Eros

Cuando las chicas "nos hacemos los ratones"

Por: | 28 de diciembre de 2011

Le pregunté a qué se dedicaba y me dijo que era informático. Pero, para describir su oficio dentro del amplio campo cibernético, aclaró: “Que soy el chico que te cambia el ratón, vamos”. Recordé este diálogo cuando leí, en este mismo blog, la entrada de Venus sobre el castellano aplicado al erotismo. Y es que los argentinos nos acercamos a la cama con términos bastante diferentes a los ibéricos. “Ratón” es uno de ellos.

Lo primero que una chica argentina entendería de la respuesta del informático español sería aproximadamente:“te cambio el chip de tus fantasías”. Porque “hacerse los ratones” es, en argentino básico, fantasear. Ni más ni menos. Y porque al trasto del ordenador lo llamaríamos “el mouse de la compu”. Ya sabe: hacerse los ratones. O, en su versión simplificada: “ratonearse”. Sí, un verbo reflexivo. Por ejemplo: “¡cómo me hago los ratones con la foto gigante de Orlando Bloom en el cartel de la parada del autobús que anuncia vaya a saber qué perfume!”.

Courbet Origin-of-the-World

Óleo que el artista francés Gustave Courbet pintó en 1866.

Uno puede ratonearse con este cuadro de Courbet, o leyendo un relato incestuoso de la maestra del género, Anais Nin (de ella y de sus libertades y de su amante Henry Miller hablaba la peli Henry and June de Philip Kaufman), o hacerse los ratones con el profesor al que, mientras escribe en la pizarra, se le levanta la camisa y deja asomar un pedazo de elástico del underwear, o con apenas un gesto tierno que borra la viril severidad de un rostro conocido, o ratonearse con la planicie de una pancita descubierta, intuyendo suaves ondulaciones, un poco más al sur, o ...................................(rellene usted la línea de puntos, compañera/o; total, nada va a inmiscuirse de verdad en su realidad pura y dura).

 

Anais (María de Medeiros) y June (Uma Thurman) se meten en la cama, en Henry and June (1990).

Y eso que el ratón es un símbolo fálico nada amable en el universo onírico femenino. Para algunas mujeres, los ratones de los sueños remiten, fantasmagóricamente, al sexo no consentido. De hecho, una pesadilla de ese tenor me lleva, en la lucidez del día, a una escena desagradable de una versión fílmica de La peste de Camus, pero no podría asegurar que mis recuerdos se ciñan a la realidad… esto es, si es el cine o mi cabecita lo que me guían por las alcantarillas.

Como sea, hacerse "el bocho", una versión más amplia del unívoco "ratonearse" nos lleva al rincón de las prácticas solitarias para decir ¡ojo!: no se crean los presuntuosos (ex) grandes amores de nuestra vida que nos hacemos los ratones con ellos, siempre o la mayoría de las veces que estamos solas. Más bien, esto sucede tirando a casi nunca, porque el morbo, como bien decía Venus O'Hara, es el morbo (esa palabra very spanish a indefinible distancia entre el deseo, la escatología, el disfrute y la desgracia).

Conozco a chicas con parejas guapas y en forma que confiesan ratones con señores bien mayores y con flagrante sobrepeso o con medallitas de oro enredándose en los vellos rizados del pecho (no olvidar que se trata de fantasías que uno sabe que nunca concretará). Orlando Bloom, con su barba de tres días y en vaqueros cuidadosamente desaliñados está bien para la parte de la imaginación vinculada con la vida social.

Lo que no nos pone nada, aviso, es imaginarlos a ellos, a solas, en una sesión masturbatoria. Y menos aun admirarlos admirándose. Pero no hay manera de que algunos dejen de procurar tentarnos con sus hazañas exhibicionistas; antes, abriéndose la gabardina en sitios públicos y, en los últimos tiempos, a través de maniobras poco elegantes frente a la webcam, por ejemplo. "Gracias, gracias", insistimos, a sabiendas de que ellos sí quieren conocer cada detalle de nuestras sesiones autocomplacientes.

Cosa muy distinta y gozosa suele resultar del onanismo como práctica compartida, y siempre mejor en vivo y directo, claro. A propósito, recuerdo a Laura, el personaje de la serie En terapia, contándole al psiquiatra que se había masturbado “cabalgando en el muslo de un hombre triste”. Una manera líricamente femenina de expresarlo, ¿no?

Tampoco nos ponen nada los alardes pseudo-piropos callejeros a gritos. Al respecto, vale la pena echar un vistazo a un monólogo del inefable Seinfeld y recordar el capítulo de Sexo en Nueva York, en el que Miranda enfrenta decidida a un obrero que, taladro en mano, en medio de la calle, le hace proposiciones explícitas. "Sí, eso es lo que quiero, lo necesito", le espeta, y el tío, abochornado, pide disculpas arguyendo estar casado.

 

Monólogo de Seinfeld sobre las expectativas de hombres y mujeres a la hora de ligar.

La lección de argentino hacia la cama acaba aquí por hoy (por cierto, "acaba" y no "se corre"). En este último acto, dono a las lectoras la imagen del chico de Informática, debajo del escritorio, enchufando el cable del bendito ratón a nuestra CPU. A ver si ahora funciona...

