Eros

Romper sin reglas de juego (II): cuando llegue el final, ama más

Por: | 01 de agosto de 2016

Por Martha Zein*

Separarse de una persona no implica dejar de amarla. ¿Cómo van a dejar de hacerlo quienes han compartido vida, sueños, peripecias, sombras y luces? ¿Por qué no añorarse, no sonreírse, no sentir que aquella corriente que les unió permanece viva aunque sus caminos se bifurquen? Ese sentimiento da fe de que hubo una relación hermosa. Es verdad que hay personas que se separan porque se les acabó el afecto o incluso porque ahora se rechazan, pero las hay también que dan el paso porque ya no pueden ir por el mismo sendero, nada que ver con el desamor.

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Fotos de Emilio Schargorodsky.

Durante años amé de manera irregular. Mientras quienes mantenían amores aplaudidos, coreados, reconocidos, se preguntaban cómo convertir a sus ex en una relación de título igualmente exitoso (suelen recurrir a la palabra "amigo/a" como si la amistad fuera un afecto menor, fruto de la descomposición de Eros o de su imposibilidad) yo estrenaba amantes y les despedía entre la sorpresa y la perplejidad. El principio y el final de nuestro vínculo eran sucesos tan naturales como la lluvia en verano o un huracán en el trópico. No necesitaba transformarles en nada, esa era mi ventaja. Les decía, o me decían, 'adiós' y dejaba que el corazón obrara a su antojo, sin exigirle que fuera al compás del deseo o asumiera la imposibilidad del vínculo.

¿Por qué desamarles si nos habíamos dado felicidad?

¿Por qué decretar la muerte del amor?

Lo paradójico era que la misma comunidad que no deseaba para sí mis irregularidades afectivas se interesaba por la naturaleza de mis adioses. Me convertí en una experta en despedir al amor, tanto que me llegaron a encargar un documental sobre las dificultades de los hombres a la hora de separarse. Lo titulé Adiós con el corazón, ya no te quiero y aprendí mucho haciéndolo. Por ejemplo: muchos se van de casa como quien huye de un bombardeo, sin mirar atrás, sospechando de sí, temiendo que fueran ellos quienes habían encendido la mecha, sustituyendo amor por culpa, es decir, no rompiendo el vínculo sino cambiándolo de categoría.

 

Imágenes del documental 'Adiós con el corazón, ya no te quiero'.

Como no tenía recetas, me limitaba a decir lo que hacía: reconocer los hilos dorados que nos habían unido y deshacer sus lazos tomándome tanto tiempo y delicadeza como el que habíamos usado para seducirnos. No era una metáfora, mi cuerpo, mis sueños, mis costumbres, los amigos comunes, lo que hicimos y lo que no hicimos eran para mí hilos dorados que tomaba con los dos dedos. Mientras los iba desenredando daba rienda suelta a todas las emociones, incluidas las más oscuras.

Cada lazo deshecho iba acompañado de un "no pudo ser, lo siento" o un "qué bello fue, gracias". Puede parecer que esto implique poseer una grandeza de corazón o una sabiduría especial y no lo es, en absoluto. Mi existencia era tan exigente aquellos años que dedicarle tiempo y energía a deshacer hilos dorados me devolvía a la vida, me permitía reconocer que había gozado de la belleza y la rebañaba hasta en su línea de fuga.

Terminar un vínculo era una parte de la experiencia del amor, así lo vivía yo, sin plantearme si podía ser de otra manera.

Cuando aún no sabía que aquellos amores pervivirían a bodas, bautizos y comuniones, cuando no me imaginaba que llegaría a conocer la madurez de mis ex amantes, me repetía, decía en alto, a quien quisiera escuchar, que "deshacer el vínculo" no equivale a "dejar de amar". Hoy todos aquellos ex tienen un espacio propio en mi corazón. Ni entonces ni ahora fueron necesarias muchas reglas de juego, esa es la ventaja de las anomalías.

"¡Claro!", me contestaban mis amistades regladas, "para tí es más fácil porque no habéis tenido hijos/as en común, o casa, o negocio...". Y era cierto, yo no había vivido aquellos lazos tan "encadenantes", no sentía la frustración de las expectativas, no podía reclamar territorios ni potestades, solo manejaba hilos dorados.

Emilio_Martha
Fotos de Emilio Schargorodsky.

Si la vida te da años también te ofrece posibilidades, de modo que llegó el tiempo en que me tocó gozar de ese tipo de amor en el que caben hasta las facetas más convencionales de Eros y empecé a preguntarme cómo hacía yo para amar después del vínculo; digo "preguntarme" y no "recordarme" porque el verdadero conocimiento no se posee, se experimenta. La que fui me dijo: "Cuando llegues al final, ama más, desea que el otro crezca y viva sin ti; acepta que no serás quien cuide las heridas de su duelo ni tu ex quien alivie las tuyas, porque ese ya no es vuestro sitio; recuerda que el dolor es un parásito al que le gusta ocupar los huecos del amor; abraza tus fragilidades tomando el tiempo y la distancia que necesites y no te empeñes en transformar nada, no hace falta, nada te pertenece".

 

(*) Escritora, autora de documentales y narrative coacher. Imparte talleres sobre las narrativas del Eros, centrándose en las trampas del lenguaje, los límites de la representación y la poética del deseo. Colaboradora en el espacio radial 'No apagues el llum' de IB3.

