Eros

De piropos, acoso y corrección política

Por: | 24 de noviembre de 2014

Por Maranta Rubiera (*)
 
No me importa lo que digan las feministas: a mí me encanta un piropo. Lo repito incluso en la víspera del día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (el 25 de noviembre). Crecí en un país caribeño donde las mujeres aceptamos con gusto todo tipo de elogio callejero, desde los más románticos hasta los más 'sucios' (de "tantas curvas, y yo sin frenos" a "fueras mango pa’ chuparte hasta la pepa"). El piropeo es una costumbre originaria de la época colonial española, que en el calor tropical encontró terreno fértil para evolucionar a niveles que hoy en día resultan inaceptables en otras partes del mundo.
 
Dibujo a domicilio
 
 
Mi señora es una trilogía española de cortos donde uno de los personajes le dice a su esposa: "ya quisieras tú que te dijeran algo así, o por lo menos que te dijeran algo". Una perla de sabiduría políticamente incorrecta con la cual yo no podría estar más de acuerdo. Me parece un irrespeto cuando, al escuchar mi afición por los piropos, mi interlocutor me trata con un dejo de lástima esgrimiendo temas como la des/igualdad entre los géneros, las hegemonías, los patriarcados, etcétera, dirigiéndose a mí como si yo sufriese de alguna falta de autoestima patológica, una inmadurez moral o algún retardo ético que excusa mi "estúpida opinión".
 
Sé que en otras culturas este tipo de comportamiento resulta muy intimidatorio para las mujeres, pero en mi país no tiene tal connotación. Se asume como un intercambio momentáneo que no lleva a nada más: un piropo no termina en violación. ¿Acaso en otros países sí? No he dado aún con ninguna estadística fiable que compruebe tal cosa.
 
Para muestra un botón: en este controvertido reportaje americano, una chica camina por diez horas en Nueva York mientras recibe comentarios insinuantes de los hombres. Lo cierto es que, de todas las interacciones, solo un par nos resultaría incómodo a mí y a mis compatriotas. Nadie intentó algo físicamente amenazante contra la protagonista del vídeo, hasta que el mismo fue difundido por Hollaback! (organización en contra del acoso callejero) generando enorme malestar en la opinión pública, pues el vídeo resultó ser muy tendencioso y simplemente racista.
 
Esta experiencia mediática demostró que se debe tener mucho cuidado al intentar imponer principios "éticamente positivos" a través de diversas culturas. Hollaback! terminó pidiendo disculpas públicamente por haber apoyado ese vídeo. Opino que la mala reputación de los piropos se origina en uno de los tantos miedos infundados que circulan por el bosque desde que Caperucita Roja salía a hacer recados. Miedos que logran su objetivo a la perfección: hacernos sentir débiles, vulnerables e incapaces de caminar por la calle con la frente alta.

La publicidad de un popular programa de entrevistas de la India llamado Satyamev Jayate muestra a un malandrín que, viajando en un bus, observa lascivamente a una chica. El comportamiento del joven es lo suficientemente grave como para que otro hombre le llame la atención dejándolo sumido en la vergüenza. Para alguien de mi país este vídeo resultará casi incomprensible, pues a nuestros ojos no hay nada grave en la situación. Por otro lado, importa aclararle a un turista caribeño de paso por Mumbai que jamás debería piropear a una bella mujer hindú con un "te quiero, te adoro, tú eres la vaca y yo soy el toro". Insisto en el respeto entre culturas, en hacer un esfuerzo por entender dónde se originan y cómo nos moldean nuestras particulares costumbres o perversiones, y respetarlas (en la medida de lo saludable).

