Autor invitado: Josep Giralt
“Toda vida verdadera es encuentro” (Martín Buber)
Si por algo me he caracterizado en mis diversos trabajos ha sido por ser “hombre masa”. Disuadido de pensar y condicionado por órdenes que me han sido impuestas me fui diluyendo hasta convertirme durante un tiempo en un ser anodino y sin voluntad. En definitiva, me convertí en Baxter, el personaje que Jack Lemmon interpretaba en El apartamento, pero sin la suerte de ser dirigido por Billy Wilder.
Lemmon y MacLaine estuvieron nominados al Oscar, que ganaron Burt Lancaster (El fuego y la palabra) y Liz Taylor (Una mujer marcada) por interpretaciones muy inferiores en películas muy alejadas del éxito y calidad de El apartamento. Pocas veces los Oscars han sido tan injustos.
Recuerdo un directivo que cada día después de comer regresaba a la redacción recién duchado y con la bragueta desabrochada. A los cinco minutos entraba su secretaria con cara de valkiria enamorada en estado post orgásmico de primer grado. Llegaban separados para que nadie interpretase que venían de retozar durante la pausa del mediodía. Evidentemente estaba casado y tenía tres hijos. A pesar de que simulaban ser modernos y transgresores, ni ellos, ni su historia tenían nada de particular.
Una noche me pidió que la acompañase a una fiesta, utilizándome como coartada. Mi cometido era hacerme pasar por la pareja de la valkiria. Me negué excusándome con el pretexto de cuidar a mi abuela, con la que convivía en aquella época. Su conducta a partir de mi evasiva, fue la indiferencia más absoluta y la soberbia del que se sabe ganador. Desde aquel momento y hasta el último día me consideró un inútil.
Shirley MacLaine sufrió durante el rodaje una crisis personal que coincidió con la de su personaje. El director, Billy Wilder, confiesa en su libro, Conversaciones con Billy Wilder, que ella fue la única que le causó algún problema durante la filmación. Pero el director recuerda el rodaje como una de sus mejores experiencias cinematográficas.
Aquella experiencia, mi amor por el cine y ciertas similitudes me condujeron hasta El apartamento, de Billy Wilder. A partir de aquel momento mi admiración por Jack Lemmon y Shirley Maclaine se convirtió en una pasión que no ha disminuido con el paso del tiempo. Cada año desde 1992 (año que descubrí la película) regreso a ella para disfrutar de una de las más bellas historias de amor y al mismo tiempo de uno de los retratos más lúcidos y realistas sobre la verticalidad del orden social y sus jerarquías. Como dice el crítico Carlos Boyero: “No conozco ninguna película tan romántica, realista, soñadora, triste, mordaz, sensata, cabrona y bonita como ésta”.
Las personas en la vida, en el sexo y en el trabajo no deberíamos convertirnos simplemente en un conjunto de reglas. Sería un lujo poder manifestarnos a través de la creatividad, de la originalidad y del espíritu crítico. Sin embargo, el enorme esfuerzo que supone luchar contra la estupidez y la mediocridad, hace que algunos optemos por mirar a otro lado, manteniendo una actitud cínica, que en definitiva tiene muy poco de heroica y que lo único que consigue es mantener a este tipo de individuos en puestos de responsabilidad. Lo más importante para ellos es que no rompamos su armonía con nuestras dudas y principios. Lo que necesitan a su alrededor son bufones y palmeros.
La película fue nominada en diez categorías de los Oscar, de las cuales se impuso en cinco: Mejor Película, Director, Guión Original, Dirección Artística y Montaje.
La acción del filme tiene lugar en Manhattan, durante las fiestas de Navidad de 1959. C.C. Baxter (Jack Lemmon) es un oficinista que trabaja en una gran empresa de seguros con miles de empleados. Vive solo en un apartamento que de vez en cuando deja a los altos ejecutivos de la empresa para que lleven allí a sus ligues. En definitiva, lo que busca Baxter es conseguir un ascenso y pasar de ser un número invisible a un número con despacho propio. La cosa se complica cuando Baxter se enamora de la ascensorista, Fran Kubelik (Shirley MacLaine) quien a su vez tiene un lío con el cínico Jeff D. Sheldrake (Fred Mac Murray), jefe de Baxter. Un hombre satisfecho con el sistema y muy poco dispuesto a alterar su estatus socio-familiar.
