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Escrito a ciegas

Sobre el blog

Lo que otros no miran, o lo hacen de un modo distinto, se registra aquí a ciegas en el momento mismo que algo ocurre para saber, fielmente, lo que ahora ocurre y no lo que al cabo de cierto tiempo creeremos que ha ocurrido.

Sobre el autor

Ignacio Carrión

Ignacio Carrión fue periodista de Abc, el Grupo 16 y El PAÍS en Inglaterra y en los EE UU. Ha viajado por todo el mundo como enviado especial. Es autor de dos libros de ensayos, tres de viajes y cinco de ficción. Ganó el Premio Nadal (1995) y ha publicado un Diario íntimo (La hierba crece despacio) que cubre cuatro décadas (1961-2001)

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¡Por mi hija matoooo!

Por: | 29 de febrero de 2012

¿Tiene alguien culpa de algo? ¿No es preferible eludir cualquier responsabilidad por conductas reprobables responsabilizando a otros de nuestros propios actos?
Lo que hace Urdangarin, cargarle el muertoa otro,  lo hace todo el mundo. De manera que el hijo político del rey se comporta como un político más, aunque no sea del montón mas que cuando le conviene serlo.
Socios y amigos se han pringado a sus expensas. Él no. Se han enriquecido con dinero público y negocios turbios. Él no. Han evadido impuestos y han blanqueado un dinero que no les correspondía. Él no. Él ha sido engañado. Él es una víctima. Va a probar su absoluta y total inocencia sin necesidad de probar la culpabilidad de los otros. 

Si todo sale bien, otros la pagarán por él. Siempre hay chorizos de los que echar mano. Chorizos que de no haber cometido errores habrían sido únicamente socios o empleados intrépidos.

La osadía del duque le ha permitido amasar una fortuna en pocos años. Pero él merecía esa fortuna. Una familia real sin fortuna es desafortunada. El  afecto y el respaldo de la mayoría del pueblo a la Primera Familia no es suficiente. Lástima.


El  hijo político de un rey, que es algo más que un vulgar suegro, es al mismo tiempo  hijo político de una reina que además de ser su madre política es la mamá de una infanta de España.

Quien lleva las riendas de este enojoso asunto no será el rey sino la reina. Ella fue a Washington y avisó al Hola. Ella puede volver a Washington y avisar de nuevo al Hola. O a quien le parezca oportuno avisar con el fin de recomponer la maltrecha imagen de su yerno y también de su hija.
La reina Sofía es, ahora, el ama del cotarro. Lo extraño  es que esta señora, que no se anda con medias tintas, no haya logrado poner firmes al juez Castro, y a los fiscales antiorrupción. Y esta mujer con mucho temple,  puede llamar, si le da la real gana, al mismísimo juez Castro. O a cualquier magistrado. O a un fiscal. Y aunque eso supondría una metedura de pata impresionante, tampoco pasaría nada. La gente en nuestro país es comprensiva y más tolerante de lo que aparenta. La gente diría: ¡claro! ¡tonta si no para este asunto en el momento que hay que pararlo! ¡no es una madre política de un plebeyo, es la mamá de una infanta y por una infanta una suegra hace lo impensable.  Y visto desde este ángulo, entendemos  mejor que fuera Hola para fotografiarla  en Washington con su yerno imputado y con su hija Cristina. Y con los nietecitos.  

La reina transmitía un mensaje claro, con resonancias al proclamado por Belén Esteban: ¡Yo por mi hija matoooo!


El País

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