Al ver la publicidad se me ocurrió una idea para explorar directamente este asunto del acoso y de los piropos. Desde hacía tiempo tenía la fantasía de abordar a un extraño por la calle y asaltarlo con un buen beso apasionado: aquella tarde me convertiría en una acosadora en plena ciudad de Barcelona. En la parada del bus más cercana no tardé en dar con un chico de lo más guapetón que se merecía ser acosado. Una vez dentro del bus comencé a observarlo de la manera más lasciva que pude. Finalmente decidí ir al ataque y me le acerqué a una distancia intimidatoria. "¿Te puedo besar?", le propuse. "Noooo, ¡tengo novia!", respondió el muy tierno. Nos reímos a carcajadas y por el resto del trayecto nos miramos de reojo con picardía. Antes de bajarse, la 'víctima' me saludó con un amigable "adiós".

Como acosadora soy un fraude. Tras aquel experimento concluí que a las mujeres esto del acoso no nos resulta muy bien. No porque seamos seres bondadosos (de antojarnos, podemos ser muy malignas): simplemente, no es lo nuestro. La diferencia entre los géneros y entre las culturas existe. Cada cultura tiene su estética y hay que respetarse mutuamente. Y yo, mientras tanto, no veo la hora de volver a escuchar un "adiós corazón de orgullo que todo lo que me guinda es tuyo". 

 

(*) Autora de 'Hembra'.

Hay 26 Comentarios

Yo creo que absolutamente toda mujer debe ser respetada. Si a una le gusta el piropo, perfecto. Si a otra no, perfecto. No menospreciar ni a unas ni a otras por cosas tan subjetivas como cómo nos sentimos ante estímulos externos.

Ahora bien. A mí NO me gusta que me piropeen. ¿Nunca? hombre, pues a veces me ha arrancado una sonrisa. Pero si tengo que perderme los pocos piropos que puedo disfrutar a cambio de no tener que pasar miedo, firmo ya.

Ninguna mujer debería tener que pasar nunca miedo por los comentarios que escucha por la calle. Un día decidí prestar atención a todo esto y llamar "acosador" a todo hombre que me molestase con sus palabras. De camino a casa caminando, y de noche, llamé acosadores a 4 hombres que me hicieron sentir incómoda. ¿Debo aceptar esto porque haya mujeres a las que les guste? Pues no. No poder caminar de noche por la calle tranquilamente es un precio demasiado alto que pagar por 4 buenos piropos.

Por eso opino que si tengo que elegir, elijo el no a los piropos. Porque si para que el 50% de mujeres disfruten (por poner un porcentaje neutro, que no estoy tan segura de que sea el 50%) el otro 50% debe sentir miedo o incomodidad... pues no.

Criticar a las mujeres a las que les gusta ser piropeadas, y más desde el feminismo (dentro del cual, por supuesto, me incluyo), está muy mal. Pero lo mismo al contrario. Si no me gusta, no tengo por qué tolerarlo.

A mi, en lo particular, me gustan los piropos, algunos son mejores y otros simplemente grotescos y burdos intentos de llamar la atención, pero no dejan de ser alagos que han de ser recibidos con una aptitud positiva

Pues a mi me encanta que me piropeen. Me alegra el dia. No me siento ofendida, ni mucho menos. Una palabra bonita o una mirada de admiración, se agradecen.

Los piropos dependen de cómo los digan, y dependen de cómo se reciban. A mí hay días que estoy de bajón y no me apetece oír a hombres decirme cosas.
En cambio, hay otros días que me excita y pone mucho que me digan lo que les gustaría hacerme, supongo que será porque les gusto.

Estamos hartos de escuchar a hombres que piropean a mujeres y viceversa. Es algo con lo que seguramente a más de uno le saca una sonrisa.
A mi entender, el problema está en quien recibe el piropo, será un mensaje mal sonante si queremos que así lo sea, o de otra forma podemos tomarlo como algo agradable y disfrutarlo.

Estamos haciendo un mundo tan edulcorado que estamos contaminando hasta lo mas bonito del mundo que es, sin lugar a duda, la espontaneidad.

Os paso un nuevo relato erótico escrito por mi: http://sonrrise.blogspot.com.es/2014/11/liberadamente-presa-relato.html

Juguetes eróticos politicamente incorrectos http://lolatoys.com

Eso es lo que viene siendo la diferencia entre acoso y flirteo, no?
Si te apetece es flirteo y si no, acoso.
Pues eso.

