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Mi perro y yo

Por: | 15 de febrero de 2012

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Incluso a quienes no entiendan suficientemente inglés pero les gusta una buena radio (en todos los sentidos) quiero recomendarles este enlace  y ya verán. Verán que todavía tenemos un largo camino por recorrer en nuestras emisoras públicas y privadas.

Hoy, harto de que Bruselas presione al pasteurizado Rajoy, he apartado el periódico, he apagado la radio  y he salido de buena mañana a correr por el campo con mi perro.

A mi perro, que se llama Blues, le conviene tanto como a mí hacer ejercicio. Y en esta época del año, cuando hace frio, nos sienta muy bien a ambos un trote ligero.

Los vecinos no corren con sus perros. Algunos los tienen atados con cadenas, lo cual te rompe el corazón. Otros parecen haber sido adiestrados  para que ladren. Y también es lastimoso, además de molesto, oirlos hasta volverse afónicos. Aquellos que gozan de libertad parecen tenerla condicional, más bien limitada.

Blues los observa con compasión y superioridad, o así me lo parece, cuando los vemos a lo largo de nuestro recorrido.  Un hombre que convive con un perro se vuelve  perruno, del mismo modo que el perro que convive con un hombre se humaniza. Quiero decir que para mí es inevitable ponerme  en el lugar de Blues, como para él debe serlo -y así me lo demuestra- ponerse en mi lugar.

Me lo demuestra cuando tomo el desayuno y él espera, sin tocar el suyo, que le de algo del mío. No insiste porque sabe que no debe hacerlo: no obstante mira  confiado y pedigueño  en que algo caerá en su plato en el ultimo momento.

Claro que con un perro no existe un último momento. Su presencia es continua y mientras viva así será. Sabes que está ahí. Sabes lo importante que eres para él. Y  él también sabe transmitir la importancia que ha adquirido, poco a poco, en tu vida.

Durante nuestros paseos se me ocurren ideas. Son ideas que acepto o rechazo,eso depende. Las que acepto procuro desarrollarlas. Las voy escribiendo mentalmente. Hago una especie de texto sin otros utensilios de escritura que la imaginación y la memoria. Yo veo las palabras como si fueran olivos o almendros en los bancales próximos. Me fijo mucho en esas palabras al elegirlas porque necesito recordar aquello que escribí, sin dejar escrito, para trasladarlo fielmente al papel, o directamente al ordenador cuando regreso a casa.

Así ocurre cuando escribo un libro. O cuando escribo la reseña de un libro. O una sencilla  página de mi diario. O incluso este blog que hoy he querido dedicar a mi perro, pensando en quienes también tienen un perro.

Elegí como encabezamiento de ete blog,  Escrito a ciegas,  porque en realidad  mi forma  de escribir es así, a ciegas, mientras corro o paseo, mientras oigo  noticias, o música, o mientras miro el paisaje desde estos caminos que unen las distintas partidas de Benissa con nombres como Les Albes, Santa Ana, Grummers, El Quisi, y otros, desde los que alcanzo a ver el mar. No miro el texto que registro en mi cabeza.

Algunos caminos  siguen siendo de tierra. Dejo que mi perro los elija. A él le gustan todos y a mí me gusta lo que a él le gusta.

La verdad es que no sé qué pensará Blues de todo esto. Y me gustaría aberlo. Me gustaría saber qué pasa por su cerebro  cuando  salen en la tele los políticos. O los famosos. O esos híbridos de uno y otro, al estilo de González Pons. He observado, eso sí,  que cada vez que sacan a Esperanza Aguirre se sobresalta. Y lo entiendo. A mí me ocurre otro tanto.

Si apago la tele, lo agradece. Le ralaja verme leyendo un libro de los de siempre, de papel, pero también le gusta verme leyendo  un libro electrónico. Creo que no advierte la diferencia.

Desde  que me he comprado un kindle,  estoy leyendo cada día en la cama un capítulo de El Quijote que tengo milagrosamente (y gratis)  metido en ese chisme de Amazon que apenas pesa unos cuantos gramos, cuando el Quijote de mi biblioteca pesa dos kilos.

Pero este ya es otro tema, sin duda fascinante, que merecería volver sobre él en otro momento.

Ahora me reclama Blues porque ya llevo demasiado rato sin hacerle ningún caso.

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Escrito a ciegas

Sobre el blog

Lo que otros no miran, o lo hacen de un modo distinto, se registra aquí a ciegas en el momento mismo que algo ocurre para saber, fielmente, lo que ahora ocurre y no lo que al cabo de cierto tiempo creeremos que ha ocurrido.

Sobre el autor

Ignacio Carrión

Ignacio Carrión fue periodista de Abc, el Grupo 16 y El PAÍS en Inglaterra y en los EE UU. Ha viajado por todo el mundo como enviado especial. Es autor de dos libros de ensayos, tres de viajes y cinco de ficción. Ganó el Premio Nadal (1995) y ha publicado un Diario íntimo (La hierba crece despacio) que cubre cuatro décadas (1961-2001)

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