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Niños que estudian a la luz de las velas, dos siglos después

Por: | 16 de octubre de 2013

Guatemala NIÑOS AULA 1

Cuentan que un día de tormenta Benjamin elevó una cometa con una cuerda a la que ató una llave de metal. Un rayo cayó en la cometa y la llave condujo la electricidad por la cuerda hasta alcanzar a Benjamin. No le pasó nada y a partir de entonces siguió investigando el fenómeno desde el punto de vista científico. Benjamin Franklin hizo este experimento en 1752, aunque muchos creen que, en realidad, la electricidad comenzó a extenderse mucho antes. En 1800, Volta desarrolló la pila eléctrica, y en 1879, Edison inventó la bombilla. Dos siglos después, mientras medio mundo no concibe su vida sin Internet, todavía hay miles de niños que estudian con velas, pueblos enteros sin luz.

Se calcula que más de 66.000 escuelas en Latinoamérica no tienen acceso a la luz artificial. Por eso, hace dos años, los ministros de Educación de Iberoamérica, reunidos en Paraguay en la conferencia previa a la Cumbre de Jefes de Estado, acordaron poner en marcha un programa que paliara progresivamente esta situación. Hoy, cuando está a punto de celebrarse dentro de unos días, el 18 y 19 de octubre, una nueva cumbre de jefes de Estado iberoamericanos, esta vez en Panamá, tras celebrarse la de ministros de Educación, el programa Luces para Aprender ha llevado la electricidad mediante placas solares a más de 200 escuelas de 14 países de Latinoamérica. La mayoría, situadas en poblaciones pobres, de difícil acceso y lejanas de las grandes ciudades.

Instalacion_Escuela_Wayuu_Guajira_03, Colombia

Instalación de paneles solares en una escuela en Guajira, Colombia.

Pero este programa hace mucho más que dar luz. O, mejor dicho, aprovecha las ventajas que supone dar luz a la escuela de una comunidad para hacer otra actividades gracias a ella. Además, aparte de llevar la luz, el programa incluye la entrega de ordenadores, la dotación de conexión a Internet (en algunos países, como Bolivia o Perú la conexión a la red es por satélite), la formación de los profesores de esos lugares en la incorporación de las nuevas tecnologías al aula e incluso enseñar a los jóvenes a mantener las placas solares y el sistema energético de la comunidad. El proyecto ha empezado por las 200 escuelas piloto y se está extendiendo a otras zonas de estos países, de forma que el objetivo es que a finales del año próximo ya estará implantado en más de 650 centros educativos.

¿Qué hace falta para dar luz a una escuela? Luces para aprender aporta un kit básico, que luego, en ocasiones, es ampliado por los Gobiernos. Consiste en los paneles fotovoltaicos necesarios para iluminar el edificio escolar, y que aporten además la energía suficiente para que funcionen un ordenador y un proyector. “El programa está dirigido a escuelas rurales, en las que la mayoría la población es indígena o afrodescendiente y con recursos escasísimos. Son además lugares a los que ni a medio ni a largo plazo es difícil que lleguen los programas de los Gobiernos de extensión de la electricidad tradicional, por las dificultades que supone, dado que son zonas remotas, y por la falta de presupuesto”, explica Angélica Páez, coordinadora de Luces para Aprender en España.  

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Escuela de Ingatambo, en la región de Cajamarca, en Perú, en la que se han instalado los paneles solares de Luces para Aprender.

Este proyecto está coordinado por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) a través de las oficinas con las que cuenta en estos países y en cada uno participan desde los ministerios de Educación, los departamentos de energía y tecnología de los respectivos Gobiernos hasta empresas y otras organizaciones. “Lo que da este programa es lo elemental, es el primer grano de arena, pero también busca dar visibilidad a este problema y sensibilizar sobre él", añade Páez. De hecho, la OEI ha conseguido implicar en el proyecto a personalidades muy diversas. El último en apoyarlo, el director de cine Javier Fesser, que está realizando el guión para una película sobre Luces para Aprender, que se emitirá en los primeros meses de 2014.

 FOTO EN CABEZA: Una escuela en Guatemala en la que se han instalado los paneles solares gracias al programa Luces para Aprender.