Los piropos son un arte que no hay que perder, a las mujeres guapas hay que decirles que lo son!

http://www.viciosillos.com/

Falete sí que tiene buenos piropos...

Todo depende de quien lo diga, o mejor dicho, de quien mejor actúe a la hora de expresar el piropo. El piropo bien construido es al mismo tiempo producto del ingenio, de la imaginación, de la educación y de un dominio muy amplio del lenguaje, dominio que nada tiene que ver con el nivel cultural. El ejemplo de la vaca y el toro del artículo es un piropo torpe, y creo que el "te puedo besar" no es piropo, sino justamente el siguiente paso que vendría tras el efecto positivo de un piropo bien dicho y hecho. El efecto de un buen piropo es equiparable al de un buen verso.

Un piropo bien dicho y su momento oportuno, es halagador. Si se hace grosero y a destiempo, es un insulto.
También la forma de ser de quién lo recibe, es importante.
Por cierto, más piropos a hombres...

Que te pongan mirando pa Cuenca y te dejen el coño como un libro abierto, eso sí que es un piropo

E para quem gosta de ler e ouvir uma outra lingua, a minha lingua, o português, eu diria: vocē é um gato, lindo, inteligente, me dê um sorriso e um beijo. Ah, gato, só um beijo, e eu vou embora, guardando a doçura deste momento.
https://www.youtube.com/watch?v=40MdALPWnTw

Carlos Martinez y M: totalmente de acuerdo. A mi me dá mucho miedo un hombre en la calle hablando vulgaridades. Se és noche, entonces, que miedo! Y peor: los hombres saben del miedo que sentimos, hay en sus piropos algo de sadismo. Bueno, para gustos, los colores. A mi me encanta un hombre elegante, poliglota, que me piropeie con delicadeza, en una lengua que no comprendo. Sutilmente.
https://www.youtube.com/watch?v=oF1uOF1-pRg

Bueno, ya sabeis, esta señora es escritora. Su profesión es escribir y eso es lo que ha hecho en este artículo. Actitud pseudo provocadora que genera comentarios y por tanto éxito en su blog y atracción para su libro. Ahora bien, todo es ficción, se inventa ese personaje que actua en el texto, no creo que sea real. Por otra parte tampoco es pensadora, su opinión no es más valida que la de cualquiera, aunque por alguna razón recibe amplificación y nosotros incluso la ayudamos en ese objetivo. :-) es solo un juego.

Hey, que si a ti no te molestan, ya está, para ti no hay problema. Pero ciertas actitudes pueren resultar intimidatorias o sencillamente desagradables para muchas mujeres. En mi caso los peores piropos que he recibido fueron cuando tenía solo 14 años, caminando con una amiga nos pitaron y gritaron obscenidades varios coches desde la carretera. Y para el que piense lo contrario, iba con manga larga, pantalones a media pierna y botas; ni falda, ni taconazos, ni escote. Para mi fue muy desagradable, era demasiado pequeña y me puso muy nerviosa, pasé miedo.
Sinceramente, no creo que nadie pueda justificar que adultos griten burradas a crías.

¿Diferencias de culturas? Si, las que tu quieras. Pero yo hablo de algo dentro de mi propia cultura que no me gusta, creo que una cosa es un piropo normal o tu "¿Te puedo besar?” y otra muy diferente es gritar barbaridades.

Lo de diferencias de genero... Menos de las que crees, y muchas sencillamente sociales. Si las mujeres pudiesen pasear por la calle de noche sin más miedo que cualquier hombre, ya se vería cuantas de esas diferencias son ”naturales” y cuantas impuestas. Te recuerdo que en este país se denuncian más de 1000 violaciones al año, y se calcula que en realidad se producen más de 2000. Ese miedo no lo viven los hombres.

