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Escrito a ciegas

Sobre el blog

Lo que otros no miran, o lo hacen de un modo distinto, se registra aquí a ciegas en el momento mismo que algo ocurre para saber, fielmente, lo que ahora ocurre y no lo que al cabo de cierto tiempo creeremos que ha ocurrido.

Sobre el autor

Ignacio Carrión

Ignacio Carrión fue periodista de Abc, el Grupo 16 y El PAÍS en Inglaterra y en los EE UU. Ha viajado por todo el mundo como enviado especial. Es autor de dos libros de ensayos, tres de viajes y cinco de ficción. Ganó el Premio Nadal (1995) y ha publicado un Diario íntimo (La hierba crece despacio) que cubre cuatro décadas (1961-2001)

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Salvemos al yerno y carguemos contra Garzón

Por: | 09 de febrero de 2012

Al juez Garzón lo ejecutarán tres veces. Una no es bastante. Una era bastante en tiempos de Franco, cuando los jueces eran marionetas del Caudillo, fieles servidores del Glorioso Movimiento Nacional, falangistas de camisa azul debajo de la toga.

A Garzón le aplican el triple garrote vil servido por Manos LImpias al Tribunal Supremo. Su primer verdugo es Correa que desde prisión dicta la sentencia. Luego vendrán los otros por el orden establecido. El resultado se conoce desde hace tiempo. Por eso hay unanimidad en el PP, en el PSOE y en casi todos los partidos para los que Garzón es un incordio.pobrecito Garzón. Acatemos la sentencia.

Cargarse a Garzón es salvar, dicen los verdugos, a la democracia y al sistema vigente en la Justicia. Liquidado Garzón, todos mucho más tranquilos. ¿Hay protestas en el exterior? Diremos que provienen de los enemigos de España. Garzón ha sido dopado. Aquí ante todo hay que salvar a Urdangarin y a su ejemplar esposa. Fueron dopados, a su modo y manera, pobrecitos. ¡Qué disgusto para la Primera Familia del Reino!

Cuidado con ese juez mallorquín que por investigar quizá demasiado y no impedir filtraciones inoportunas, puede ser él mismo investigado. Hay que juzgar a esta clase de jueces. Y si procede, hay que represaliarlos.

Quien niegue que estamos en un momento de represalias múltiples niega la evidencia. ¿A quién, aparte de las víctimas del franquismo, le interesa que Garzón siga en la Audiencia Nacional? ¿Que siga investigando crímenes y corruptelas, no sólo de ETA, como lo hizo con enorme valor, sino de otros que se consideran inmunes ante la Justicia?

La hipocresía, el odio, la mezquindad, la envidia y la desfachatez desprestigian de lleno a nuestra Justicia. Por si no tenemos bastante con este arsenal de políticos de chicha y nabo, sumamos ahora a jueces de chicha y nabo. Da gusto   oir a Ruiz Gallardón, ministro de las más altas puñetas,  pozo sin fondo de sabiduría jurídica, cuando nos alecciona acerca de su  ejemplar acatamiento a los fallos del Constitucional, siempre que vaya a favor de los planteamientos de su misma tribu. Compara a Fraga Iribarne con Pablo Iglesias. Y la sintonía de la SER no salta del dial. Esto tenemos.

Pero cuando pase todo esto, defenestrado como es preceptivo Garzón, poco a poco nos recuperaremos en la dignidad y en la decencia colectiva que merecemos como pueblo. Y muchas cosas habrán de cambiar y deberemos cambiar. Ahora, repito, salvemos como sea al yerno del rey. Éste sí fue víctima inocente de un dopaje perverso...

Arrugas y yogur

Por: | 09 de febrero de 2012

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El lunes pasado murió una tía mía con 99 años y sin una sola arruga en el rostro. Se llamaba Mercedes. Era monja seglar. Vivió una existencia sencilla y sin sobresaltos aparentes, salvo los años de nuestra guerra civil que pasó en Valencia. Hacía labores en la comunidad que enviaban al Vaticano. Estaba orgullosa de sus bordados que podían verse en distintos ornamentos que lucía el Papa. Cuando yo visitaba a esta tía mía, una mujer de excelente humor, si estaba el Papa en la tele, ella señalaba la pantalla y decía: "Esa estola se la hicimos aquí", y las otras religiosas asentían satisfechas.

Mi tía ha muerto sin una queja, sin una arruga en su rostro, sin un reproche a nadie. Cuando pocas horas antes de expirar intentaron sus compañeras que tomara un yogur, ella se resistía: "¡Vamos, Mercedes, está buenísimo, tómalo, está muy rico!", le decían. Pero Mercedes replicó: "¡Ah, no, no! Si está tan rico, ¿por qué no os lo tomáis una de vosotras?".

Nadie entendía cómo era posible que esta mujer que en junio próximo iba a cumplir 100 años, no tenía ni una sola arruga en su rostro, a difrencia de otras muchas mujeres incluso más jóvenes que ella, como por ejemplo la ex vicepresidenta del gobierno de Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega.  Todo el mundo habla de las desaparecidas arrugas -tan profundas, casi patéticas- de esta señora. Y muchos dicen que esa desaparición no se debe a cirujía plástica alguna, no es tampoco un milagro del cielo, sino que se debe a que al abandonar la política empezó a dormir a pierna suelta, tal vez también a roncar, y que el verdadero descanso unido al alejamiento de la vida pública, le había devuelto un rostro de bebé.

No tengo ni idea si tal cosa ha sido así. Y la verdad es que no me iimporta lo más mínimo.  Lo que me preocupa de este cambio cosmético tan espectacular y tan comentado, es que si se demuestra que la política causa semejantes estragos en las mujeres políticamente activas, mucha de las que están en el actual gobierno de Rajoy sentirán ansias aunque reprimidas  de abandonar el poder, dejándolo en manos de los hombres. Los hombres prefieren el poder con arrugas antes que no tener arrugas y ningún  poder. A Rajoy, en particular, le pueden echar arrugas que le traen sin cuidado. Todas las encaja. Al ministro  Wert metedura de pata le costará una raja taurina en la frente. ¿Y qué?  Se le ve contento. Y a los otros, incluso al presumido Ruiz Gallardón, los laboratorios les suministrarán productos gratuitos de belleza. Poder y belleza no duran juntos demasiado tiempo, que nadie se haga ilusiones. La señora Cospedal envejecerá a la carrrera. Ya empiezo a notarlo. Así, la cuota hombre-mujere  va a sufrir en el medio plazo un vuelco a raiz del que podemos llamar fenómeno De La Vega. ¿Saldremos ganando los gobernados?

El País

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