Baxter parece un ser gris, un hombre aparentemente sin problemas. Trabaja durante todo el día y regresa a su casa donde cocina una cena fría y se planta solitario frente al televisor. Cada día es parecido al anterior. Su vida en casa y en la oficina destila tristeza y al mismo tiempo cierta melancolía.
Fran Kubelik (Shirley MacLaine) busca convertirse en la nueva esposa de su jefe, aún sabiendo que están jugando con ella, prometiéndole una vida que nunca va a llegar. Al igual que Baxter (Jack Lemmon) ella busca un futuro mejor, sin que parezca importarle perder la dignidad por el camino. La grandeza de la película consiste en que los dos principales protagonistas se convierten en un espejo de lo que todos podríamos llegar a ser. Un claro ejemplo de personas sin pensamiento propio de la sociedad industrial moderna. Disuadidos de pensar y educados en deseos que les han sido impuestos por sistemas de condicionamiento de increíble eficacia y de una perversidad demoledora. Sus vidas recuerdan la frase de Borges: “El 90% de las vidas son estériles”.
Asimismo la película es una crítica al sistema que nos ha conducido hasta el mundo que hoy conocemos; el éxito, el poder, la ambición sin escrúpulos, la publicidad, el mundo de los negocios, de los despachos y de los grandes rascacielos y corporaciones. Wilder abrió con esta película una nueva forma de ver el cine y de tratar con absoluta libertad creativa temas como la identidad sexual, la prostitución, el suicidio, el adulterio y las relaciones dentro del ámbito laboral. Esas oficinas nos dan una idea de la dimensión del mundo que se retrata. Un mundo donde cualquier persona se puede llegar a sentir tan pequeño e insignificante como una hormiga. Una sociedad donde los seres humanos no importan. Y una reflexión de cómo el mundo capitalista acaba condicionando la vida de cualquier pareja.
Desde el instante en que Baxter cambia de estrategia y actitud con sus jefes, negándoles las llaves de su apartamento, se convierte de repente en un personaje subversivo. No sólo porque en lugar de aplicar sus normas las discute sino porque, en su actuación, bloquea el camino regular de todo sistema burocrático. Al negarse a obedecer les esta diciéndo que sus códigos morales no son los mismos, que ya no busca ser uno de ellos. La actitud denigrante, machista e interesada que tiene el jefe Sheldrak hacia Kubelick, hace que Baxter despierte de un largo letárgo y empieze a tomar las riendas de su propia vida.
El Apartamento es un canto a la libertad. Nos muestra como la dignidad debería correspondernos como seres humanos y no simplemente como componentes del rebaño. La película nos habla principalmente de la soledad y de cómo el amor puede dar sentido y cierta proporción a nuestra vidas. De lo tranquilo que se vive sin hacer ruido y sin embargo de lo estéril que esto resulta. Pero sobre todas las cosas, es una maravillosa, poética historia de seres humanos a la deriva, que como jarrones rotos consiguen recomponer sus piezas gracias al valor, al reconocimiento de sus propias miserias y a una absoluta necesidad de amar. Por todo ello, resulta tan conmovedor el encuentro entre Baxter y Kubelick.
DIÁLOGO DEL APARTAMENTO
Fran: ¿Cuántos días son necesarios para desintoxicarse una de la persona amada? Tendría que inventarse una sonda para lavar el corazón.Buxter: Sé bien lo que usted siente, señorita Kubelik. Cree que es el fin del mundo pero no lo es. Yo he pasado por lo mismo que usted.
Fran: ¿En serio?
Buxter: Yo adopté otro sistema, el pistoletazo.
Fran: ¿A causa de una chica?
Buxter: Mucho peor, era la esposa de una amigo mío. Me enamoré perdidamente de ella. Un amor sin esperanza, de modo que decidí terminar. Verá, compré una pistola en una casa de empeños y me fui en el coche, ¿conoce Cincinnati?