Eres un desastre como acosadora, jaja. Yo te recomiendo utilizar mi técnica que no falla nunca. Mira como lo hago yo y todavía no hay hombre que se me haya resistido: http://goo.gl/pyjfky

No señora no, uno no dice "fueras mango pa chuparte hasta la pepe" gritando de una acera a la otra solamente. Ese piropeador adopta una ctitud con el cuerpo, el gesto, la cara etc, que está mas cerca de la agresión que de la palabra inocente. ¿Que queda solo ahí? pues parece por las estadisticas de agresiones machistas que tampoco. Que lo llevan en la sangre y son especialmente calientes. Tampoco del todo. De la misma forma que no todos los españoles por ejemplo somos ni morenos, ni flamencos y ni siquiera sabemos bailar pasodoble, que por cierto tampoco es español. Que no, que no llevamos decenas de años luchando contra baboseos machistas para que entendamos que a algunas les siga gustando que las traten como "rajitas rodeadas de desperdicio".

Siempre el piropo pero sin amedrentar, cuando es para hacer gracia sin problema, lo malo a veces cuando no es para agradar a la persona que se lo dices.

Todos somos vulgares y a veces las vulgaridades son necesarias. Lo que no somos todos es graciosos.

Por cierto, para experimentar el "te puedo besar" te sugiero que tomes una muestra de población más representativa. Por ejemplo, el área de descanso de la ap7 cuando hayan unos cuantos trailers aparcados o las cabinas del sexshop de aragon

Menudo topicazo. Lo típico de ir de antifeminista para parecer mas femenina. Lo de los piropos es simplemente una vulgaridad como otra, un ejemplo de no saber estar. No es muy grave, es como comer con la boca abierta o inflarse a canapes en una recepción. Simplemente no tener perspectiva suficiente como para saber que las personas de buen gusto no lo hacen (excepto como broma, provocación, excentricidad o con gran sutilieza). En el caso tropical, el topicazo añadido del supuesto ardor de sus habitantes facilita este comportamiento. Va, avancemos, dejemos esto y vamos a hacer cosas mas chulas, sexys, originales y cultas que comer pepitas de papaya, gomillas de bragas, hacer trajes de saliva, conducir con curvas y otras majaderías semejantes

Más bestia todavía:

- Hombre, Manuel, ¡cuánto tiempo! ¿Qué es de tu vida?
- Pues nada, que me casé hace un mes.
- ¿Y eso? No me lo puedo creer, con lo bruto que eres.
- Pues nada, que vi a una chica guapa por la calle y le dije "vaya culo, menuda funda para mis cojones", y ella me dijo "la funda va a ser para tu puta madre". Y así, hablando, hablando...

Esto no se puede contar en Alemania.

Andaba buscando mi media naranja y me encontré con tu papaya.

Es de lo mejor que he leído en este sitio, sin querer desmerecer al resto. Las mujeres miráis, vaya que lo hacéis. Al culo, al bíceps, al pecho y también a la cara... pero no decís nada. Es simplemente cultura. En otras culturas una mirada (ya ni un piropo) puede ser ofensivo.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre el blog

Ni enciclopedia ni consultorio sexual al uso. He aquí un rincón erótico festivo dedicado a las relaciones y la atracción entre seres humanos, esa faceta que nos hace la vida más placentera, tierna, amorosa, plena… Un blog coral, con cinco autoras de todo origen y condición, que apuesta por el juego, la provocación, lo sensual y el sexo como acto libre, adulto, compartido, real o ficticio, siempre divertido... Eso sí, si tu mirada no es amplia y tolerante, mejor no te detengas aquí. Coordina Analía Iglesias. No sólo se admiten firmas invitadas, sino que son deseadas.

Sobre las autoras

Anne Cé. Nació en el sur austral (Argentina), en un tiempo beatle y en un país con altísima densidad de psicoanalistas y jugadores de fútbol. Periodista, quizá incluso a su pesar, narra lo que se le ponga delante. Y narra, y narra. Un día descubrió que el simple roce de una clavícula le erizaba la piel y entonces comprendió por qué le gusta tanto abrazar a un hombre.

