Sobre el autor

Javier Casqueiro

. Soy un enfermo de la información política. Redactor jefe de España y Política. Gallego, cocinillas y cosmopolita. Me encanta mi familia, el cine y las series norteamericanas, la NBA, el Barça y las autobiografías de enormes estadistas.

Sobre el blog

Me enerva que las jóvenes generaciones de periodistas ahora en las facultades y escuelas de periodismo solo quieran ser corresponsales de guerra. Ratifico que los partidos políticos y la información política en España también tiene complicadas trincheras que sortear y que los periodistas tan fácilmente descalificados como de moqueta y tenedor también corren sus riesgos, si hacen bien su trabajo. Yo lo intento hace años. En mi experiencia no todos los políticos son ladrones ni vagos ni maleantes. No está escrito en ningún lado que los políticos y periodistas de antes fueran mejores necesariamente.

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Dos vascos en juego

Por: Javier Casqueiro | 18 abr 2013

Eduardo y patxi

Ni Eduardo Madina ni Patxi López dicen ahora no. Esa es la noticia. Que ya no rechazan con contundencia, como hacían hasta hace muy poco, que en un futuro no muy próximo puedan plantearse competir en unas primarias por el liderazgo máximo del PSOE en sustitución del actual secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba. El paso, que todavía no han dado en público, no es menor pero tampoco relevante en cuanto a consecuencias reales e inminentes. Eso sí, tiene un punto simbólico que conecta con la evidente insatisfacción que muchos dirigentes y bases del partido reflejan sobre el rumbo actual del PSOE y la atonía de su dirección, en la que trabajan tanto López como Madina, y que se constata mes tras mes en las encuestas. El PSOE no está en caída libre, como rebate el propio Rubalcaba, pero ni reacciona ni despega ni aprovecha el momento crítico del Gobierno del PP. Y muchos se temen que esa planicie continúe aunque persista el previsible desplome del presidente Mariano Rajoy.

Aún no hay un baile oficial de candidatos en el PSOE. Hay un juego. Y hay dos vascos socialistas en liza. Al menos.

El calendario que la dirección actual del PSOE se ha fijado en sus planes no convence a muchos dirigentes y barones del partido, que tienen sus propias estrategias e intereses. El equipo que encabeza Rubalcaba quiere emplear todo este año 2013 en discutir internamente, con conferencias y otros actos, el proyecto y discurso ideológico socialista "para darle la vuelta como un calcetín" y dejar para 2014 la resolución pendiente del liderazgo. La frase repetida ahora del calcetín ya la usó el socialista Francisco Vázquez, pero en 2000.

Aunque la dirección actual del PSOE repita mucho que no ha llegado el momento de hablar de nombres, tampoco sabe muy bien cómo ni cuándo empezar a manejar esos cambios. Tampoco, obviamente, con quién. Hay un consenso implícito y mayoritario de que ese futuro líder no será Alfredo Pérez Rubalcaba, idea a la que no es ajeno el veterano dirigente. Al menos en estos momentos.

A Alfredo Pérez Rubalcaba le gustaría que toda la organización se enfrascara entera en un rico debate, renovara sus ideas y funcionamiento, conectara mágicamente con las bases y la desencantada sociedad y, como consecuencia de todo ello, el nuevo líder tendría el camino expedito para tener alguna opción contra un castigado Rajoy en las próximas elecciones generales. Ese era su calendario soñado. Rubalcaba no iba a ser un estorbo para esa figura llegado ese momento. Al contrario. Él habría cogido el partido en el peor momento, habría cruzado el desierto electoral, habría renovado la organización y, tras ponerla en suerte, habría favorecido el relevo. Muchos que conocen la capacidad de maniobra de Rubalcaba no pueden creerse esa previsión y la tachan de buenista. Pero ahora parecía la más realista.

Sin embargo, ese plan no es que sea ingenuo, es que parece imposible e incompatible con las urgencias actuales. Y, además, también tiene sus ángulos oscuros y ocultos. Rubalcaba y su equipo tienen sus propias ideas sobre cómo, quién y cuándo debía producirse esta operación. Lo programado inicialmente era que ese proceso de cambio de líder se produciría obviamente en unas primarias a fijar entre las elecciones europeas de 2014 y las municipales de 2015, tras una campaña de concienciación con los barones y mandos en plaza para hacerles entender que la persona con más capacidad, nivel, apoyo y curriculo para sustituirle debería ser Patxi López, el exlehendakari.

LosdosconrubalPatxi López siempre había manifestado públicamente que no estaba en esa operación. Incluso asumió de nuevo recientemente, en el congreso del PSE, la secretaría general del partido en Euskadi, para corroborar con hechos cuáles parecían sus intenciones. Pero su etapa en el País Vasco es pasado y él lo sabe mejor que nadie. Le apasiona el PSOE, la dirección nacional del PSOE, la política nacional y, de hecho, está ya en un lugar reservado en la ejecutiva de Rubalcaba. Todo encajaba perfectamente. Le da miedo, eso sí, la capacidad de crispación y los tejemanejes de la corte política y mediática madrileña. Pero es un temor calculado, que podría superar si se empeña. Desde hace unas semanas ya no descarta nada para su futuro. Tiene a su favor que conoce y ha trabajado más y mejor la organización por toda España, donde su figura cogió muchos enteros por su papel institucional como presidente vasco en una de las épocas más tranquilas que se recuerdan en esa comunidad.

Lo de Eduardo Madina es un quiero y no puedo recurrente. Incluso por él mismo. Es el mirlo blanco señalado por casi todos en el PSOE desde hace años, aunque siempre se acababa hablando más de su juventud, inexperiencia y falta de ganas que de sus posibilidades. Ahora tiene ya 37 años. Y lleva varios con responsabilidades casi del máximo nivel en el grupo parlamentario en el Congreso. A su favor juega su preparación y su perfil joven, renovador y de consenso, porque tiene adeptos tanto dentro del equipo de Rubalcaba como entre los que respaldaron a Carme Chacón en el último congreso de Sevilla. Le retiene el riesgo de dar semejante paso de gigante en falso, para el que una persona normal nunca debería sentirse suficientemente preparado, y un concepto de fidelidad y lealtad tradicional hacia Rubalcaba y López, a los que inevitablemente tendría que traicionar en esa disputa, aunque solo fuese para marcar distancias con el pasado y abonar sus ahora muy remotas posibilidades de éxito.

El País

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