Fran: Nunca estuve allí.
Buxter: No importa. Aparqué el coche y cargué la pistola. Le aseguro a usted que no es fácil pegarse un tiro. Uno no sabe cómo tiene que hacerlo. Dispararse, pero ¿dónde? ¿aquí? (señala su cabeza), ¿aquí? (su boca), ¿aquí? (su corazón). ¿Sabe dónde acabé disparándome?
Fran: ¿Dónde?
Buxter: Aquí (señala su pierna)
Fran: ¿En la rodilla?
Buxter: Sí. Mientras estaba sentado pensando en lo que debía hacer, un policía metió su cabeza para decirme que había aparcado mal. Quise esconder la pistola y entonces se me disparó.
Fran: (riéndose) ¡Es espantoso!
Buxter: Sí, tardé un año en poder doblar la rodilla. Pero olvidé a la chica en tres semanas. Sigue viviendo en Cincinnati, tiene tres niños y ha engordado diez kilos. Siempre me envía un pastel por Navidad.
Según Billy Wilder, MacLaine tiene un resplandor maravilloso cuando vuelve corriendo hacia Lennon al final de la película. Sin embargo intentaron desde un principio que la última secuencia tuviese un final abierto. Los últimos minutos están considerados como una de las secuencias más hermosas de la historia del cine. Wilder y el guionista Diamond no querían nada en el final que fuese tierno. La última frase es "Cállate y juega".
(*) Ver más Amores imaginarios pinchando aquí.
Hay 19 Comentarios
Gran película y buen texto, que analiza sobre todo los aspectos más "sociales" de esta obra maestra.
Publicado por: Ana | 22/10/2012 18:44:16
Ya decía yo que en el autobús, a las siete de la mañana, las caras de felicidad de las chicas no eran nada normal....a esa hora tienes mucho sueño, cabreo y no esas sonrisas de oreja a oreja ....
Publicado por: inma | 01/10/2012 22:28:27
tan acertado como siempre en tus críticas de cine, y sobretodo en el retrato que haces de la sociedad en la que nos ha tocado vivir y que en no pocas ocasiones nos tiene atrapados sólo para que podamos seguir subsistiendo. Creo que en mayor o menor medida tod@s hemos sido en algún momeno de nuestras vidas Baxter, ya sea con el ejemplo que nos muestra la película o en otras situaciones. Hay un párrafo en el que sintetizas muy bien cuál ha sido uno de los fracasos que hemos tenido como sociedad, en la que obviamente me incluyo: no haber plantado cara a la mediocridad, unas veces por desidia o por dejadez, otras simplemente por puro individualismo. Nuestra solución será la actitud que finalmente toma Baxter: plantar cara a la mediocridad no pensando en nosotros, sinó en las generaciones futuras, un gesto de generosidad que a mí todavía hoy me cuesta ver de una manera contundente a mi alrededor. Gracias por tus sabias palabras!
Publicado por: Estefania M T | 29/09/2012 13:24:55
M,he emocionat el text és preciós, a més va ser l,any que ens vam conèixer, per cert recordo perfectament com reiem quan tornaven al despatx el directIu i la secretària, Josep ets una de les millors persones que concec, t,estimo molt, ptnts carinyo
Publicado por: lina | 29/09/2012 12:50:42
Gran artículo sobre todo un clásico del cine. Ha dado en el clavo de lo que esta película significa y representa: a menudo el afán de alcanzar el éxito social oculta nuestros verdaderos logros particulares, que casi siempre son invisibles al ojo fiscalizador de la sociedad “masa” (utilizando su propia expresión) pero que agigantan nuestro valor individual como seres humanos… Gracias por presentarnos las obras maestras del cine desde una perspectiva tan personal y poco convencional. Sin duda un blog que seguirá creciendo.
Publicado por: Rocío R. | 27/09/2012 18:48:08
¡¡Magnífico artículo!! Llevarnos a la observación de nosotros mismos y en consecuencia a darnos cuenta de "que somos" o "quien podriamos ser" a traves de una sensacional película, me parece sencillamente genial.