Esther Porta. Segoviana, fue becaria en el mítico Tentaciones y allí hizo de todo hasta que sus conocimientos de sexo la convirtieron en Beatriz Sanz. Y gracias a ella, publicó artículos semanales de sexo, dos libros y fue reclutada como sexperta guionista del programa de Canal +: 'Sex Pópuli'. Cuando casi se le había olvidado (lo de escribir de sexo...) se mete a bloguera. Y aquí está, con tantas ganas de sexo (del uno y del otro) como siempre...

Venus O'Hara, de Reino Unido, con raíces irlandesas. Modelo fetish, actriz y escritora. Licenciada en Ciencias Políticas y Francés, reside en Barcelona, ha sido columnista sexual en varias revistas, tiene su propio blog de fetichismo y es creadora de 'No sabes con quien duermes', un confesionario para personas que llevan una doble vida. Publicó su primer libro junto a Erika Lust, 'Deséame como si me odiaras', en 2010.

Tatiana Escobar, de Venezuela (1976), ha escrito ensayos y poesía en español. Traductora y editora, en 2004 abrió en Madrid junto a sus socios la primera boutique erótica de España, La Juguetería Erotic Toys, para no tener que vivir de la literatura. Desde entonces vive del sexo. Y escribe, a veces, para sus amigos.

. Madrileña. Soñó con escribir y pronto descubrió una vía: el periodismo. Pero como tampoco valía narrar sobre cualquier cosa, eligió suerte y remató la faena con un posgrado en Sexología. Ha trabajado en suplementos de salud y medios especializados. Con la práctica ha acabado por darle un toque más sensual a sus letras. Y con ellas sueña en escribir, ahora, un libro.

Ilustracion
Venus O'Hara, Anne Cé y Silvia C. Carpallo, según 'Mi Petit Madrid'.

Nuevo libro

El orgasmo de mi vida. Si ya no sueñas con príncipes azules, locos por pedirte en matrimonio, ni esperas que aparezca un millonario atormentado pero diestro en amores, con una Visa en una mano y un látigo en la otra, este libro es para ti. Porque El orgasmo de mi vida habla de eso, de mujeres realistas, lúcidas, independientes y eróticamente vivas, capaces de combinar esa cotidianidad que todas conocemos, con sus pasiones más salvajes. Ellas son las protagonistas de los relatos, sin guionistas que les digan lo que tienen que hacer, pero sobre todo, son las compositoras, directoras e intérpretes de los orgasmos más armoniosos de sus vidas.

Lux eróticaLux erótica. "Escribir sobre sexo era la propuesta y me sentí estimulada. Después de tantos años como periodista cultural y con mucha vida hecha en torno a la información y a la actualidad, tenía ganas de ponerle carne a la crónica. Porque nuestra más genuina actualidad como personas pasa por el relato del erotismo. Porque de atracción y de relaciones hablamos todo el tiempo en este tiempo occidental con ciertas libertades individuales garantizadas y rebosante de espíritu lúdico pero también algo desafectado y con nuevos descompromisos adquiridos...". Anne Cé.

Inglés para pervertidosInglés para pervertidos."Se dice que la mejor manera de aprender un idioma es a través del sexo con un extranjero. Pero ¿qué haces si estás en la cama y no sabes qué decirle? Con Inglés para pervertidos puedes aprender todas las palabras y expresiones que siempre has deseado saber, desde lo más elemental al sexo más salvaje. El libro cuenta con ocho capítulos centrados en las partes del cuerpo, la cama, el LGBT, las compras sexis, el lado oscuro, el porno, el chat y la salud sexual. Cada capítulo contiene vocabulario, gramática y unos ejercicios muy originales que no encontrarás en ningún otro libro. Aprende todo lo que tu "English teacher" no se atrevería a enseñarte nunca. Y... si te cansas de estudiar, el libro incluye un montón de fotos mias para distraerte". Venus O'Hara.

TWITTER

Nuestros autores en Twitter

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal