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El voluntariado

Por: | 19 de febrero de 2012

Se ha impuesto, aunque sutilmente pero a la fuerza, el voluntariado. O sea, que si haces algo lo haces voluntariamente y porque te gusta hacerlo. No debes esperar que te paguen por ello, ni en dinero ni en especies. Y  debes sentirte satisfecho. La alternativa del voluntariado es no hacer nada. Pasar de todo. Marginarte.
¿Y quién desea algo así?
No piensen que esto que escribo en un blog en El País digital es otra cosa que una demostración libérrima (y paupérrima) de voluntariado. Ignoro si otros escritores o periodistas que también tienen blog y no están jubilados, como yo,  sino en activo, también actúan bajo este régimen de voluntariado. Quizá cobran, por poco que sea, aunque sea un plus. O ni siquiera un plus, sino que su contribución queda incluida en su nómina.
Antes te llamaba alguien y te ofrecía escribir un artículo para una revista, por ejemplo, y tú preguntabas qué te iban a pagar por el artículo, y te daban una cifra y decías sí o no. Lo mismo ocurría con las reseñas de libros. Por poco que fuera, las publicaciones especializadas algo pagaban a sus colaboradores. Esto es cada día menos frecuente. Una, por ejemplo, estaba financiada por Cajamadrid y pagaba un tanto, muy modesto, por cada reseña. Pero de la noche a la mañana Cajamadrid decidió eliminar esa publicación al retirarle su apoyo. Y Revista de Libros, que así se llamaba el periódico, desapareció.
Siempre esperas la mala noticia que puede ser de dos clases: que cierran y por tanto ya no hay nada que hacer, o que se han quedado sin fondos por lo que ya sabes lo que tienes que hacer: voluntariado.
Publicaciones del prestigio como Le Monde Diplomatique en español, donde desde hace varios años publico reseñas de libros,  no me paga nada. Practico gustosa y generosamente el voluntariado. Escribir en esa revista mensual ya es una forma de pago en términos de prestigio. Y con eso te conformas. Es más, deseas que les vaya muy bien, o lo bastante bien como para seguir apareciendo un mes tras otro en los quioscos.
Mientras Rafa Nadal obtiene no sólo victorias en el tenis y una muy alta y merecida retribución, sus sociedades también se benefician de ciertas cargas  fiscales  con estrategias deportivas de las que no sabíamos nada, pero que ahora revelan los periódicos. Quizá son legales esas estrategias, pero uno tiene la sospecha de que en este país quien no corre vuela, y de que Nadal está lejos todavía del voluntariado,  pero tal vez bastante cerca de la evasión de impuestos.
Los altos directivos de empresas públicas van a ver mermados sus elevados sueldos. Me parece bien. No hace explicar por qué. Ya no me parece bien que, por ejemplo, La Caixa pague un sueldo cuyo monto ignoramos a la esposa de Iñaki Urdangarin quien, por su parte, recibe otro sueldo nada despreciable como consejero de Telefónica. Si los clientes de La Caixa y los de Telefónica nos retirásemos, digamos a miles, y cambiáramos de banco y de empresa de telefonía,  pondríamos a la infanta y al marido de la infanta en régimen de voluntariado. ¿O no? Y estaría bien. Estaría mejor, desde luego, que lo que ocurre ahora pero pronto dejará de ocurrir, o mucho me equivoco.
Al rebajón de sueldos decretados por el gobierno del PP podría añadirse el rebajón del coste de famosas series o programas en la TVE, que es una institución pública. Me entero hoy por El País que un minuto de Águila Roja nos cuesta 11.400 euros, que no es poco. Y que un minuto de Cuéntame nos sale por la friolera de 12.100 euros. Y que por otro minuto del espacio La hora de Mota, con el gracioso tío de la vara en la parrilla, tenemos que pagar 12.200 euros. ¡Para qué seguir! Si no meten publicidad en el ente público vamos de cabeza a la ruina. Y si meten publicidad, vamos a lo que ya tuvimos y deseábamos perder: más anuncios por minuto que ninguna otra televisión europea.
¿Se pueden bajar los costes de esas series de éxito? ¿Habríamos de pedir a sus responsables, artistas, guionistas, técnicos y todo lo demás que se apunten al voluntariado, aunque sea por una temporada y hasta que acabe la recesión y empiece la resurrección?
No me quejo de mi condición de jubilado sumiso a las leyes del mercado y al imperativo categórico del voluntariado, que ya es filosofía pura. Pero  me doy el gusto, al menos,  de no ocultar esta condición sino, muy al contrario, de pregonarla con moderado orgullo.

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Escrito a ciegas

Sobre el blog

Lo que otros no miran, o lo hacen de un modo distinto, se registra aquí a ciegas en el momento mismo que algo ocurre para saber, fielmente, lo que ahora ocurre y no lo que al cabo de cierto tiempo creeremos que ha ocurrido.

Sobre el autor

Ignacio Carrión

Ignacio Carrión fue periodista de Abc, el Grupo 16 y El PAÍS en Inglaterra y en los EE UU. Ha viajado por todo el mundo como enviado especial. Es autor de dos libros de ensayos, tres de viajes y cinco de ficción. Ganó el Premio Nadal (1995) y ha publicado un Diario íntimo (La hierba crece despacio) que cubre cuatro décadas (1961-2001)

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