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Escrito a ciegas

Sobre el blog

Lo que otros no miran, o lo hacen de un modo distinto, se registra aquí a ciegas en el momento mismo que algo ocurre para saber, fielmente, lo que ahora ocurre y no lo que al cabo de cierto tiempo creeremos que ha ocurrido.

Sobre el autor

Ignacio Carrión

Ignacio Carrión fue periodista de Abc, el Grupo 16 y El PAÍS en Inglaterra y en los EE UU. Ha viajado por todo el mundo como enviado especial. Es autor de dos libros de ensayos, tres de viajes y cinco de ficción. Ganó el Premio Nadal (1995) y ha publicado un Diario íntimo (La hierba crece despacio) que cubre cuatro décadas (1961-2001)

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Desvalijar al muerto

Por: | 13 de febrero de 2012

Mientras el Banco de Valencia se iba definitivamente a pique, los miembros de la cúpula directiva se embolsaron en los nueve primeros meses de 2011 la cantidad de  2,5 millones de euros, un 7.5 por ciento más que el año anterior. Los consejeros del Banco de Valencia debieron de aprobar aquellas retribuciones de la cúpula, del mismo modo que la cúpula aprobaería la remuneración de su camarilla sin la que todos estos  responsables del Banco no habrían podido beneficiarse de sus emolumentos.

Los consejeros del Banco de Valencia serían desalojados, igual que la cúpula, de sus despachos cuando se produjo la intervención del Banco de España. NO hay que olvidar que el Banco de Valencia hasta este momento es el único banco comercial de toda España  intervenido por el Banco de España.

Los consejeros del Banco de Valencia no renunciaron a sus retribuciones sacadas de las arcas del banco en ruinas. De haberlo hecho podrían ahora mirar a la cara a los accionistas de a pie. Habrían dado un buen ejemplo: hemos sido pésimos administradores pero no hemos cobrado por neter la pata.  Lo que hicieron fue bajar un 4 por ciento sus retribuciones de enero a septiembre respecto a las del mismo período del año anterior.  Se repartieron casi dos millones de euros, una cifra nada desdeñable.  Es decir, devalijaron sin mayores miramientos el cadáver.

Los  mismos desvalijadores del Banco y algunos de sus aallegados reclaman que el citado banco se quede en manos de gestores valencianos. Pero esas voces suenan a burla, escarnio o sarcasmo.

Una de dos: o bien los consejeros se dejaron engañar interesadamente, con lo que dan a entender que fueron cómplices necesarios del estropicio, o fueron engañados y en tal caso prefieren ser tomados por ingenuos rayando a tontos. Esta última opción es improbable. 

Pero tanto en un supuesto como en el otro lo tienen bastante mal los consejeros, y no sólo ante la opinión publica que sospecha lo peor, y los pequeños accionistas que pueden perder sus inversiones,  sino también ante los mismos tribunales que, más pronto o más tarde, los llamará a comparecer.

Alegar ante un juez que, siendo consejero con retribución por desempeñar tal cargo, les colaron cuentas falsas o amañadas y estamparon sus firmas sin enterarse de lo que hacían, es como negar el mismísimo principio de que la ignoracia de la ley exime de su cumplimiento.

Quién sabe si a fuerza de tanta arbitrariedad  judicial y de tanta corrupción tolerada,  hemos llegado al punto en el que la ignorancia se confunde con la buena fe y ésta exime de toda responsabilidad.

Si esto fuera así habría que  devolver a los mismos que arruinaron el histórico Banco de Valencia  los cargos  que ocuparon. Y, de paso, subirles sus modestas retribuciones.

El País

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