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Recetas para padres V. Extraescolares bien combinadas

Por: | 27 de agosto de 2013

La pregunta es recurrente: ¿Cuántas actividades extraescolares es razonable que haga mi hijo? La respuesta es más complicada, pero no imposible de concretar. La primera contestación es la de siempre: depende de cada niño. Pero a continuación se puede decir que, aunque, en efecto, cada niño es un mundo, y sus capacidades más, algo razonable es que haga las que le ocupen dos o tres días a la semana.

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FOTO: GETTY

Ahora bien, la combinación de éstas es vital. Lo que hay que pensar, repiten los expertos, es si van a requerir tiempo de estudio o trabajo aparte para el niño. Tal es el caso del las que tiene que ver con la música, por ejemplo, o la pintura. Éstas son tremendamente positivas, por muchas razones. Por mencionar una, las actividades artíticas ayudan a fomentar otras habilidades que le van a servir en las asignaturas tradicionales. Por ejemplo, el estudio de solfeo en las matemáticas. Pero hay que combinarlas con otras más lúdicas, como las deportivas, que además también pueden fomentar otras cuestiones muy recomendables, como el trabajo en equipo.

Aparte, estas actividades tienen otras propiedades educativas, por así decirlo. Como el fomento del sentido del compromiso y el aprender a elegir. Los expertos recomiendan que sea el niño el que escoja sus actividades extraescolares, dentro de las posibilidades seleccionadas por los padres. Aprenderá al elegir judo, que renuncia a baloncesto, que las dos no pueden ser. O que o aprende violín o teatro. No se puede hacer todo, y menos bien. Estas actividades ayudan al niño a tener hábitos, al igual que decíamos con el estudio en casa en otros capítulos de esta serie. Y además conviene fomentar la continuidad en ellas. Por lo menos durante el curso escolar en el que se ha escogido. Así aprenderá que hay que acabar lo que se empieza y que porque no sean obligatorias no puede dejarlas así como así, salvo razones de fuerza mayor, por supuesto.

Finalmente, volvemos al tiempo de estudio de las materias ordinarias. Las extraescolares no deben interferir en éste. Al revés, pueden servir al alumno para hacer otras cosas que le gusten y para descubrir aficiones o, quién sabe, vocaciones. Pero los especialistas recomiendan calcular al escogerlas ya en los últimos cursos de primaria que les quede al menos hora y media diaria para estudiar o hacer tareas.

Recetas para padres IV. Ponga al tutor de su hijo en su vida

Por: | 26 de agosto de 2013

Las visitas al colegio es uno de los temas que peor llevan algunos padres. No tienen tiempo, nunca encuentran el momento... En este mundo laboral de locos en el que estamos inmersos toda excusa que un padre o madre se ponga a sí mismo puede estar cargarda de razón. Pero lo cierto es que lo mejor para la educación de su hijo y para que sus estudios vayan bien, que es el tema que nos ocupa, es que mantenga un contacto fluido con el tutor del niño. No tiene que ser muy a menudo necesariamente, si no hay ningún problema y no tienen dudas por ambas partes que comentarse, pero conviene que establezca el contacto a principio de curso y lo mantenga, las veces que pueda.

CARMEN SECANELLA

De la participación en las actividades del colegio ya casi me da miedo hablar. El porcentaje de padres que colaboran activamente en ellasen los centros españoles es tan bajo que es difícil hablar de ello con exactitud. Y es algo que no depende de si el colegio es público, privado o concertado. Lo ideal es participar al menos en algunas actividades. Pero, si no se puede por la razón que sea, hay que intentar lo que decía antes, mantener contacto con el tutor.

Otro tema que complica el contacto de los padres con el tutor es la diversidad de familias. En las que los padres están separados y no tienen una buena relación entre ellos, lo suyo es que lleguen a un acuerdo para reunirse con él, pero cuando no es posible, por lo menos que decidan quién se va a ocupar de mantener ese contacto y de informar al otro. Porque para lograr una buena marcha de los estudios de los niños, aparte del seguimiento del estudio en casa, la segunda cuestión más importante es el contacto personal con un interlocutor en el centro que nos informe de cuestiones relacionadas con el aprendizaje, con sus inclinaciones profesionales (cuando tiene más edad) y también emocionales, tales como ánimo en clase, su integración y su relación con los otros niños.

