cocina? Estoy trabajando en esto”. 
“Resulta más excitante diseñar sillas que papeleras. No hay nada más difícil que innovar en sillas (o en cubiertos), porque desde nuestra existencia como humanos los hemos usado. Diseñar una silla es el mayor reto para un diseñador, pero ¿es lo más necesario?”

 
Hiroshi Tsunoda piensa en resolver problemas

Hiroshi Tsunoda habla y diseña con las manos

“Para materializar una idea, para traspasar un concepto de la cabeza a la realidad, hay que trabajar con las manos. Pensar con las manos. No es habitual, pero es básico. Yo soy de generación del ordenador, pero empiezo siempre con el bolígrafo y el papel". /ISABEL CASANOVA

Diseñar es “pensar con las manos”
 “Hace seis años que no voy a la feria de Milán. Cada vez me interesa menos. La mayoría de diseños no tienen fondo. Son muy transparentes. Salen directamente del ordenador. No hay historia, emoción ni trabajo detrás de ellos”. Los diseñadores tienen la obligación, la responsabilidad, de pensar más y trabajar más. El diseño exige pasión (hay que disfrutar para poder crear), pero también implica entrega. Tras el éxito hay muchas horas de trabajo, pero las revistas de diseño no hablan de ello”.   
 “Para materializar una idea, para traspasar un concepto de la cabeza a la realidad, hay que trabajar con las manos. Pensar con las manos. No es habitual, pero es básico. Yo soy de generación del ordenador, pero empiezo siempre con el bolígrafo y el papel".
"Hay que pensar dibujando, tocando, cortando, probando, como hacen los cocineros. Hay que conocer y tratar los materiales. Ahora todo el mundo imagina y crea con el ordenador. La imagen es bonita, y puede deslumbrarnos, pero no trabajamos con lo esencial: con la realidad. Con el ordenador la madera puede unirse al cristal”.
 “Yo prohíbo a mis estudiantes usar el ordenador para crear. Les pregunto: ¿cuántos años tienes? ¿20? Entonces, les digo, tienes 20 años de experiencia. El proceso creativo empieza por abrir esos cajones mentales, en los que acumulas los conocimientos de toda una vida. Una vez toman conciencia de que dentro de su cabeza ya tienen toda la información que necesitan, hay que enseñarles a trabajarla, a construir grandes mapas de ideas. Una parte de diseñar es volver a pensar. Es repensar”.

Chibi7.Chibi (60 euros). Como su nombre indica, es una pieza pequeña. Pero con un diseño muy complejo. Es casi una lámpara de papiroplexia. Una plancha de hierro plegada y cortada con mucho ingenio, para no tener que usar adhesivos, ni soldadura, ni tornillos. 100% reciclable. Otro icono.

El diseño futuro surgirá de unir ideas y artesanías
“Me gusta ser honesto con el material. No forzarlo, sino buscar sus características, plegarme a su naturaleza. El diseño sale de entender la naturaleza del material”.
“Yo siempre busco materiales que pueda encontrar y trabajar localmente, como el papel o la cerámica. No sólo por precio, sino por calidad. El trabajar con artesanos locales, me permite controlar el trabajo y colaborar. Trabajar en equipo es lo que más me gusta”.
“El futuro del diseño pasa por unir a los diseñadores con nuevas ideas con los jóvenes que recuperan oficios, las artesanías. De esta asociación saldrá la nueva Bahaus”.

Hay 2 Comentarios

¿En serio tal como están las cosas hoy se necesita cualquiera de esos artículos?
Me parecen muy bonito y muy chulos para los que tengan dinero, pero a día de hoy yo no me compraría por ejemplo una Kipa...

Me ha encantado! Para mi un descubrimiento :) gracias

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Sobre el blog

Abordar la casa y sus aledaños desde el punto de vista de la gente que la inventa, la construye y la disfruta con ideas frescas, desprejuiciadas y transversales. Para ayudar a soñar a la mayoría en su día a día.

Sobre la autora

Ana Martínez Nebot

. Estudié periodismo para conocer a las personas que cambian las cosas. Trabajé en revistas económicas para financiarme la carrera. Impulsada por la pasión me centré en la decoración. Y descubrí que las cosas y las casas cambian a las personas.

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