Publicado por: Mª Teresa | 26/09/2012 21:42:11
¡Ay! Me ha dolido ese pie de foto. No puedo admitir fácilmente que Burt Lancaster hiciera una interpretación muy inferior como Elmer Gantry. Por cierto, bien interesante película, con una tensión sexual muy poco habitual. Sr. Giralt, humildemente, me parece que ahí se ha pasado usted un poco en su entusiasmo y admiración, que, por otra parte, "El Apartamento" merece sobradamente.
Publicado por: ES | 26/09/2012 0:30:59
De como hacer una comedia romántica, y como fondo, una radiografía de la sociedad de su momento....y del nuestro...lastima que los robinsones de hoy (hombres y mujeres) no encuentre huellas en la arena y sigan buscando, perdidos en el mundo real......y el cibernético.
Publicado por: Juan | 25/09/2012 23:13:16
Desde el instante en que Baxter cambia de estrategia y actitud con sus jefes, negándoles las llaves de su apartamento, se convierte de repente en un personaje subversivo.
A partir de ahora me comportaré más como BAXTER!
Publicado por: Makegas | 25/09/2012 20:26:09
Muy buena y no muy alegre, pero comedia sí es. Algo dificilísimo. No queda muy claro si CC Baxter inicia esas transacciones porque quiere o porque no le queda más remedio y ha sido presionado. El final es voluntarista en pro de la buena fe humana.
Publicado por: carlos | 25/09/2012 19:32:48
La soledad, el amor difícil pero real y salvador. Y estos días que ya duran muchas semanas intentado olvidar lo inolvidable para no morir de dolor.
Este artículo y esta película era lo que me faltaba hoy, un día hondamente nuboso.
¡Qué bien este giro hacia la vida misma en el blog!
Publicado por: Musetta | 25/09/2012 19:02:03
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Publicado por: belstaff jackets | 25/09/2012 18:06:11
El amor es la respuesta,así es, magnífico texto Sr.Giralt, gracias.
Publicado por: Lectora | 25/09/2012 17:41:27
Hay un momento en que Lemmon le dice a Maclane:
"Stra. Kubelik, yo era Robinson Crusoe, un náufrago entre 8 millones de personas, hasta que vi unas huellas en la arena. Y entonces la encontré a usted."
En mi humilde opinión es la más hermosa declaración de amor de la historia del cine.
Publicado por: kilgore | 25/09/2012 17:28:36
Un a pelicula para disfrutarla con una copa de vino en la mano, las palomitas harian demasiado ruido y nos perderiamos detalles...
Un placer de entrada, si señor...
www.elrincondelena.com
Publicado por: elrincondelena | 25/09/2012 16:02:58
perdón por el palabro..... ACOJONANTE¡¡¡¡ Gracias josep
Publicado por: rafael | 25/09/2012 12:20:07
Cuánto se agradece un texto bueno, espejo del alma, en cuyo reflejo ves no sólo quién eres sino también quién dejas de ser y quién te gustaría ser. ¡Chapeau!
Publicado por: Stímulax | 25/09/2012 11:35:53
Felicidades por su entrada sr. Josep Giralt. Me ha hecho recordar una película, a mi entender, imprescindible. Una Shirley MacLaine deslumbrante con un Jack Lemon que encaja a la perfección en el papel. Dúo excepcional que convierten este film en un clasicazo que nos recuerda que el amor supera todas las ambiciones y nos conecta a nuestra naturaleza más honesta. Y es que al final cosas tan nimias del compartir como una buena partida de cartas con tu compañera (ya sea una ascensorista o una prostituta de barrio como Irma la dulce) se acaban convirtiendo en aquello esencial que, al final de nuestros días, nos hace sentirnos orgullosos de nuestro pasado... no las horas extras que hicimos en la oficina.
Publicado por: Juan | 25/09/2012 10:01:16
Me ha gustado la frase : "de lo tranquilo que se vive sin hacer ruido y sin embargo de lo estéril que resulta"
Me ha gustado mucho su texto , como la vida misma .
" Descalzos en el parque " también una bella historia de amor,
Publicado por: Patricia | 25/09/2012 9:48:47