Por dar una pauta, los expertos aconsejan que por lo menos se acuda dos veces al año al colegio a hablar con el tutor cuando el niño está en primaria (y siempre que el alumno no tenga ningún problema de aprendizaje), aunque lo suyo serían al menos tres: una para conocerle, a principio de curso; otra para ver cómo progresa, a la mitad, y una última hacia el final del curso. ¿Cuál es el objetivo de estas visitas? Que los padres sepan qué pasa en clase y el tutor qué pasa en casa. Saber lo que tienen que hacer en casa y lo que están aprendiendo.

De cara al principio de curso, una última recomendación que suelen repetir los especialistas en estas cuestiones: no se pierdan las primeras reuniones en el colegio. Les permitirán, además de poner cara al tutor, conocer a otras familias, preguntar dudas generales, comentar problemas y en cada vez más ocasiones intercambiar direcciones de correo electrónico con el tutor de su hijo.

FOTO: CARMEN SECANELLA

 

Recetas para padres III. Cómo ayudarle a estudiar

Por: | 16 de agosto de 2013

  PRADIP J. PHANSE

¿Qué pasa si su hijo se atasca en una tarea, le pregunta y usted no sabe cómo resolverla? Nada. No son sus deberes, son los de su hijo. Y quien le enseña es su profesor, usted supervisa que haga las tareas, que cumpla. Igual que se preocupa de que juegue, de que coma bien o de que se ría a
menudo. Cuando el niño no sepa cómo resolver un problema matemático o la respuesta a cualquier pregunta, ocúpese de que lo apunte en su cuaderno de deberes y de que se lo pregunte a su profesor al día siguiente. Apúnteselo usted también y cuando llegue el niño del colegio o usted de trabajar interésese por cuál era la respuesta correcta. Así su hijo verá que está pendiente del tema, lo que quiere decir, de él y del progreso en sus estudios.

La familia es la controla el proceso de estudio, si no se vigila y no se dan pautas la consecuencia puede ser el descontrol. Esto lo vienen advirtiendo desde hace muchas décadas tanto asociaciones de profesores como de padres. Y no es un tema que dependa de leyes educativas o de los partidos políticos, que tanto se vuelcan cuando llegan al poder en la educación, pero, lo lo general, para cambiarla en la dirección que ellos consideran, ya que es una materia muy susceptible de ser modificada por razones ideológicas según si se le quiere dar un carácter  de fondo más conservador o más progresista. Pero, con independencia de estos vaivenes que sufre la pobre educación, y volviendo a los padres, la exigencia en el estudio no tiene color político. A un niño se
le debe exigir o, mejor dicho, enseñar que su deber es estudiar. En primer lugar, por él mismo, por su futuro, y también por su presente. Pero, antes, hay que enseñarle a hacerlo.

Hay ya muchos colegios que ofrecen a los alumnos, bien a través de las asociaciones de padres o bien a iniciativa del  propio equipo profesional del centro, unos cursillos básicos sobre técnicas de estudio para niños. También hay algunos que van más allá, y las proponen para los padres, con el fin de que sepan supervisar y guiar el estudio de sus hijos. Estas charlas también pueden solicitarlas los
padres en los centros educativos, bien para que las imparta alguno de los docentes del colegio o una persona externa, experta en estas cuestiones.