Hay 52 Comentarios

muy lindo artículo.
Lo de hacerse el bocho creo que es lo mismo que ratonearse, aunque es un término más viejo

De verdad que existe un océano de distancia lingüistica entre las dos orilla. Yo quisiera preguntar sobre una historia argentina que las mujeres jovenes entienden y no los hombres: La historia de lo que le dice el Sr. Llamo a la Srta. Llama. Puede aclararme que hay escondido entre estas frases del facebook entre Argentinas y Argentinos:
Srta A: Yo quiero ser como una llamita
Srta B: Y que te mire el llamo como aquellos del Macchu Picchu y te diga lo que le dice el llamo a la llama?
Srta A: somos llamitas con llamitos.
SR X: Vaya que estan enigmaticas srtas.
Srta A: SR X sabés lo que le dice el llamo a la llama?
SR X: eso es mentira son excusas que le dice el llamo a la llama cuando se va con sus amigotes a tomar cerveza.
Srta B: El si sabe que yo ya se la conté.

Puede alguien aclarame de que se trata la historia del Sr Llamo y la Srta llama que precisa aclaracion por la Srta B al SR X?
Gracias de antemano
antonio vargas heredia

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Sobre el blog

Ni enciclopedia ni consultorio sexual al uso. He aquí un rincón erótico festivo dedicado a las relaciones y la atracción entre seres humanos, esa faceta que nos hace la vida más placentera, tierna, amorosa, plena… Un blog coral, con cinco autoras de todo origen y condición, que apuesta por el juego, la provocación, lo sensual y el sexo como acto libre, adulto, compartido, real o ficticio, siempre divertido... Eso sí, si tu mirada no es amplia y tolerante, mejor no te detengas aquí. Coordina Analía Iglesias. No sólo se admiten firmas invitadas, sino que son deseadas.

Sobre las autoras

Anne Cé. Nació en el sur austral (Argentina), en un tiempo beatle y en un país con altísima densidad de psicoanalistas y jugadores de fútbol. Periodista, quizá incluso a su pesar, narra lo que se le ponga delante. Y narra, y narra. Un día descubrió que el simple roce de una clavícula le erizaba la piel y entonces comprendió por qué le gusta tanto abrazar a un hombre.

Esther Porta. Segoviana, fue becaria en el mítico Tentaciones y allí hizo de todo hasta que sus conocimientos de sexo la convirtieron en Beatriz Sanz. Y gracias a ella, publicó artículos semanales de sexo, dos libros y fue reclutada como sexperta guionista del programa de Canal +: 'Sex Pópuli'. Cuando casi se le había olvidado (lo de escribir de sexo...) se mete a bloguera. Y aquí está, con tantas ganas de sexo (del uno y del otro) como siempre...

Venus O'Hara, de Reino Unido, con raíces irlandesas. Modelo fetish, actriz y escritora. Licenciada en Ciencias Políticas y Francés, reside en Barcelona, ha sido columnista sexual en varias revistas, tiene su propio blog de fetichismo y es creadora de 'No sabes con quien duermes', un confesionario para personas que llevan una doble vida. Publicó su primer libro junto a Erika Lust, 'Deséame como si me odiaras', en 2010.

Tatiana Escobar, de Venezuela (1976), ha escrito ensayos y poesía en español. Traductora y editora, en 2004 abrió en Madrid junto a sus socios la primera boutique erótica de España, La Juguetería Erotic Toys, para no tener que vivir de la literatura. Desde entonces vive del sexo. Y escribe, a veces, para sus amigos.

. Madrileña. Soñó con escribir y pronto descubrió una vía: el periodismo. Pero como tampoco valía narrar sobre cualquier cosa, eligió suerte y remató la faena con un posgrado en Sexología. Ha trabajado en suplementos de salud y medios especializados. Con la práctica ha acabado por darle un toque más sensual a sus letras. Y con ellas sueña en escribir, ahora, un libro.

Ilustracion
Venus O'Hara, Anne Cé y Silvia C. Carpallo, según 'Mi Petit Madrid'.

Nuevo libro

El orgasmo de mi vida. Si ya no sueñas con príncipes azules, locos por pedirte en matrimonio, ni esperas que aparezca un millonario atormentado pero diestro en amores, con una Visa en una mano y un látigo en la otra, este libro es para ti. Porque El orgasmo de mi vida habla de eso, de mujeres realistas, lúcidas, independientes y eróticamente vivas, capaces de combinar esa cotidianidad que todas conocemos, con sus pasiones más salvajes. Ellas son las protagonistas de los relatos, sin guionistas que les digan lo que tienen que hacer, pero sobre todo, son las compositoras, directoras e intérpretes de los orgasmos más armoniosos de sus vidas.

Lux eróticaLux erótica. "Escribir sobre sexo era la propuesta y me sentí estimulada. Después de tantos años como periodista cultural y con mucha vida hecha en torno a la información y a la actualidad, tenía ganas de ponerle carne a la crónica. Porque nuestra más genuina actualidad como personas pasa por el relato del erotismo. Porque de atracción y de relaciones hablamos todo el tiempo en este tiempo occidental con ciertas libertades individuales garantizadas y rebosante de espíritu lúdico pero también algo desafectado y con nuevos descompromisos adquiridos...". Anne Cé.

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