Hay 5 Comentarios

https://youtu.be/D_P-v1BVQn8
Os dedico esta canción que me gustó tanto en mi juventud

¿que tal dos o tres veces al año con la misma persona? ¿es eso falta de deseo o desamor? o tal vez es asi el amor llegados a una cierta edad, tranquilo, reposado, sin prisas, etc, etc, etc.

Tengo la experiencia de querer a una persona pero darme cuenta que ese querer conducía a casi nada para el otro. Sin embargo lo sigo queriendo pero no de una forma sensual, como la que hay en una relación de hombre y mujer, lo quiero como alguien que hemos compartido momentos buenos y malos, pero que al final quedas como amigos, porque desde un principio ese amor estaba basado en el acercamiento por una necesidad fuera de la sexual puramente, era la soledad de uno durante muchos años y la necesidad de ayuda para el otro, y aunque en un principio se pensó que podía ser amor, terminas por darte cuenta que somos como hermanos o como amigos que comparten su espacio y su tiempo, pero en el que la sensualidad ha quedado apartada prácticamente para siempre.

Y aquí algunas frases que ciertos genios pensaron sobre el desamor: https://frasesymensajes.net/2016/07/14/frases-de-desamor-cortas-para-pensar-reflexionar/

Vainilla para el verano?

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Sobre el blog

Ni enciclopedia ni consultorio sexual al uso. He aquí un rincón erótico festivo dedicado a las relaciones y la atracción entre seres humanos, esa faceta que nos hace la vida más placentera, tierna, amorosa, plena… Un blog coral, con cinco autoras de todo origen y condición, que apuesta por el juego, la provocación, lo sensual y el sexo como acto libre, adulto, compartido, real o ficticio, siempre divertido... Eso sí, si tu mirada no es amplia y tolerante, mejor no te detengas aquí. Coordina Analía Iglesias. No sólo se admiten firmas invitadas, sino que son deseadas.

Sobre las autoras

Anne Cé. Nació en el sur austral (Argentina), en un tiempo beatle y en un país con altísima densidad de psicoanalistas y jugadores de fútbol. Periodista, quizá incluso a su pesar, narra lo que se le ponga delante. Y narra, y narra. Un día descubrió que el simple roce de una clavícula le erizaba la piel y entonces comprendió por qué le gusta tanto abrazar a un hombre.

Esther Porta. Segoviana, fue becaria en el mítico Tentaciones y allí hizo de todo hasta que sus conocimientos de sexo la convirtieron en Beatriz Sanz. Y gracias a ella, publicó artículos semanales de sexo, dos libros y fue reclutada como sexperta guionista del programa de Canal +: 'Sex Pópuli'. Cuando casi se le había olvidado (lo de escribir de sexo...) se mete a bloguera. Y aquí está, con tantas ganas de sexo (del uno y del otro) como siempre...

Venus O'Hara, de Reino Unido, con raíces irlandesas. Modelo fetish, actriz y escritora. Licenciada en Ciencias Políticas y Francés, reside en Barcelona, ha sido columnista sexual en varias revistas, tiene su propio blog de fetichismo y es creadora de 'No sabes con quien duermes', un confesionario para personas que llevan una doble vida. Publicó su primer libro junto a Erika Lust, 'Deséame como si me odiaras', en 2010.

Tatiana Escobar, de Venezuela (1976), ha escrito ensayos y poesía en español. Traductora y editora, en 2004 abrió en Madrid junto a sus socios la primera boutique erótica de España, La Juguetería Erotic Toys, para no tener que vivir de la literatura. Desde entonces vive del sexo. Y escribe, a veces, para sus amigos.

. Madrileña. Soñó con escribir y pronto descubrió una vía: el periodismo. Pero como tampoco valía narrar sobre cualquier cosa, eligió suerte y remató la faena con un posgrado en Sexología. Ha trabajado en suplementos de salud y medios especializados. Con la práctica ha acabado por darle un toque más sensual a sus letras. Y con ellas sueña en escribir, ahora, un libro.

Ilustracion
Venus O'Hara, Anne Cé y Silvia C. Carpallo, según 'Mi Petit Madrid'.

Nuevo libro

El orgasmo de mi vida. Si ya no sueñas con príncipes azules, locos por pedirte en matrimonio, ni esperas que aparezca un millonario atormentado pero diestro en amores, con una Visa en una mano y un látigo en la otra, este libro es para ti. Porque El orgasmo de mi vida habla de eso, de mujeres realistas, lúcidas, independientes y eróticamente vivas, capaces de combinar esa cotidianidad que todas conocemos, con sus pasiones más salvajes. Ellas son las protagonistas de los relatos, sin guionistas que les digan lo que tienen que hacer, pero sobre todo, son las compositoras, directoras e intérpretes de los orgasmos más armoniosos de sus vidas.

Lux eróticaLux erótica. "Escribir sobre sexo era la propuesta y me sentí estimulada. Después de tantos años como periodista cultural y con mucha vida hecha en torno a la información y a la actualidad, tenía ganas de ponerle carne a la crónica. Porque nuestra más genuina actualidad como personas pasa por el relato del erotismo. Porque de atracción y de relaciones hablamos todo el tiempo en este tiempo occidental con ciertas libertades individuales garantizadas y rebosante de espíritu lúdico pero también algo desafectado y con nuevos descompromisos adquiridos...". Anne Cé.

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