Aunque es algo difícil de resumir en pocas palabras, vamos a intentar explicar en qué consisten esas técnicas de forma sencilla:

En primer lugar, conviene saber que, por regla general, el rendimiento durante el tiempo de estudio empieza siendo regular, por lo tanto no conviene empezar el estudio por los contenidos más difíciles. Al cabo de un rato mejora y en los minutos finales suele tenerse el rendimiento más bajo. Por eso es mejor dejar las tareas más sencillas o más automáticas para el final. Las pautas básicas que sugieren muchos pedagogos a la hora de estudiar serían éstas:

  1. Realizar una primera lectura para explorar el tema del libro o de los apuntes que se van a estudiar, sin subrayar.
  2. Hacer una segunda lectura más profunda, ya subrayando lo más importante. Éste consiste en jerarquizar las ideas y en ir marcándolas de diferentes modos, con varios colores incluso, según su importancia.
  3. Posteriormente, hay que realizar un esquema de las ideas principales del tema o un resumen. Si el tema es muy largo, es mejor optar por el resumen. Pero conviene alternar la forma de trabajar los temas, es decir, combinar los resúmenes, esquemas y lecturas en profundidad.
  4. El esquema o el resumen hay que aprendérselo. Se puede hacer leyéndolo unas cuantas veces o incluso repitiéndolo en voz alta.
  5. Es sobre éstos sobre los que debe repasar en el futuro el estudiante, más cerca del examen. De ahí la importancia de saber hacer buenos esquemas o resúmenes, con los conceptos realmente importantes. Además, es algo que al estudiante que lo sepa hacer bien le puede servir para toda la vida, para aprenderse desde una conferencia que tenga que impartir a saber exponer las ideas relevantes ante un tribunal de doctorado. El que aprende a estudiar bien desde niño, adquiere la
    habilidad de jerarquizar ideas muy bien.
  6. Volver a leer todo una vez para comprobar que el esquema o resumen está bien organizado y que no se ha olvidado nada importante.
  7. Cuando se empieza una asignatura, conviene organizar un plan de estudio hasta el examen. Por ejemplo, si la prueba es al cabo de dos meses, hay que repasar periódicamente los esquemas y resúmenes,como decíamos antes.
  8. Por último, conviene recordar que no hay que estudiar en el último momento sobre los originales, es decir, el libro o los apuntes. Ya no le hará falta al alumno, a no ser para alguna consulta puntual sobre algo que no entienda o en lo que quiera profundizar. Se estudia sobre lo que el estudiante ha elaborado.

 Foto: PRADIP J. PHANSE

 

 

 

 

 

Recetas para padres II. ¡Siéntate y hazlo!

Por: | 13 de agosto de 2013

Niños en clase

¿Qué necesita usted para trabajar bien en una oficina? Seguramente, una buena mesa, ordenada y bien iluminada, con todos los papeles que necesite, carpetas archivadoras, bolígrafos, un ordenador… y una silla cómoda. Y que el entorno sea el propicio para la concentración. Puede estar solo o acompañado de personas que estén haciendo un trabajo similar. Pues su hijo necesita lo mismo para estudiar. Un buen rincón de estudio, que llame al sentarse en él, que sea un sitio que atraiga al niño, con una silla que le resulte cómoda para escribir o leer. Que esté rodeado de cosas que le gustan, de sus libros, sus tebeos o revistas de animales, por ejemplo, si es pequeño; una bola del mundo o un póster de los planetas, si le ha preguntado en alguna ocasión por ello. Es su rincón, un espacio que él tiene que sentir como suyo. No importa que en la misma habitación estudie alguno de sus hermanos o sus padres, siempre que éstos también estén allí trabajando cuando él lo hace.

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Recetas para padres I. El ritual de los niños

Por: | 11 de agosto de 2013

TEJEDERAS
Foto: TEJEDERAS

La mayoría de los padres se manifiestan desconcertados
cuando se les pregunta por multitud de aspectos relacionados con la educación
de sus hijos de cara a que tengan éxito en el colegio. Algunos optan por
delegar en exceso en los profesores o en la dirección de los centros, a menudo
por falta de tiempo, y otros intentan guiar la educación escolar de los niños
pero al cabo de unos años acaban tirando la toalla o sintiendo que no saben
cómo hacer para que avancen.