 

Educación maldita

Por: | 10 de octubre de 2013

Wert

El papel de los políticos en la educación de un país debe ser el de “favorecer el diálogo social para así poder alcanzar el consenso democrático, que es la mejor forma de poner en práctica las estrategias de reforma”.  Y las políticas educativas “deben ser a largo plazo”. Lleva insistiendo en ambas cosas la Unesco desde hace casi 20 años. Pero a España no parece haber llegado el mensaje. O, lo que es más probable, hay políticos a los que les da igual lo que digan los organismos  internacionales o los expertos internacionales, menos cuando les viene bien. Como cuando usan los bajos resultados de los estudiantes españoles de informes como el Pisa para justificar políticas segregadoras y selectivas, como la de la ley que se ha aprobado hoy, la séptima de la democracia. Busca, entre otras cosas, elevar el nivel educativo de determinados cursos (como 4º de ESO) a base de haber desviado previamente (a una especie de FP temprana o, más tarde, a su casa) a los que han suspendido, sea por lo que sea… una situación familiar dura, una adolescencia complicada o porque les cuesta más estudiar que al resto. Y, lo que es más grave, y va unido claramente al rechazo de lo anterior, políticas ausentes de ningún tipo de consenso político o social.

La educación está maldita. Cuando el mundo mira a lo global y cuando los niños son globales, sin siquiera saberlo, desde que nacen, las políticas educativas se siguen haciendo mirando a lo local, lo nacional, buscando implantar la línea ideológica de un partido político. Parece que no hay manera de que se haga política educativa en España pensando en los intereses de todos, en el largo plazo, en el coste para profesores y centros de cada cambio, también en el coste económico, en la locura del cambio continuo de los libros de texto… La educación está maldita. Se resiente de que no la quieran bien fuera del mundo educativo. Porque dentro de unos años volverán a vapulearla, a poner en ella otro punto de mira ideológico. Y volverán las manifestaciones, las protestas… el desencanto.

Porque es imposible lograr la paz en educación, la evolución de los conocimientos de nuestros hijos hacia el futuro que se merecen y el que van a encontrar si se aprueban reformas políticas, como la de hoy, sin ningún apoyo, más que el del partido que ostenta la mayoría absoluta. Es legítimo, pero también un error. Un error educativo. Y ahora, una vez aprobados los cambios, a correr para implantarlos. Aunque vuelvan locos a los que afectan. No vaya a ser que en unos años llegue un nuevo Zapatero al poder y paralice su aplicación, como hizo el primero.

Solo queda esperar. En medio de los recursos de los partidos de la oposición que llevarán esta reforma al Constitucional. En medio de más polémicas. Incluso puede que de insumisiones, hechas públicas o silenciosas. Porque el día a día de la educación es complicado y para un profesor, un director o un padre que quiera que un alumno siga intentando aprobar, subir nota, mejorar, no es aceptable tener que sacarle del camino que pueda llevarle lo más arriba posible en sus conocimientos.

Solo queda esperar a que por fin llegue al gobierno un hombre de Estado que vea esto claro (y todas las demás cuestiones en las que se necesita más sentido común, más humildad para emprender grandes y buenas reformas políticas). Alguien que no ponga este tema en manos de ministros polémicos y cuyo paso por la política se pretende desde el principio efímero, sino de personas que conozcan la complejidad de la educación; alguien que no pare hasta encontrar un punto intermedio entre las ideologías de partidos de izquierdas y derechas, que existe, aunque sea difícil de localizar. Que defienda la libertad, el trazar líneas generales y respetar las ideas de todos los españoles, de todas las comunidades que forman el Estado español, a la hora de detallarlas. Que haga que la educación deje de estar maldita y escuche a esos organismos internacionales que la defienden como “instrumento indispensable para la paz, la libertad y la justicia social”.

FOTO: El ministro de Educación, José Ignacio Wert, a la izquierda, solo, durante la sesión parlamentaria en la que se debatía hoy la reforma educativa. / BERNARDO PÉREZ

Sobre la autora

Sue Pérez de Pablos

Susana Pérez de Pablos. Periodista apasionada por la información educativa, por contar las historias y miradas de alumnos, profesores, padres…, las buenas y malas iniciativas de los gobiernos y el inmenso cambio que vive ese mundo, incluidos los temas relacionados con la tecnología, la ciencia y el desarrollo. Viajera inquieta, por los países y por la red, tras dirigir la sección de Educación de EL PAÍS durante más de una década, se propone difundir las ricas experiencias educativas de la emergente y heterogénea Latinoamérica.

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