No es un problema de preocupación. A la inmensa mayoría de
los progenitores de hoy en día sí les preocupa, y mucho, la educación de sus
hijos. Los contenidos que estudian, que vayan bien, que se sientan integrados
en la clase y algo altamente complicado de saber: que estén aprendiendo lo que
deben saber a cada edad y también lo que tienen que ir conociendo para el
futuro que les espera, laboral y en la vida.

Por eso, aunque no hay recetas mágicas sí vamos a intentar
en esta serie de post, previos al inicio de las clases en el mes de septiembre
próximo en las aulas españolas, dar una serie de pautas, reconocidas de forma
generalizada por buena parte de los pedagogos y docentes que en numerosas
ocasiones se han visto en la situación de tener que explicar a grupos de padres
qué pueden hacer los progenitores para intentar que sus hijos obtengan el éxito
escolar. Cuestiones relacionadas con el rito del estudio, el ambiente de
estudio en casa, el tiempo de estudio, la exigencia, el premio y castigo, la
supervisión, las actividades extraescolares, qué hacer cuando el niño va mal, las
visitas al colegio de los padres o las nuevas tecnologías.

Empezamos con el rito de estudio. Lo primero que hay que
tener claro es que el hecho de un niño lleve años yendo al colegio no quiere
decir que haya adquirido un hábito de estudio. Muchos estudiantes, al menos en
un principio de la educación reglada, van aprendiéndose las cosas según las va
impartiendo el profesor en clase y no necesitan estudiar en casa. El problema
suele aparecen con la llegada de los contenidos más complejos, es decir, a los
12 o 13 años, cuando están acabando la primaria o empezando la secundaria. Ahí
es cuando empiezan a flojear, a sacar peores notas y a suspender.

¿Cuál es la clave para evitar esto? Crear un hábito de
estudio en casa desde que el niño empieza la educación reglada, es decir, la
regularidad en el estudio. Que forme parte de su rutina diaria. Los profesores
son los encargados de poner las tareas y los padres de que los niños las hagan
antes de ponerse a ver a tele o a conectarse a los videojuegos. Los psicólogos
expertos en motivación siempre insisten en que el principal problema es que la
mayoría de los niños solo estudian para los exámenes. La labor de los padres en
casa, o el encargo a la persona que los cuida en las horas de después de
merendar es que además de hacer las tareas que le ponga el profesor, el niño
vaya estudiando lo que han aprendido en clase.

Los padres son dioses para los hijos, por así decirlo. Si
les dicen que para ellos es importante lo que aprenden cada día y no solo las
notas, eso ayudará a que se den cuenta de que es importante que estudien cada
día un rato. Tampoco tiene que ser mucho rato ni muchos contenidos, es la
creación de la rutina lo que debe centrar la atención de los padres. Y, por
supuesto, no hay que olvidar que hay algunas actividades que ayudan muchísimo
al estudio, como la lectura, la escritura, la música… todo depende de la edad y
también de las preferencias y habilidades de los pequeños.

¿Y si no les apetece? No es recomendable ser impositivo, se
trata más bien de enseñarles a organizarse su tiempo, ellos solos es difícil
que aprendan a hacerlo. Porque hay tiempo para todo, y así tienen que
aprenderlo para adquirir un hábito, dedicar un espacio de su tiempo al estudio.
Obviamente, estas recetas de poco sirven si se empiezan a aplicar a los 12 años
y ni qué decir más tarde. Si el niño ya va mal, las soluciones son otras, que
merecen un capítulo aparte. Pero con voluntad y organización, soluciones
siempre puede haber para conseguir que rinda más y mejor.

Sobre la autora

Sue Pérez de Pablos

Susana Pérez de Pablos. Periodista apasionada por la información educativa, por contar las historias y miradas de alumnos, profesores, padres…, las buenas y malas iniciativas de los gobiernos y el inmenso cambio que vive ese mundo, incluidos los temas relacionados con la tecnología, la ciencia y el desarrollo. Viajera inquieta, por los países y por la red, tras dirigir la sección de Educación de EL PAÍS durante más de una década, se propone difundir las ricas experiencias educativas de la emergente y heterogénea Latinoamérica.

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Sue Pérez de Pablos

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